Meditación 11 de Agosto… Curación

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós ratifica que el codependiente debe considerar la recuperación como única vía para sanar de la codependencia.

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Medita sobre esto:

Deja que la energía de la curación fluya a través de tu cuerpo.
La energía curativa de Dios, del universo, de la vida y de la recuperación nos rodea. Está a nuestra disposición, esperando a que la atraigamos, esperando a que la extraigamos. Está esperando en nuestras reuniones o grupos, en las palabras de una plegaria que se murmura, en un gesto gentil, en una palabra y un pensamiento positivo. La energía curativa está en el sol, en el viento, en la lluvia, en todo lo que es bueno.
Deja que venga la energía curativa. Atráelo. Acéptala. Déjala que te empape. Respira la luz dorada. Exhala. Deja ir el miedo, la ira, el dolor, la duda. Deja que la energía curativa fluya hacia ti, a través de ti.
Es tuya si la pides, si crees en ella.

«Hoy pediré y aceptaré la energía curativa de Dios y del universo. La dejaré fluir hacia mí, a través de mí, y que regrese a los demás. Yo soy parte del ciclo continuo de curación, y uno con él.»

Mi Reflexión: La sanidad también comienza cuando abrimos el corazón y permitimos que Dios obre en nosotros. Podemos acercarnos a Él con nuestros temores, heridas y cargas, confiando en que su presencia trae consuelo, fortaleza y renovación. Al recibir su amor, también podemos convertirnos en instrumentos de esperanza y consuelo para otros. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué carga necesito entregar hoy a Dios para recibir su paz?
¿Cómo puedo transmitir a otros la esperanza y el consuelo que he recibido?

Reflexión del Dia: 10 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» ratifica la necesidad de asumir la responsabilidad de su propio cuidado.

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Reflexiona sobre esto:

Descubre qué necesitas hacer para cuidar de ti mismo. Toma tus decisiones basándote en la realidad y tómalas en un estado de ánimo apacible. ¿Necesitas pedir disculpas? ¿Quieres olvidarte del asunto? ¿Necesitas hablar con alguien de corazón a corazón? ¿Necesitas tomar otra decisión para cuidar de ti mismo? Cuando tomes tu decisión ten en mente cuáles son tus responsabilidades. No tienes la responsabilidad de que los otros “vean la luz” y no necesitas “enderezarlos”. Tienes la responsabilidad de ayudarte a ti mismo a ver la luz y de enderezarte. Si no te sientes en paz con alguna decisión, olvídala. No es tiempo para tomarla todavía. Espera hasta que tu mente esté consistente y tus emociones estén tranquilas.
Cálmate. No necesitas sentirte tan asustado. No necesitas sentirte tan frenético. Mantén las cosas en perspectiva. ¡Hazte la vida más fácil!

Mi Reflexión: Cuidarnos también es aprender a tomar decisiones desde la calma y no desde el miedo o la impulsividad. Cuando buscamos la paz de Dios antes de actuar, podemos distinguir con mayor claridad qué nos corresponde hacer y qué debemos dejar en Sus manos. No estamos llamados a cambiar a los demás, sino a responder con sabiduría y fidelidad a nuestra propia responsabilidad. La paz es una buena guía para decidir. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estoy tomando decisiones desde la paz o desde el temor y la ansiedad?
¿Qué situación necesito entregar hoy a Dios para cuidar mejor de mí mismo?

Meditación 10 de Agosto… Desapegarse con amor

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós plantea que la persona codependiente esta apegada afectivamente a eventos, personas, A eso se acostumbra y le resulta difícil desapegarse de lo que le hace sentir mal.

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Medita sobre esto:

Algunas veces las personas que amamos hacen cosas que no nos gustan o que no aprobamos. Nosotros reaccionamos Ellos reaccionan. En poco tiempo, todos estamos reaccionando el uno al otro, y el problema se intensifica.
¿Cuándo nos separamos? Cuando estamos atrapados en una reacción de ira, miedo, culpa o vergüenza. Cuando nos enganchamos en un juego de poder: un intento de controlar u obligar a otros a hacer algo que no quieren hacer. Cuando la forma en que reaccionamos no es ayudar a la otra persona ni resolver el problema. Cuando la forma en que reaccionamos nos está lastimando.
A menudo, es hora de separarse cuando el desprendimiento parece ser lo menos probable o posible de hacer.
El primer paso hacia el desapego es comprender que reaccionar y controlar no ayudan. El siguiente paso es lograr la paz: centrarse y restablecer el equilibrio.
Dar un paseo. Dejar la habitación. Ir a una reunión. Toma un baño largo y caliente. Llamar a un amigo. Llama a Dios. Respira profundamente. Encontrar paz. Desde ese lugar de paz y centro emergerá una respuesta, una solución.

