Reflexión del Dia: 16 de Enero



HICIMOS UNA LISTA DE TODAS AQUELLAS PERSONAS A QUIENES HABÍAMOS OFENDIDO Y ESTUVIMOS DISPUESTOS A REPARAR EL DAÑO QUE LES CAUSAMOS (Octavo Paso de CoDA).
ESTUVIMOS DISPUESTOS
¿Qué significa que «estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos?» Este Paso requiere un cambio de actitud. Nos pide que soltemos las defensas, los mecanismos de protección y comencemos a buscar la paz y la curación en todas nuestras relaciones.
No quiere decir que regresemos a relaciones o sistemas disfuncionales. No significa que dejemos de cuidar de nosotros mismos, ni siquiera cuando otros afirman que ese cuidado los ha dañado.
Significa que buscamos nuestras indiscreciones hacia nosotros mismos y otros. Quiere decir que nos disponemos a buscar la paz y la reparación en todas nuestras relaciones, pasadas y presentes.
Me era fácil justificarme en mi hostilidad y resentimiento hacia las personas. Tenía una larga lista de todos aquellos que me habían dañado. Estaban las relaciones con adictos y alcohólicos donde habían abusado de mí. Estaban las personas importantes y cuidadores de mi pasado que sentía que me habían dañado. Inclusive, había miembros de mi familia quienes yo sentía que me habían dañado o desilusionado.
Estaría plenamente justificada, pensaba, si me retirara a una cueva, me convirtiera en reclusa, y jamás volviera a hablar con ninguno de ellos.
Estar así, por justificado que sea, no es agradable. No es una situación de sentirme conectada conmigo misma o con otros. Es un lugar construido y decorado con miedo.
Este programa me ofreció una manera mejor. Nos ofrece una manera mejor. Esa manera es con un corazón abierto, una conexión con las personas, con nosotros mismos, y con nuestro Poder Superior; y un sanación en nuestras relaciones, pasadas y presentes.
Comienza con la disposición, una disposición que sólo puede iniciarse dentro de nosotros. Es una disposición a estar en paz con las personas en nuestra vida, incluyéndonos a nosotros mismos; libres de culpa, miedo, resentimiento, y malos sentimientos debido a lo que ha transcurrido en nuestro pasado.

Nuestros pasados no han sido un error. Todo lo que ha sucedido no ha sido incidental o accidental. Algunos opinan que hemos participado en escoger nuestros destinos; otros dicen que nuestros destinos y todas las personas e incidentes involucrados nos fueron marcados desde el momento en que nacimos. Como sea, se entiende lo mismo: no hay accidentes, no hay errores.
Todo lo que ha pasado por nuestra vida fue diseñado para prepararnos a ser las personas que somos y a ayudarnos a aprender las lecciones que vinimos a aprender. Cada relación tiene un propósito y nos deja un regalo, aún las más dolorosas. Entre más tiempo me dedico a mi recuperación y entre menos me veo como víctima, más receptiva me vuelvo a estos regalos.
A veces, un regalo es demostrarme qué áreas de mí misma no he abordado. Algunas relaciones suceden en mi vida para hacerme fuerte, enseñarme como poseer mi propio poder, y demostrarme cómo poner límites. Algunas me han llegado para traerme sanación. Algunas me han llegado para traer e inspirar regalos de creatividad, espontaneidad, cariño, feminidad, y apoyo, o para ayudarme acreer que merezco lo mejor que la vida y el amor tienen que ofrecer.
Algunas han llegado para demostrarme lo que no quiero. Algunas son para demostrarme lo que sí quiero.
Nuestras relaciones, dicen muchos, son un espejo de nuestros problemas y metas, un reflejo de nosotros mismos. Cada una trae un regalo. Soltar el resentimiento y la amargura es la llave que abre la puerta a ese regalo.
Podemos agradecer cada regalo.
Existe un lugar en nuestros corazones que nos pondrá en el buen camino en relación con otros y con nosotros mismos. Ese lugar es la disposición de reparar, la disposición de lograr la sanación en nuestras relaciones con las personas, y la disposición de encontrar el regalo.
Cuando lleguemos a ese lugar, cuando la idea de disposición entra a nuestras mentes, aún antes de que llegue a nuestros corazones, ya está comenzando a suceder. Estamos comenzando a abrirnos a la reparación, sanación, y amor disponible para nosotros en nuestras relaciones.
Estamos dispuestos a comenzar a amarnos a nosotros mismos, y a otros, incondicionalmente.

