Reflexión del Dia: 10 de Octubre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» plantea que no hay que avergonzarse de ser un codependiente. Podemos sanar, si nos proponemos hacerlo. Debemos tomar una decisión y ejecutarla.

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Reflexiona sobre esto:

La vergüenza a menudo está relacionada con una baja autoestima. Las personas codependientes suelen tener una opinión negativa de sí mismas, y la vergüenza refuerza esta percepción negativa. Cuando se sienten avergonzadas, pueden creer que no merecen una relación saludable o el amor y la atención de los demás, lo que las mantiene atrapadas en patrones codependientes. La vergüenza puede hacer que las personas codependientes eviten la comunicación abierta y honesta. Temen ser juzgadas o rechazadas si expresan sus necesidades, deseos o emociones. Esto dificulta la resolución de problemas en las relaciones y perpetúa la codependencia, ya que no pueden abordar los problemas de manera efectiva.

La vergüenza puede llevar a las personas codependientes a negar sus propios sentimientos y necesidades, así como los problemas en sus relaciones. Pueden evitar enfrentar la realidad de la codependencia y seguir comportándose de manera disfuncional debido a la vergüenza de admitir que tienen un problema.

La vergüenza a menudo está relacionada con un deseo de ser perfecto para evitar la crítica y el rechazo. Las personas codependientes pueden esforzarse demasiado por ser todo para todos y nunca cometer errores. Este perfeccionismo es agotador y mantiene la codependencia, ya que nunca pueden alcanzar sus estándares autoimpuestos.

La vergüenza puede hacer que las personas codependientes dependan aún más de la aprobación y la atención de los demás para sentirse valoradas. Esto puede llevar a una dependencia emocional más profunda en sus relaciones, lo que perpetúa la codependencia.

La vergüenza puede llevar a las personas codependientes a sentirse culpables por sus propios sentimientos y necesidades. Pueden sentirse culpables por querer espacio, tiempo para sí mismas o establecer límites, lo que dificulta la creación de relaciones saludables.

Las personas codependientes a menudo sienten vergüenza de admitir que necesitan ayuda o de buscar apoyo externo, como terapia. Esto puede evitar que busquen el apoyo necesario para romper los patrones codependientes.

En resumen, la vergüenza puede ser un factor significativo que mantiene a las personas atrapadas en patrones codependientes. Es importante reconocer la vergüenza como un obstáculo en la recuperación y buscar ayuda profesional para abordarla de manera efectiva. Trabajar en la construcción de una autoestima saludable y en la superación de la vergüenza es esencial para romper los ciclos de codependencia y establecer relaciones más saludables y equilibradas.

Para Reflexionar:
¿Antes de iniciar la recuperación te sentías avergonzado?
¿Cómo te percibes actualmente con respecto a tu problema de control a otros?

Reflexión del Dia: 4 de Octubre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» caracteriza el apego afectivo, detallando aquellas conductas que permiten ver claramente cuando estamos apegados a las personas.

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Reflexiona sobre esto:

El papel del rescatador compulsivo en la codependencia es un patrón emocional que a menudo pasa desapercibido pero tiene un impacto profundo. El rescatador siente la necesidad de salvar a los demás, sacrificando sus propias necesidades y bienestar. Sin embargo, esta necesidad de control es una ilusión y puede robarles la oportunidad de empoderamiento a los demás. La reflexión sobre este papel nos lleva a cuestionar por qué sentimos la necesidad de rescatar y nos invita a sanar nuestras propias heridas subyacentes. A través de la autenticidad y el amor genuino, podemos liberarnos de la codependencia y establecer relaciones más saludables y equitativas.

El rescatador compulsivo en la codependencia es un rol que a menudo se basa en el deseo de sentirse necesario y valioso al salvar a otros. Sin embargo, este patrón puede tener un alto costo emocional y físico para el rescatador. La ilusión de control que proporciona el rescate puede llevar a una sensación de impotencia cuando no podemos «arreglar» a quienes amamos. Reflexionar sobre este papel nos lleva a explorar nuestras propias heridas no resueltas y a sanar. El verdadero amor implica apoyo y respeto en lugar de control, y al liberarnos de la necesidad de rescatar, podemos construir relaciones más auténticas y saludables.

