Reflexión del Dia: 24 de Diciembre



DECIDIMOS PONER NUESTRA VOLUNTAD Y NUESTRA VIDA AL CUIDADO DE DIOS, TAL COMO NOSOTROS CONCEBIMOS A DIOS (Tercer Paso de CoDA).
LA LIBERTAD DE LA RENDICIÓN
¡Hay cosas sucediendo dentro de nosotros! Cosas que aún ignoramos y que sólo veremos con el paso del tiempo. Dentro de nosotros suceden cambios importantes, como resultado de nuestras circunstancias presentes. Suceden también cambios importantes en otros, en este instante.
¿Cuántas veces he discutido y luchado con Dios por lo que sucede? Esto es un error, he gritado. Esto no debe ser. Así no es la manera en que debe ser. Y luego, un mes después, a veces un año después, veo la sabiduría. Veo el gran plan, el que no está limitado por mi visión. Luego agradezco a Dios, verdaderamente agradezco a Dios, por la manera en que las cosas se resolvieron. Con frecuencia agradezco a Dios el no haber permitido que las cosas se resolvieran como yo quería.
Aún no conocemos el cuadro total; aún no. Sólo vemos una pequeña área de una pintura muy grande. Cuando logremos soltar, confiarnos y dar un paso para atrás, veremos más. Cobraremos perspectiva.
Eso no significa que dejemos de sentir.
Significa que nos permitimos sentir y escuchar lo que nos dicen nuestros sentimientos.
No significa que aceptamos todo lo que se nos pone enfrente. Significa que aprendemos a confiar en nuestro deseo de decir no, y luego decimos que no. También quiere decir que aprenderemos a confiar en decir sí cuando queremos.
Cuando primero practiqué este Paso, me asustó. Pensé que me pedía una pasividad y un desinterés poco apetecibles. De todas formas di este Paso, fundamentalmente porque no tenía otra opción. La fuerza de voluntad me había hundido cada vez más en una forma de vida destructiva que ya no quería ni podía aguantar. Yo no veía solución, y estaba cansada de lo que producían mis propios esfuerzos.

Desde entonces, he aprendido algo acerca de la voluntad de Dios para mi vida, acerca de Dios, y acerca de mi relación con Dios. La voluntad de Dios no es una agenda externa, obligada e imposible para mi vida. Si algo es la voluntad de Dios, sucede. Por lo general, sucede de manera natural, sin esfuerzos por controlar de mi parte.
A veces, hay lecciones difíciles de aprender. Estas lecciones son necesarias, no obstante, para arreglar las cosas dentro de mí para que yo pudiera tener la mejor vida posible.
Por lo general, debo esperar más de lo que deseo. Y, en el proceso, debo soltar mucho.
El amor de Dios es inmediato y potente, y sin embargo, suave, curativo y alimentador. Toma en cuenta lo que deseo y lo que necesito. La voluntad de Dios contiene disciplina, no privación. Dios no actúa con base en la vergüenza; las personas sí lo hacen. Sin embargo, Dios me tiene responsable de mis acciones.

Cuando comencé mi recuperación, temí que era una forma de lavado de cerebro. Ahora comprendo que mi vida anterior a la recuperación era como un lavado de cerebro. ¡Este programa me ha liberado!
Este Paso no tiene que ver con indiferencia ni abnegación. Tiene que ver con aprender a confiar en mi mente y confiar en que, una vez que me entrego a Dios, seré guiada por un Poder Superior y una Sabiduría Divina. Tiene que ver con encontrar, valorar, amar y confiar en mí misma.
A veces, aún me da miedo trabajar este Paso. Pero sé que ya no debo temer. Me vuelve al camino.
Dar este Paso nos inserta en el fluir de nuestras vidas. Este fluir nos ayudará a atravesar la discordia en nuestras relaciones, el saneamiento interno, los problemas en el trabajo, esfuerzos en cualquier área de nuestras vidas.
Ponernos al cuidado de Dios es un acto apacible que nos trae paz y armonía. Eso no significa que nuestras acciones jamás producirán discordia, sentimientos lastimados, o una reacción en otros.

