Reflexon del Dia: 2 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» hace especial mención a las reacciones que provoca en los codependientes el apego afectivo. La obsesión pasa a ocupar «todos los pensamientos» y se crea un remolino de «pensamientos compulsivos» que impide pensar en otra cosa que no sea el objeto de su apego ¡Se pierde el control, el poder y la serenidad!

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Reflexiona sobre esto:

Preocuparnos y obsesionarnos nos mantiene con tal maraña en la cabeza que no podemos resolver nuestros problemas. Cada vez que nos apegamos de esta manera a alguien o a algo, nos separamos de nosotros mismos. Perdemos contacto con nosotros mismos. Damos en prenda nuestro poder y nuestra capacidad para pensar, sentir, actuar y cuidar de nosotros mismos. ¡Perdemos el control!
Es horrible estar obsesionado con otro ser humano o con un problema. ¿Conoces alguna persona obsesionada con alguien o con algo? Esa persona no puede hablar de otra cosa, no puede pensar en otra cosa. Aunque parezca oírte cuando le hablar, sabes que no te escucha. Su mente está dando tumbos, va de aquí para allá en un interminable remolino de pensamientos compulsivos. Esta preocupada. Relaciona todo lo que le dices (aunque no tenga nada que ver) con el objeto de su obsesión. Dice las mismas cosas, una y otra vez, usando las mismas palabras o cambiándolas ligeramente. Lo que tú digas no sirve de nada. Aunque le digas que pare, no sirve de nada. Probablemente lo haría si pudiera. El problema es que no puede hacerlo (en ese momento). Pues está a punto de estallar con la discordante energía de que está hecha la obsesión. Tiene un problema o una preocupación que no sólo lo molesta y lo controla.

Mi Reflexión: La preocupación y la obsesión pueden ocupar tanto espacio en nuestra mente que terminamos perdiendo la paz y olvidando nuestras propias necesidades. Desapegarnos significa recuperar nuestra serenidad y entregar a Dios aquello que no podemos controlar. Cuando soltamos la carga, nuestra mente se aclara y podemos volver a pensar, sentir y actuar con libertad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué preocupación está ocupando hoy demasiado espacio en mi mente y necesito entregar a Dios?
¿Estoy dispuesto(a) a soltar aquello que no puedo controlar y permitir que Dios restaure mi paz y claridad?

Reflexión del Dia: 1 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» refiere que los codependientes tendemos a «entregar el control de nuestra vida a los otros,» abdicando nuestro poder. Cuando nos hacemos dependientes, entramos en un torbellino de emociones y sentimientos que nos llevan hasta la desesperación, la tristeza y desordenamos nuestra existencia. Toda relación que se sustenta en el control, y no en el amor está signada por el fracaso.

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Reflexiona sobre esto:

La dependencia emocional y el sentirse atrapados también pueden provocar problemas en relaciones que podrían salvarse. Si estamos en una relación todavía buena, podemos ser demasiado inseguros para desapegamos y empezar a cuidar de nosotros mismos. Podemos extinguirnos y asfixiar o alejar a la otra persona. Esa necesidad extrema se vuelve obvia para los demás. Se puede sentir, percibir. En última instancia, la dependencia excesiva de otra persona puede matar el amor. Las relaciones que se basan en inseguridad emocional y en una necesidad, en vez de sustentarse en el amor, pueden volverse autodestructivas. No funcionan. Una necesidad demasiado grande aleja a la gente y extingue el amor. Asusta a la gente y hace que se vaya. Atrae a la gente equivocada. Y no satisface nuestras verdaderas necesidades.
Nuestras necesidades reales se hacen cada vez mayores, al igual que nuestra desesperación. Fijamos nuestra vida en torno a esta persona, tratando de proteger así nuestra fuente de seguridad y de felicidad. Abdicamos a vivir nuestra propia vida al hacer esto. Y sentimos ira contra esa persona. Somos controlados por ella. Dependemos de esa persona. Finalmente nos enojamos y nos resentimos con la persona de quien dependemos y quien nos controla, porque le hemos dado nuestro poder personal y nuestros derechos.