Esta actitud no significa que nos quedemos en relaciones que han llegado a su término. No significa que debamos regresar a relaciones que nos hacen daño. No significa que nos rendimos
ante cualquier trato de cualquier persona que nos hace daño. Si alguien nos trató mal, nuestra lección de esa relación fue aprender a poseer nuestro propio poder y encontrar nuestra liberación.
Lo que hacemos en la recuperación es lo que una mujer, Beth, llama «realinearme con mis relaciones». Pero para comenzar ese realineamiento, para encontrar el lugar de paz con uno mismo y con otros, necesitamos estar dispuestos.
Llegar a estar dispuestos no quiere decir que negamos lo que sucede o ha sucedido. No significa que renunciemos a nosotros mismos o entreguemos nuestro poder a otros. Significa que nos alistamos a abrir nuestro corazón a las personas, a pesar de lo que ha sucedido. Nos disponemos a acercarnos a otros con amor y a cuidar de nosotros mismos con ellos.
Nos disponemos a amar y cuidar de nosotros mismos.
Este Paso nos pide un cambio de corazón, de manera que nuestros corazones puedan sanar y abrirse al amor. No teman la reparación. Por ahora, no piensen en la reparación. Contemplen la disposición, una disposición de hacer lo que nos mande nuestro Poder Superior, una disposición de cuidar de nosotros mismos con los demás.
No se nos pedirá ni requerirá hacer nada arriesgado o inapropiado. Sólo nos disponemos a hacer reparaciones apropiadas, a asumir la responsabilidad por nuestros comportamientos inapropiados con otros y con nosotros mismos.
¿Cómo podemos aprender a amar hasta que estemos dispuestos a asumir la responsabilidad por nuestra parte?
La curación comienza dentro de nosotros. Comienza con un pensamiento, una visión, un sentimiento de buena voluntad. Una gran cadena de curación y amor se inicia cuando tomamos la decisión de cuidar de nosotros mismos ante los demás y de llegar a un lugar de paz en nuestras relaciones. Nos extraemos del control y la influencia de otros y sus adicciones; nos alineamos con la recuperación, nosotros mismos, y nuestro Poder Superior.
Estamos comenzando a conocer nuevas formas de nuestro poder, formas que no conocíamos antes. Nos estamos saliendo de la ansiedad, vergüenza, y culpa, y entrando a la paz.

Hemos dejado de preocuparnos por otros. Nos hemos arriesgado a mirar hacia adentro. Ahora, se nos pide que tomemos un riesgo aún mayor: aquel de callada pero claramente aceptar la responsabilidad por nosotros mismos y nuestros comportamientos.
Este Paso, y el siguiente, sana nuestras relaciones con nosotros mismos y con otros.
Estamos en el camino a aprender a poseer nuestro propio poder en cualquier circunstancia y cualquier situación. Estamos aprendiendo cómo dejar de permitir que otros nos victimicen y dejar de victimizarnos a nosotros mismos. Estamos renunciando al papel de víctima.
Somos parte de una nueva conciencia. Es este trabajo de recuperación que cada uno hacemos lo que detendrá la cadena de victimización y abuso, no sólo en nuestra vida sino en los que nos rodean. Muchos de nosotros hemos querido cambiar el mundo. Bien, lo estamos haciendo, en forma sencilla y callada, por medio de hacer nuestro propio trabajo y buscar nuestra propia curación.

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 15 de Enero



HICIMOS UNA LISTA DE TODAS AQUELLAS PERSONAS A QUIENES HABÍAMOS OFENDIDO Y ESTUVIMOS DISPUESTOS A REPARAR EL DAÑO QUE LES CAUSAMOS (Octavo Paso de CoDA).
HACER LA LISTA
Este es el Paso donde nos olvidamos de lo que hizo o no hizo otro y nos aplicamos a asumir la responsabilidad de nuestros propios comportamientos. ¿A quién manipulamos? ¿Mentimos?
Lo más importante en este Paso es: ¿Hacia quién no sentimos tranquilos en nuestro corazón? ¿En qué relaciones existe discordia o falta de armonía? ¿Qué relaciones necesitan paz y amor y buenos sentimientos, sea o no que queramos volver a relacionarnos con esas personas de nuevo?
¿En qué relaciones necesitamos poder levantar nuestras cabezas, y abrir nuestros corazones para que se llenen de amor, aunque ese amor se dé a distancia y con desapego?
Ahora nos acercamos a la tercera lista. Es tan importante como las otras dos que hemos elaborado; quizá ésta es la más importante. Durante años, he escuchado esta idea pregonada en los círculos de recuperación, pero necesitamos meterle acción, en especial en relación a la recuperación de la codependencia. El nombre que va en la tercera lista es el nuestro.
Generalmente, nosotros mismos somos los más dañados por nuestra codependencia. Nosotros mismos somos la persona con quien más necesitamos hacer reparaciones. Al reprimir nuestros sentimientos y pensamientos, descuidar de nosotros mismos, criticarnos, avergonzarnos, negar la realidad, tener tanto miedo, someternos, restringirnos, creernos todas las falsedades que se han dicho de nosotros, siendo demasiado duros, demasiado críticos, o demasiado exigentes, sin duda nos hemos dañado.

