Reflexión del Dia: 10 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» refiere como la codependencia se instala en nuestras vidas, esas conductas autodestructivas inician con una preocupación y avanzan hasta llegar a obsesión y compulsión. De allí en adelante la vida del codependiente se torna ingobernable y el se vuelve impotente para salir de ese círculo vicioso.

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Reflexiona sobre esto:

Tal vez tú hayas estado obsesionada con alguien o con algo. Alguien dice o hace algo. Se te ocurre un pensamiento. Algo te recuerda un evento pasado. Entra un problema en tu conciencia. Algo sucede o no sucede. O percibes que algo está sucediendo, pero no estás segura de qué es.
Podrás no saber qué es, podrás no saber por qué es, y no estás segura de cuándo, pero sabes que algo malo –algo terrible– ha sucedido, sucede o va a suceder.
Te da algo en el estómago. El sentimiento te abruma, esa ansiedad tan común en los codependientes que te hace retorcerte y estrujarte las manos. Es la que nos lleva a hacer muchos de los actos que nos lastiman; es la sustancia de la que se alimentan la preocupación y la obsesión. Es el peor de los miedos. Por lo general el miedo viene y se va, nos deja volando, listos para pelear, o sólo temporalmente asustados. Pero la ansiedad perdura. Se adhiere a la mente, paralizándola para todo excepto para sus propios propósitos, un interminable ráfaga de los mismos pensamientos inútiles. Es el combustible que nos impele a incurrir en conductas controladoras de todo tipo. No podemos pensar más que en seguirle echando ojo a las cosas, en controlar el problema y hacer que se vaya; es el material del que está hecha la codependencia.

Mi Reflexión: La ansiedad nos hace vivir en un futuro que todavía no existe, intentando descubrir, anticipar y controlar aquello que no podemos controlar. Poco a poco, nuestra mente queda atrapada en pensamientos que alimentan el temor y nos roban la paz. Dios nos invita a detenernos, reconocer nuestros límites y entregarle aquello que no podemos resolver. Cuando dejamos de alimentar la preocupación y aprendemos a confiar en Él, recuperamos la libertad de vivir el presente con serenidad, sabiendo que Dios sigue teniendo el control. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué situación está ocupando mi mente de manera obsesiva y necesito entregar hoy a Dios?
¿Qué intento controlar por miedo, en lugar de confiar en que Dios puede hacerse cargo de aquello que yo no puedo cambiar?.

Meditación 8 de Septiembre… Transformación a través del dolor

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós aclara que para alcanzar la Aceptación se requiere transitar por un proceso de cinco etapas, llamado proceso de duelo, muy difícil y laborioso transitarlo, solo que en el trayecto vamos sintiendo que «descargamos» el sufrimiento con el que vivimos durante parte de nuestra existencia.

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Medita sobre esto:

Nos esforzamos por la aceptación en la recuperación, la aceptación de nosotros mismos, nuestro pasado, otras personas y nuestras circunstancias actuales. La aceptación trae paz, sanación y libertad, la libertad de cuidar de nosotros mismos.
La aceptación no es un proceso de un solo paso. Antes de lograr la aceptación, avanzamos hacia ella en etapas de negación, enojo, negociación y tristeza. Llamamos a estas etapas el proceso de duelo. El dolor puede ser frustrante. Puede ser confuso. Podemos vacilar entre la tristeza y la negación. Nuestros comportamientos pueden vacilar. Otros pueden no entendernos. Es posible que no nos comprendamos a nosotros mismos ni a nuestro propio comportamiento mientras lamentamos nuestras pérdidas. Entonces, un día, las cosas se aclaran. La niebla se levanta y vemos que hemos estado luchando para enfrentar y aceptar una realidad en particular.
No te preocupes. Si estamos tomando medidas para cuidarnos, avanzaremos en este proceso al ritmo adecuado. Sé comprensivo contigo mismo y con los demás por la forma tan humana en que atravesamos la transición.

«Hoy, aceptaré la forma en que atravieso el cambio. Aceptaré el proceso de duelo y sus etapas, como la forma en que las personas aceptan la pérdida y el cambio».