Mi Reflexión: Cuando hacemos de otra persona nuestra fuente de seguridad y felicidad, el amor puede convertirse en dependencia y terminar asfixiando la relación. Dios nos llama a recuperar nuestra propia vida, sin dejar de amar, pero sin entregar a otro el lugar que solo Él debe ocupar. Desapegarnos con amor nos permite cuidar de nosotros mismos, respetar al otro y construir relaciones más sanas y libres. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿He colocado en alguna persona expectativas que solo Dios puede satisfacer plenamente?
¿Qué necesito entregar hoy a Dios para recuperar mi libertad emocional y amar sin controlar ni depender?

Reflexión del Dia: 27 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» enfatiza que los codependientes somos «reaccionarios» porque vivimos por largo tiempo situaciones altamente complejas que nos han hecho «dudar de nosotros mismos». La falta de confianza altera nuestra estima personal y nos hace temer a las relaciones con los demás.

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Reflexiona sobre esto:

Muchos reaccionamos como si todo fuera una crisis porque hemos vivido tantas crisis durante tanto tiempo que la reacción a la crisis se ha convertido en un hábito.
Reaccionamos porque pensamos que no deberían estar sucediendo las cosas como suceden.
Reaccionamos porque no nos sentimos bien con nosotros mismos.
Reaccionamos porque la mayoría de la gente reacciona.
Reaccionamos porque pensamos que tenemos que reaccionar.
No tenemos que hacerlo.
No debemos tener tanto miedo de la gente. Son gente como nosotros.
No tenemos que abdicar a nuestra paz. No sirve de nada. Disponemos de los mismos recursos y
hechos cuando estamos en paz que de los que disponemos cuando estamos en un estado frenético y caótico.
De hecho disponemos de más recursos porque nuestras mentes y emociones están libres de actuar a su mayor potencial.
No debemos abdicar a nuestro poder para pensar y sentir por cuenta de los demás. Tampoco eso se requiere de nosotros.
No tenemos que tomar las cosas tan a pecho (a nosotros mismos, a los eventos y a las otras personas).
oportunidad para disfrutarlo.
No debemos tomar la conducta de otras personas como el reflejo de nuestra autoestima.
No tenemos que tomar el rechazo como reflejo de nuestra autoestima.
No tenemos que tomar las cosas de manera tan personal.
Una interrupción, el mal humor de otro, una lengua aguda, un mal día pensamientos negativos, problemas o el alcoholismo activo no tienen por qué manejar o arruinar nuestro día, ni siquiera una hora de nuestro día. Si la gente no quiere estar con nosotros o actuar de una manera saludable, esto no es reflejo de nuestra autoestima. Refleja, en cambio sus propias circunstancias actuales. Al practicar el desapego podemos disminuir nuestras reacciones destructivas hacia el mundo que nos rodea. Sepárate de las cosas. Déjalas estar, y deja que la gente sea como es. ¿Quién eres tú para decir que la interrupción, el estado de ánimo, las palabras, el mal día, el pensamiento o el problema no son una parte importante y necesaria de la vida? ¿Quién eres tú para decir si este problema no será en último término benéfico para ti o para alguien más?
No tenemos que reaccionar. Tenemos opciones. Esta es la alegría de la recuperación de la codependencia. Y cada vez que ejercitamos nuestro derecho para elegir cómo queremos actuar, pensar, sentir y comportarnos.

Mi Reflexión: Los codependientes vivimos enfadados, coléricos y reaccionamos ante cualquier situación o problema, exageramos esa conducta. Lo hacemos porque no sabemos hacer otra cosa cuando debemos enfrentar a las personas con quienes compartimos nuestra vida (pareja, familia, amigos, compañeros de trabajo). Así lo aprendimos y seguimos haciéndolo de manera habitual. Cuando entendemos que reaccionar no ayuda, por el contrario «le damos el control a los demás», empezamos a sentir la imperiosa necesidad de «desapegarnos». Somos nosotros quienes debemos escoger cómo vamos a actuar de manera saludable. Con la ayuda de la Divinidad podemos llevar adelante esta tarea. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué reacción habitual necesito entregar hoy a Dios para aprender a responder con mayor serenidad y sabiduría?
¿Estoy dispuesto(a) a pedir la ayuda de Dios para desapegarme de aquello que no puedo controlar y elegir respuestas que protejan mi paz?

Reflexión del Dia: 21 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» nos hace reflexionar sobre el «dolor y sufrimiento» que siente el codependiente cuando asume hábitos de conductas autodestructivas cuando se relaciona con otros, y cómo se va desdibujando su autoestima hasta anularse como persona por ejercer un control enfermizo sobre los demás. Debemos aprender a amarnos, a aceptarnos como somos. Al relacionarnos nos corresponde fijar límites sanos para no caer en esos hábitos que solo nos llevan a perder nuestra paz interior.