Privarnos o negar nuestras necesidades está mal. No confiar en, ni escucharnos a nosotros mismos está mal. No amarnos a nosotros mismos está mal.
Permitirnos escuchar mentiras y ser engañados al punto de ya no oír ni hacer caso a nuestros instintos está mal. Creer que estamos locos o somos malvados por sobrevivir está mal. Tenernos como responsables por los asuntos o comportamientos inadecuados ajenos está mal.
Dejar que abusen de nosotros o nos maltraten está mal, no obstante el grado del abuso. No está bien que nos dejemos hablar o tocar en forma inapropiada.
Sencillamente no está bien permitir que nos victimen.
Descuidarnos está mal. Ignorar lo que deseamos y necesitamos, a veces al grado de que nuestras mentes, cuerpos y almas se rebelan y enferman, está mal.
Descuidar o minimizar nuestros talentos y dones está mal.
Avergonzarnos de nosotros mismos está mal.
Albergar coraje o resentimiento hacia nosotros mismos es devastador. Podemos pasar toda una vida castigándonos y permitiendo que otros nos dañen, también. Estoy aprendiendo que estaba tan enojada conmigo misma como con otros. Durante años, negué ambos enojos.

Cada comportamiento que apuntamos como codependiente es, en realidad, un daño hecho a nosotros mismos. A veces, incluye un daño hecho a otro también. Necesitamos ser absolutamente honestos respecto a ambos. Hasta que hagamos esto, no tendremos el mapa para el resto de nuestra recuperación.
En muchas relaciones que nos incomodan, no es cómo tratamos a otros lo que hace que su nombre sea apuntado en nuestra lista, sino como nos tratamos a nosotros mismos o permitimos que se nos trate. Permitir a otros tratarnos mal lleva, inevitablemente, a resentimientos hacia la otra persona. Necesitamos trabajar con estos resentimientos, pero también necesitamos estar dispuestos a hacer reparaciones a nosotros mismos por no tratarnos con el respeto que nos
merecemos.
Escuchen, amigos. No nutrirnos, no escucharnos, no cuidar amorosamente del maravilloso niño que tenemos adentro, está mal. Ese niño, a menos que lo hayamos abandonado totalmente y eso está mal, estará con nosotros toda la vida. No escuchar y responder en una forma amorosa a ese niño interno está mal.
Bastante malo es que muchos de nosotros recibimos abuso y abandono como niños. Para algunos, ese abuso surgió de crecer en un hogar alcohólico; otros fueron víctimas de abuso físico, sexual, o emocional. Pero una vez que entendamos, una vez que seamos llevados a la luz, no podemos racionalizar ni solapar la idea de que muchos de nosotros continuamos abandonándonos y abusando de nosotros mismos y del niño interno.
Este es el Paso donde enfrentamos esa idea. Este es el Paso donde hacemos una lista de todas las personas a quienes hemos dañado. Hasta que nuestro nombre sea escrito, en tinta, en esa lista, nuestras listas y nuestra recuperación estarán incompletas.
Esta es una tarea agotadora. Pero es un buen canal para nuestra energía si queremos lograr la curación. No permitas que te agobie. Si leer hasta aquí se siente sobrecogedor, déjalo hasta tranquilizarte. Si hacer una lista te agobia, déjalo hasta tranquilizarte.
Puede ayudar trabajar este Paso en pequeñas partes. De cualquier manera, la culpa y la ansiedad son nuestros puntos débiles. Deja que tu lista sea un proyecto en proceso, elaborándola a medida que nombres e incidentes lleguen a tu conciencia. Trabájala un poco cada día. Luego, inmediatamente después dedícate a algo tranquilo y relajante. Lee un libro de meditación. Llama a un amigo. Haz algo que te levante el ánimo.
Cuidado: No existe razón alguna de sentirse culpable y disponerse a reparar algo que se hizo para cuidar de nosotros mismos. Decir que no, poner un límite, no permitir que nos usen o abusen de nosotros, decir cómo sentimos, cuidar de nosotros mismos, y comenzar o continuar con un proceso de recuperación no son daños que hemos hecho. Con frecuencia, sentimos culpa por estos comportamientos porque es parte de cambiar y porque estamos rompiendo antiguos roles disfuncionales que nos mandan no hacer eso. No tenemos que pedir disculpas por cuidar apropiadamente de nosotros mismos.
Busquemos discernimiento y sabiduría al hacer nuestra lista. Si nos sentimos confundidos, hablamos con Dios, un padrino, o alguien con mayor conocimiento de la recuperación.
Tampoco tenemos que disculparnos con otros por no dejar que nos controlen o por comenzar a vivir nuestra propia vida.
No te preocupes por la perfección. Conforme te acercas a este Paso y completas esta parte, pide guía y ayuda. Pide que se te muestre todos los nombres que deben entrar en la lista. Si tu lista es corta, está bien. Así debe ser. Si tu lista es larga, eso también está bien.
Podemos abrirnos a una comprensión honesta de las personas que necesitan estar en nuestra lista. Podemos pedir a Dios que ilumine nuestra mente y nuestro corazón con los nombres de las personas para nuestra lista. Pidamos soltar nuestras defensas, orgullo, culpa inmerecida, vergüenza, y ansiedad mientras cumplimos esta tarea.
La meta de este Paso es ser honestos con nosotros mismos, no demasiado estrictos con nosotros mismos. Para muchos de nosotros, ser demasiado exigentes, demasiado críticos con nosotros mismos es un problema que asociamos con la codependencia. Con frecuencia, hacer esta lista puede ser un alivio. Después de pensar mucho y dar este Paso, muchos de nosotros encontramos que gran parte de nuestra culpa ha sido inmerecida. Con frecuencia, descubrimos unos cuantos comportamientos con los que no nos sentimos muy bien. A veces, más. Pero este Paso es para ayudarnos. Nos ayuda a clarificar exactamente qué hemos hecho y qué no, y nos encamina a cuidar de nosotros mismos. El propósito de este Paso no es hacernos sentir culpables. Es descubrir cualquier culpa que ya estamos sintiendo o de la que estamos huyendo, y luego eliminarla.

