Reflexión del Dia: 21 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» refiere que la base de la codependencia en una baja autoestima, con manejo de comportamientos autodestructivos y una necesidad imperiosa de controlar al adicto para modificar su conducta. En ello el codependiente transcurre su vida sin obtener solución, sino desmejorar su propia salud.

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Reflexiona sobre el ciclo Autodestructivo de la Codependencia:

La codependencia es un viaje interior complicado y a menudo doloroso. Aquellos que luchan con la codependencia a menudo se encuentran atrapados en un ciclo autodestructivo que puede ser difícil de romper. Este ciclo está impulsado por patrones profundos de creencias y comportamientos que se han arraigado con el tiempo.

Algunas de las características del comportamiento autodestructivo en la codependencia incluyen:

1. Negación de las propias necesidades: Los codependientes a menudo niegan sus propias necesidades y deseos en favor de satisfacer las necesidades de los demás. Creen que su valía está vinculada a ser útiles y complacientes, incluso si eso significa descuidar sus propias necesidades emocionales, físicas y espirituales.
2. Búsqueda de validación externa: Muchos codependientes buscan constantemente la validación y la aprobación de los demás para sentirse valiosos y amados. Esto los hace vulnerables a la manipulación y la explotación emocional.
3. Autoabandono: A menudo, los codependientes se abandonan a sí mismos en aras de mantener una relación o evitar conflictos. Esto puede llevar a una sensación de vacío interior y a la pérdida de la propia identidad.
4. Perfeccionismo y autoexigencia: Los codependientes a menudo se imponen estándares extremadamente altos y son críticos consigo mismos cuando no los cumplen. Esto puede resultar en altos niveles de ansiedad y una baja autoestima.
5. Miedo al abandono: El miedo al abandono es una fuerza impulsora significativa en la codependencia. Esto puede llevar a los codependientes a quedarse en relaciones dañinas mucho tiempo después de que se hayan vuelto insostenibles.
6. Enfoque en el control: Los codependientes a menudo intentan controlar a las personas y las situaciones a su alrededor en un esfuerzo por sentirse seguros. Esto puede llevar a una constante sensación de agotamiento y fracaso.

Mi Reflexión: Para sanar y romper el ciclo autodestructivo, es fundamental la autoconciencia y el trabajo constante en el autocuidado, la autoaceptación y el establecimiento de límites saludables. También es importante buscar apoyo en terapia o grupos de apoyo especializados en codependencia para obtener orientación y apoyo en este proceso de recuperación.
Recordemos que la codependencia no es una sentencia permanente; con el tiempo y el esfuerzo adecuados, es posible liberarse de estos patrones autodestructivos y construir relaciones más saludables y satisfactorias. La clave es reconocer que mereces amor, cuidado y respeto, tanto de los demás como de ti mismo. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿En qué área de mi vida estoy descuidando mis propias necesidades por buscar la aprobación, aceptación o bienestar de los demás?
¿Qué patrón de control, perfeccionismo, miedo al abandono o autoabandono necesito reconocer y comenzar a transformar para vivir relaciones más saludables?

Meditación 21 de Septiembre … Aceptar el flujo de la vida

Melody Beattie, en su Libro Mas del Lenguaje del Adiós nos hace reflexionar que el codependiente neceita meditar y replantearse alcanzar la paz y serenidad en su vida ingobernable que lleva.

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Medita sobre esto:

Encuentra un lugar tranquilo y cómodo para sentarte en posición relajada. Cierra los ojos y respira profundamente varias veces para relajar tu cuerpo y mente.

– Reflexiona sobre la idea de que la vida es un flujo constante de experiencias, cambios y desafíos. Visualiza un río que fluye suavemente.
– Imagina que estás parado en la orilla de este río. Observa cómo el agua fluye constantemente, llevando hojas y ramas en su camino. Cada hoja y rama representa una experiencia, una emoción o un evento en tu vida. En lugar de luchar contra el flujo del río o tratar de controlar qué hojas y ramas fluyen en él, simplemente observa con aceptación. Reconoce que no puedes controlar todo en la vida, pero puedes elegir cómo reaccionas a lo que llega a ti.
– Respira profundamente y repite en silencio o en voz alta: «Aceptó el flujo de la vida. Confío en que las experiencias que llegan a mí son oportunidades para aprender y crecer».
– Siente cómo la tensión y la resistencia se disuelven a medida que te abres a la aceptación y la confianza en el proceso de la vida.
– Permanece en este estado de relajación y aceptación durante unos minutos, respirando conscientemente y permitiendo que la sensación de flujo y tranquilidad te envuelva.
Cuando estés listo, abre los ojos y regresa gradualmente a tu entorno presente, llevando contigo el sentido de aceptación y confianza en el flujo de la vida.