Para Reflexionar:
¿Estás teniendo conductas que indican apego a las relaciones?
¿Has buscado ayuda para iniciar la recuperación?

Reflexión del Dia: 17 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» reitera que la codependencia es un trastorno que puede llevar al codependiente al límite de insanidad. Estar obsesionado trastoca su psiquis y le incapacita para «deslastrarse» de este problema. Pierde el control sobre su vida danzando en un círculo vicioso de obsesión-compulsión imparable.

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Reflexiona sobre esto:

La obsesión no es un signo de amor o cuidado, sino un síntoma de una profunda inseguridad emocional y una necesidad de controlar variables externas para sentirse seguros interiormente.
La compulsión se traduce en pensamientos y comportamientos repetitivos que consumen la mente del codependiente, a menudo hasta el punto de descuidar sus propias necesidades y bienestar. Puede manifestarse en múltiples formas, como la necesidad de saber dónde está la otra persona en todo momento, qué está haciendo o sintiendo, o incluso intentar controlar sus acciones y decisiones para aliviar la ansiedad propia. Esta conducta es contraproducente; no solo desgasta emocionalmente al codependiente, sino que también puede resultar en una dinámica tóxica que aleja a la otra persona.
Melody Beattie argumenta que el primer paso para liberarse de la obsesión compulsiva es reconocerla y aceptarla como una señal de que algo no va bien. Luego, la tarea es redirigir ese enfoque hacia uno mismo. ¿Por qué existe esta obsesión? ¿Qué necesidades emocionales no están siendo satisfechas? ¿Cómo se puede obtener una sensación de seguridad y bienestar sin depender de otra persona?
Una vez que se hace este trabajo de autoconciencia, el siguiente paso es desarrollar herramientas y estrategias para manejar el comportamiento compulsivo, lo que a menudo implica el establecimiento de límites saludables y la práctica de técnicas de manejo del estrés como la meditación, el ejercicio o la terapia.

Mi Reflexión: La obsesión puede hacernos creer que controlar a otra persona nos dará seguridad, pero en realidad revela un corazón inquieto que necesita aprender a confiar. Cuando nuestra mente está constantemente enfocada en lo que el otro hace, siente o decide, dejamos de cuidar nuestra propia vida. Dios nos invita a reconocer aquello que nos produce ansiedad, volver nuestra atención hacia nosotros mismos y entregarle a Él lo que no podemos controlar. Al soltar la necesidad de controlar, podemos recuperar la paz y aprender a vivir con mayor libertad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué persona o situación ocupa constantemente mis pensamientos y necesito entregar hoy a Dios?
¿Qué necesidad emocional estoy intentando satisfacer mediante el control de otra persona, en lugar de buscar en Dios mi seguridad y paz?

Meditación 15 de Septiembre… Negación

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós reitera que del proceso de duelo, el codependiente se mantiene «pegado» en la negación. Esta etapa difícil de pasar, propicia las conductas autodestructivas de la codependencia, e impide que se elabore el duelo de manera sana.

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Medita sobre esto:

La negación es un caldo de cultivo fértil para los comportamientos que llamamos codependientes: controlar, centrarse en los demás y descuidarnos. La enfermedad y las conductas compulsivas o adictivas también pueden surgir durante la negación.
La negación puede ser confusa porque se asemeja a dormir. No somos conscientes de que lo estamos haciendo hasta que hayamos terminado de hacerlo. Forzarnos a nosotros mismos, o a cualquier otra persona, a enfrentar la verdad generalmente no ayuda. No enfrentaremos los hechos hasta que estemos listos. Tampoco, al parecer, nadie más. Podemos admitir la verdad por un momento, pero no nos permitiremos saber lo que sabemos hasta que nos sintamos seguros, y preparados para lidiar con ello.
Ayuda hablar con amigos que nos conocen, nos aman, nos apoyan, nos alientan y nos afirman.
Ser amable, cariñoso y afirmarse con nosotros mismos ayuda. Nos ayuda a nosotros mismos, y a nuestro Poder Superior, a guiarnos hacia y a través del cambio.
El primer paso hacia la aceptación es la negación. El primer paso para avanzar a través de la negación es aceptar que podemos negarnos y luego permitirnos avanzar suavemente.

«Dios, ayúdame a sentirme lo suficientemente seguro como para aceptar lo que tengo que aceptar».

Mi Reflexión: A veces necesitamos tiempo para reconocer aquello que hemos evitado ver. La negación puede protegernos temporalmente mientras reunimos fuerzas para enfrentar una realidad que todavía nos resulta dolorosa. Dios no nos obliga ni nos abandona en ese proceso; nos acompaña con paciencia y amor hacia la verdad. Cuando dejamos de luchar contra lo que sentimos y comenzamos a aceptar nuestra realidad, podemos abrirnos a Su dirección y dar los pasos necesarios para sanar y cambiar. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Hay alguna realidad que todavía me cuesta aceptar y que necesito presentar con honestidad delante de Dios?
¿Puedo permitirme avanzar con paciencia, confiando en que Dios me dará la fortaleza y la claridad necesarias en el momento adecuado?

Reflexión del Dia: 7 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» detalla el triangulo del Drama de Karpman, en el cual se mueve continuamente el codependiente practicando su rol como rescatador. Permite visualizar como pasamos de controladores a controlados, haciendo de la existencia algo incierto, sin disfrute alguno. Vivimos solo a través de rescatar a quienes creemos lo necesitan, sin detenernos a pensar que nos corresponde «cuidarnos y amarnos» como tarea primaria.

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Reflexiona sobre esto:

Déjenme ilustrar refiriéndoles un rescate. Una amiga mía estaba casada con un alcohólico. Cada vez que él se emborrachaba, ella manejaba por toda la ciudad, pedía la ayuda de sus amigos y persiguia despiadadamente a su marido hasta que lo encontraba. Por lo general ella se sentía benévola, preocupada y apenada por él —lo cual era una advertencia de que se aproximaba un rescate— hasta que lo llevaba de regreso a casa y lo metía en cama asumiendo la responsabilidad por él y por su sobriedad. Cuando él ponía la cabeza sobre la almohada, las cosas cambiaban. Asumió ella entonces el papel de perseguidor. No quería a este hombre en su casa. Esperaba que él se lamentara días enteros de lo enfermo que estaba. Él era incapaz de asumir sus responsabilidades dentro de la familia, y en general actuaba de manera lastimosa. ¡Había hecho esto tantas veces! De modo que ella lo atacaba, comenzando con uno que otro tijeretazo y al final con una explosión total. Él toleraba su persecución por breve tiempo y luego de ser una desamparada víctima se volvía un perseguidor vengativo. Entonces ella asumía el papel de la víctima. Lástima de sí misma, sentimientos de desamparo, de vergüenza y de desesperación se apoderaban de ella. Esta era la historia de su vida, se lamentaba. Después de todo lo que había hecho por él, ¿cómo podía tratarla de esta manera? ¿Por qué a ella siempre le pasaba esto? Se sentía víctima de las circunstancias, víctima de la indignante conducta de su marido, víctima de la vida. Nunca se le ocurrió que era también víctima de sí misma y de su propia conducta.