El propósito de este Paso es restaurarnos a tener relaciones correctas, con nosotros mismos y con otras personas. Para cuando completamos esta porción del Paso, quizá tengamos tres listas: personas que nos han dañado; personas a quienes hemos dañado; y la lista con nuestro propio nombre. Ahora es el momento de dejar nuestro lápiz o pluma y hacer el trabajo espiritual que requiere este Paso: lograr la disposición de hacer reparaciones.

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Meditación 15 de Enero… Mantenerse abierto a nuestros sentimientos



Muchos de nosotros hemos sido tan buenos en seguir la regla de «no sentir» que podemos tratar de hablarnos de tener sentimientos, incluso en la recuperación.
«Si realmente estuviera trabajando en un buen programa, no me sentiría enojado».
«No me enojo. Soy cristiano. Yo perdono y olvido».
«No estoy enojado. Estoy afirmando que soy feliz».

Estas son todas las declaraciones, algunas de ellas bastante inteligentes, que indican que estamos operando bajo la regla de «no sentir» nuevamente.
Parte de trabajar un buen programa significa reconocer y lidiar con nuestros sentimientos. Nos esforzamos por aceptar y lidiar con nuestra ira para que no se convierta en resentimientos. No usamos la recuperación como una excusa para cerrar nuestras emociones.
Sí, nos estamos esforzando por perdonar, pero todavía queremos sentir, escuchar y mantener nuestros sentimientos hasta que sea el momento de liberarlos adecuadamente. Nuestro Poder Superior creó la parte emocional de nosotros mismos. Dios no nos está diciendo que no sintamos; Son nuestros sistemas disfuncionales.
También debemos tener cuidado de cómo usamos las afirmaciones; descontar nuestras emociones no hará que los sentimientos desaparezcan. Si estamos enojados, está bien tener ese sentimiento. Eso es parte de cómo nos mantenemos y nos mantenemos saludables.
«Hoy, me negaré a aceptar la vergüenza de otros o de mí mismo por sentir mis sentimientos».