Mi Reflexión: La aceptación es un camino, no un momento. A veces avanzamos entre la negación, el enojo, la tristeza y la confusión, pero Dios puede acompañarnos en cada etapa hasta llevarnos a la paz. No debemos exigirnos sanar de inmediato; aprendamos a ser pacientes con nosotros mismos y a confiar en que, a su tiempo, la claridad llegará. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿En qué etapa de este proceso me encuentro hoy y puedo entregarle a Dios mis emociones sin juzgarme?
¿Estoy dispuesto(a) a confiar en Dios mientras atravieso este proceso, aunque todavía no pueda comprenderlo todo?

Reflexión del Dia: 7 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» detalla el triangulo del Drama de Karpman, en el cual se mueve continuamente el codependiente practicando su rol como rescatador. Permite visualizar como pasamos de controladores a controlados, haciendo de la existencia algo incierto, sin disfrute alguno. Vivimos solo a través de rescatar a quienes creemos lo necesitan, sin detenernos a pensar que nos corresponde «cuidarnos y amarnos» como tarea primaria.

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Reflexiona sobre esto:

Déjenme ilustrar refiriéndoles un rescate. Una amiga mía estaba casada con un alcohólico. Cada vez que él se emborrachaba, ella manejaba por toda la ciudad, pedía la ayuda de sus amigos y persiguia despiadadamente a su marido hasta que lo encontraba. Por lo general ella se sentía benévola, preocupada y apenada por él —lo cual era una advertencia de que se aproximaba un rescate— hasta que lo llevaba de regreso a casa y lo metía en cama asumiendo la responsabilidad por él y por su sobriedad. Cuando él ponía la cabeza sobre la almohada, las cosas cambiaban. Asumió ella entonces el papel de perseguidor. No quería a este hombre en su casa. Esperaba que él se lamentara días enteros de lo enfermo que estaba. Él era incapaz de asumir sus responsabilidades dentro de la familia, y en general actuaba de manera lastimosa. ¡Había hecho esto tantas veces! De modo que ella lo atacaba, comenzando con uno que otro tijeretazo y al final con una explosión total. Él toleraba su persecución por breve tiempo y luego de ser una desamparada víctima se volvía un perseguidor vengativo. Entonces ella asumía el papel de la víctima. Lástima de sí misma, sentimientos de desamparo, de vergüenza y de desesperación se apoderaban de ella. Esta era la historia de su vida, se lamentaba. Después de todo lo que había hecho por él, ¿cómo podía tratarla de esta manera? ¿Por qué a ella siempre le pasaba esto? Se sentía víctima de las circunstancias, víctima de la indignante conducta de su marido, víctima de la vida. Nunca se le ocurrió que era también víctima de sí misma y de su propia conducta.

Mi Reflexión: El rescate puede comenzar como una expresión de preocupación y terminar convirtiéndose en un círculo de control, persecución y victimización. Cuando asumimos responsabilidades que pertenecen a otros, terminamos dañándonos a nosotros mismos. Romper este ciclo requiere reconocer nuestra propia conducta, poner límites y entregar a Dios aquello que no nos corresponde controlar. No somos responsables de salvar a los demás; sí somos responsables de cuidar nuestra propia vida. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Hay alguna persona o situación que estoy intentando rescatar y que necesito entregar hoy a Dios?
¿Qué límite saludable puedo establecer para dejar de participar en un ciclo que me está haciendo daño?

Reflexión del Dia: 1 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» refiere que los codependientes tendemos a «entregar el control de nuestra vida a los otros,» abdicando nuestro poder. Cuando nos hacemos dependientes, entramos en un torbellino de emociones y sentimientos que nos llevan hasta la desesperación, la tristeza y desordenamos nuestra existencia. Toda relación que se sustenta en el control, y no en el amor está signada por el fracaso.

