Meditación 24 de Abril… Abrámonos al amor



Permitirnos recibir amor es uno de lo más grandes retos que enfrentamos en la recuperación.
Muchos de nosotros nos hemos bloqueado de recibir amor. Podemos haber vivido con gente que usaba el amor para controlarnos. Estarían con nosotros, pero a un alto precio para nuestra libertad. El amor se nos daba, o se nos retiraba, para controlarnos y tener poder sobre nosotros. Nosotros no nos sentíamos seguros recibiendo amor de
estas personas. Podremos habernos acostumbrado a no recibir amor, a no reconocer nuestra necesidad de amor, porque vivimos con gente que no tenía verdadero amor para dar.
En algún punto en la recuperación reconocemos que nosotros, también, queremos y necesitamos ser amados. Podemos sentir embarazosa esta necesidad. ¿A dónde vamos con ella? ¿Qué podemos hacer? ¿Quién nos puede dar amor? ¿Cómo podemos determinar de quién fiarnos y de quién no? ¿Cómo podemos dejar que los otros se preocupen por nosotros sin sentirnos atrapados, abusados, asustados e incapaces de preocuparnos de nosotros mismos?
Aprenderemos. El punto de inicio es el sometimiento, a nuestro deseo de ser amados, a nuestra necesidad de que nos mimen y nos amen. Tendremos cada vez mas confianza en nuestra capacidad para cuidar de nosotros mismos con la gente. Nos sentiremos suficientemente seguros para dejar que la gente se preocupe por nosotros; tendremos cada vez mas confianza en nuestra capacidad para escoger a la gente que es segura y que nos puede dar amor.
Quizá al principio necesitemos enojarnos, enojarnos porque no nos están satisfaciendo nuestras necesidades. Después, podemos sentir gratitud por esas personas que nos están enseñando lo que queremos, por aquellas que nos han asistido en el proceso de creer que merecemos ser amados y aquellas que han entrado a nuestra vida para amarnos.
Nos estamos abriendo como las flores. A veces duele que los pétalos se abran. Alégrate. Nuestro corazón se esta abriendo al amor que esta ahí y que seguirá estando ahí para nosotros.
Sométete al amor que está ahí para nosotros, al amor que la gente, el universo y nuestro Poder Superior nos manda.
Sométete al amor sin permitir que la gente nos controle o nos impida cuidar de nosotros mismos. Empieza por someterte al amor a ti mismo.
«Hoy me abriré al amor que está ahí para mí. Me permitiré a mi mismo recibir el amor seguro, sabiendo que puedo cuidar de mí mismo con la gente. Estaré agradecido con toda la gente de mi pasado que me ha asistido en el proceso de abrirme al amor. Reclamo, acepto y doy gracias por el amor que me está llegando».

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 23 de Abril



La mayoría de los codependientes sufre de esa vaga pero penetrante aflicción que es la baja autoestima. No nos sentimos bien con nosotros mismos, no nos gustamos, y ni siquiera pensamos en amarnos a nosotros mismos.
Para algunos de nosotros tener una baja autoestima es quedarnos cortos. No sólo no nos gustamos, sino que nos odiamos a nosotros mismos. No nos gusta nuestra apariencia. No soportamos nuestro cuerpo. Pensamos que somos tontos, incompetentes, faltos de talento, y, en muchos casos, indignos de ser amados.44 Pensamos que nuestros pensamientos son malos e inadecuados. Pensamos que nuestros sentimientos son equivocados e impropios.
Creemos que no somos importantes, y aunque nuestros sentimientos no sean equivocados, pensamos que no importan. Estamos convencidos de que nuestras necesidades no son importantes. Y nos abochornamos por los deseos o los planes de otro. Pensamos que somos inferiores y diferentes al resto del mundo, no únicos, sino bizarra e inadecuadamente distintos. Nunca nos hemos puesto de acuerdo con nosotros mismos, y nos miramos no a través de esos cristales de color de rosa, sino a través de una película sucia, marrón-gris.
Podemos haber aprendido a disfrazar nuestros verdaderos sentimientos acerca de nosotros mismos vistiéndonos bien, peinándonos bien, viviendo en la casa correcta, y trabajando en el empleo correcto. Podemos presumir de nuestros logros, pero bajo las galas se encuentra un calabozo dentro del cual secreta e incesantemente nos castigamos y nos torturamos. En ocasiones, podemos castigarnos abiertamente ante el mundo entero, diciendo cosas degradantes acerca de nosotros mismos. A veces, llegamos incluso a pedir a otros que nos ayuden a odiarnos a nosotros mismos, como cuando permitimos que ciertas personas o costumbres religiosas nos ayuden a sentirnos culpables, o cuando le permitimos a la gente que nos lastime. Pero nuestros peores latigazos nos los damos en privado, dentro de nuestras mentes.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
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Meditación 21 de Abril… Conflicto y Desapego