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

Reflexión del Dia: 14 de Enero



HICIMOS UNA LISTA DE TODAS AQUELLAS PERSONAS A QUIENES HABÍAMOS OFENDIDO Y ESTUVIMOS DISPUESTOS A REPARAR EL DAÑO QUE LES CAUSAMOS (Octavo Paso de CoDA).
HACER LA LISTA
Al trabajar este Paso, tal vez la primera lista que queramos elaborar es de aquellos que nos han perjudicado o dañado.
Hemos sido dañados. Hemos permitido que nos dañen. A veces, de niños, no tuvimos elección ni manera de protegernos. A veces nos sentimos perjudicados por muchos, y no sólo de niños.
¿Quién nos dañó? ¿Quién sentimos que nos victimizó, maltrató, usó, o abusó de nosotros? ¿Quién nos rechazó, despreció, o causó dolor? ¿Hacía quién sentimos resentimiento, temor, o a quién evitamos ver porque nos ha dañado? ¿A quién rechazamos por lo que ha hecho y por nuestra incapacidad de cuidar de nosotros mismos con esa persona?
Haz una lista. Pon todos los nombres que se te ocurren en esa lista. Si has hecho tu trabajo de inventario a conciencia, debiste haber sacado a luz la mayoría de los detalles y quejas. Si encuentras que afloran nuevos pensamientos que necesitas trabajar por escrito, toma el tiempo para hacerlo.
Nadie es inmune. Vecinos, amistades, familiares, mamá, papá, hermanos, esposos, novios, amigas, amantes, empleados, jefes, compañeros de trabajo, de escuela. Regresa al pasado.
¿Quién te lastimó? ¿Quién te desilusionó? ¿Qué relaciones te dejan un sentimiento de dolor o amargura?
Esta es una lista importante, es tu oportunidad de sacarlo todo. Pon todo los nombres que se te ocurren en esta lista, de todos los que te deben una reparación. Recuerda, hemos empezado un proceso de curación profunda, así que tómate el tiempo que necesitas para ser tan abarcador como sea posible. Tú eres la persona que se beneficiará con el esmero que pongas.
Una vez que has terminado la lista, ponla a un lado. Toma otra hoja de papel y haz tu segunda lista. Esta lista es tan importante como la primera. Esta es la lista de personas a quienes has dañado.
Ahora estamos entrando a un trabajo exigente y específico. Con frecuencia, ayuda pedir Guía Divina y sabiduría al embarcarnos en este proyecto. ¿A quién, exactamente, hemos dañado con nuestros comportamientos codependientes? No te reprimas ahora preocupándote si vas a tener que pedir disculpas a estas personas o qué vas a decir, o si te sentirás absurdo. Aún no es tiempo de abordar estos asuntos. Por el momento, estamos enfocados a hacer una lista detallada de aquellos a quienes hemos dañado.
¿Quiénes son las personas con las que nos sentimos más a la defensiva o de las que nos tenemos que proteger? ¿Quién fue blanco de la mayor parte de nuestros esfuerzos por controlar o sobrecuidar? ¿Existió algún adicto o alguien fuera de control que obsesivamente queríamos controlar?
¿Quién fue objeto de nuestra ira y enojo? ¿Hay personas aquienes hemos avergonzado o culpado?
Recuerda, no estamos justificando en este momento.
¿Quienes son las personas que más tememos encontrar, porque tenemos asuntos no resueltos con ellos? ¿Con quienes nos sentimos más incómodos? ¿A quién, exactamente, hemos dañado en este viaje mientras luchábamos por sobrevivir? ¿Con quién nos hemos comportado de una manera que nos hace sentir incómodos? ¿Con qué personas, en qué relaciones nos gustaría restablecer la paz y la salud?
Muchos de nosotros encontramos que los miembros de nuestra familia inmediata entran en esta lista. Muchos de nosotros encontramos que nuestros hijos toman primer lugar. Es difícil ser nutridores, amorosos, respetuosos y estar presentes para llenar las necesidades de nuestros hijos en forma adecuada si nunca hemos sido nutridos o amados, si todo lo que conocemos es el control y la vergüenza, y si nosotros mismos estamos doblados de dolor. Estar sin límites, no
poder marcar los límites apropiados con nuestros hijos, es dañarlos.
Conforme hagamos esta lista, seamos firmes pero compasivos con nosotros mismos. Evitemos revolcarnos en la culpa. Sentir culpa y vergüenza no es el propósito de esta lista. La meta aquí es terminar con la culpa y la vergüenza.
Piensa en tus relaciones amorosas, pero no te quedes en el comportamiento de la otra persona.
¿Cuáles fueron tus comportamientos inapropiados en estas relaciones? Si no estas seguro, pídele a Dios que te muestre. Pídele a Dios que traiga a tu mente cualquier comportamiento o incidente que necesitas trabajaren esta lista.
¿Y los miembros de tu familia extendida? ¿En dónde hay discordia o desavenencia con la familia?

Muchos ponen entre los primeros de la lista a miembros de la familia política, también.
Considera tu historia laboral. ¿Existe un jefe o empleado a quien no le diste lo que te comprometiste a dar, debido a tu codependencia?
No te vuelvas obsesivo. No te enredes innecesariamente en cosas irrelevantes o faltas imaginadas. Observa tu comportamiento con la mente tranquila y deja que los nombres que necesitan estar en tu lista emerjan.
Ahora, vayamos a las finanzas. ¿A quién debes dinero como resultado de tu codependencia? Pon sus nombres en la lista. Quizá pedimos prestado y no hemos pagado. A lo mejor mentimos o manipulamos, por temor o para sobrevivir, para conseguir dinero que no era legítimamente nuestro.
Quizá nos enredamos tanto en nuestra codependencia que descuidamos nuestras responsabilidades fiscales. Pon los nombres de las personas a quienes nosotros, no otros, le debemos dinero.
Revisemos amistades y nuestra conducta en estas relaciones. ¿Hemos descuidado a alguien importante? ¿Existen personas a quienes hemos rescatado una y otra vez por nuestra codependencia, para luego quedarnos resentidos con ellas porque estamos cansados de asumir la responsabilidad por su comportamiento?
Este Paso requiere revisar nuestra alma. No es un Paso para castigarnos ni tampoco un Paso para recordarnos nuestra necesidad de sentirnos culpables. Es un Paso para liberarnos de culpas, ansiedad, y discordia.
Debemos estar abiertos a dejarnos guiar conforme trabajemos este Paso. Con frecuencia nuestra tendencia es sentirnos culpables de todo lo que hemos hecho y de todos con los que hemos estado en contacto. Mucho de lo que estamos sintiendo que llamamos codependencia es culpa inmerecida. Si nos encontramos enredándonos en culpas no merecidas, puede ayudar hacer otra lista de personas a las que no hemos dañado, pero con quienes nos sentimos culpables de todas
formas. A veces, si tenemos una abundancia de culpa inmerecida con alguna persona en particular, podríamos tratar de mirar atrás de ésta para ver si no anda por ahí algún daño o coraje oculto, un coraje que se disfraza de culpa.
Haz una lista. Ponlo por escrito y sácalo. ¿A quién hemos dañado?