«Hoy, me rendiré y confiaré en que la respuesta está cerca».

Mi Reflexión: No podemos resolver un conflicto reaccionando desde el enojo, el miedo o el deseo de controlar. Cuando nuestras emociones toman el mando, perdemos la paz y el problema suele crecer. Desapegarnos no significa dejar de amar; significa hacer una pausa para recuperar la serenidad y permitir que Dios nos dé sabiduría para responder en lugar de reaccionar. Desde un corazón en paz nacen las mejores decisiones. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estoy reaccionando impulsivamente o respondiendo con la paz que Dios me da?
¿Qué necesito soltar hoy para permitir que Dios me muestre el mejor camino?

Meditación 9 de Agosto… Práctica un acto de gratitud

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós ratifica el agradecimiento que debe asumirse con ese Poder Superior que nos provee y satisface nuestras necesidades.

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Medita sobre esto:

Ninguno de nuestros éxitos llega sin la ayuda de otros. Una y otra vez, parece que hay alguien parado en la encrucijada esperándonos, señalando el camino con el corazón. Pueden ser amigos, familiares, ministros o mentores, o incluso oficiales de policía o jueces. Creo que podrían ser ángeles enviados para ayudarnos a atravesar esos momentos difíciles y señalarnos de nuevo al camino con el corazón.
Están en el lugar correcto en el momento adecuado con las palabras exactas y la ayuda que necesitamos. ¿Les has dado las gracias por estar allí?
Práctica un acto de gratitud. Encuentra una de tus luces, guía o ángeles de la guarda, y dile a esa persona lo que él o ella significaron para ti en tu vida. Es posible que tus guías ni siquiera se den cuenta del impacto que tuvieron en ti. Y quién sabe si tus amables palabras pueden ser solo la luz que necesitan hoy para empujarlas suavemente en su camino con el corazón.
Luego, da un paso más. Asume la actitud amable y afectuosa que te hicieron o te transmitieron a otra persona.

«Dios, recuérdame dar gracias donde se deba hacer».

Mi Reflexión: Dios suele obrar a través de personas que llegan a nuestra vida en el momento preciso para animarnos, guiarnos o tendernos una mano. Sus palabras, su ejemplo o su apoyo pueden marcar nuestro camino más de lo que imaginamos. La gratitud reconoce esas bendiciones y nos inspira a hacer lo mismo por otros. Quien ha recibido gracia también está llamado a compartirla. Un corazón agradecido no solo recuerda a quienes lo ayudaron, sino que también procura convertirse en una luz para alguien más. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿A quién necesito agradecer por haber sido un instrumento de Dios en mi vida?
¿Cómo puedo ser hoy una luz y una bendición para otra persona?

Meditación 5 de Agosto… Sentimientos y rendición

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós reitera que el codependiente tiene la necesidad imperiosa de concientizar que solo a través de la guía divina puede salir de ese desierto permanente lleno de problemas físicos, psíquicos y espirituales. Ratifica que el sometimiento a la Divinidad es imperioso para tener paz interior.

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Medita sobre esto:

Rendirse es una experiencia altamente personal y espiritual.
La rendición no es algo que podamos hacer en nuestras cabezas. No es algo que podamos forzar o controlar por la fuerza de voluntad. Es algo que experimentamos.
La aceptación, o rendición, no es un paquete ordenado. A menudo, es un paquete lleno de resentimientos: ira,tristeza, seguidos de alivio. A medida que nos rendimos, experimentamos nuestra frustración e ira contra Dios, contra otras personas, contra nosotros mismos y ante la vida. Luego llegamos al corazón del dolor y la tristeza, la pesada carga emocional que debe surgir antes de que podamos sentirnos bien. A menudo, estas emociones están conectadas con la curación y la liberación en un nivel profundo.
El sometimiento pone las ruedas en movimiento. Nuestro miedo y ansiedad sobre el futuro se liberan cuando nos rendimos.
Estamos protegidos, somos guiados. Se han planeado cosas buenas. El próximo paso ahora está siendo tomado. La rendición es el proceso que nos permite avanzar. Así es como nuestro Poder Superior nos mueve hacia adelante.
Confíe en la exactitud del tiempo y la libertad en el otro extremo, mientras lucha humanamente a través de esta experiencia espiritual.

