Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente reafirma la necesidad que el codependiente asume prontamente un cambio en su estilo de vida. Pasar de sentirse inútil a servir a si mismo, cuidándose con amor.
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Reflexiona sobre esto:
Muchos codependientes se vuelven lo que la gente llama adictos al drama o a la crisis. Por extraño que parezca, podemos volvernos adictos a los problemas. Si vivimos con la suficiente cantidad de desdicha, crisis y disturbios durante un tiempo suficiente, el miedo y el estímulo provocados por los problemas pueden convertirse en una experiencia emocionalmente cómoda. Luego de un tiempo, si nos acostumbramos tanto a involucrar nuestras emociones con problemas y crisis que podemos llegar a apropiarnos de problemas que no nos conciernen y permanecer involucrados en ellos. Incluso podemos comenzar a hacer líos o a hacer los problemas más grandes de lo que son para crearnos una situación estimulante. Esto es verdad especialmente si hemos descuidado mucho nuestras propias vidas y sentimientos.
Cuando estamos involucrados en un problema, sabemos que estamos vivos. Cuando el problema se resuelve, podemos sentirnos vacíos y sin sentimientos. No tenemos nada que hacer. Estar en crisis se convierte en algo cómodo, y nos salva de nuestra monótona existencia. Es como volverse adicta a las telenovelas, excepto que las crisis diarias se suceden en nuestras vidas y en las de nuestros amigos y familiares.
Mi Reflexión: Cuando el conflicto se vuelve una costumbre, la paz puede parecernos extraña. Sin darnos cuenta, podemos llenar nuestra vida con problemas ajenos o exagerar las dificultades para sentir que tenemos un propósito. Sin embargo, Dios no nos llamó a vivir en una crisis permanente, sino a caminar en su paz. La verdadera plenitud no nace del drama, sino de una vida centrada en Cristo, donde encontramos identidad, propósito y serenidad, aun en medio de las dificultades. (Alpha).
Preguntas para reflexionar:
¿Estoy dedicando más energía a los problemas que a cultivar la paz que Dios me ofrece?
¿Qué cambios puedo hacer para centrar mi vida en Cristo y no en las crisis?