Pero habrá algo correcto, natural y armonioso en lo que hagamos.
La rendición no puede ser forzada ni falseada. Tiene lugar desde el centro del alma, cuando todo lo que hemos intentado controlar, manipular, influir o resistir se convierte, por fin, en más de lo que podemos manejar. Entonces soltamos. Decimos: «Me doy. Estoy dispuesto a soltar mis ideas preconcebidas acerca de lo que debe suceder. Estoy dispuesto a soltar mis limitaciones, mi agenda, mi guión, y mis creencias. Estoy listo y dispuesto a abrirme a lo que Tú tienes en mente para mí. Ahora, sólo enséñame qué es. Instrúyeme de una manera en que pueda entender.»
Nos alistamos a que Dios nos ame y nos ayude a amarnos a nosotros mismos.
Dar el Tercer Paso es un punto de inicio para nuestra nueva vida. Podemos darlo cuando comenzamos la recuperación. Luego, podemos repetirlo las veces que sea necesario.
Una vez que nos hemos puesto al cuidado de un Poder Superior, la acción está completa. Nuestras vidas y voluntades pertenecen a Dios.
Quizá las personas del pasado nos abandonaron. Dios no lo hará. Cuando las cosas se ponen difíciles, no tenemos que preguntarnos si Dios está allí o si a Dios le importa o si Dios sabe lo que sucede.
Dios está allí. A Dios le importa. El plan de Dios es uno en el que podemos participar, uno que nos permite usar cada evento y cada circunstancia en nuestras vidas para efectuar nuestro máximo bien.
Si cometemos errores, no tenemos que preocuparnos que Dios se alejará o nos rechazará. Dios no nos pide perfección. Otros quizá sí; quizá lo esperábamos de nosotros mismos. Dios no lo hace.No tenemos que depender de nuestros sentimientos. Podemos depender de los hechos. Aun en esos momentos cuando sentimos que nuestra vida o la de otros pudiera ser un error, o cuando sentimos que no es el momento, podemos confiar en que no somos un error y que todo sucede según estaba programado.
Ya no tenemos que depender de nosotros mismos. No tenemos que ver claramente. No tenemos necesariamente que saber qué hacemos, o adónde vamos.

Habrá momentos cuando no nos guste. Momentos cuando no entendemos. Momentos cuando nos quejamos. Eso está bien. Quejémonos, si es necesario. Eliminémoslo de nuestro sistema. Luego, estemos agradecidos.
Si hemos entregado nuestra vida y voluntad al cuidado de un Poder Superior, podemos confiar en lo que hemos hecho. Podemos confiar en que comenzaremos a comprender lo que hay que hacer para cuidarnos a nosotros mismos. Podemos confiar en Dios para supervisar y ayudarnos con lo que no podemos alcanzar.
Nos abrimos a un cambio de corazón, una transformación mental, y una transformación de nuestras circunstancias.
Cuando por fin decimos y reconocemos que nos rendimos, podemos darle permiso a nuestro Poder Superior de hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos.
<em La rendición nos hace enseñables. La humildad y el soltar hacen posible la rendición. Cuando nos disponemos a aprender, aprendemos lo que nunca hubiéramos aprendido de no estar dispuestos a convertirnos en estudiantes.
A veces nos rendimos ante todo o ante cualquier cosa y llamamos a esto la voluntad de Dios, y luego sentimos enojados y dolidos y nos enfurecemos con Dios. Pero no se trata de Dios, se trata de nuestra codependencia.
Cuando aplicamos este Paso, comprendemos que no podemos controlar a otros, así que dejamos de intentarlo. Pero también nos damos cuenta de que ya "no tenemos que dejarnos controlar por otros".

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

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