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Reflexiona sobre esto:

Sea cual sea el problema que tenga la otra persona, la codependencia implica un sistema habitual de pensar, de sentir y de comportarnos hacia nosotros y hacia los demás que nos causa dolor. Las conductas o hábitos codependientes son autodestructivos. Con frecuencia reaccionamos a las personas que se autodestruyen; reaccionamos aprendiendo a autodestruirnos. Estos hábitos nos pueden conducir a, o mantenernos en, relaciones destructivas que no funcionan. Estas conductas pueden sabotear relaciones que en otras condiciones sí hubieran funcionado. Estas conductas pueden impedirnos encontrar la paz y la felicidad con la persona más importante en nuestra vida: uno mismo. Estas conductas pertenecen a la única persona que cada uno de nosotros puede controlar –a la única persona que podemos hacer cambiar– a uno mismo. Estos son nuestros problemas.

Mi Reflexión: Nuestras conductas solo pueden ser modificadas por nosotros mismos. Si realmente deseamos sanar, necesitamos comprometernos con buscar alternativas más saludables para relacionarnos, reconociendo que vivir tratando de controlar a los demás no nos trae paz y que creer que podemos cambiarlos es una ilusión. La tarea está en nosotros: cambiar nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Basta de desgastarnos intentando lograr lo imposible. Con la ayuda de Dios, fe, perseverancia y amor hacia nosotros mismos, podemos emprender un camino de sanidad que nos lleve a soltar los apegos y vivir con mayor libertad y paz. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué conducta necesito reconocer y comenzar a cambiar en mí, en lugar de intentar cambiar a otra persona?
¿Estoy dispuesto(a) a pedirle a Dios la fortaleza para soltar aquello que no puedo controlar y comenzar a caminar hacia una vida más libre y en paz?

Reflexión del Dia: 19 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» nos hace reflexionar en las distintas formas que llegamos a ser «Cuidadores», imponiéndonos desde la niñez que cuidar a los demás es una obra de desprendimiento y un deber. Pretender inculcarnos que la falta de egoísmo pasa por demostrar cuánto somos capaces de «sacrificar» para que los otro reciban nuestra atención permanente y cuidados, siendo que en algunos casos, ellos pueden cuidarse solos. Esa programación debe ser desmontada para que podamos sanar.

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Reflexiona sobre esto:

A muchos codependientes se les han enseñado otros modos de ser cuidadores. Tal vez alguien nos dijo estas mentiras, y nosotros las creímos: no seas egoísta, sé siempre amable y ayuda a la gente, nunca hieras a otros porque “se sienten” nunca digas que no, y no menciones tus necesidades y deseos personales porque no es de buena educación hacerlo.
Podemos haber sido enseñados para ser responsables de otras personas pero no de nosotros mismos.
A algunas mujeres se les inculcó que las buenas madres y esposas eran cuidadoras. Que se requería y esperaba de ellas que fueran cuidadoras. Que era su deber. Algunos hombres creen que los buenos padres y esposos son cuidadores, superhéroes responsables de satisfacer toda necesidad de cada miembro de la familia.
A veces se establece un estado parecido a la codependencia cuando una persona está al cuidado de bebés y niños pequeños. Cuidar niños pequeños requiere que una persona se olvide de sus necesidades, que haga cosas que no desea hacer, que acalle sus sentimientos y deseos (los alimentos a las 4 a.m. por lo general sólo cubren las necesidades de la persona que está siendo alimentada), y de asumir responsabilidad total por otro ser humano. Cuidar de los niños no es rescatar. Esa es una responsabilidad real y no es el tipo de cuidar de otro al que me refiero. Pero si esa persona no comienza a cuidar también de sí misma, pronto empezará a sentir la depresión de la codependencia

Mi Reflexión: Cuidar de los demás es una expresión hermosa de amor, pero no significa olvidarnos de nosotros mismos. Dios nos enseña a servir con un corazón dispuesto, pero también a reconocer nuestros límites y nuestras propias necesidades. Cuando ponemos nuestra confianza en Él, dejamos de sentir que debemos resolverlo todo y aprendemos a servir sin culpa, sin control y sin agotarnos. Dios es quien sostiene nuestras vidas y nos capacita para cuidar de otros sin dejar de cuidarnos nosotros mismos. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estoy cuidando a los demás desde el amor o desde la necesidad de sentirme indispensable?
¿Qué área de mi vida necesito entregar nuevamente a Dios para aprender a cuidarme sin culpa?

