Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós ratifica que sólo llenándonos de entendimiento haremos consciente la realidad cada momento presente.
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Medita sobre esto:
A menudo, las palabras «conciencia» y «consciencia» se usan indistintamente. La conciencia es la vibración pulsátil que es la esencia de todas las cosas. La consciencia es la individualización del «YO SOY» en cada uno de nosotros. Donde sea que esté, mi conciencia también esta. Cuando me muevo, mi conciencia va conmigo. Cuando enfoco mi atención en algo, percibo esa cosa. A través de mis órganos sensoriales físicos, conozco las imágenes, los sonidos, los sabores, los olores y el tacto. A través de una percepción sensorial más alta, estoy consciente de mucho mas. (Enid Hoffman).
Usa todos tus sentidos, ya sea que visualices el futuro o te sumerjas en una conciencia gozosa de dónde estás ahora. No solo mires la flor: tócala… huélela…siéntela.
No solo mires a las personas en tu vida. Escúchalos. Siente su poder y presencia.
Ve más despacio. No te muevas tan rápido Te perderás cosas importantes. Cultivar la conciencia Trae tus sentidos, todos ellos, al corazón de tu vida.
La conciencia no se trata de mirar. Se trata de ver con más de nuestros ojos. A menudo, cuando buscamos algo, ya sea un hogar o una novia, todo lo que podemos ver son nuestras proyecciones: nuestras esperanzas, miedos, pasados y deseos.
Relájate. Deja de proyectarte al mundo. Deja ir los juicios. Deja que las cosas y las personas sean lo que son y quiénes son.
Cultiva la conciencia mediante el uso de todos tus sentidos.
Aprende a ver lo que es.
«Dios, ayúdame a reducir la velocidad y tomar conciencia».
Mi Reflexión: La vida puede pasar delante de nosotros sin que realmente la veamos. Cuando vivimos demasiado deprisa, perdemos la oportunidad de apreciar lo que Dios pone hoy delante de nosotros. Cultivar la atención nos ayuda a escuchar mejor, observar sin prejuicios y recibir con gratitud el momento presente. No se trata solamente de mirar, sino de aprender a ver: reconocer lo que es, sin imponerle nuestros temores, expectativas o juicios. A veces, detenernos es precisamente lo que necesitamos para descubrir la presencia de Dios en lo cotidiano. (Alpha).
Preguntas para reflexionar:
¿Estoy viviendo tan deprisa que estoy dejando pasar lo importante?
¿Qué necesito detenerme a observar y agradecer hoy?