Mi Reflexión: La vida trae experiencias que no siempre podemos elegir ni controlar. Como un río que continúa su curso, algunas situaciones llegan, permanecen por un tiempo y luego pasan. Resistir constantemente aquello que no podemos cambiar puede llenarnos de tensión y agotamiento. Dios nos invita a reconocer nuestros límites y a confiar en que Él permanece presente aun cuando no comprendamos todo lo que sucede. Aceptar no significa resignarnos, sino dejar de luchar contra lo que no está en nuestras manos y preguntarnos qué podemos aprender y cómo podemos responder de una manera sabia y responsable. Cuando soltamos el control y ponemos nuestra confianza en Dios, podemos avanzar con mayor paz, aun en medio de las corrientes cambiantes de la vida. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué situación de mi vida estoy intentando controlar y necesito entregar hoy a Dios?
¿Cómo podría responder con mayor confianza en Dios ante aquello que no puedo cambiar?

Meditación 20 de Septiembre … Espontaneidad

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós plantea que el codependiente debe asumir sus imperfecciones, dejar ir la necesidad de controlarse así mismo y a los demás. En la medida que asumimos la recuperación vamos despertando ese verdadero ser que habita en nosotros y alcanzamos la «espontaneidad».

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Medita sobre esto:

En la recuperación estamos aprendiendo a dejarnos ir. Estamos aprendiendo a ser espontáneos.
La espontaneidad puede asustarnos a algunos de nosotros. Podemos temer la pérdida de control que implica la espontaneidad. Podemos seguir operando aún bajo las reglas codependientes que prohíben la espontaneidad: sé bueno; sé correcto; sé perfecto; sé fuerte; no te diviertas; y estate siempre en control.
Podemos asociar la espontaneidad con el actuar de una manera adictiva, compulsiva, autodestructiva o irresponsable. No es eso de lo que estamos hablando en la recuperación. La espontaneidad positiva implica expresar libremente lo que somos, de una manera divertida, sana, que no nos lastima y que no infringe los derechos de los demás.
Aprendemos a ser espontáneos y libres a medida que nos vamos haciendo más conscientes y vamos creciendo en autoestima. La espontaneidad surge a medida que se incrementa la confianza y la fe en nosotros mismos, y nos vamos sintiendo más seguros de nuestra capacidad de mantener límites sanos.
Ser espontáneos está en relación con nuestra capacidad para jugar y para lograr intimidad. Para llegar a todas esas deseables acciones, necesitamos ser capaces de dejar ir nuestra necesidad de controlarnos a nosotros mismos y de controlar a los demás, y entrar completa y libremente en el momento presente.
Deja ir la tirante rienda con que te detienes a ti mismo. ¿Qué importa si cometes un error? ¿Qué importa si te equivocas?.
Saborea tus imperfecciones. Permítete ser un poquito necesitado, un poquito vulnerable. ¡Corre un riesgo!
Podemos ser espontáneos sin hacernos daño a nosotros mismos o a los demás. De hecho, todo el mundo se beneficiará de nuestra espontaneidad.

«Hoy tiraré el libro de reglas y disfrutaré de ser como soy. Me divertiré un poco con el regalo de la vida, de mí mismo y de los demás».

Mi Reflexión: A veces hemos vivido bajo tantas exigencias —ser buenos, correctos, fuertes o perfectos— que olvidamos simplemente ser nosotros mismos. La recuperación nos invita a soltar ese control y permitirnos disfrutar, equivocarnos, ser vulnerables y vivir el presente con mayor libertad. Dios no nos pide que vivamos bajo el temor de equivocarnos, sino que aprendamos a confiar en Él mientras caminamos. Cuando nuestra seguridad deja de depender de tener todo bajo control, podemos abrirnos a la espontaneidad, al gozo y a las oportunidades que Él pone delante de nosotros. Ser espontáneos no significa actuar irresponsablemente, sino vivir con libertad, límites saludables y confianza en Dios. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué temor o necesidad de control me impide disfrutar con libertad la persona que Dios me ha permitido ser?
¿En qué área de mi vida necesito soltar el control, confiar más en Dios y permitirme disfrutar el presente?