Reflexión del Dia: 14 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» reitera la importancia de sanar de la codependencia. Existe un Programa exitoso como es la Terapia en Doce pasos de CoDA. Busca adscribirte a algún Grupo de ayuda cercano a tu localidad.

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Reflexiona sobre esto:

Hemos sido usados otra vez. No nos han apreciado otra vez. Hemos luchado tanto por ayudar a la gente, de ser buenos con ella. Nos lamentamos, “¿Por qué? “ “¿Por qué me pasa esto SIEMPRE a mí?” Otra persona nos ha pisoteado, nos ha golpeado. Y pensamos: “¿Siempre seremos víctimas?” Probablemente, si no dejarnos de rescatar y de cuidar a los demás como si fuéramos su nana.
Muchos codependientes, en alguna época de su vida, fueron verdaderas víctimas, del abuso, de la negligencia, del abandono, del alcoholismo de otro, o de cualquier otra situación que puede hacer víctima a la gente. Estuvimos, en algún momento, realmente desvalidos e incapacitados para protegernos o solucionar nuestros problemas. Algo nos sobrevino, algo que no pedimos, y que nos hirió terriblemente. Eso es triste, verdaderamente triste. Pero un hecho todavía más triste es que muchos de los codependientes empezamos a vernos a nosotros mismos como víctimas. Nuestra dolorosa historia se repite. Como sus nanas, permitimos que la gente nos victimice, y participamos en nuestra victimización al seguir perpetuamente rescatando a la gente.
Rescatar o cuidar no son un acto de amor. El triángulo del drama es un triángulo de odio. Alimenta y mantiene el odio hacia uno mismo, y es un obstáculo para la expresión de nuestros sentimientos hacia los demás. El triángulo y los papeles cambiantes de rescatador, perseguidor y víctima son el proceso visible que atravesamos. Cambia el papel que desempeñamos y nos sobrevienen los cambios emocionales tan cierta y tan intensamente como si estuviéramos leyendo un libreto. Podemos completar el proceso en segundos, experimentando tan sólo emociones ligeras al cambiar de papel. O bien podemos llevarnos años en completar el triángulo y engendrando así una explosión mayor. Podemos, y muchos lo hacemos, rescatar veinte veces en un día.

Mi Reflexión:Este texto nos invita a reconocer que ayudar no significa asumir la responsabilidad de la vida de los demás. Cuando rescatamos constantemente, podemos terminar agotados, resentidos y sintiéndonos víctimas de aquello mismo que decidimos hacer. Salir de ese círculo implica aprender a poner límites, respetar la responsabilidad de cada persona y cuidar también de nosotros mismos. El verdadero amor no controla ni rescata: acompaña, respeta y permite que cada uno enfrente sus propias decisiones y consecuencias.(Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estoy ayudando por amor o por sentirme responsable?
¿Qué límite necesito establecer para cuidar de mí misma?

Reflexión del Dia: 13 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» expone que las conductas reaccionarias del codependiente se deben a su apego afectivo por quienes le rodean. Esta conducta es señal inequívoca de baja autoestima. Debe enfocarse en asistir a terapia para incluir cambios, desafíos y retos.

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Reflexiona sobre esto:

Nuestras reacciones pueden ser el eslabón de una cadena de reacciones tal que a menudo los involucrados están irritados y nadie sabe por qué. Simplemente están irritados. Luego, todos están fuera de control y a la vez son controlados. A veces la gente se comporta de cierta manera para provocar que nosotros reaccionemos de otra. Si dejamos de reaccionar de esta cierta manera, la privamos de lo divertido que esto le resulta. Quedamos fuera de su control y le quitamos el poder que tiene sobre nosotros.
A veces nuestras reacciones provocan que los demás reaccionen de cierto modo. (Pero no necesitamos seguir haciéndolo, ¿o sí?) A veces el reaccionar estrecha nuestra visión en tal forma que nos quedamos varados reaccionando a los síntomas o a los problemas. Podemos estar tan ocupados reaccionando que no tenemos tiempo ni energía para identificar el problema real, y mucho menos para descubrir cómo solucionarlo. Podemos pasar años reaccionando ante cada incidente provocado por la bebida y la crisis resultante, ¡fallando completamente en reconocer que el verdadero problema es el alcoholismo! Aprende a dejar de reaccionar de maneras que no son necesarias y que no funcionan. Elimina las reacciones que te lastiman.