«Estaré abierto al proceso de rendición en mi vida. Me permitiré todas las emociones torpes y potentes que deben ser liberadas».

Mi Reflexión: Rendirse no significa darse por vencido; significa dejar de luchar contra aquello que no podemos controlar y confiar plenamente en las manos de Dios. Es un proceso que muchas veces pasa por el dolor, la tristeza y la incertidumbre, pero también abre la puerta a la paz y a la esperanza. Cuando soltamos nuestras cargas y aceptamos que Dios tiene el control, nuestro corazón deja de vivir en la ansiedad y comienza a descansar en su fidelidad. La verdadera rendición no nos debilita; nos fortalece, porque nos enseña a depender de Aquel que siempre sabe cuál es el mejor camino. (Alpha).

Para reflexionar:
¿Qué situación necesito rendir hoy a Dios en lugar de seguir luchando por controlarla?
¿Estoy dispuesto a confiar en los tiempos y propósitos de Dios, aun cuando no comprenda completamente lo que está sucediendo?

Reflexión del Dia: 30 de Julio

Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente reitera que tenemos un magnífico aliado para salir de esta vida tormentosa que vivimos como codependientes. Ese aliado es nuestro poder superior. A el podemos entregar las cargas. Contribuyendo nosotros en recuperarnos, lo demás dependerá de ese tránsito espiritual que es la Terapia Doce Pasos de CoDA.

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Reflexiona sobre esto:

También podemos depender de Dios. Él está con nosotros y a Él le importamos. Nuestras creencias espirituales nos pueden dar una fuerte sensación de seguridad emocional.
Permítanme ilustrar esta idea, Una noche, cuando vivía en un vecindario violento, tuve que caminar por el callejón de atrás de mi casa para subirme a mi coche. Le pedí a mi esposo que me viera desde una ventana del segundo piso para asegurarse de que nada me pasara. Estuvo de acuerdo. Mientras caminaba por el patio posterior, lejos de la seguridad de mi hogar y en !o negro de la noche, empecé a sentir miedo. Me volteé y vi a mi esposo en la ventana. Me estaba cuidando. Estaba ahí, Inmediatamente me abandonó el miedo, y me sentí consolada y a salvo. Sucede que creo en Dios, y que encuentro el mismo sentimiento de consuelo y de seguridad al saber que Él siempre cuida de mi vida. Me empeño en buscar esta seguridad.
Algunos codependientes empiezan a creer que Dios nos ha abandonado. Hemos sufrido tanto. Tenemos tantas necesidades insatisfechas, a veces por tanto tiempo que nos lamentamos: “¿A dónde se ha ido Dios? ¿Por qué se ha ido? ¿Por qué Él ha permitido que esto suceda? ¿Por qué no quiere ayudar? ¿Por qué me ha abandonado?” Dios no nos ha abandonado. Nosotros nos hemos abandonado a nosotros mismos.
Él está ahí, y a Él le importamos. Pero Él espera que nosotros cooperemos cuidando de nosotros mismos.

Mi Reflexión: Esta lectura me recordó que nunca camino solo, porque Dios permanece a mi lado aun en los momentos de mayor incertidumbre. Su presencia me da seguridad, pero también me llama a asumir con responsabilidad el cuidado de mi propia vida. Confiar en Dios no significa esperar pasivamente que Él haga todo por mí, sino avanzar con la certeza de que Su amor me sostiene, me guía y fortalece cada paso que doy. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estoy descansando en la presencia de Dios o permitiendo que el miedo me haga sentir abandonado?
¿Cómo puedo cooperar hoy con Dios, cuidando responsablemente la vida que Él me ha confiado?

Meditación 30 de Julio… Controlar o Confiar

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós ratifica que el codependiente pasa por etapas muy difíciles. Siente hasta temor de vivir. Esta sensación negativa se minimiza cuando confía fielmente en la divinidad como nuestro proveedor permanente.