En una relación, hay momentos maravillosos en los que las cosas se desarrollan sin problemas para ambas personas, y ninguna de las dos personas debe centrarse demasiado en el concepto de desapego. Pero existen esos tiempos desafiantes cuando una persona está en crisis o cambiando, y tenemos que distanciarnos.
Luego hay ciclos estresantes cuando ambas personas en una relación están en medio de lidiar con problemas intensos. Ambos son necesitados y ninguno tiene nada que ofrecer.
Estos son momentos en los que el desapego y el cuidado de nosotros mismos son difíciles.
En estos momentos, es útil identificar el problema. Ambas personas están en medio del trato y la curación. Tampoco tiene mucho que ofrecer, al menos en este momento. Y ambos se sienten particularmente necesitados.
Ese es el problema.
¿Cual es la solución?
Puede que no haya una solución perfecta. El desapego sigue siendo la clave, pero eso puede ser difícil cuando necesitamos nuestro apoyo. De hecho, la otra persona puede estar pidiendo apoyo en lugar de ofrecerlo.
Todavía podemos trabajar hacia el desapego. Todavía podemos trabajar a través de nuestros sentimientos. Podemos aceptar esto como un ciclo temporal en la relación, y dejar de mirar a la otra persona por algo que él o ella no puede dar en este momento.
También podemos dejar de esperar que demos en este momento.
La comunicación ayuda. Identificar el problema y hablar de él sin culpar o avergonzar es un comienzo. Averiguar sistemas alternativos de apoyo o formas de satisfacer nuestras necesidades ayuda.
Todavía somos responsables de cuidar de nosotros mismos, incluso cuando estamos en la mejor de las relaciones. Podemos esperar razonablemente que se produzcan conflictos de necesidades y el enfrentamiento de problemas en las relaciones más amorosas y saludables.
Es uno de los ciclos de amor, amistad y familia.
Si se trata de una relación sana, la crisis no continuará sin fin. Recuperaremos nuestro equilibrio. La otra persona también lo hará. Podemos dejar de ponernos tan locos buscando que la otra persona esté equilibrada cuando él o ella no.
Habla de cosas Arreglar las cosas. Mantenga nuestras expectativas de nosotros mismos, otras personas y nuestras relaciones saludables y razonables.
Una buena relación será capaz de mantener y sobrevivir puntos bajos. A veces los necesitamos, para que podamos crecer y aprender por separado.
Algunas veces, las personas que usualmente están ahí para nosotros no pueden estar ahí para nosotros. Podemos encontrar otra manera de cuidarnos a nosotros mismos.
«Hoy, recordaré que mis mejores relaciones tienen puntos bajos. Si el punto bajo es la norma, me gustaría considerar la conveniencia de la relación. Si el punto bajo es un ciclo temporal, practicaré la comprensión para mí y para la otra persona. Dios, ayúdame a recordar que la ayuda y el apoyo que quiero y necesito no vienen en la forma de una sola persona. Ayúdame a estar abierto a opciones saludables para cuidar de mí mismo si mi sistema de apoyo normal no está disponible».

(Melody Beattie de su Libro el Lenguaje del Adios-Serie de Meditaciones).