Mi Reflexión: No todo merece una reacción inmediata. Cuando reaccionamos impulsivamente, podemos quedar atrapados en un círculo que aumenta el conflicto y nos roba la paz. Aprender a detenernos, respirar y observar lo que realmente está ocurriendo nos permite responder con mayor sabiduría. Dejar de reaccionar no significa ser indiferentes; significa recuperar nuestra libertad para elegir cómo responder. Cuando dejamos de alimentar aquello que nos altera, recuperamos energía para atender lo verdaderamente importante. (Alpha).

Dos preguntas para reflexionar:
¿Qué reacción necesito aprender a detener?
¿Cómo puedo responder hoy desde la paz y no desde el impulso?

Reflexión del Dia: 2 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente afirma que la codependencia desvirtúa la esencia de la persona que la padece. Se acostumbra tanto a darse a los demás, es desmedro de sí mismo, que asume que ese es su misión de vida.

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Reflexiona sobre esto:

Reaccionar casi nunca funciona. Reaccionamos demasiado aprisa, con demasiada intensidad y urgencia. Rara vez podemos hacer lo más adecuado cuando nos encontramos en ese estado mental, Resulta irónico que no se nos requiera para hacer las cosas en este estado mental. Poco hay en nuestras vidas que no podamos hacer mejor si permanecemos apacibles. Pocas situaciones —no importa qué tanto parezcan demandarlo— pueden mejorarse si perdemos los estribos.
Entonces, ¿por qué lo hacemos?
Reaccionamos porque estamos ansiosos y temerosos de lo que está sucediendo, de lo que podría suceder y de lo que ha sucedido.
Muchos reaccionamos como si todo fuera una crisis porque hemos vivido tantas crisis durante tanto
tiempo que la reacción a la crisis se ha convertido en un hábito.
Reaccionamos porque pensamos que no deberían estar sucediendo las cosas como suceden.
Reaccionamos porque no nos sentimos bien con nosotros mismos.
Reaccionamos porque la mayoría de la gente reacciona.
Reaccionamos porque pensamos que tenemos que reaccionar.
No tenemos que hacerlo.
No debemos tener tanto miedo de la gente. Son gente como nosotros.
No tenemos que abdicar a nuestra paz. No sirve de nada. Disponemos de los mismos recursos y hechos cuando estamos en paz que de los que disponemos cuando estamos en un estado frenético y caótico.
De hecho disponemos de más recursos porque nuestras mentes y emociones están libres de actuar a su mayor potencial.
No debemos abdicar a nuestro poder para pensar y sentir por cuenta de los demás. Tampoco eso se requiere de nosotros.

Mi Reflexión: La reacción impulsiva casi siempre nace del miedo, mientras que la respuesta sabia nace de la paz. Cuando permitimos que las emociones gobiernen nuestras decisiones, es fácil perder la serenidad y actuar de maneras que después lamentamos. Dios, en cambio, nos invita a detenernos, confiar en su dirección y responder con prudencia. La calma no es señal de debilidad, sino de una fe que descansa en la certeza de que Él sigue teniendo el control. Cuando nuestro corazón permanece en paz, podemos discernir mejor, actuar con sabiduría y conservar la libertad que Dios nos ha dado. (Alpha).

Para reflexionar:
¿Qué situaciones o personas suelen provocar en mí reacciones impulsivas en lugar de respuestas guiadas por la paz de Dios?
¿Cómo puedo cultivar un corazón sereno que confíe en Dios antes de actuar o tomar una decisión?

Reflexión del Dia: 31 de Julio

Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente ratifica la importancia de aceptar la realidad y asumir su sanación.