Meditación 19 de Septiembre … Disculpas

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós plantea que es saludable para mantener nuestras relaciones aceptar los errores cometidos y pedir disculpas a la persona que tratamos inadecuadamente. Pedir excusas es un gesto de madurez y evita situaciones difíciles con las personas de nuestro entorno.

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Medita sobre esto:

A veces actuamos de una manera que nos deja incómodos. Eso es humano. Por eso tenemos las palabras: “Lo siento”. Curan y cierran la brecha. Pero no tenemos por qué decir “lo siento” si no hemos hecho nada mal. Una sensación de vergüenza puede llevarnos a disculparnos de todo lo que hacemos, de cada palabra que decimos, por estar vivos y ser como somos.
No tenemos por qué pedir disculpas por cuidar de nosotros mismos, por manejar nuestros sentimientos, por fijar límites, por divertirnos o porque nos estamos curando.
No tenemos que cambiar nunca de rumbo, si éste es el que más nos conviene, pero a veces una disculpa general reconoce otros sentimientos y puede ser útil cuando no están claras las cosas en una relación. Podemos decir: “Siento mucho el pleito que tuvimos. Siento mucho que te haya lastimado con lo que tuve que hacer para cuidarme a mí mismo; no tenía la intención de que así fuera.”
Una vez que pedimos una disculpa, no tenemos que seguirla repitiendo. Si alguien quiere seguirnos sacando una disculpa por el mismo incidente, eso es asunto de esa persona y no tenemos porque dejarnos enganchar.
Podemos aprender a tomar seriamente nuestras disculpas y a no darlas cuando no sean validas. Cuando nos sintamos bien con nosotros mismos, sabremos cuando es momento de decir que lo sentimos y cuando no.

“Hoy tratare de ser claro y sano en mis disculpas, asumiendo responsabilidad por mis acciones y por las de nadie mas. Dios mío, ayúdame a averiguar de que es de lo que necesito disculparme y que no es responsabilidad mía”.

Mi Reflexión: Pedir perdón es un acto de humildad cuando hemos causado daño, pero no necesitamos disculparnos por cuidar nuestra vida, establecer límites o tomar decisiones saludables. A veces la culpa nos hace asumir responsabilidades que no nos corresponden y nos lleva a buscar continuamente la aprobación de los demás. Dios puede darnos sabiduría para reconocer aquello por lo que debemos pedir perdón y también libertad para no asumir culpas que Él no nos ha dado. Cuando aprendemos a responsabilizarnos de nuestras propias acciones, sin cargar con las de otros, podemos relacionarnos desde la verdad, la humildad y la paz. (Alpha).

Preguntas para reflexiona:
¿Hay algo por lo que sigo sintiéndome culpable o pidiendo perdón que, delante de Dios, realmente no me corresponde asumir?
¿Estoy dispuesta a pedir perdón con humildad cuando he causado daño y, al mismo tiempo, confiar en Dios para no cargar responsabilidades que pertenecen a otros?

Meditación 18 de Septiembre … Deja que sucedan cosas buenas

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós expresa que el codependiente debe asumir un cambio de actitud durante la recuperación y aceptar las cosas buenas que van a pasar en su vida. Dejar que sucedan y disfrutar de los momentos de alegría, felicidad y sosiego. Mantenerse en el pasado no ayuda, solo enrarece la recuperación.

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Medita sobre esto:

Antes de la recuperación, mis relaciones eran pésimas. No me iba muy bien en mi trabajo. Estaba entrampado en mi familia disfuncional ¡Pero al menos sabía qué esperar! (Anónimo).

