Reflexión del Dia: 23 de Enero



REPARAMOS DIRECTAMENTE A CUANTOS NOS FUE POSIBLE EL DAÑO CAUSADO, EXCEPTO CUANDO EL HACERLO IMPLICABA PERJUICIO PARA ELLOS O PARA OTROS (Noveno Paso de CoDA).
HACER REPARACIONES A NOSOTROS MISMOS
Ya hemos hablado de las reparaciones en nuestras primeras dos listas. Ahora vayamos a la última, las reparaciones que debemos a nosotros mismos. Tal vez sea difícil acercarnos a otros para pedir disculpas. Puede ser una tarea dura perdonar a otros lo que nos han hecho de daño.
Pero hacer reparaciones a nosotros mismos, perdonarnos, puede ser la parte más difícil del programa.
Toda la recuperación, todo por lo que estamos pasando, tiene que ver con hacer una reparación a nosotros mismos. Darnos permiso de tener nuestros sentimientos es una reparación. Darnos permiso de estar vivos y ser felices es una reparación. Cuidar de nosotros mismos en una forma benévola, compasiva, y amorosa es una reparación.
Aprender a poner límites, ser directo, y dejar de autoderrotarnos y victimizarnos es una reparación. Aprender a ya no dejar que otros nos maltraten y controlen es una reparación.
Aprender a dejar de exigirnos perfección, a poseer nuestro propio poder, y a ser quienes somos es una reparación a nosotros mismos.
Aprender a escucharnos y confiar en nosotros mismos es una reparación importante. Aprender a confiar en nuestros instintos y valorar nuestros sentimientos y necesidades es una reparación.
Tal vez tengamos muchas reparaciones que debemos hacer al niño asustado, maltratado, o abandonado que está dentro de nosotros, reparaciones por ser tan críticos, negligentes, y por avergonzarlo tanto. Nos debemos una disculpa y un cambio de comportamiento por no habernos permitido recibir el amor y el cuidado que necesitábamos, especialmente de parte de nosotros mismos.
Nos debemos una disculpa y un cambio de actitud por algunas de las ideas terribles que hemos tenido y creído acerca de nosotros mismos obsesivamente. Que no éramos dignos de amor, no éramos suficientemente buenos, que no podemos pensar, que no merecemos el éxito, que no merecemos divertirnos, o no merecemos recuperarnos son creencias falsas que hemos asumido, creencias que requieren corregirse como parte de este programa de hacer reparaciones a nosotros mismos.
«Simplemente, no me amo,» dijo Karen. «Y no creo que soy digna de ser amada. No creo que merezco las cosas buenas de la vida».
«La mayoría pensamos así»,
respondí. «Por eso estamos en recuperación. Es una parte importante
de lo que es la recuperación: el cambiar esas creencias».