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Reflexiona sobre esto:

La dependencia emocional y el sentirse atrapados también pueden provocar problemas en relaciones que podrían salvarse. Si estamos en una relación todavía buena, podemos ser demasiado inseguros para desapegamos y empezar a cuidar de nosotros mismos. Podemos extinguirnos y asfixiar o alejar a la otra persona. Esa necesidad extrema se vuelve obvia para los demás. Se puede sentir, percibir. En última instancia, la dependencia excesiva de otra persona puede matar el amor. Las relaciones que se basan en inseguridad emocional y en una necesidad, en vez de sustentarse en el amor, pueden volverse autodestructivas. No funcionan. Una necesidad demasiado grande aleja a la gente y extingue el amor. Asusta a la gente y hace que se vaya. Atrae a la gente equivocada. Y no satisface nuestras verdaderas necesidades.
Nuestras necesidades reales se hacen cada vez mayores, al igual que nuestra desesperación. Fijamos nuestra vida en torno a esta persona, tratando de proteger así nuestra fuente de seguridad y de felicidad. Abdicamos a vivir nuestra propia vida al hacer esto. Y sentimos ira contra esa persona. Somos controlados por ella. Dependemos de esa persona. Finalmente nos enojamos y nos resentimos con la persona de quien dependemos y quien nos controla, porque le hemos dado nuestro poder personal y nuestros derechos.

Mi Reflexión: Cuando hacemos de otra persona nuestra fuente de seguridad y felicidad, el amor puede convertirse en dependencia y terminar asfixiando la relación. Dios nos llama a recuperar nuestra propia vida, sin dejar de amar, pero sin entregar a otro el lugar que solo Él debe ocupar. Desapegarnos con amor nos permite cuidar de nosotros mismos, respetar al otro y construir relaciones más sanas y libres. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿He colocado en alguna persona expectativas que solo Dios puede satisfacer plenamente?
¿Qué necesito entregar hoy a Dios para recuperar mi libertad emocional y amar sin controlar ni depender?

Reflexión del Dia: 27 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» enfatiza que los codependientes somos «reaccionarios» porque vivimos por largo tiempo situaciones altamente complejas que nos han hecho «dudar de nosotros mismos». La falta de confianza altera nuestra estima personal y nos hace temer a las relaciones con los demás.

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Reflexiona sobre esto:

Muchos reaccionamos como si todo fuera una crisis porque hemos vivido tantas crisis durante tanto tiempo que la reacción a la crisis se ha convertido en un hábito.
Reaccionamos porque pensamos que no deberían estar sucediendo las cosas como suceden.
Reaccionamos porque no nos sentimos bien con nosotros mismos.
Reaccionamos porque la mayoría de la gente reacciona.
Reaccionamos porque pensamos que tenemos que reaccionar.
No tenemos que hacerlo.
No debemos tener tanto miedo de la gente. Son gente como nosotros.
No tenemos que abdicar a nuestra paz. No sirve de nada. Disponemos de los mismos recursos y
hechos cuando estamos en paz que de los que disponemos cuando estamos en un estado frenético y caótico.
De hecho disponemos de más recursos porque nuestras mentes y emociones están libres de actuar a su mayor potencial.
No debemos abdicar a nuestro poder para pensar y sentir por cuenta de los demás. Tampoco eso se requiere de nosotros.
No tenemos que tomar las cosas tan a pecho (a nosotros mismos, a los eventos y a las otras personas).
oportunidad para disfrutarlo.
No debemos tomar la conducta de otras personas como el reflejo de nuestra autoestima.
No tenemos que tomar el rechazo como reflejo de nuestra autoestima.
No tenemos que tomar las cosas de manera tan personal.
Una interrupción, el mal humor de otro, una lengua aguda, un mal día pensamientos negativos, problemas o el alcoholismo activo no tienen por qué manejar o arruinar nuestro día, ni siquiera una hora de nuestro día. Si la gente no quiere estar con nosotros o actuar de una manera saludable, esto no es reflejo de nuestra autoestima. Refleja, en cambio sus propias circunstancias actuales. Al practicar el desapego podemos disminuir nuestras reacciones destructivas hacia el mundo que nos rodea. Sepárate de las cosas. Déjalas estar, y deja que la gente sea como es. ¿Quién eres tú para decir que la interrupción, el estado de ánimo, las palabras, el mal día, el pensamiento o el problema no son una parte importante y necesaria de la vida? ¿Quién eres tú para decir si este problema no será en último término benéfico para ti o para alguien más?
No tenemos que reaccionar. Tenemos opciones. Esta es la alegría de la recuperación de la codependencia. Y cada vez que ejercitamos nuestro derecho para elegir cómo queremos actuar, pensar, sentir y comportarnos.