Mi Reflexión: El rescate puede comenzar como una expresión de preocupación y terminar convirtiéndose en un círculo de control, persecución y victimización. Cuando asumimos responsabilidades que pertenecen a otros, terminamos dañándonos a nosotros mismos. Romper este ciclo requiere reconocer nuestra propia conducta, poner límites y entregar a Dios aquello que no nos corresponde controlar. No somos responsables de salvar a los demás; sí somos responsables de cuidar nuestra propia vida. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Hay alguna persona o situación que estoy intentando rescatar y que necesito entregar hoy a Dios?
¿Qué límite saludable puedo establecer para dejar de participar en un ciclo que me está haciendo daño?

Reflexión del Dia: 5 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» caracteriza al codependiente como «reaccionarios», con sentimientos de ira, odio y amargura hacia nosotros mismos. El codependiente sufre por cualquier causa, se conduce en el drama y se hace víctima de cualquier situación. Actúa de manera colérica ante el entorno, generando pugnas y dificultades para el grupo donde se moviliza. Nuestros sentimientos se descarrilan con extrema facilidad.

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Reflexiona sobre esto:

La mayoría de los codependientes son reaccionarios. Reaccionamos con ira, culpa, vergüenza, odio a nosotros mismos, preocupación, sentimientos heridos, gestos controladores, acciones solícitas, depresión, desesperación y furia. Reaccionamos con miedo y ansiedad. Algunos de nosotros reaccionamos tanto que nos resulta doloroso estar cerca de la gente, y torturante encontrarnos dentro de un grupo grande de personas. Es normal reaccionar y responder a nuestro medio ambiente. Reaccionar es parte de la vida. Es parte de interactuar, es parte de ser humano y de estar vivo. Pero nos permitimos irritamos tanto y distraernos tanto.
Pequeñeces, cosas mayores —lo que sea— tienen el poder de descarrilarnos. Y nuestra respuesta después de que reaccionamos a menudo no es la que más nos conviene.
Podemos haber empezado a reaccionar y a responder urgente y compulsivamente con patrones que nos lastiman. El solo hecho de sentir urgencia y compulsión es suficiente para herirnos. Nos mantenemos en un estado de crisis, fluyendo la adrenalina y tensos los músculos, listos para reaccionar ante emergencias que generalmente no son tales. Alguien hace algo, de modo que nosotros debemos hacer algo a la vez. Alguien se siente de determinada manera de modo que nosotros debemos sentirnos de otra determinada manera.
BRINCAMOS DENTRO DEL PRIMER SENTIMIENTO QUE NOS ATRAVIESA Y LUEGO NOS EMPANTANAMOS EN ÉL. Pensamos en el primer pensamiento que cruza por nuestra cabeza y luego elucubramos sobre él. Decimos lo primero que nos viene a la lengua y a veces nos arrepentimos. Hacemos lo primero que nos viene a la mente, generalmente sin pensarlo. Ese es el problema: reaccionamos sin pensar, sin haber pensado honestamente lo que necesitamos hacer y cómo queremos manejar la situación. Nuestras emociones y conductas controladas —disparadas— por cualquier persona o cosa en nuestro entorno. Indirectamente estamos permitiendo que los demás nos digan qué hacer. Eso significa que hemos perdido el control. Estamos siendo controlados.
Cuando reaccionamos abdicamos a nuestro poder personal, dado por Dios, para pensar, sentir y actuar de acuerdo con nuestro mejor interés.

Mi Reflexión: Reaccionar impulsivamente puede hacernos entregar a otros el poder que Dios nos ha dado para pensar, decidir y actuar con libertad. No podemos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí podemos escoger cómo responder. Detenernos, respirar y buscar la dirección de Dios antes de actuar nos permite recuperar la serenidad y ejercer responsablemente nuestro poder personal. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué situaciones suelen provocar en mí reacciones impulsivas, y puedo entregarlas hoy a Dios antes de responder?
¿Estoy permitiendo que las acciones de otros determinen mi manera de pensar, sentir y actuar, o estoy confiando en Dios para responder con serenidad?

Reflexon del Dia: 2 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» hace especial mención a las reacciones que provoca en los codependientes el apego afectivo. La obsesión pasa a ocupar «todos los pensamientos» y se crea un remolino de «pensamientos compulsivos» que impide pensar en otra cosa que no sea el objeto de su apego ¡Se pierde el control, el poder y la serenidad!