Jasón, que ha estado recuperándose de la codependencia durante seis años, se escribe cartas a sí mismo como parte de sus reparaciones. Cuando algo le molesta, cuando regresan la culpa y el miedo, cuando no sabe qué se merece, se sienta y se consuela mediante una carta. Se dice a sí mismo todas las cosas buenas, consoladoras, y nutridoras que él y el niño interno necesitan oír para sentirse mejor.
«Me he vuelto bastante detallado para hacer reparaciones conmigo mismo,» dice. «Mis reparaciones conmigo mismo son como escribirme cartas. Llevé a mi papá a una sesión de terapia. Llevé a mi madre a dos sesiones. Y entre las sesiones, fui y me compré un osito de peluche».
Yo aprendo más cada día acerca de cuidar de la niña interna. La descuidé e hice de menos durante años y años. Trataba de ignorarla; quería que desapareciera. Lo que sucedió fue que gritaba más y más fuerte hasta que comencé a escucharla.
Pasé muchos años esperando que otros, que mis relaciones, cuidaran de mi niña interna. Buscaba que mis relaciones calmaran mi miedo y nutrieran, apoyaran y protegieran a mi niña interna.
Quería que mis relaciones estuvieran allí para mí porque yo no estabaallí para mí misma. No sabía cómo hacerlo.
Ahora, lentamente, estoy aprendiendo una manera mejor. Estoy aprendiendo cómo escuchar a esa niña interior que abandoné casi toda mi vida. Estoy aprendiendo cómo ponerme en contacto con ella, cómo escucharla, y darle el consuelo, el cuidado, la protección, la guía, y la disciplina que ella requiere.
A veces, requiere del cuidado cálido que necesita un bebé de tres meses. A veces, necesita correr, jugar, o cantar, como lo haría una niña de cuatro años. A veces, necesita escuchar una canción especial, y llorar, o soñar, o desear. A veces, necesita expresar qué tan triste o asustada está, y simplemente que la reconozca y valide.
Esta conducta de nutrir al niño interior no es tontería, como alguna vez creí. Es curativa. Unos minutos al día de cuidado a esa niña, libera a mi adulto para ser rejuvenecido y responsable, y permite que mi niña interna se sienta calientita, segura, y nutrida. También me permite ser una madre efectiva y nutritiva con mis hijos. Ellos me han enseñado mucho acerca de mi niña interior y lo que necesita; mi niña interna ayuda a enseñarme qué necesitan mis hijos.
He aprendido, por fin, a liberar el enojo y resentimiento que he sentido hacia mí misma por todo lo que me ha sucedido, por las conductas inapropiadas de otros hacia mí, por mis errores, y por ser yo misma. He albergado enojo y resentimiento hacia otros todo mi vida, pero la rabia callada y negada que tenía hacia mí misma era la más profunda y la más difícil de dejar ir.
No tenía idea, hasta después de muchos años en recuperación de la codependencia, qué tan enojada estaba conmigo misma. Tardé mucho en descubrir mi rabia, enojo, y resentimientos hacia otros, pero mucho más en detectar estos sentimientos encubiertos hacia mí misma. Para poder amar, nutrir y cuidar de mí misma libremente, para detener el tren de relaciones destructivas, para liberar mis bloqueos al amor y la intimidad, tuve que soltar esta rabia.
Necesitaba perdonarme y desarrollar una mejor relación conmigo misma. Necesitaba hablar mejor acerca de mí misma y conmigo misma; necesitaba perdonar y olvidar; necesitaba dejar de estarme castigando por los errores que había cometido y por lo que otros me habían hecho.
Mi enojo y mi rabia hacia mí misma me estaban matando lentamente, pero yo no lo sabía hasta que un día salieron a la superficie. Exploté con una retahíla de reclamos hacia mí misma que me sorprendió por su ferocidad y odio. Vi la parte importante que mi odio hacia mí misma había tenido en mis temores, en mi necesidad de ser perfecta, aun en mi necesidad de controlar. Si cometía otro error, si algo o alguien me volvía a desilusionar, me encorajinaba aun más conmigo misma. Vi cómo mi rabia conmigo misma había seguido atrayendo experiencias que podrían ayudar a sacarla para que yo pudiera manejarla. A veces cuando estoy enojada con otra persona y no enfrento mis sentimientos, todo lo que veo me refuerza el enojo. De la misma manera, seguía viendo y haciendo cosas respecto a mí misma que reforzaban mi autodesprecio. Me torturaba y no me dejaba vivir ni estar enteramente viva. Mi enojo no me dejaba amar ni ser amada. No me dejaba amarme a mí misma, hasta que lo liberé.
Fue hora de verdaderamente hacer reparaciones a mí misma.

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 19 de Enero



REPARAMOS DIRECTAMENTE A CUANTOS NOS FUE POSIBLE EL DAÑO CAUSADO, EXCEPTO CUANDO EL HACERLO IMPLICABA PERJUICIO PARA ELLOS O PARA OTROS (Noveno Paso de CoDA).
HABÉRSELAS CON LOS QUE NOS HAN DAÑADO
La primera categoría de reparaciones a discutir es a aquellas personas que nos han dañado. Ya sé, ya sé. Esto suena raro y un poco codependiente. Aguántame un poco.
Si alguien nos ha dañado y no hemos enfrentado el incidente, existe discordia en nuestro corazón. Así que ¿cómo nos acercamos a esta lista? No con negación, mis amigos.
Esta lista contiene la mayoría de nuestras tareas de recuperación. Nuestra meta en esta lista es perdonar a cada persona que nos ha dañado, pero antes debemos hacer algo importante.
Debemos trabajar con, y experimentar totalmente, nuestros sentimientos. Debemos identificar claramente y aceptar el abuso. Necesitamos dilucidar cuáles deben ser nuestros nuevos comportamientos y respuestas a otros, de manera que el abuso o maltrato no continúe. Y luego, necesitamos dejarnos llevar hacia el perdón.
Este es un proceso de duelo que se hace por etapas comenzando por la negación y que nos introduce a la rabia y la tristeza.
Muchos de nosotros en este proceso descubrimos que debemos trabajar nuestra rabia.
Una vez que hemos trabajado nuestros sentimientos, estamos listos para perdonar, pero no antes. El perdón realizado demasiado pronto, realizado antes de perseguir y extraer nuestros sentimientos, será prematuro e inefectivo y requerirá volverse a trabajar.
La meta de la recuperación no es perpetuar la negación. La meta de la recuperación es la aceptación, incluyendo la aceptación de nuestros sentimientos.