Meditación 20 de Abril… Estás justo donde debes estar



Un día, cuando era nuevo en la recuperación de la dependencia química, analicé mi situación de vida, mi trabajo y mis relaciones. Nada se sintió bien. Una sensación crónica de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado estaba anulando todo lo que hice. Mi vida se sentía como una serie continua de errores.
Había escuchado hablar sobre un terapeuta brillante, uno que fue particularmente eficaz en llegar a los problemas centrales. Lo que sea que estaba sucediendo en mi núcleo, quería que se resolviera.
El problema era que este terapeuta vivía lejos en un área rural. No tenía auto. Tendría que tomar el autobús. Vio gente solo durante la semana. Trabajaba de nueve a cinco, de lunes a viernes. Y sus tarifas, aunque bien merecidas, eran altas para mi presupuesto.
Ahorré suficiente dinero para pagar una sesión. Luego hice una cita. Estaba tan emocionada.
El gran día llegó. Comencé mi serie de viajes en autobús (tuve que transferir tres veces) a las 5:00 p.m., cuando terminé el trabajo. Para las 7:30 de la tarde, llegué a la finca donde vivía y trabajaba este terapeuta. Estaba exhausto pero eufórico cuando finalmente me senté frente a este oso de peluche de un hombre que había ayudado a tantas personas a progresar en sus vidas.
En detalles elaborados, comencé a contar lo que estaba sucediendo en mi vida. Le expliqué que me estaba recuperando, tratando de hacer las cosas bien, yendo a mis grupos de apoyo, haciendo las paces con las personas que había lastimado, pero nada me parecía bien. Una sensación crónica de malestar plagó mi vida, sin importar lo que hice.
Escuchó lo que dije. Luego se reclinó en su silla.
«Melody», dijo con calma, con confianza.
«¿Sí?»
«Estás justo donde debes estar».

La sesión terminó.
Reuní mis cosas, caminé las dos cuadras hacia la parada de autobús, y monté varios autobuses de regreso a mi pequeño cubículo de un departamento en South Minneapolis. La lección se quedó conmigo de por vida. Cuando nada en nuestras vidas se siente bien, a veces la respuesta es no hacer más o buscar frenéticamente el milagro que necesitamos. El milagro viene cuando aceptamos, creemos y confiamos en que quienes somos ahora es lo que necesitamos ser.
Ahórrate el tiempo, el dinero y el viaje.
Sé tu propio gurú
«Dios, gracias por donde estoy hoy. Ayúdame a confiar en eso cuando necesite estar en otro lugar, naturalmente me moverás a ese lugar».

(Melody Beattie de su Libro Mas del lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 19 de Abril



No afirmo que los codependientes sean una especie peculiar porque necesitan y quieren amor y aprobación. La mayoría de la gente quiere estar dentro de una relación amorosa. Quieren tener a una persona especial en sus vidas. La mayoría de la gente quiere y necesita tener amigos. La mayoría de la gente quiere que las personas cercanas en sus vidas la amen y la aprueben. Estos son deseos naturales, sanos. En la mayoría de las relaciones está presente cierta cantidad de dependencia emocional, aun en las más sanas.
Pero muchos hombres y mujeres no sólo quieren y necesitan a la gente: necesitamos a la gente. Podemos ser
manejados, controlados por esta necesidad.
Necesitar demasiado a la gente puede causar problemas. Otras personas se convierten en la clave de nuestra felicidad. Creo que gran parte del estar centrado en los demás, con nuestras vidas en órbita alrededor de otras personas, va de la mano de la codependencia y mana de nuestra inseguridad emocional. Creo que, en gran medida, la búsqueda incesante de aprobación en la que nos embarcamos proviene también de la inseguridad. La magia está en los demás, no en nosotros, creemos, El sentirse bien está en ellos, no en nosotros. Entre menos cosas buenas encontremos en nosotros mismos, más las buscaremos en los demás,
Ellos lo tienen todo; nosotros no tenemos nada. Nuestra existencia no es importante. Hemos sido abandonados y relegados tan a menudo que también nosotros nos abandonamos.
Necesitar tanto a la gente, y sin embargo creer que no somos dignos de ser amados y que la gente nunca estará ahí cuando la necesitemos, puede volverse una creencia profundamente imbuida. A veces, pensamos que la gente no está ahí para ayudarnos cuando en realidad lo está. Nuestra necesidad puede bloquear nuestra visión, impidiéndonos ver el amor que está ahí esperándonos.
En ocasiones, ningún ser humano puede estar ahí para ayudarnos en la forma en la que requerimos, que nos absorba que nos cuide y que nos haga sentirnos bien, completos y seguros.
Muchos de nosotros esperamos y necesitamos tanto de la gente que nos conformamos con muy poco.
Podemos volver nos dependientes de personas con problemas, de alcohólicos y otras personas con problemas. Podemos volvernos dependientes de personas que no precisamente nos gustan ni amamos. A veces, necesitamos tanto de la gente que nos conformamos casi con quien sea. Podemos necesitar a gente que no satisface nuestras necesidades. De nuevo, podemos encontrarnos en situaciones en las cuales necesitamos que alguien esté ahí para apoyarnos, pero que la persona que hemos elegido no puede o no podrá hacerlo.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
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Reflexión del Dia: 17 de Abril