Mi Reflexión: Los codependientes vivimos enfadados, coléricos y reaccionamos ante cualquier situación o problema, exageramos esa conducta. Lo hacemos porque no sabemos hacer otra cosa cuando debemos enfrentar a las personas con quienes compartimos nuestra vida (pareja, familia, amigos, compañeros de trabajo). Así lo aprendimos y seguimos haciéndolo de manera habitual. Cuando entendemos que reaccionar no ayuda, por el contrario «le damos el control a los demás», empezamos a sentir la imperiosa necesidad de «desapegarnos». Somos nosotros quienes debemos escoger cómo vamos a actuar de manera saludable. Con la ayuda de la Divinidad podemos llevar adelante esta tarea. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué reacción habitual necesito entregar hoy a Dios para aprender a responder con mayor serenidad y sabiduría?
¿Estoy dispuesto(a) a pedir la ayuda de Dios para desapegarme de aquello que no puedo controlar y elegir respuestas que protejan mi paz?

Reflexión del Dia: 20 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» ofrece su enfoque sobre la Codependencia. Para Melody las reacciones de los Codependientes son propias de aquellas enfermedades que cursan con conductas autodestructivas que van desde la preocupación, la tristeza, hasta llegar a la depresión y otros trastornos psicosomáticos que impactan la salud física y emocional de quien la padece. Puede empeorar si no se aborda a tiempo su tratamiento.

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Reflexiona sobre esto:

Quizá alguna de las razones por las cuales los profesionales consideran enfermedad a la codependencia es porque muchos codependientes están reaccionando a una enfermedad tal como el alcoholismo.
Otra razón por la cual se le llama enfermedad a la codependencia es porque es progresiva. A medida que la gente a nuestro alrededor se enferma más, podemos empezar a reaccionar en forma más intensa aún. Lo que empezó como una pequeña preocupación puede disparar el aislamiento, la depresión, una enfermedad física o emocional, o fantasías suicidas. Una cosa lleva a la otra, y las cosas se empeoran. La codependencia puede no ser una enfermedad, pero puede enfermarte. Y también puede contribuir a que la gente a tu alrededor permanezca enferma.
Otra razón más por la que se le llama enfermedad a la codependencia es porque las conductas codependientes –como muchas conductas autodestructivas– se vuelven habituales. Repetimos los hábitos sin pensarlo. Los hábitos cobran vida propia.

Mi Reflexión: La codependencia puede llevarnos a repetir conductas que terminan desgastándonos y afectando nuestra paz. Reconocer estos patrones es un primer paso para romperlos. Desde nuestra fe, podemos acudir a Dios para pedir sabiduría, fortaleza y dirección, aprendiendo a sustituir hábitos que nos hacen daño por decisiones más sanas y conscientes. Dios puede ayudarnos a recuperar el equilibrio y a vivir con mayor libertad, sin asumir cargas que no nos corresponden. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué conducta repetitiva reconozco en mí que está afectando mi paz y mi bienestar?
¿Qué necesito entregar a Dios para comenzar a cambiar este patrón?

Reflexión del Dia: 25 de Julio

Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente ratifica la importancia de asistir a terapia para poder desprenderse de lo que agobia y martiriza la vida del codependiente.