Quiero que la segunda mitad de mi vida sea tan buena como la primera fue de desgraciada. A veces tengo miedo de que no sea así. A veces me asusta que pueda ser así.
Las cosas buenas pueden asustarnos. El cambio, incluso el cambio para bien, puede ser atemorizante. De alguna manera, los cambios para bien pueden ser más atemorizantes que las épocas difíciles.
El pasado, particularmente el de antes de la recuperación, puede haberse vuelto confortablemente familiar. Sabíamos qué esperar en nuestras relaciones. Eran predecibles. Eran repeticiones del mismo patrón, las mismas conductas, el mismo dolor, una y otra vez. Podrán no haber sido lo que queríamos, pero sabíamos lo que iba a suceder. Esto no ocurre cuando cambiamos de patrones y empezamos la recuperación.
Podemos haber sido bastante buenos para predecir eventos en la mayor parte de las áreas de nuestra vida. Las relaciones serían dolorosas.
Nosotros viviríamos en privación.
Cada año sería casi una repetición del año anterior. A veces, las cosas se ponían un poco peor; otras un poco mejor, pero el cambio no era drástico. No hasta el momento en que empezamos la recuperación.
Entonces cambiaron las cosas. Y cuanto más progresamos en este milagroso programa, más cambiamos nosotros y nuestras circunstancias. Empezamos a explorar un territorio desconocido.
Las cosas se ponen bien. Se mejoran todo el tiempo. Empezamos a tener éxito en el amor, en el trabajo, en la vida. Un día a la vez, empiezan a ocurrir cosas buenas y la desgracia se disipa.
Ya no queremos ser víctimas de la vida. Hemos aprendido a evitar las crisis y traumas innecesarios.
La vida se pone buena.
“¿Cómo manejo las cosas buenas?”, preguntó una mujer. “Es más difícil y más extraño que el dolor y la tragedia.”
“Del mismo modo que manejábamos las experiencias difíciles y dolorosas”, le contesté. “Un día a la vez”.

«Hoy, Dios mío, ayúdame a dejar ir mi necesidad de vivir en el dolor y en la crisis. Ayúdame a quitarme lo más pronto posible los sentimientos de tristeza y los problemas. Ayúdame a encontrar mi base y equilibrio en la paz, la alegría y la gratitud. Ayúdame a trabajar tan duramente por aceptar lo bueno como he trabajado de duro en el pasado para aceptar lo doloroso y lo difícil».

Mi Reflexión: A veces el dolor se vuelve tan familiar que llegamos a sentirnos más seguros en él que en la posibilidad de una vida diferente. Cuando Dios comienza a mostrarnos nuevos caminos, podemos sentir temor porque ya no sabemos qué esperar. La recuperación también implica aprender a recibir lo bueno, disfrutar la paz y aceptar que no tenemos que vivir siempre en crisis para sentirnos seguros. Dios puede enseñarnos, un día a la vez, a dejar atrás los viejos patrones y a confiar en que una vida de paz, alegría y gratitud también puede ser nuestra nueva realidad.

Preguntas para reflexionar:
¿Qué cosas buenas que Dios está permitiendo en mi vida me producen temor porque son diferentes a lo que siempre he conocido?
¿Estoy dispuesta a confiar en Dios y aprender, un día a la vez, a vivir en paz sin necesitar el dolor o la crisis para sentirme segura?

Meditacion 17 de Septiembre … Conductas con las nuevas relaciones

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós plantea que durante la recuperación debemos asumir los vínculos con los demás de una manera saludable: cuidar de nosotros mismos, dejar que los demás se comporten como deseen, y fijar límites claros para impedir que controlemos y nos controlen.

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Medita sobre esto:

En la recuperación hablamos mucho acerca de las conductas que se siguen en las relaciones nuevas: permitirles a los demás ser ellos mismos sin reaccionar excesivamente y tomarnos las cosas en forma personal, y adueñarnos de nuestro poder para cuidar de nosotros mismos. Hablamos acerca de dejar ir nuestra necesidad de controlar, concentrándonos en la autoresponsabilidad, y en no disponernos a ser víctimas concentrándonos en la otra persona al tiempo que nos descuidamos a nosotros mismos. Hablamos acerca de tener y de fijar límites sanos, de hablar directamente y de asumir la responsabilidad por lo que queremos y necesitamos.
Aunque estas conductas ciertamente nos ayudan a lidiar con la gente adicta, no son conductas diseñadas sólo para utilizarse en lo que llamamos “relaciones disfuncionales”
Estas conductas son nuestras nuevas conductas en las relaciones nuevas. Nos ayudan en las relaciones tirantes. Nos pueden ayudar a atravesar épocas de estrés en las relaciones sanas.
Las conductas de recuperación que estamos aprendiendo son herramientas –destrezas para tener relaciones sanas- que nos ayudan a mejorar la calidad de todas nuestras relaciones.
Recuperación significa cuidar de uno mismo –aprender a cuidarnos y a amarnos a nosotros mismos -con la gente. Entre más sanos nos volvamos, más sanas se volverán nuestras relaciones. Y nunca dejaremos de tener necesidad de conductas sanas.

«Hoy me acordare de aplicar mis conductas de recuperación a todas mis relaciones, con amigos y compañeros de trabajo, al igual que en cualquier relación amorosa especial. Trabajare duro por cuidarme a mi mismo en las relaciones difíciles, averiguando cuál habilidad sería mejor aplicar. También considerare las formas cómo se podrían beneficiar mis relaciones sanas con mis nuevas destrezas para manejar relaciones».

Mi Reflexión: Las herramientas que aprendemos en la recuperación no están destinadas únicamente a las relaciones difíciles. Son nuevas formas de vivir y relacionarnos: poner límites, hablar con honestidad, dejar de controlar, asumir nuestra responsabilidad y cuidar de nosotros mismos sin dejar de amar a los demás. Dios puede enseñarnos a relacionarnos desde un lugar más sano, sin perdernos en las necesidades de otros ni convertirnos en víctimas de las circunstancias. A medida que aprendemos a cuidarnos y a respetar nuestra propia vida, nuestras relaciones también pueden crecer en libertad, equilibrio y autenticidad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué conducta saludable que estoy aprendiendo en mi recuperación necesito comenzar a practicar en todas mis relaciones, no solamente en las difíciles?
¿Cómo puedo permitir que Dios me enseñe a amar y cuidar a los demás sin descuidarme ni perderme a mí misma?.

Reflexión del Dia: 16 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» plantea que el codependiente generalmente se hace irresponsable de sus finanzas y termina en un caos económico. Volvernos independientes es parte importante de la recuperación.

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Reflexiona sobre esto:

Para el codependiente, la gestión del dinero puede estar entrelazada con sus relaciones afectivas de una manera poco saludable. Puede ser visto como una herramienta para ganar amor, aprobación o incluso control sobre otros. Esto puede manifestarse en gastos excesivos para agradar a los demás, acumulando deudas para mantener una relación, o evitando tomar control financiero como una forma de depender emocionalmente de alguien más.
La lección clave de Melody Beattie se enfoca en aplicar los mismos principios de autoconciencia y autocuidado al aspecto financiero de la vida. Esto significa establecer límites claros en cuanto, cómo y cuándo se gasta el dinero, tener un entendimiento claro de las propias necesidades y capacidades financieras, y practicar la auto-responsabilidad en lugar de depender financieramente de otros de una manera que perpetúa patrones codependientes.
Ser consciente de la propia salud financiera, tener un presupuesto, ahorrar para el futuro, y entender la diferencia entre una compra impulsada por la necesidad emocional y una decisión financiera racional, son pasos importantes hacia la autonomía financiera y emocional.
Si bien, Melody Beattie no hable explícitamente sobre la administración financiera, su mensaje implícito es claro: !tomar control de tu propio bienestar incluye tomar control de tu propia salud financiera, libre de la necesidad de validación externa o el deseo de controlar a otros!

Mi Reflexión: Nuestra manera de manejar el dinero también puede revelar necesidades emocionales que necesitan ser revisadas. Cuando usamos nuestros recursos para comprar amor, agradar a otros o sentir que tenemos control, terminamos comprometiendo nuestra paz y nuestra libertad. Dios nos llama a administrar con sabiduría lo que hemos recibido, reconociendo nuestras necesidades, estableciendo límites y asumiendo responsabilidad por nuestras decisiones. El autocuidado también implica aprender a manejar nuestros recursos con orden, prudencia y libertad, sin depender de la aprobación de otros para sentirnos valiosos. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estoy tomando decisiones económicas desde la responsabilidad y la sabiduría, o algunas veces desde la necesidad de agradar, controlar o sentirme aceptada?
¿Qué cambio concreto puedo hacer en mi manera de administrar mis recursos para vivir con mayor orden, responsabilidad y libertad delante de Dios.