Sea cual sea el problema que tenga la otra persona, la codependencia implica un sistema habitual de pensar, de sentir y de comportarnos hacia nosotros y hacia los demás que nos causa dolor. Las conductas o hábitos codependientes son autodestructivos. Con frecuencia reaccionamos a las personas que se autodestruyen; reaccionamos aprendiendo a autodestruirnos. Estos hábitos nos pueden conducir a, o mantenernos en, relaciones destructivas que no funcionan. Estas conductas pueden sabotear relaciones que en otras condiciones sí hubieran funcionado. Estas conductas pueden impedirnos encontrar la paz y la felicidad con la persona más importante en nuestra vida: uno mismo. Estas conductas pertenecen a la única persona que cada uno de nosotros puede controlar –a la única persona que podemos hacer cambiar– a uno mismo. Estos son nuestros problemas.
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
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Reflexión del Dia: 16 de Abril



Los problemas que causa el apego son muchos. Sobreinvolucarnos de alguna manera puede mantenernos en un estado de caos; puede mantener a la gente que nos rodea en ese estado. Si concentramos toda nuestra energía en la gente y en los problemas, nos queda poco para dedicar el acto de vivir nuestra propia vida. Y ya hay bastante preocupación y responsabilidad en el ambiente. Si la tomamos toda nosotros, no queda nada para la gente que nos rodea. Esto nos hace trabajar en exceso a nosotros y quitarles bastante trabajo de encima a los demás. Y aún más, preocuparnos por la gente y por los problemas no funciona. No resuelve los problemas, no ayuda a los demás y no nos ayuda a nosotros mismos. Es energía desperdiciada.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
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Meditacion 12 de Abril… Haga frente a su miedo al abandono



«Estoy en una relación con alguien que no es bueno para mí», me dijo una mujer un día. «Mi novio me manipula, y a menudo no me dice la verdad. Pero cada vez que me preparo para patearlo hasta la acera, mi miedo al abandono se instala».
Muchos de nosotros tenemos miedo al abandono. Algunos de nosotros lo dejamos gobernar nuestras vidas. Haremos cualquier cosa para que esa persona no salga y nos deje en paz.
Pasé muchos años dejando que el miedo al abandono me controlara. Después de un tiempo, finalmente me cansé de esa creencia. Me cansé de preocuparme si era lo suficientemente bueno para esa persona.
Entonces, un nuevo pensamiento me liberó: si no quieres ser mi amigo, ni mi amante, ni mi empleador, no te quiero en mi vida.
No más chantaje emocional. No más estrés. No más tener que adivinar lo que esa otra persona está sintiendo.
¿Estás pasando el tiempo preocupado por alguien que te deja? ¿Su miedo a ser abandonado lo deja a uno como un desvalido en sus relaciones? Déjalo ir. Levántate rápido. Y escucha lo que voy a decirte: si esa persona no quiere estar en tu vida, solo déjala irse. ¿Quieres a alguien en tu vida que realmente no quiera estar allí? Por supuesto no. Déjalo ir.
Una vez que adoptas esta creencia, es fácil enviar malas relaciones y las buenas personas quieren quedarse.
«Dios, ayúdame a creer que merezco solo las mejores relaciones».

(Melody Beattie de su Libro Mas del lenguaje del Adiós).