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Medita sobre esto:

Hubo un momento en mi vida en que me sentí tan asustado y abrumado por el acto de vivir que realmente quería hacer un calendario para cada día de mi vida durante los próximos cinco años. Quería incluir todas las tareas que tenía que hacer, cuando las haría, incluso cuando programara la relajación. Quería ordenar algo que me resultaba abrumador. Quería sentir que tenía el control. (ANÓNIMO).

El control es una respuesta directa a nuestro miedo, pánico y sensación de impotencia. Es una respuesta directa a sentirse abrumado y desconfiar.
No podemos confiar en nosotros mismos, nuestro Poder Superior, el Plan, el Universo o el proceso de la vida. En lugar de confiar, volvemos al control.
Podemos abordar esta necesidad de control tratando con nuestro miedo. Nos ocupamos del miedo confiando en nosotros mismos, nuestro Poder Superior, el amor y el apoyo del Universo, el Plan y este proceso que llamamos vida y recuperación.
Podemos confiar en que cuando las cosas no salen como queremos, Dios tiene algo mejor planeado.
Podemos confiar en nosotros mismos para llegar a donde necesitamos ir, decir lo que tenemos que decir, hacer lo que tenemos que hacer, saber lo que necesitamos saber, ser lo que necesitamos ser, y convertirnos en todo lo que podemos ser, cuando estamos destinado a hacer eso, cuando estemos listos, y cuando sea el momento adecuado.
Podemos confiar en nuestro Poder Superior y el Universo para que nos den la dirección que necesitamos.
Podemos confiar en nosotros mismos para escuchar y responder, en consecuencia.
Podemos confiar en que todo lo que necesitamos en este viaje vendrá a nosotros. No obtendremos todo lo que necesitamos para todo el viaje de hoy. Hoy recibiremos los suministros de hoy y los suministros de mañana mañana. Nunca tuvimos la intención de llevar suministros para todo el viaje. La carga sería demasiado pesada, y el camino estaba destinado a ser ligero.
Confía en ti mismo. No tenemos que planificar, controlar y programar todas las cosas. El cronograma y el plan han sido escritos. Todo lo que tenemos que hacer es aparecer.
El camino quedará claro y los suministros serán amplia y claramente proporcionados, un día a la vez.
¡Confía, mi amigo, en hoy!

«Hoy, confiaré en que recibiré todo lo que necesito para ayudarme a superarlo hoy. Confiaré en que lo mismo sucederá mañana».

Mi Reflexión: Esta lectura me recordó que el miedo me impulsa a querer controlar el mañana, mientras que Dios me invita a confiar en Su cuidado para el presente. No necesito tener todas las respuestas ni conocer cada paso del camino; basta con caminar fielmente el día de hoy. Cuando deposito mi confianza en el Señor, descubro que Su gracia siempre llega a tiempo y que nunca deja de proveer lo que realmente necesito. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué temor me está llevando a querer controlar aquello que debería confiar a Dios?
¿Estoy viviendo preocupado por el mañana o descansando en la provisión que Dios tiene para este día?

Meditación 29 de Julio… Diviértete

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós recalca la necesidad de equilibrar las actividades en la vida del codependiente. No todo es trabajo, ocupaciones de los demás, dejando atrás los momentos de diversión.

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Medita sobre esto:

