Reflexión del Dia: Amarme es mi varita mágica

1966865_749750265044559_208735832_n

El amor es lo único que necesito para arreglar mi mundo.
Cada día me resulta mas fácil mirarme a los ojos en el espejo y decirme «Te quiero tal como eres». Mi vida mejora sin que yo la arregle. Solía ser una persona a la que le gustaba arreglarlo todo. Arreglaba mis relaciones, mi cuenta bancaria, los problemas con mi jefe, mi salud y mi creatividad.
De pronto, un buen día descubrí la magia. Si de verdad, podía amarme, amar de veras cada parte de mi, ocurrirían milagros increíbles en mi vida. Mis problemas se disolvían y no había nada que arreglar. Así pues, el foco de mi atención ha cambiado: en lugar de arreglar los problemas, ahora me amo y confió en que el Universo me proporcionara todo lo que necesito y todo lo que deseo.
(Louise L. Hay).

526463_627922240592919_750489408_n

El Perfeccionismo nos roba la felicidad…

533726_426435820703577_1749070690_n

¿Eres un perfeccionista empedernido? ¿Tienes que hacer todo tu mismo porque nadie lo hace como tu? Valoras a las personas a tu alrededor inclusive a ti mismo por lo que han conseguido en la vida? ¿Tuviste padres demasiado exigente o rígidos? Necesitas aprender a manejar la frustración, a bajar tu nivel de exigencia, a trabajar en equipo y a confiar en los demás. ¡Tómalo suave, nada es tan importante como para hacerte perder la calma!
El perfeccionismo se ve reflejado de diferentes maneras en nuestra vida cotidiana, por ejemplo: el que orientamos hacia nosotros mismos, cuando nos planteamos metas y propósitos imposibles de alcanzar, cuando nos exigimos mucho mas de lo que en realidad podemos hacer, dar o lograr. Pero también, cuando lo dirigimos hacia otros, esperando que respondan a las exigencias que les hacemos de la misma manera como con nosotros, ignorando nuestras diferencias y muchas veces, sin querer, forzándolos a ser quienes no son. Y por ultimo, cuando pensamos que los demás nos observan constantemente, esperando lo máximo de nosotros, entonces, comenzamos a exigirnos a riesgo de perder la calma, el bienestar y hasta nuestra identidad en aras de obtener su aprobación.
Cuando nos dejamos llevar por el perfeccionismo, nos volvemos obsesivos, competitivos y hasta tiranos; nos llenamos de frustración, impaciencia, inflexibilidad e intolerancia… y todo esto, nos lleva a disfrutar menos la vida, a fracasar, a paralizarnos, a quedarnos solos y a perder la perspectiva de lo positivo en la vida.

Detrás de una persona perfeccionista, muchas veces se esconde una persona insegura, que quisiera tener todo bajo control; una persona rígida, que defiende como sea su punto de vista, sus ideas y consideraciones; una persona irritable, que tiende a reaccionar defensivamente y que se altera con facilidad ante cualquier comentario o sugerencia; una persona con problemas para relacionarse con los demás, porque pareciera que nadie puede satisfacer sus expectativas y exigencias, que nadie le comprende o tiene la altura o la capacidad de mostrarse tan exitoso.
Además, siempre espera mas de que pudiera recibir, haciendo que los demás rechacen sus comentarios y actitudes la mayor parte del tiempo.

La súper mujer o el súper hombre, no existen, algunas personas fueron enseñadas a vivir en función de otros, sintiéndose responsables por su bienestar, hasta el punto de querer cargar con sus responsabilidades, sin darse cuenta de que hacerlo no es posible.
“No hay que pedirle peras al olmo” como dice un refrán popular, aceptar la realidad como se presenta sin querer cambiarla a la fuerza… puede ayudarnos a romper este circulo negativo en el que hemos estado atrapados.
(Maytte Sepulveda). Tomado de su Web: www.maytte.com

a ciegas_mágico_despertar

Seamos positivos…

risoterapia

Saber que no tenemos que depender de nadie, sino que dentro de nosotros tenemos una capacidad tremenda de hacer cambios positivos en nuestra vida, es un sentimiento maravilloso, increíblemente liberador.
(Louise L. Hay).

BarraRosasCTV_34a

Reflexión del Dia: ¿Soy Adicto a una persona?