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Medita sobre esto:

Muchos de nosotros esperamos y necesitamos tanto de la gente que nos conformamos con muy poco.
Podemos volvernos dependientes de personas con problemas, de alcohólicos y otras personas con problemas. Podemos volvernos dependientes de personas que no precisamente nos gustan ni amamos. A veces, necesitamos tanto de la gente que nos conformamos casi con quien sea. Podemos necesitar a gente que no satisface nuestras necesidades. De nuevo, podemos encontrarnos en situaciones en las cuales necesitamos que alguien esté ahí para apoyarnos, pero que la persona que hemos elegido no puede o no podrá hacerlo.
Es posible incluso llegar a convencernos a nosotros mismos de que no podemos vivir sin alguien y que nos marchitaremos y moriremos si esa persona no está dentro de nuestra vida. Si esa persona es un alcohólico o tiene serios problemas, podremos tolerar el abuso y la enfermedad para mantenerla dentro de nuestra vida, a modo de proteger nuestra fuente de seguridad emocional. Nuestra necesidad se hace tan grande que nos conformamos con demasiado poco. Nuestras expectativas caen por debajo de lo normal, por debajo de lo que deberíamos esperar de nuestras relaciones. Luego, nos quedamos atrapados, varados.

Mi Reflexión: Esta lectura me recordó que cuando busco en las personas la seguridad que solo Dios puede darme, corro el riesgo de aceptar relaciones que lastiman mi corazón. Él me invita a reconocer mi verdadero valor, a no conformarme con un amor incompleto y a esperar vínculos donde exista respeto, cuidado y reciprocidad. Quien descubre su identidad en Dios deja de conformarse con menos de lo que Él desea para su vida. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estoy permaneciendo en una relación por amor o por miedo a la soledad y al abandono?
¿Reconozco el valor que Dios me ha dado o me conformo con menos de lo que Él desea para mi vida?

Reflexión del Dia: 18 de Julio

Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente ratifica que el codependiente es un cuidador compulsivo. Se entrega tanto a los demás que se olvida cuidarse el mismo.

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Reflexiona sobre esto:

Algunas veces la conducta codependiente se enreda de un modo inexplicable con la de ser buena esposa, madre, hermano, marido o cristiano.
Marilys de cuarenta y tantos años, es una mujer atractiva, cuando se preocupa por sí misma. Sin embargo, la mayor parte del tiempo lo pasa atendiendo a sus cinco hijos y a su esposo, un alcohólico en recuperación. Dedicó su vida a hacerlos felices, pero no tuvo éxito.
Generalmente siente ira, estima que sus esfuerzos no son apreciados y su familia se enoja con ellas. Tiene relaciones íntimas con su esposo cada vez que él lo desea, sin importar cómo se sienta ella. Gasta una parte muy importante del presupuesto familiar comprando juguetes y ropa para los niños: les compra todo lo que quieren. Hace de su chofer, les lee, les cocina, les limpia, los acaricia, mima con exceso a quienes se encuentran a su alrededor pero nadie le da a ella. La mayoría de las veces ni siquiera le dicen “gracias”.
Marilys resiente este constante dar de sí misma a su gente querida. Resiente la manera en que su familia y las necesidades de esta controlan su vida. Eligió la crianza como su profesión, y frecuentemente lo reciente. “Pero me siento culpable cuando no hago lo que me piden. Me siento culpable cuando no vivo de acuerdo con mis estándares de lo que es ser madre y esposa. Me siento culpable cuando no vivo de acuerdo a los estándares que los otros tienen de mí. Sencillamente me siento culpable”, dice. “De hecho”, añade, “fijo mis actividades cotidianas, mis prioridades, de acuerdo con mis sentimientos de culpa.”
¿Qué el cuidar de otras personas, resentirlo y esperar nada a cambio significa que Marilys es una buena esposa y madre? ¿O podría significar que Marilys es codependiente?

Mi Reflexión: Esta lectura me recordó que el amor genuino no se mide por cuánto me sacrifico hasta quedar vacío, sino por la manera en que sirvo con libertad, sabiduría y alegría. Dios no me llama a vivir dominado por la culpa, sino a amar desde un corazón sano, capaz de cuidar también la vida que Él me ha confiado. Cuando aprendo a poner límites y a descansar en Su gracia, descubro que puedo servir mejor a quienes amo. (Alpha).

Para Reflexionar: ¿Estoy sirviendo a los demás por amor o movido por la culpa y el temor de no ser suficiente? ¿Mis decisiones reflejan el equilibrio que Dios desea entre cuidar a los demás y cuidar la vida que Él me ha confiado? Comparte tu experiencia en este rol.