Meditacion 11 de Abril… El bien en el Paso Diez



El Paso 10 dice: «Continuamos haciendo un inventario personal y cuando nos equivocamos lo admitimos de inmediato». No sugiere que ignoremos lo que es correcto en nuestra vida. Dice que seguimos haciendo un inventario personal y centrándonos en nosotros mismos.
Cuando hacemos un inventario, querremos buscar muchas cosas. Podemos buscar sentimientos que necesitan nuestra atención. Podemos buscar de nuevo una baja autoestima. Podemos buscar formas antiguas de pensar, sentir y comportarnos. Podemos buscar errores que necesitan corrección. Pero una parte fundamental de nuestro inventario puede centrarse en lo que estamos haciendo bien y en todo lo que nos rodea.
Parte de nuestra codependencia es un enfoque obsesivo sobre lo que está mal y lo que podríamos estar haciendo mal, real o imaginariamente. En recuperación, estamos aprendiendo a enfocarnos en lo que es correcto.
Mire sin miedo, con un ojo amoroso y positivo. ¿Qué hiciste hoy? ¿Te comportaste de manera diferente hoy de lo que harías hace un año? ¿Llegaste a alguien y te permitiste ser vulnerable? Puedes felicitarte por eso.
¿Tuviste un mal día pero lo resolviste con eficacia? ¿Practicaste gratitud o aceptación? ¿Tomaste un riesgo, posees tu poder o estableces un límite? ¿Te responsabilizaste de ti mismo de una manera que antes no tenías?
¿Tomaste tiempo para orar o meditar? ¿Confiaste en Dios? ¿Dejaste que alguien hiciera algo por ti?

Incluso en nuestros peores días, podemos encontrar una cosa que hicimos bien. Podemos encontrar algo con lo que sentirnos esperanzados. Podemos encontrar algo para esperar. Podemos enfocarnos de manera realista en las visiones de lo que puede ser.
«Dios, ayúdame a dejar de lado mi necesidad de permanecer inmerso en la negatividad. Puedo cambiar la energía en mí y en mi entorno de negativa a positiva. Afirmaré lo bueno hasta que se hunda y se sienta real. También me esforzaré por encontrar una cualidad que me guste de alguien más que sea importante para mí, y correré el riesgo de decírselo a él o ella».

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

Reflexión del Dia: 10 de Abril



Cuando intentamos controlar a la gente y a las cosas que no tenemos por qué controlar, somos controlados por ellos. Abdicarnos a nuestro poder para pensar, sentir y actuar de acuerdo con lo que más nos conviene. A menudo perdemos el control sobre nosotros mismos. Con frecuencia, somos controlados no sólo por la gente, también por enfermedades tales como el alcoholismo, o las tendencias compulsivas en el comer y en los juegos de apuesta. El alcoholismo y otros trastornos destructivos son fuerzas poderosas. Nunca se debe olvidar que los alcohólicos y otras personas con problemas son expertos controladores. Encontramos la horma de nuestro zapato cuando tratamos de controlarlos a ellos o a su enfermedad. Perdemos la batalla. Perdemos la guerra. Nos perdemos a nosotros mismos, a nuestras vidas Como dice una frase de Al-Anón: Tú no lo provocaste; no lo puedes controlar; y no lo puedes curar. ¡Así que deja de tratar de hacerlo! Nos frustramos al máximo cuando tratarnos de hacer lo imposible. Y generalmente impedirnos que suceda lo posible Creo que asirse fuertemente a una persona o cosa, o forzar mi voluntad sobre cualquier situación elimina la posibilidad de que mi poder superior haga algo constructivo acerca de la situación, la persona o yo. Mi afán de controlar bloquea el poder de Dios. Bloquea la capacidad de otras personas para crecer y madurar. Impide que los sucesos ocurran de una manera natural. Me impide a mí disfrutar de la gente o de los eventos.
El control es una ilusión. No funciona. No podemos controlar el alcoholismo. No podemos controlar las conductas compulsivas de nadie: comer en exceso, una conducta sexual exagerada, la apuesta compulsiva, ni ninguna otra de sus conductas. No podemos (y no es asunto nuestro hacerlo) controlar las emociones, la mente o las elecciones de nadie. No podemos controlar el resultado de los eventos. No podemos controlar a la vida. Algunos de nosotros apenas podemos controlamos a nosotros mismos.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
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