Según el tipo de abuso que sufrimos, nuestros sentimientos puede variar de leves a intensos. Si el abuso fue severo, algunos de nosotros podemos quedarnos en esa rabia por años. Eso está bien.
Ahí necesitamos estar. Comprendan que mediante sentir nuestros sentimientos, nos encaminamos hacia la sanación y hacia el perdón y la aceptación.
Una parte importante de este proceso es darnos cuenta de qué necesitamos hacer en el futuro para cuidarnos con esta persona o cualquier otra que pudiera infligirnos un abuso omaltrato similar. No podemos evitar todo abuso o maltrato en la recuperación, a pesar de nuestras intenciones. Pero con frecuencia, cuando repaso los incidentes donde he sido maltratada, ahí hay una lección importante para mí. El proceso no está completo hasta que me abro a esa lección y resuelvo practicar lo aprendido en el futuro. Con frecuencia, la lección es aprender a poseer mi propio poder y a cuidarme con la gente.
A veces la lección es sobre establecer límites. A veces la lección es aprender a decir no. A veces la lección es aprender a poseer nuestro propio poder y respetar y confiar en nuestros sentimientos, deseos, y necesidades. A veces la lección no está clara, y todo lo que podemos hacer es aceptar que el incidente tuvo lugar.
A veces, como parte de este proceso, tal vez deseamos confrontar a una persona acerca de un asunto particular, no culpar, avergonzar, o exigir una disculpa, pero expresar claramente nuestros nuevos límites con ella y enterarle de que hemos sido violados. A veces perdemos nuestro tiempo al hablar. Quizá queramos pedir consejo aquí. Nuestras amistades, padrinos y nuestro Poder Superior puede ayudarnos a determinar qué acción es adecuada en cada instancia.
Una vez que los sentimientos se han experimentado plenamente y nuestra lección se aclara, la siguiente etapa es el perdón de cada nombre en la lista. Esta no es una tarea fácil. Pero perdonaremos cuando estemos listos.
Existen algunos «trucos» de la recuperación que me ayudan cuando estoy tratando de perdonar y no tengo muchas ganas. Pedir que Dios bendiga a la persona y la llene de felicidad, ayuda.
Afirmar que perdono a la persona, ayuda. Forzándome a tener pensamientos buenos y positivos respecto a esa persona, ayuda. Pedir a Dios que me dé el regalo del perdón y restaure los sentimientos adecuados a la relación, ayuda.
El perdón llegará cuando nos abrimos a ello. El perdón nos encontrará cuando estemos listos. No hay que buscarlo demasiado pronto, antes de sentir los sentimientos. No hay que evitarlo demasiado tiempo, porque nos trae la paz y la libertad.
Perdonar a alguien no significa que le damos permiso de continuar maltratándonos.
Si estamos tratando de perdonar a alguien y, en vez de eso, nos sentimos enojados y desconfiados, tal vez no hemos explorado lo suficiente nuestros sentimientos o no hemos trabajado la lección necesaria para alcanzar el perdón. De vez en cuando, cuando hacemos este tipo de trabajo, pueden aclarársenos ideas acerca de nuestra participación en el incidente. Si esto sucede y nos damos cuenta de que hemos tenido una parte en el incidente que necesitamos reparar, podemos agregar ese nombre a nuestra segunda lista.
Nuestra meta es perdonar y olvidar el incidente, cuando lo hayamos aceptado y hayamos sanado de él. Nos esforzamos por recordar sólo nuestra lección derivada de la experiencia. Aprendemos que podemos ser agradecidos, porque muchos han entrado en nuestra vida para ayudarnos a aprender y crecer, a veces por oposición, a veces a través del amor, a veces mediante ser el reflejo de lo que necesitamos trabajar en nosotros mismos.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 18 de Enero