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 12 de Enero



HUMILDEMENTE LE PEDIMOS QUE NOS LIBERASE DE NUESTROS DEFECTOS. (Séptimo Paso de CoDA).
CONFIAR EN EL PROCESO
He visto a personas en recuperación de la codependencia arreglárselas, luchar, y privarse de cosas sin razón o con la esperanza de salvar una relación en particular. Una vez entradas en recuperación, he visto a estas mismas personas usar la misma habilidad para aguantar, avanzar, y privarse de algo para ayudarse a terminar una carrera, o iniciar sus propios negocios, o hacer otra cosa en su propio beneficio.
Un rasgo de carácter se canalizó en otra dirección.
Un deseo de controlar puede atenuarse con los límites apropiados y respeto, y luego canalizarse hacia habilidades administrativas y de liderazgo.
Toda la energía que invertimos en odiarnos y estar a disgusto con nosotros mismos puede convertirse en positiva, puede usarse para amarnos a nosotros mismos.

Una parte de las actitudes de cuidadores y cuidados sin fin que regalamos al mundo pueden volverse hacia nosotros mismos, hasta que verdaderamente aprendemos a amarnos y cuidarnos.
Y así va.
Sí, estamos mejor sin algunas cosas. Algunas cosas podrán invertirse. Algunas cosas habrá que trabajar, con la ayuda de Dios, a través del tiempo. Algunas cosas aprenderemos a aceptar.
Quizá nunca sea yo una buena cocinera, y no estoy segura de que me importa. Acepto eso de mí misma. Si ha de cambiar algún día, lo hará. Por ahora, no me interesa cambiar ese rasgo particular.
Algunas cosas las hago bien. Algunas mediocremente. Algunas no las hago. Eso está bien.
Entre más tiempo trabajamos estos Pasos, mayor perspectiva tendremos respecto de nosotros mismos y de nuestros pasados. Entre más plenamente permitimos la sanación en relación con nuestros pasados, mayormente podremos ver y aceptar los regalos de ese pasado.
Una vez que superemos la amargura, podremos recibir el regalo de cada relación, aun las más dolorosas.
Seremos sanados. Nos llegará el amor hacia nosotros mismos y hacia otros. Quizá el regalo más curativo de todos es la aceptación de uno mismo, una aceptación inmediata y siempre presente de uno mismo, de todo lo que somos y hemos sido, y de todo lo que hemos pasado. Entre más podamos aceptarnos a nosotros mismos, más fácilmente nosconvertiremos en quienes estamos destinados a ser.

Este Paso no nos absuelve de responsabilidad por nosotros mismos. Pero no tenemos que preocupar e inquietarnos. No tenemos que forzar nuestra recuperación. No tenemos que rebajarnos ni criticarnos más por no ser capaces de cambiar algo respecto a nosotros mismos.
Nuestra tarea primaria es aceptación y amor por nosotros mismos. De ese lugar, todas las cosas buenas sucederán y nos llegarán.

Seremos llevados hacia la sanación que necesitamos. Se darán situaciones. Entrarán personas a nuestra vida. Escucharemos una frase en una junta. Alguien llamará y comenzará a hablar de algo que nos mueve. Nos darán un libro. Un pensamiento, una inspiración se nos ocurrirá.
Quizá seamos llevados a un terapeuta privado o grupo especializado de recuperación. Quizá seamos llevados al conocimiento de otra adicción o problema en nosotros mismos, y hacia la recuperación del mismo. Puede que nos encontremos en una relación que dispara una curación profunda de daños pasados.
Posiblemente nos encontremos en una situación de empleo que nos reta de nuevas formas para asumir nuestro propio poder. Puede que descubramos nuevas partes de nosotros mismos que podemos explorar y trabajar.
El proceso funcionará, y trabajará su magia en nosotros, si permitimos que suceda. A veces trabaja aún cuando nos resistimos. Nos encontraremos cambiados, hasta el centro de nosotros mismos, en formas que no podíamos hacer por nuestra cuenta.
Y sucede de manera natural, si lo dejamos.
Este Paso nos da permiso de ser quienes somos. Pedimos: por favor ayúdame. Por favor transfórmame. A partir de ese momento, podemos ser quienes somos y dejar que el cambio se dé.
No tenemos que esforzarnos tanto. No tenemos que luchar tanto. Nuestra tarea es aceptarnos, en todo momento. Pidamos a Dios hacer lo demás. Pidamos, sabiendo que lo que deseamos y necesitemos que se haga por nosotros, es más de lo que podemos lograr. Pidamos, sabiendo que no se espera que lo hagamos por nosotros mismos.
Luego, seamos receptivos y confiemos en lo que viene.
Sí, tenemos un papel en este proceso. Ese papel es aplicarnos a los Pasos. Hay tareas que hacer, y se nos mostrará y ayudará a hacer lo que sea que debamos hacer, cuando sea que debamos hacerlo. Pero la tarea de este Paso es sencillo. Este es el Paso donde «humildemente pedimos a Dios lo que necesitamos». Nos da permiso de llegar cual somos y traer nuestras necesidades y deseos a nuestro Poder Superior. Pedimos por favor, y luego confiamos en que hemos sido escuchados
.