Meditacion 16 de Septiembre… Estás aprendiendo algo nuevo

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós plantea que durante la recuperación debemos estar en disposición de aceptar nuevos retos para mantenernos confiados en creer en el ser superior, en nuestras capacidades y empoderarnos.

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Medita sobre esto:

«¿Qué se supone que debemos estar buscando?», Le preguntó Stanley. «No estás buscando nada. Estás cavando para construir un personaje». Stanley echó una mirada impotente a su pala. No estaba defectuosa. El era quien estaba defectuoso. (Louis Sachar de su Libro Hoyos).

A veces, cuando nos enfrentamos a un obstáculo difícil en la vida: un nuevo trabajo, una nueva escuela, algo nuevo, es fácil sentirse abrumados y comenzar a creer lo peor de nosotros mismos. Tal vez realmente no tengamos lo que se necesita después de todo, pensamos. Tal vez deberíamos quedarnos donde estamos, nos guste ese lugar o no.
Una de las cosas maravillosas sobre ser humano es nuestra capacidad de adaptarnos a situaciones nuevas. Otra es nuestra capacidad de cambiar y crecer.
¿Qué nueva situación te enfrenta? Ya sea que esté comenzando un proceso de recuperación, comenzando un nuevo trabajo, yendo para su maestría, aprendiendo a divorciarse o aprendiendo a ser una esposa feliz, puede hacer lo que la vida le pida que haga.
Es importante comenzar desde el principio y, a menudo, eso significa sentirse mal preparado para la tarea que tenemos por delante. Eso es bueno. Si estuvieras completamente cómodo con todo lo que sucede a tu alrededor, entonces es probable que no crezcas y aprendas algo nuevo.
Sé consciente de cómo hablas contigo mismo, si te estás diciendo a ti mismo que puedo o no. Luego, deja que las palabras se llenen de alegre confianza. Reconoce cualquier sentimiento que te impida creer en ti mismo. Entonces deja que esos sentimientos se vayan. Deja ir el miedo y el sentirse abrumado.
Puedes aprender la nueva tarea. Puedes armonizar con tu nuevo jefe. Puedes aprender a cuidarte a ti mismo. Puedes, y lo harás. Puedes y crecerás en ese rol.
No eres defectuoso. Tampoco es tu pala. Asúmelo y atrévete.

«Dios, dame la fuerza y ​​la confianza para crecer, aprender y ver la maravilla de este mundo».

Mi Reflexión: Cuando enfrentamos algo nuevo, es fácil confundir nuestra falta de experiencia con incapacidad. Podemos pensar: “no puedo”, cuando en realidad simplemente estamos aprendiendo. Dios no nos pide que sepamos hacerlo todo desde el principio; nos invita a confiar en Él mientras avanzamos. Los errores, los temores y los momentos de inseguridad forman parte del crecimiento. No somos defectuosos por no saber; estamos en proceso. Podemos comenzar donde estamos, dar un paso a la vez y permitir que Dios transforme nuestro “no puedo” en “sí puedo, con Su ayuda”. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué situación nueva estoy enfrentando que me hace dudar de mis capacidades o pensar que “no puedo”?
¿Estoy dispuesto a confiar en Dios, aceptar mi proceso de aprendizaje y atreverme a dar el siguiente paso?

Reflexión del Dia: 15 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» enfatiza en la necesidad de dejar de actuar como cuidadores que viven rescatando a las personas aun cuando estas puedan responsabilizarse de ellas mismas.