REPARAMOS DIRECTAMENTE A CUANTOS NOS FUE POSIBLE EL DAÑO CAUSADO, EXCEPTO CUANDO EL HACERLO IMPLICABA PERJUICIO PARA ELLOS O PARA OTROS (Noveno Paso de CoDA).
SACAR LAS LISTAS
Este Paso nos lleva a dar un salto mayor en cuanto a establecer límites (la diferencia entre nosotros y otra persona, entre nuestro comportamiento y él de otro.) También nos sitúa en lo que será una nueva forma de vida: permitir a otras personas tener su propio camino y problemas y aprender a vivir con los nuestros. En este Paso, aprendemos a poseer nuestros propio poder para asumir la responsabilidad de nosotros mismos y de nuestra conducta dentro de las relaciones.
Un beneficio agregado de este Paso es que ahora podemos sentirnos bien acerca de nuestro comportamiento en las relaciones y podemos liberarnos de comportamientos que nos incomodan.

Si has hecho tu trabajo en los otros Pasos, tienes una lista de personas. Si has hecho el trabajo sugerido en el Octavo Paso, tienes tres listas: personas que te han dañado, personas a quienes has dañado, y la persona que quizá dañaste más: tú mismo.
Quizá no tengas una lista escrita, pero si has estado en relaciones con personas, tienes una lista.
Cualquier relación, pasado o presente, que no te hace sentir bien; cualquier persona, tú mismo incluído, acerca de quién tienes sentimientos problemáticos, no resueltos; cualquier relación que produce discordia en tu mente o corazón; todos están en esta lista. Estas son las relaciones que bloquean tu corazón y tu capacidad de amar.
La negación no se vale aquí. Si padeces angustia o tienes problemas no resueltos, aunque niegues los sentimientos, están en la lista. Miremos ahora lo que podemos hacer para destrozar las listas.