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 30 de Diciembre



«SIN MIEDO HICIMOS UN MINUCIOSO INVENTARIO MORAL DE NOSOTROS MISMOS».(Cuarto Paso de CoDA).
ABRIR NUESTRO CORAZÓN AL AMOR
Había sido descuidada de niña, enseñada creencias equivocadas acerca de mí misma, desprovista de o negada mucho de lo que una niña necesita para ser mínimamente sana. Para sobrevivir, me había contando mentiras terribles. Me había creído el lavado se cerebro y fabricado excusa tras excusa para los que vivían a mi alrededor.
El dolor más fuerte no vino de estas experiencia, sino de mi reacción a estas experiencias: negación y autorrechazo. Aprendí a aceptar tan poco de la vida, porque creí que merecía tan poco.
Aprendí cuán aterrada, cuán terriblemente aterrada estaba ante la vida,ante dar libremente los pasos de la vida, ante bailar el baile de la vida y del amor.
Decía querer tener relaciones, pero en verdad no quería la intimidad. Quería que alguien me protegiera. Quería una fortaleza, un escondite. Pero aun en estos escondites de relaciones disfuncionales, no podía esconderme. Dios me seguía alumbrando, enseñándome, obligándome a enfrentar la verdad acerca de mí misma.
Aprendí que no podría poseer mi propio poder ante mi pareja, hasta que lo hiciera ante alguno de mis padres. No estaría libre para amar hasta romper con mis lazos originales y reclamar mi libertad para ser, para estar viva, y para darme a mí misma la bienvenida a este mundo.
El duelo por este proceso fue enorme. Ser obligada a pararme sola, ser dueña de mi propio poder, sentir mis sentimientos, y andar por la vida sin un escudo me producía emociones arrolladoras. Me había pasado toda la vida evitando los sentimientos, funcionando con base en energía mental, protegiéndome con mi intelecto. Ser obligada a entrar a la parte emocional de mí misma, que en esencia es el corazón, dolió tanto y se sintió tan incómodo y torpe que grité, gemí, y me quejé durante todo el proceso de más de un año.
Me retorcía con la incomodidad de sentir. Pasé por el proceso de duelo una y otra vez, quitando la negación de cierto asunto, pasando de inmediato al enojo y la ira, hasta poder aceptar la lanza momentánea de dolor y tristeza. Luego, por unos días, tenía un descanso, hasta que el proceso comenzaba de nuevo con otro aspecto negado y reprimido.Una y otra vez, hice el duelo de una pérdida tras otra, desde mi nacimiento hasta el presente.
La vida seguía ofreciéndome las experiencias que necesitaba para desatar este mirar hacia adentro. Sentí la ira que ignoraba albergar. Saqué de adentro, página tras página, un torrente de miedos y creencias negativas.

No es adecuado llamar «incomodidad» a este proceso empírico de atravesar el proceso de sanación. Comencé a creer que no había más. Pensé que lo más que podía esperar es que el proceso algún día terminaría y yo volvería a sentir como antes. Pero aún faltaba más. Una noche, en la soledad de mi propia casa, tuve una experiencia espiritual. Sucedió en mi corazón. Como una ola gigante, me inundó el entendimiento de que tenía que perdonar todo, a cada persona de mi pasado. Fue un pensamiento espiritual, como de Guía Divina. También fue un pensamiento humano, como «Es hora de hacer las compras.» Fue un acto de conciencia. De inmediato, se me iluminó la lista de aquellos a quienes debía perdonar. Pasó de mi mente a mi corazón, y un pensamiento amoroso y perdonador acompañó a cada nombre. El perdón fue un regalo. Sólo tenía que poner mi buena voluntad, y ni siquiera sé cuánto tuve que ver con eso.
Por un tiempo, había supuesto que el enojo y el reconocimiento era la totalidad del proceso. Estas ideas eran importantes, pero constituían sólo una parte de la experiencia.
A medida que cada nombre, cada persona, y un pensamiento de perdón para cada uno pasaba por mi corazón, sentí cómo se iba aligerando y aligerando mi corazón. Percibí la experiencia física de sentir cómo se disolvían la pesantez, el dolor, las varillas de acero alrededor de mi corazón. Se rompían las grandes bandas de restricción alrededor de mi pecho, y una parte mía que había estado cerrada, se abrió. Esa parte era mi corazón.