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Reflexiona sobre esto:

Preocuparnos y obsesionarnos nos mantiene con tal maraña en la cabeza que no podemos resolver nuestros problemas. Cada vez que nos apegamos de esta manera a alguien o a algo, nos separamos de nosotros mismos. Perdemos contacto con nosotros mismos. Damos en prenda nuestro poder y nuestra capacidad para pensar, sentir, actuar y cuidar de nosotros mismos. ¡Perdemos el control!
Es horrible estar obsesionado con otro ser humano o con un problema. ¿Conoces alguna persona obsesionada con alguien o con algo? Esa persona no puede hablar de otra cosa, no puede pensar en otra cosa. Aunque parezca oírte cuando le hablar, sabes que no te escucha. Su mente está dando tumbos, va de aquí para allá en un interminable remolino de pensamientos compulsivos. Esta preocupada. Relaciona todo lo que le dices (aunque no tenga nada que ver) con el objeto de su obsesión. Dice las mismas cosas, una y otra vez, usando las mismas palabras o cambiándolas ligeramente. Lo que tú digas no sirve de nada. Aunque le digas que pare, no sirve de nada. Probablemente lo haría si pudiera. El problema es que no puede hacerlo (en ese momento). Pues está a punto de estallar con la discordante energía de que está hecha la obsesión. Tiene un problema o una preocupación que no sólo lo molesta y lo controla.

Mi Reflexión: La preocupación y la obsesión pueden ocupar tanto espacio en nuestra mente que terminamos perdiendo la paz y olvidando nuestras propias necesidades. Desapegarnos significa recuperar nuestra serenidad y entregar a Dios aquello que no podemos controlar. Cuando soltamos la carga, nuestra mente se aclara y podemos volver a pensar, sentir y actuar con libertad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué preocupación está ocupando hoy demasiado espacio en mi mente y necesito entregar a Dios?
¿Estoy dispuesto(a) a soltar aquello que no puedo controlar y permitir que Dios restaure mi paz y claridad?

Reflexión del Dia: 21 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» nos hace reflexionar sobre el «dolor y sufrimiento» que siente el codependiente cuando asume hábitos de conductas autodestructivas cuando se relaciona con otros, y cómo se va desdibujando su autoestima hasta anularse como persona por ejercer un control enfermizo sobre los demás. Debemos aprender a amarnos, a aceptarnos como somos. Al relacionarnos nos corresponde fijar límites sanos para no caer en esos hábitos que solo nos llevan a perder nuestra paz interior.

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Reflexiona sobre esto:

Sea cual sea el problema que tenga la otra persona, la codependencia implica un sistema habitual de pensar, de sentir y de comportarnos hacia nosotros y hacia los demás que nos causa dolor. Las conductas o hábitos codependientes son autodestructivos. Con frecuencia reaccionamos a las personas que se autodestruyen; reaccionamos aprendiendo a autodestruirnos. Estos hábitos nos pueden conducir a, o mantenernos en, relaciones destructivas que no funcionan. Estas conductas pueden sabotear relaciones que en otras condiciones sí hubieran funcionado. Estas conductas pueden impedirnos encontrar la paz y la felicidad con la persona más importante en nuestra vida: uno mismo. Estas conductas pertenecen a la única persona que cada uno de nosotros puede controlar –a la única persona que podemos hacer cambiar– a uno mismo. Estos son nuestros problemas.