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 14 de Enero



HICIMOS UNA LISTA DE TODAS AQUELLAS PERSONAS A QUIENES HABÍAMOS OFENDIDO Y ESTUVIMOS DISPUESTOS A REPARAR EL DAÑO QUE LES CAUSAMOS (Octavo Paso de CoDA).
HACER LA LISTA
Al trabajar este Paso, tal vez la primera lista que queramos elaborar es de aquellos que nos han perjudicado o dañado.
Hemos sido dañados. Hemos permitido que nos dañen. A veces, de niños, no tuvimos elección ni manera de protegernos. A veces nos sentimos perjudicados por muchos, y no sólo de niños.
¿Quién nos dañó? ¿Quién sentimos que nos victimizó, maltrató, usó, o abusó de nosotros? ¿Quién nos rechazó, despreció, o causó dolor? ¿Hacía quién sentimos resentimiento, temor, o a quién evitamos ver porque nos ha dañado? ¿A quién rechazamos por lo que ha hecho y por nuestra incapacidad de cuidar de nosotros mismos con esa persona?
Haz una lista. Pon todos los nombres que se te ocurren en esa lista. Si has hecho tu trabajo de inventario a conciencia, debiste haber sacado a luz la mayoría de los detalles y quejas. Si encuentras que afloran nuevos pensamientos que necesitas trabajar por escrito, toma el tiempo para hacerlo.
Nadie es inmune. Vecinos, amistades, familiares, mamá, papá, hermanos, esposos, novios, amigas, amantes, empleados, jefes, compañeros de trabajo, de escuela. Regresa al pasado.
¿Quién te lastimó? ¿Quién te desilusionó? ¿Qué relaciones te dejan un sentimiento de dolor o amargura?
Esta es una lista importante, es tu oportunidad de sacarlo todo. Pon todo los nombres que se te ocurren en esta lista, de todos los que te deben una reparación. Recuerda, hemos empezado un proceso de curación profunda, así que tómate el tiempo que necesitas para ser tan abarcador como sea posible. Tú eres la persona que se beneficiará con el esmero que pongas.
Una vez que has terminado la lista, ponla a un lado. Toma otra hoja de papel y haz tu segunda lista. Esta lista es tan importante como la primera. Esta es la lista de personas a quienes has dañado.
Ahora estamos entrando a un trabajo exigente y específico. Con frecuencia, ayuda pedir Guía Divina y sabiduría al embarcarnos en este proyecto. ¿A quién, exactamente, hemos dañado con nuestros comportamientos codependientes? No te reprimas ahora preocupándote si vas a tener que pedir disculpas a estas personas o qué vas a decir, o si te sentirás absurdo. Aún no es tiempo de abordar estos asuntos. Por el momento, estamos enfocados a hacer una lista detallada de aquellos a quienes hemos dañado.
¿Quiénes son las personas con las que nos sentimos más a la defensiva o de las que nos tenemos que proteger? ¿Quién fue blanco de la mayor parte de nuestros esfuerzos por controlar o sobrecuidar? ¿Existió algún adicto o alguien fuera de control que obsesivamente queríamos controlar?
¿Quién fue objeto de nuestra ira y enojo? ¿Hay personas aquienes hemos avergonzado o culpado?
Recuerda, no estamos justificando en este momento.
¿Quienes son las personas que más tememos encontrar, porque tenemos asuntos no resueltos con ellos? ¿Con quienes nos sentimos más incómodos? ¿A quién, exactamente, hemos dañado en este viaje mientras luchábamos por sobrevivir? ¿Con quién nos hemos comportado de una manera que nos hace sentir incómodos? ¿Con qué personas, en qué relaciones nos gustaría restablecer la paz y la salud?
Muchos de nosotros encontramos que los miembros de nuestra familia inmediata entran en esta lista. Muchos de nosotros encontramos que nuestros hijos toman primer lugar. Es difícil ser nutridores, amorosos, respetuosos y estar presentes para llenar las necesidades de nuestros hijos en forma adecuada si nunca hemos sido nutridos o amados, si todo lo que conocemos es el control y la vergüenza, y si nosotros mismos estamos doblados de dolor. Estar sin límites, no
poder marcar los límites apropiados con nuestros hijos, es dañarlos.
Conforme hagamos esta lista, seamos firmes pero compasivos con nosotros mismos. Evitemos revolcarnos en la culpa. Sentir culpa y vergüenza no es el propósito de esta lista. La meta aquí es terminar con la culpa y la vergüenza.
Piensa en tus relaciones amorosas, pero no te quedes en el comportamiento de la otra persona.
¿Cuáles fueron tus comportamientos inapropiados en estas relaciones? Si no estas seguro, pídele a Dios que te muestre. Pídele a Dios que traiga a tu mente cualquier comportamiento o incidente que necesitas trabajaren esta lista.
¿Y los miembros de tu familia extendida? ¿En dónde hay discordia o desavenencia con la familia?

Muchos ponen entre los primeros de la lista a miembros de la familia política, también.
Considera tu historia laboral. ¿Existe un jefe o empleado a quien no le diste lo que te comprometiste a dar, debido a tu codependencia?
No te vuelvas obsesivo. No te enredes innecesariamente en cosas irrelevantes o faltas imaginadas. Observa tu comportamiento con la mente tranquila y deja que los nombres que necesitan estar en tu lista emerjan.
Ahora, vayamos a las finanzas. ¿A quién debes dinero como resultado de tu codependencia? Pon sus nombres en la lista. Quizá pedimos prestado y no hemos pagado. A lo mejor mentimos o manipulamos, por temor o para sobrevivir, para conseguir dinero que no era legítimamente nuestro.
Quizá nos enredamos tanto en nuestra codependencia que descuidamos nuestras responsabilidades fiscales. Pon los nombres de las personas a quienes nosotros, no otros, le debemos dinero.
Revisemos amistades y nuestra conducta en estas relaciones. ¿Hemos descuidado a alguien importante? ¿Existen personas a quienes hemos rescatado una y otra vez por nuestra codependencia, para luego quedarnos resentidos con ellas porque estamos cansados de asumir la responsabilidad por su comportamiento?
Este Paso requiere revisar nuestra alma. No es un Paso para castigarnos ni tampoco un Paso para recordarnos nuestra necesidad de sentirnos culpables. Es un Paso para liberarnos de culpas, ansiedad, y discordia.
Debemos estar abiertos a dejarnos guiar conforme trabajemos este Paso. Con frecuencia nuestra tendencia es sentirnos culpables de todo lo que hemos hecho y de todos con los que hemos estado en contacto. Mucho de lo que estamos sintiendo que llamamos codependencia es culpa inmerecida. Si nos encontramos enredándonos en culpas no merecidas, puede ayudar hacer otra lista de personas a las que no hemos dañado, pero con quienes nos sentimos culpables de todas
formas. A veces, si tenemos una abundancia de culpa inmerecida con alguna persona en particular, podríamos tratar de mirar atrás de ésta para ver si no anda por ahí algún daño o coraje oculto, un coraje que se disfraza de culpa.
Haz una lista. Ponlo por escrito y sácalo. ¿A quién hemos dañado?