Reflexión del Dia: 11 de Julio

Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente ratifica que el apego afectivo corta toda posibilidad de alcanzar la paz y serenidad en la vida del codependiente.

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Reflexiona sobre esto:

Una persona codependiente es aquella que ha permitido que la conducta de otra persona la afecte, y que está obsesionada con controlar la conducta de esa persona. La otra persona puede ser un niño o adulto o un amante o un cónyuge, un hermano o hermana, un abuelo o abuela, un cliente o un amigo íntimo. Estas personas pueden ser alcohólicas, drogadictas, gente mental o físicamente enferma, una persona normal que de vez en cuando tiene sentimientos de tristeza, o una de las personas mencionadas anteriormente.
Pero el núcleo de la definición y de la recuperación no está en la otra persona, no importa cuánto lo creamos así, Está en nosotros mismos, en la manera en que permitimos que la conducta de otra persona nos afecte y en la forma en que tratamos de afectarla a ella: en los cuidados obsesivos, controladores, “ayudadores”, en la baja autoestima que raya en el odio hacia uno mismo, en la autorepresión, en la abundancia de ira y de culpa, en la peculiar dependencia de gente peculiar, en la atracción por y en la tolerancia de lo bizarro, en el estar centrado en otro que conduce al abandono de uno mismo, en problemas de comunicación, problemas de intimidad y en un continuo torbellino a través de las cinco fases del proceso de duelo.

Mi Reflexión: Esta lectura me recordó que no puedo vivir tratando de controlar la vida de los demás mientras descuido la mía. Dios me invita a amar con compasión, pero también a cuidar mi corazón y a encontrar mi identidad en Él, no en las decisiones de otras personas. La verdadera libertad comienza cuando dejo de querer cambiar a los demás y permito que Dios transforme primero mi propia vida. (Alpha).

Para reflexionar: ¿Estoy dedicando más tiempo a cambiar a los demás que a permitir que Dios cambie mi propio corazón? ¿Mi paz depende de la conducta de otras personas o de mi confianza en Dios? Comparte tus vivencias.

Reflexión del Dia: 6 de Junio

Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente reitera que la codependencia como padecimiento psicoafectivo puede ser controlado y es al codependiente a quien le corresponde transitar con seriedad ese sendero espiritual.

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Reflexiona sobre esto:

No afirmo que los codependientes sean una especie peculiar porque necesitan y quieren amor y aprobación. La mayoría de la gente quiere estar dentro de una relación amorosa. Quieren tener a una persona especial en sus vidas. La mayoría de la gente quiere y necesita tener amigos. La mayoría de la gente quiere que las personas cercanas en sus vidas la amen y la aprueben. Estos son deseos naturales, sanos. En la mayoría de las relaciones está presente cierta cantidad de dependencia emocional, aun en las más sanas. Pero muchos hombres y mujeres no sólo quieren y necesitan a la gente: necesitamos a la gente. Podemos ser manejados, controlados por esta necesidad.
Necesitar demasiado a la gente puede causar problemas. Otras personas se convierten en la clave de nuestra felicidad. Creo que gran parte del estar centrado en los demás, con nuestras vidas en órbita alrededor de otras personas, va de la mano de la codependencia y mana de nuestra inseguridad emocional. Creo que, en gran medida, la búsqueda incesante de aprobación en la que nos embarcamos proviene también de la inseguridad. La magia está en los demás, no en nosotros, creemos, El sentirse bien está en ellos, no en nosotros. Entre menos cosas buenas encontremos en nosotros mismos, más las buscaremos en los demás,
Ellos lo tienen todo; nosotros no tenemos nada. Nuestra existencia no es importante. Hemos sido abandonados y relegados tan a menudo que también nosotros nos abandonamos.

Mi Reflexión: Sentirse aprobado por los demás es necesario y saludable hasta cierto límite. Cuando estos conductas se exceden empiezan las dificultades y la autoestima ya golpeada baja aún más hasta niveles patológicos. (Alpha).

Para Reflexionar:¿Sientes necesidad de ser aprobado por los demás? ¿Esa actitud te ha acompañado siempre? Comenta acá.