Mi Reflexión: Nuestras conductas solo pueden ser modificadas por nosotros mismos. Si realmente deseamos sanar, necesitamos comprometernos con buscar alternativas más saludables para relacionarnos, reconociendo que vivir tratando de controlar a los demás no nos trae paz y que creer que podemos cambiarlos es una ilusión. La tarea está en nosotros: cambiar nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Basta de desgastarnos intentando lograr lo imposible. Con la ayuda de Dios, fe, perseverancia y amor hacia nosotros mismos, podemos emprender un camino de sanidad que nos lleve a soltar los apegos y vivir con mayor libertad y paz. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué conducta necesito reconocer y comenzar a cambiar en mí, en lugar de intentar cambiar a otra persona?
¿Estoy dispuesto(a) a pedirle a Dios la fortaleza para soltar aquello que no puedo controlar y comenzar a caminar hacia una vida más libre y en paz?

Reflexión del Dia: 20 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» ofrece su enfoque sobre la Codependencia. Para Melody las reacciones de los Codependientes son propias de aquellas enfermedades que cursan con conductas autodestructivas que van desde la preocupación, la tristeza, hasta llegar a la depresión y otros trastornos psicosomáticos que impactan la salud física y emocional de quien la padece. Puede empeorar si no se aborda a tiempo su tratamiento.

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Reflexiona sobre esto:

Quizá alguna de las razones por las cuales los profesionales consideran enfermedad a la codependencia es porque muchos codependientes están reaccionando a una enfermedad tal como el alcoholismo.
Otra razón por la cual se le llama enfermedad a la codependencia es porque es progresiva. A medida que la gente a nuestro alrededor se enferma más, podemos empezar a reaccionar en forma más intensa aún. Lo que empezó como una pequeña preocupación puede disparar el aislamiento, la depresión, una enfermedad física o emocional, o fantasías suicidas. Una cosa lleva a la otra, y las cosas se empeoran. La codependencia puede no ser una enfermedad, pero puede enfermarte. Y también puede contribuir a que la gente a tu alrededor permanezca enferma.
Otra razón más por la que se le llama enfermedad a la codependencia es porque las conductas codependientes –como muchas conductas autodestructivas– se vuelven habituales. Repetimos los hábitos sin pensarlo. Los hábitos cobran vida propia.

Mi Reflexión: La codependencia puede llevarnos a repetir conductas que terminan desgastándonos y afectando nuestra paz. Reconocer estos patrones es un primer paso para romperlos. Desde nuestra fe, podemos acudir a Dios para pedir sabiduría, fortaleza y dirección, aprendiendo a sustituir hábitos que nos hacen daño por decisiones más sanas y conscientes. Dios puede ayudarnos a recuperar el equilibrio y a vivir con mayor libertad, sin asumir cargas que no nos corresponden. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué conducta repetitiva reconozco en mí que está afectando mi paz y mi bienestar?
¿Qué necesito entregar a Dios para comenzar a cambiar este patrón?

Reflexión del Dia: 12 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» reitera que el codependiente asuma un comportamiento saludable responsabilizándose de si mismo.

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Reflexiona sobre esto:

Sobreinvolucarnos de alguna manera puede mantenernos en un estado de caos; puede mantener a la gente que nos rodea en ese estado. Si concentramos toda nuestra energía en la gente y en los problemas, nos queda poco para dedicar el acto de vivir nuestra propia vida. Y ya hay bastante preocupación y responsabilidad en el ambiente. Si la tomamos toda nosotros, no queda nada para la gente que nos rodea. Esto nos hace trabajar en exceso a nosotros y quitarles bastante trabajo de encima a los demás. Y aún más, preocuparnos por la gente y por los problemas no funciona. No resuelve los problemas, no ayuda a los demás y no nos ayuda a nosotros mismos. Es energía desperdiciada.

Mi Reflexión: Asumir como propios los problemas de otros puede robarnos la energía que necesitamos para vivir nuestra propia vida. Ayudar no significa cargar con responsabilidades que no nos corresponden. Cuando aprendemos a poner límites y a confiar en que cada persona debe asumir su parte, recuperamos nuestra paz y también permitimos que otros crezcan en responsabilidad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué problemas estoy cargando que realmente no me corresponden?
¿Qué necesito soltar hoy para recuperar mi paz y atender mi propia vida?