Diviértete. Suéltate un poco ¡Disfruta la vida!
No tenemos que ser tan sombríos y serios.No tenemos que ser tan reflexivos, tan críticos, tan enfrascados en nosotros mismos y en los rígidos parámetros que otros, y a menudo nosotros mismos, nos hemos colocado.
Esta es la vida, no un servicio fúnebre. Diviértete con ella. Entra en ella. Participa. Experimenta. Corre algún riesgo. Sé espontáneo. No estés siempre tan preocupado por hacer lo correcto, por hacer lo apropiado.
No te preocupes tanto por lo que otros puedan pensar o decir. Lo que piensen y digan es asunto suyo, no nuestro. No tengas tanto miedo a cometer un error. No seas tan temeroso y tan propio. No te inhibas tanto.
La intención de Dios no es que fuéramos tan inhibidos, tan restringidos, tan controlados. Estos parámetros represivos son los que otra gente nos ha impuesto, lo que nosotros hemos permitido que se nos haga.
Fuimos creados plenamente humanos. Se nos dieron emociones, deseos, esperanzas, sueños, sentimientos. ¡En alguna parte de nuestro interior hay un niño vivo, emocionado, que ama la diversión! ¡Déjalo salir! ¡Déjalo que salga vivo! Déjalo que se divierta un poco, no solo dos horas el sábado en la noche. ¡Tráele aquí con nosotros, déjale ayudarnos a disfrutar este don de estar vivos, de ser completamente humanos y de ser como somos.!
Tantas reglas. Hemos vivido con tanta vergüenza. Sencillamente no es necesario. Nos han lavado el cerebro. Ahora es momento de liberarnos, dejarnos ir y de entrar a una vida plena y plenamente humana.
No te preocupes. Aprenderemos nuestras lecciones cuando sea necesario. Hemos aprendido la disciplina. No nos descarriaremos. Lo que sucederá es que comenzaremos a disfrutar la vida. Empezaremos a disfrutar y a experimentar a nuestro ser completo. Podemos confiar en nosotros mismos. Ahora tenemos límites. Tenemos nuestro programa como base. Podemos darnos el lujo de experimentar y tener experiencias. Estamos en contacto con nosotros mismos y con nuestro Poder Superior. Se nos está guiando, pero no se le puede guiar a un objeto congelado, inanimado. Ni siquiera se le puede mover.
Diviértete un poco. Suéltate un poquito. Rompe unas cuantas reglas. Dios no nos castigará. No tenemos que permitirle a la gente que nos castigue. Y nosotros podemos dejar de castigarnos a nosotros mismos. Mientras estemos vivos y aquí, empecemos a vivir.

«Hoy me permitiré divertirme un poco. Me soltaré un poquito, sabiendo que no me resquebrajaré y romperé. Dios mío, ayúdame a dejar ir mi necesidad de ser tan inhibido, propio y reprimido. Ayúdame a inyectarme a mí mismo una gran dosis de vida dejándome estar completamente vivo y ser plenamente humano».

Mi Reflexión: Esta lectura me recordó que Dios no solo desea que viva correctamente, sino que también disfrute plenamente la vida que Él me ha regalado. Cuando dejo atrás la culpa, el temor y la necesidad de agradar a todos, descubro la libertad de ser la persona que Él creó. Vivir con gozo, gratitud y sencillez también es una forma de honrar a Dios y celebrar el regalo de estar vivo. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué miedos o sentimientos de culpa me están impidiendo disfrutar la vida que Dios me ha dado?
¿Cómo puedo vivir hoy con más libertad, gratitud y alegría, reflejando la confianza que tengo en Dios?

Meditacion 28 de Julio … Miedo

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós refuerza la necesidad de confiar en nuestro poder superior, entendiendo que la guia de la divinidad está presente en nuestra vida.

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Medita sobre esto:

Un día, decidí probar algo nuevo. Llevé a mi hijo de diez años al río Saint Croix en una Waverunner. Una Waverunner es un pequeño vehículo de bote parecido a una motocicleta.
Nos pusimos chalecos salvavidas y nos embarcamos en una experiencia que resultó ser tan regocijante como atemorizante: regocijante cuando me permití disfrutarla; atemorizante cuando pensé demasiado en lo que estaba haciendo y en las terribles cosas que podrían suceder.
A la mitad de nuestro paseo, el peor de mis miedos se hizo realidad. Volcamos. Estábamos dando tumbos en treinta pies de agua. La Waverunner se sacudía en las olas frente a mí, como una tortuga motorizada sobre su lomo.
«Que no te entre pánico», dijo mi hijo calmadamente.
¿Y si nos ahogamos?, objeté.
«No podemos», me dijo. «Tenemos chalecos salvavidas. ¡Mira! Estamos flotando».
«El aparato está boca abajo», le dije. «¿Cómo vamos a hacer para enderezarlo?»
«Justamente como el hombre nos dijo», respondió mi hijo. «La flecha apunta hacia este lado».
Con un movimiento fácil, volteamos el aparato boca arriba.
«¿Y qué si ya no podemos volver a subirnos en ella?», pregunté.
«Sí podemos», contestó mi hijo. «Para eso están hechas las Waverunners: para montarlas sobre el agua.»
Me relajé y mientras conducía de regreso, me pregunté por qué me había asustado tanto. Pensé que quizá era porque no confío en mi capacidad para resolver problemas. Quizá porque una vez casi me ahogué por no traer puesto un chaleco salvavidas.
Pero tampoco esa vez te ahogaste, me aseguró una pequeña voz en mi interior ¡Sobreviviste!
Que no te entre el pánico.
Los problemas se hicieron para resolverlos. La vida se hizo para vivirla. Aunque a veces el agua nos tape la cabeza, sí, quizá hasta necesitemos sumergirnos en ella unos cuantos momentos y tragar unos cuantos buches de agua, no nos ahogaremos. Llevamos puesto –y siempre lo hemos llevado puesto-un chaleco salvavidas. Ese chaleco de apoyo se llama Dios».

