Reflexión del Dia: 11 de Diciembre



ADMITIMOS QUE ERAMOS IMPOTENTES ANTE LA VIDA DE LOS DEMAS Y QUE NUESTRAS VIDAS SE HABIAN VUELTO INGOBERNABLES. (Primer Paso de CoDA).
Aceptar la Impotencia … ¡Rendirse!
Para algunos es fácil aceptar la premisa de este Paso: que somos impotentes ante la vida de los demás. Para cuando llegamos a este Paso estamos listos para rendirnos y derrotarnos. Otros tienen que luchar para aceptar esta impotencia.
Amo este Paso. Pero odio no poder controlar. Odio ser vulnerable e indefensa. No me gusta sentirme incómoda o padecer dolor emocional. Me enferma tener que soltar y rendirme. Pero mi amorío con este Paso me llega cuando tengo que admitir la verdad: soy impotente sobre mucho de lo que sucede en la vida y cuando trato de tener poder donde no lo tengo, me vuelvo loca. No puedo controlar a otros, no importa cuánto quiero hacerlo, no importa cuánto creo saber qué es lo mejor para ellos.
No puedo controlar lo que otros hacen, piensan, sienten, o si escogen relacionarse conmigo, o si escogen crecer y cambiar o cómo y cuándo escogen recuperarse de sus adicciones. A veces no puedo controlarme a mí misma.
Soy impotente sobre la remesa de sentimientos y creencias negativas que he acumulado. Soy impotente sobre mis adicciones y las de otras personas, incluyendo las adicciones al sufrimiento y al alcohol. No puedo controlar a mis hijos ni a los hijos de otros. Soy impotente sobre los resultados, la vida, las circunstancias, los eventos. No puedo controlar el curso de las relaciones.

No puedo controlar el curso de los eventos. No puedo controlar la habilidad para escoger el momento oportuno.
Dios, cómo quisiera poder controlar la habilidad para escoger el momento oportuno. Pero, no puedo.
Cuando intento controlarme a mí misma, reprimiendo rígidamente mis pensamientos y sentimientos, me pierdo a mí misma. Me hundo cada vez más en el pozo de mí misma y en el miasma de la codependencia.
Cuando intento controlar a otras personas, las enloquezco y me enloquezco. Cuando trato de controlar las adicciones, las adicciones me controlan a mí. Cuando intento controlar lo que otros piensan de mí, me convierto en su títere. Controlar me enloquece a mí y a otros. Me pone bajo el control de lo mismo que intento controlar. Me pierdo a mí misma. Pierdo contacto conmigo misma.
Y los demás se enfurecen conmigo, y se retiran.
Cuando trato de controlar las situaciones y circunstancias, yergo barreras a la progresión de los eventos. Cuando invierto tiempo y energía intentando ejercer poder donde carezco de ello, pierdo la habilidad de vivir mi propia vida.

El controlar crea una energía especial. Las personas la perciben aunque sólo estemos pensando en ello sin actuar. Las personas reaccionan a ésta, a veces haciendo deliberadamente lo que intentamos que no hagan, o no haciendo lo que queremos que hagan. Es una energía dominada por el miedo.
Es natural desear controlar a otros, sobre todo cuando están dañándose a sí mismos o a nosotros, o cuando las cosas no funcionan como queremos. Pero no es nuestra responsabilidad cuidar de otros, de sus sentimientos, pensamientos, decisiones, crecimiento y responsabilidades. Es nuestra responsabilidad hacer esto para nosotros mismos.
El Primer Paso no implica irresponsabilidad ni indefensión. No estamos diciendo: «No me puedo defender contra lo que otros me hacen o me han hecho». Estamos diciendo lo opuesto: que somos responsables de nosotros mismos y de nuestros asuntos. Los otros son responsables de sí mismos y de sus asuntos, nos guste o no la forma en que cumplan con esa responsabilidad.
Somos responsables de nosotros mismos, de dirigir nuestra energía vital hacia nuestras propias metas, de crear una vida plena y satisfactoria para nosotros mismos. Cuando nos abrimos a permitir que esto suceda, entonces sucede.
Somos responsables de aliviar nuestro propio dolor, de enfrentar y manejar nuestros propios miedos, de decir que no, de darnos a nosotros mismos lo que necesitamos, de poner nuestros límites, de elegir y tomar decisiones cuando necesitamos hacerlo para cuidar de nosotros mismos en cualquier circunstancia o situación.

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

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