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Reflexiona sobre esto:

El codependiente que asume el rol de rescatador a menudo lo hace con buenas intenciones, creyendo que está ayudando o incluso salvando a la otra persona. Sin embargo, este comportamiento suele ser más perjudicial que beneficioso, tanto para el rescatador como para la persona que se pretende ayudar. Al asumir la responsabilidad de los problemas de los demás, el rescatador se sume en una espiral de control y ansiedad, perdiendo de vista sus propias necesidades y límites.
Beattie nos recuerda que el papel de rescatador es una forma de evasión. Al enfocar toda la atención y energía en arreglar a otra persona, el codependiente evade enfrentar sus propios problemas y carencias emocionales. Este rol también desempodera a la otra persona, reforzando la noción de que no pueden cuidar de sí mismos y perpetuando su dependencia.
Para romper este ciclo como codependiente, debes reconocer que no puedes controlar o cambiar a otra persona, y este es un paso crucial hacia la recuperación. Al centrarte en su propia salud emocional, puedes empezar a liberarte del rol de rescatador y a establecer relaciones más equilibradas y saludables.
La adopción del rol de rescatador es un callejón sin salida que perpetúa la codependencia y el drama relacional. Solo al deshacernos de esta necesidad de «salvar a los demás» podemos empezar a salvarnos a nosotros mismos.

Mi Reflexión: A veces confundimos el amor con la responsabilidad de solucionar la vida de los demás. Queremos ayudar, pero terminamos controlando, agotándonos y olvidando nuestras propias necesidades. Dios nos llama a amar, pero no a ocupar Su lugar en la vida de otra persona. Cada uno debe asumir la responsabilidad de sus decisiones y procesos. Cuando dejamos de rescatar y entregamos a Dios aquello que no podemos cambiar, recuperamos nuestra libertad y también permitimos que el otro crezca y asuma su propia responsabilidad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿En qué situación estoy intentando rescatar o solucionar algo que en realidad corresponde a otra persona?
¿Qué necesito entregar hoy a Dios para aprender a ayudar con amor, sin controlar ni asumir responsabilidades que no me corresponden?

Meditación 14 de Septiembre… Sí, tu puedes

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós reafirma que el codependiente debe aferrarse a la confianza en un poder superior a él para lograr la curación. Convencerse que esa Divinidad cree en él y va a guiarlo en las situaciones que viva hasta llevarlo por un sendero espiritual de sanación.

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Medita sobre esto:

Llegamos a creer que un Poder más grande que nosotros podría restaurarnos a la sensatez. (Segundo paso).

Oh no! No podría hacer eso.
¡Bueno! tal vez podría intentarlo.
Creo que puedo hacerlo, pero no muy bien.
Lo estoy haciendo, pero estoy muy, muy asustado.
¡Oh! Lo estoy haciendo mejor.
¡Oops! Cometí un error. Supongo que no puedo hacerlo, después de todo.
¡Oh bien! Intentaré de nuevo.
¡Ver! No estoy haciendo nada mejor esta vez.
De acuerdo, lo intentaré una vez más. Quizás dos veces.
¡Hey Mira! ¡Soy bastante bueno!
Supongo que puedo hacerlo, después de todo.
¡Guauu! Esto es realmente divertido.
Hay una curva de aprendizaje para todo lo que queremos aprender a hacer. No solo sabemos cómo hacer algo, y hacerlo bien.
Una buena razón para tener un Poder Superior es que Él o Ella cree en nosotros, incluso cuando no creemos en nosotros mismos. No solo necesitamos llegar a creer en Dios. Necesitamos llegar a creer en nosotros mismos.
Deja que tu no pueda convertirme en un yo. Toma todo el tiempo que necesites. Aprende a disfrutar el proceso de llegar a creer que puedes. Se paciente. Acepta dónde te encuentras hoy en tu curva de aprendizaje.

Mi Reflexión: Hay cosas que hoy pensamos que no podemos hacer, pero que podemos aprender paso a paso. Dios no espera que avancemos sin temor ni que lo hagamos todo perfectamente; Él conoce nuestro proceso y tiene paciencia con nosotros. Creer en Dios también implica aprender a creer que, con Su ayuda, podemos crecer, cambiar y avanzar. Los errores no significan que hemos fracasado; son parte de la curva de aprendizaje. Podemos aceptar dónde estamos hoy, volver a intentarlo y confiar en que Dios nos está formando mientras caminamos. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿En qué área de mi vida sigo diciendo “no puedo”, cuando Dios quizás me está invitando a intentarlo nuevamente?
¿Puedo aceptar con paciencia dónde estoy hoy y confiar en que Dios me ayudará a crecer paso a paso?