«Hoy, me recordaré de cuidar de mí mismo. Cuando me hunda hasta la cabeza, Dios estará allí apoyándome, aunque mis miedos traten de hacérmelo olvidar».

Mi Reflexión: Muchas veces el miedo agranda los problemas y me hace olvidar que Dios siempre ha estado sosteniéndome. Aunque las circunstancias parezcan desbordarme, Su presencia es el verdadero salvavidas que me mantiene a flote. Al mirar hacia atrás descubro que Él nunca me abandonó, y esa certeza me da la confianza para enfrentar con esperanza los desafíos de hoy. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué temor me está haciendo olvidar que Dios ya ha sido fiel conmigo en el pasado?
¿Estoy mirando el tamaño del problema o la grandeza del Dios que promete sostenerme?

Meditacion 23 de Julio… Forzar a que suceda algo

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós recalca la imposibilidad de intervenir en la vida de los demás. Esta postura no le devenga nada positivo a su sanación.

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Medita sobre esto:

Deja de tratar que suceda algo.
Dejar de hacer, tanto si esto te está desgastando o con ello no estás logrando los resultados deseados. Deja de pensar tanto en ello. Deja de preocuparte por ello. Deja de estar tratando de forzar, de manipular, de obligar o de hacer que suceda.
Hacer que sucedan las cosas es controlar. Podemos tomar una acción positiva para ayudar a que sucedan las cosas. Podemos hacer nuestra parte. Pero muchos de nosotros hacemos más que nuestra parte.
Sobrepasamos los límites de cuidar y hacer nuestra parte y nos embarcamos en una conducta controladora, coercitiva, de cuidar excesivamente a los demás.
Controlar es autoderrotista. No funciona. Al ofrecernos demasiado para hacer que suceda algo, de hecho podemos estar impidiendo que ocurra.
Haz tu parte relajadamente, con armonía, en paz. Luego, déjalo ir.
Simplemente déjalo ir. Oblígate a dejarlo ir si es necesario. «Actúa como si». Pon tanta energía en dejarlo ir como las has puesto en tratar de controlar. Obtendrás mucho mejores resultados.
Puede que no suceda. Puede ser que ocurra de la manera como nosotros queríamos y esperábamos. Pero nuestra conducta controladora tampoco hubiera logrado que sucediera.
Aprende a dejar que las cosas sucedan, porque así ocurrirá, de todas maneras. Y mientras esperamos a ver qué sucede, estaremos más felices y también lo estarán quienes nos rodean.

«Hoy dejaré de forzar a que sucedan las cosas. En vez de ello, permitiré que las cosas ocurran de manera natural. Si me sorprendo tratando de forzar eventos o de controlar a la gente, me detendré y descubriré una manera de desapegarme».

Mi Reflexión: Esta lectura me recordó que la paz comienza cuando dejo de querer controlar aquello que está fuera de mis manos. Dios me llama a actuar con responsabilidad, pero también a confiar en que Él obrará en el momento y de la manera que considere mejor. Cuando hago mi parte y luego descanso en Su voluntad, descubro una libertad que el control jamás podrá ofrecerme. (Alpha).

Preguntas para reflexionar: ¿Qué situación estoy intentando controlar cuando debería entregarla a Dios? ¿Estoy haciendo mi parte con diligencia y luego descansando en la voluntad del Señor, o sigo luchando por imponer mis propios resultados?