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Reflexiona sobre esto:

Ahí estaban los sueños. Muchos de nosotros los mantuvimos tanto tiempo, asiéndonos a ellos a través de una pérdida y de una desilusión tras otra. Volaron de cara a la realidad, estremeciéndose ante la verdad, rehusándose a creer o a aceptar nada menos que eso. Pero un día la verdad nos sacudió y se rehusó a que la siguiéramos negando. Esto no es lo que habíamos querido, lo que habíamos planeado, lo que habíamos pedido, o lo que habíamos esperado. Nunca lo sería. El sueño estaba muerto, y nunca más podría revivir.
Algunos de nosotros vimos estrellarse nuestros sueños y esperanzas. Algunos podemos estar enfrentando el fracaso de algo extremadamente importante como es nuestro matrimonio o cualquier otra relación importante. Sé que hay mucho dolor ante la perspectiva de perder el amor o de perder los sueños que teníamos. No hay nada que podamos decir para hacer eso menos doloroso o para atenuar nuestra pena. Hiere profundamente ver destruidos nuestros sueños por el alcoholismo o por cualquiera otro problema. La enfermedad es mortal. Mata todo lo que está a la vista, incluyendo a nuestros más nobles sueños. “La dependencia química destruye lenta, pero completamente”, concluye Janet Woititz. Cuán cierto es esto. Cuán tristemente es cierto. Y nada muere más lenta o más dolorosamente que un sueño. Incluso la recuperación conlleva pérdidas, más cambios por cuya aceptación debemos luchar.
Cuando un cónyuge se vuelve sobrio, las cosas cambian. Cambian nuestros patrones de relación. Nuestras características codependientes, las maneras en que hemos sido afectados, son pérdidas de autoimagen que debemos afrontar. Aunque estos son cambios positivos, siguen siendo pérdidas, pérdidas de cosas que pueden no haber sido deseables pero que se han vuelto extrañamente cómodas. Estos patrones se habían vuelto comunes en nuestras circunstancias actuales. Por lo menos sabíamos qué esperar, incluso si esto significaba no esperar nada.

Mi Reflexión: Esta lectura me recordó que dejar morir un sueño nunca es fácil, pero aferrarme a él cuando ya terminó solo prolonga mi dolor. Dios conoce mis lágrimas y también los anhelos que quedaron en el camino. Cuando acepto con fe aquello que no puedo cambiar, descubro que Él no solo sana mis heridas, sino que también es capaz de dar un nuevo propósito y una nueva esperanza a mi vida. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Hay algún sueño perdido que todavía me impide abrazar el nuevo camino que Dios está abriendo delante de mí?
¿Estoy dispuesto a confiar en que Dios puede transformar mis pérdidas en una oportunidad para crecer y comenzar de nuevo?

Reflexión del Dia: 28 de Julio

Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente ratifica que vivir en drama permanente significa un círculo vicioso que mantiene baja la autoestima y evita que progrese hacia la recuperación.

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Reflexiona sobre esto:

Creemos que necesitamos a alguien que nos cuide, porque nos sentimos desamparados. Algún cuidador por fin nos presentará a una persona o a alguna institución para que nos cuide mental, física, financiera o emocionalmente.
¿Por qué, se preguntarán, personas aparentemente razonables hacen este tipo de rescate? Por muchas razones. La mayoría de nosotros ni siquiera nos damos cuenta de lo que hacemos. Creemos en verdad que estamos ayudando. Algunos creemos que tenemos que rescatar. Hemos confundido nuestras ideas acerca de lo que es ayudar y de lo que no lo es. Muchos estamos convencidos de que el rescatar es una obra de caridad.
Incluso podemos llegar a considerar cruel y duro de corazón hacer algo con tanta sangre fría como permitir a una persona que maneje y afronte un sentimiento legítimo, sufra una consecuencia, se desilusione al escuchar un “no”, se le pida que responda a nuestras necesidades y deseos y que en lo general se le considere responsable de si mismo o de sí misma en este mundo. No importa que ellos ciertamente paguen un precio por nuestra “ayuda”, un precio que será tan duro o más severo aún que cualquier sentimiento que pudieran enfrentar.

Mi Reflexión: Debemos recordar que amar no siempre significa hacer por otros lo que ellos pueden hacer por sí mismos. En ocasiones, el acto más sabio y compasivo es permitir que cada persona asuma sus responsabilidades y aprenda de sus propias experiencias. Con la ayuda de Dios, quiero servir con amor, pero también con discernimiento, respetando los límites que favorecen el crecimiento y la madurez (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estoy ayudando a otros a crecer o, sin darme cuenta, estoy impidiendo que asuman su propia responsabilidad?
¿Me cuesta decir «no» porque amo de verdad o porque temo sentirme culpable o ser rechazado?