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Meditación 13 de Marzo… Hacer las paces



Hare reparaciones directas a tales personas siempre que sea posible, excepto cuando hacerlo lesionaría a ellos o a otros. (PASO NUEVE DE AL-ANON).
Cuando hacemos las paces, debemos ser claros acerca de lo que nos disculpamos y la mejor manera de decir que lo sentimos. Lo que realmente estamos haciendo con nuestras compensaciones es asumir la responsabilidad de nuestro comportamiento. Necesitamos estar seguros de que el proceso en sí mismo no será contraproducente ni dañino.
A veces, necesitamos disculparnos directamente por algo particular que hemos hecho o por nuestra parte en un problema.
Otras veces, en lugar de decir «lo siento», lo que tenemos que hacer es trabajar para cambiar nuestro comportamiento con una persona.

Hay ocasiones en que mencionar lo que hemos hecho y disculparse por ello empeorarán las cosas.
Necesitamos confiar en el tiempo, la intuición y la guía en este proceso de reparación. Una vez que estemos dispuestos, podemos soltar y abordar nuestras reparaciones de una manera pacífica, consistente y armoniosa. Si nada parece correcto o apropiado, si se siente como si lo que estamos a punto de causar causara una crisis o un caos, debemos confiar en ese sentimiento.
Actitud, honestidad, apertura y voluntad cuentan aquí. En paz y armonía, podemos esforzarnos por aclarar nuestras relaciones.
Merecemos estar en paz con nosotros mismos y con los demás.

«Hoy, estaré dispuesto a hacer las paces que necesito para hacer con la gente. Esperaré por la Orientación Divina en el proceso de hacer las correcciones que no sean claras para mí. Actuaré cuando sea dirigido. Dios, ayúdame a dejar de lado mi miedo a enfrentar a las personas y asumir la responsabilidad de mis comportamientos. Ayúdame a saber que no estoy disminuyendo mi autoestima al hacer esto; Lo estoy mejorando.»

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

Reflexión del Dia: 7 de Abril



Nuestras necesidades son distintas y varían de un momento a otro y de un día para otro. ¿Estamos sintiendo la loca ansiedad que acompaña a la codependencia? Quizá necesitemos acudir a una reunión de Al- Anón. ¿Son nuestros pensamientos negativos y desesperantes? Tal vez necesitemos leer un libro de meditación o uno que nos inspire. ¿Estamos preocupados por un problema físico? Quizá necesitemos ir al doctor. ¿Se están portando muy mal los niños? Tal vez necesitemos idear un plan familiar de disciplina. ¿La gente está pisando nuestros derechos? Fijemos algunos límites. ¿Tenemos el estómago hecho nudo a causa de las emociones? Manejemos nuestros sentimientos. Tal vez necesitemos desapegarnos, desaceleramos, enmendar, intervenir, iniciar una relación, o pedir el divorcio. De nosotros depende. ¿Qué pensamos que debemos hacer?
Además de darnos lo que necesitarnos, empezamos a decirle a la gente lo que necesitamos y queremos de ellos porque esto forma parte de cuidarnos y de ser seres humanos responsables.
Darnos a nosotros mismos lo que necesitarnos significa volvernos, como dice el reverendo Phil L. Hansen, nuestro terapeuta personal, nuestro confidente, nuestro consejero espiritual, nuestro compañero, nuestro mejor amigo y nuestro cuidador en esta emocionante nueva aventura que hemos emprendido: vivir
nuestra propia vida.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
desapego de chopra1