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Meditación 14 de Diciembre… Se feliz ahora



«El tiempo es lo que evita que todo suceda a la vez», decía la pegatina del parachoques que tenía delante.
Tal vez, pensé. Estaba corriendo de vuelta a casa desde la tienda de computadoras, haciendo mis diligencias, tratando de hacer las cosas. Noté un restaurante y un centro comercial a mi derecha, en la autopista. Tenía curiosidad por este lugar por casi un año. Hoy, en lugar de conducir, pagué la autopista y entré en el estacionamiento. Pasé las siguientes tres horas navegando por las tiendas llenas de antigüedades, baratijas y alimentos gourmet. Luego disfruté de una cena tranquila, una jugosa hamburguesa y una malta de chocolate, en el restaurante antes de regresar a casa. Las tiendas siempre habían estado allí; Siempre me había pasado. Hoy paré, satisfice mi curiosidad, y me divertí.
Es fácil pasar nuestras vidas trabajando hacia una meta, convencidos de que si solo pudiéramos llegar allí, seríamos verdaderamente felices en ese momento. Hoy es el único momento que tenemos. Si esperamos hasta mañana para ser felices, nos perderemos la belleza de hoy.
Ten tus planes. Fijar metas.
Déjate ser feliz ahora.

«Dios, ayúdame a ser consciente de la alegría que está frente a mí ahora, en lugar de esperar a que el mañana me traiga felicidad».

(Melody Beattie de su Libro Mas del Lenguaje del Adiós).

Meditación 5 de Noviembre … Trae cualquier solicitud que tengas a Dios.



Ninguna solicitud es demasiado grande; no demasiado pequeño o insignificante.
Cuán a menudo limitamos a Dios al no llevar a Dios todo lo que queremos y necesitamos.
¿Necesitamos ayuda para obtener nuestro equilibrio? Pasando el día?
¿Necesitamos ayuda en una relación particular? ¿Con un defecto de carácter particular?
¿Necesitamos ayuda para progresar en una tarea en particular que nos desafía? ¿Necesitamos ayuda con un sentimiento? ¿Queremos cambiar una creencia autodestructiva que nos ha desafiado? ¿Necesitamos información, una idea? ¿Apoyo? ¿Un amigo?
¿Hay algo en el universo de Dios que realmente nos traiga alegría?

Podemos pedirlo. Podemos pedirle a Dios lo que queramos. Pon la solicitud en las manos de Dios, confiando en que ha sido escuchada, luego déjala ir. ¡Deja la decisión a Dios!
Pedir lo que queremos y necesitamos es cuidarnos a nosotros mismos. Confía en que el Poder Superior a quien hemos entregado nuestra vida y realmente se preocupa por nosotros y por lo que queremos y necesitamos.
«Hoy, le pediré a mi Poder Superior lo que quiero y necesito. No exigiré, preguntaré. Entonces lo soltaré.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Meditación 31 de Agosto… Separarse con amor



Algunas veces las personas que amamos hacen cosas que no nos gustan o que no aprobamos. Nosotros reaccionamos Ellos reaccionan. En poco tiempo, todos estamos reaccionando el uno al otro, y el problema se intensifica.
¿Cuándo nos separamos?
Cuando estamos atrapados en una reacción de ira, miedo, culpa o vergüenza. Cuando nos enganchamos en un juego de poder: un intento de controlar u obligar a otros a hacer algo que no quieren hacer. Cuando la forma en que reaccionamos no es ayudar a la otra persona ni resolver el problema. Cuando la forma en que reaccionamos nos está lastimando.
A menudo, es hora de separarse cuando el desprendimiento parece ser lo menos probable o posible de hacer.

El primer paso hacia el desapego es comprender que reaccionar y controlar no ayudan. El siguiente paso es lograr la paz: centrarse y restablecer el equilibrio.
Dar un paseo. Dejar la habitación. Ir a una reunión. Tomar un baño largo y caliente. Llamar a un amigo. Llamar a Dios. Respirar profundamente. ¡Encontrar paz!. Desde ese lugar de paz y centro emergerá una respuesta, una solución.
«Hoy, me rendiré y confiaré en que la respuesta está cerca.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de meditaciones).

Reflexión del Dia: 30 de Agosto



“Pero esto es tan importante para mí”, protestan muchos. “No me puedo desapegar”.
Si es tan importante para ti, yo sugiero que esa es la razón más importante para desapegarte. Escuché sabias palabras acerca del desapego de boca de niños chiquitos, de los míos. A veces mi hijo más pequeño, Shane, se queda abrazado a mi fuerte y largamente después de que le doy mimos. Me tambaleo. Pierdo el equilibrio, y me impaciento con él porque me sigue abrazando. Comienzo a resistírmele.
Tal vez lo hace para tenerme cerca más rato. Quizá sea una manera de controlarme. No lo sé. Una noche que hizo esto mi hija nos miró hasta que ella misma se sintió frustrada e impaciente.
“Shane”, le dijo, “hay un tiempo para soltarse”. Para cada uno de nosotros, llega un tiempo para soltarse. Sabrás cuándo ha llegado ese tiempo.
Cuando has hecho todo lo que se puede hacer, es tiempo de desapegarte. Maneja tus sentimientos. Enfréntate a tus miedos acerca de perder el control. Gana control sobre ti mismo y sobre tus responsabilidades. Dales a los demás la libertad para ser lo que son. Al hacerlo, te liberarás.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
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