obsesion_25678

Es extremadamente corriente que una de las personas de una relación sentimental se haga adictiva a la otra persona. Stanton Peele, en su Libro «Love and Addiction», reconoció la naturaleza adictiva de algunas relaciones amorosas.
Repasando algunos estudios de adicción a las drogas, llegó a una conclusión común: que el elemento adictivo no está tanto en la sustancia (como el alcohol, el tabaco o un narcótico) sino en la persona que sufre la adicción. En las relaciones amorosas, este elemento adictivo toma la forma de una necesidad compulsiva de conectar y de mantenerse en conexión con una persona en especial. Pero, ¿acaso se trata siempre de una necesidad adictiva? ¿Por qué lo llamamos adicción? ¿Por qué no lo llamamos amor, preferencia o sentido del compromiso?
A menudo, hay mucho amor y compromiso en una relación adictiva. Pero, para amar y comprometerse de verdad, uno debe escoger libremente a la otra persona y uno de los síntomas de una adicción es que es un instinto compulsivo que, por definición, supone que esta libertad se ve limitada. El adicto al alcohol o a las drogas se ve conducido hacia la sustancia adictiva, aunque sepa que es mala para él. Y, cuando hay un fuerte elemento adictivo en una relación, el sentimiento es de «Tengo que conseguir a esta persona, tengo que mantenerme unida a ella, aunque la relación sea mala para mí».
¿Cuales son los indicios de que estamos adictos a esa persona?
El primer indicio es su calidad compulsiva.
El segundo es el pánico que uno siente ante la posible ausencia de la sustancia. Las personas que están en una relación adictiva pueden experimentar un pánico desbordante con el solo pensamiento de que se rompa la relación.
El tercer indicio es el síndrome de abstinencia. Una persona que acaba de terminar una relación adictiva puede sufrir: dolor físico (el pecho, el estómago y el abdomen son especialmente reactivos), llantos, desarreglos en el sueño (hay personas que no pueden dormir y otros que duermen demasiado), irritabilidad, depresión y el sentimiento de que no hay ningún sitio adonde ir y que no hay ninguna forma de terminar con la sensación desagradable excepto volviendo a la antigua sustancia (persona). El deseo puede hacerse tan intenso que, a menudo, derrota las mejores intenciones del sufridor y le conduce de nuevo al origen de su adicción.
El cuarto indicio de una adicción es que, después de un período de luto, normalmente hay un sentimiento de liberación, triunfo y logro. Esto se diferencia del lento y triste proceso de aceptación y curación que sigue a una pérdida no adictiva.
Debajo de estas reacciones, la similitud esencial entre los adictos, ya sea su adicción a una sustancia o a una persona, es un sentimiento de estar incompleto, de vacío, desesperación, tristeza y de sentirse perdido, que la persona cree que sólo puede remediar a través de su conexión con algo o alguien fuera de sí mismo. Dicho algo o alguien se convierte en el centro de su existencia y la persona esta dispuesta a hacerse mucho daño para mantener
su conexión con ella intacta.
¿Sufre usted de esta Adicción?
Si se siente profundamente infeliz en una relación amorosa y, sin embargo, permanece en ella, ¿cómo puede saber si su decisión de quedarse está basada en la preferencia y el compromiso o si sufre de adicción? Existen diversos síntomas que puede buscar en su interior para saber si sufre o no de adicción:

1. Aunque su propia opinión objetiva (y quizás la opinión de los otros) le dice que la relación es negativa para usted y no espera ninguna mejora, no toma ninguna medida efectiva para romper con ésta.
2. Se busca motivos sin pies ni cabeza para quedarse en ella y que no son lo suficientemente sólidos como para equilibrar los aspectos negativos de la relación.
3. Cuando piensa en acabar la relación, siente verdadero pavor y se engancha todavía más a ella.
4. Cuando toma medidas para acabarla, sufre un agudo síndrome de abstinencia, que incluye desarreglos físicos que sólo se alivian recuperando el contacto.
5. Cuando la relación se ha terminado de verdad (o fantasea con que realmente ha terminado), siente la pérdida, la soledad y el vacío de una persona eternamente exiliada -a menudo seguidos o acompañados por un sentimiento de liberación.

Si encuentra la mayoría de estos indicios, puede estar seguro de que está en una relación en la que los elementos adictivos se han convertido en tan importantes y tan dominantes que destruyen la capacidad de dirigir su propia vida. Y, de la misma manera que un alcohólico debe empezar su camino hacia la sobriedad admitiendo «Soy un alcohólico», usted debe empezar con el reconocimiento de que está apegado de verdad. Este es un paso esencial para comprender la base de su adicción, para ver cómo funciona y para ser lo suficientemente libre como para decidir si desea trabajar para mejorar la relación, aceptarla tal como es o, si no puede ni mejorarla ni aceptarla, romperla.
(Tomado del Libro CÓMO ROMPER CON SU ADICCIÓN A UNA PERSONA de Howard Halpern).

526463_627922240592919_750489408_n

Reflexión: ¿Como me zafo de los mandatos de mis padres?

459521 (mandatos parentales)

Interrogante: En el fondo no se quien soy. Lo único que me sigue viniendo a la cabeza, cuando pienso en ello, es la expresión de mis padres: «¡No hagas eso!¡Haz lo otro!» y «¡Te vas a enterar de quien manda aquí!» ¿Puedes ayudarme?
Respuesta: Este es el típico caso de un niño adulto enfrascado en una lucha interminable con sus padres dentro de si mismo. Nadie gana y no hay posibilidad de llegar a saber algo mas sobre nosotros mismos y sobre como nos sentiríamos, pensaríamos y actuaríamos, si no llevásemos dentro a nuestros padres.
Existen formas de utilizar las voces internas que creemos oír para focalizar nuestra atención y dirigir nuestras energías. Resulta de utilidad separar cuidadosamente estas voces, una de otras. Son como cintas de cassette que reproducen mensajes para nuestros oídos internos y nos mantienen «pegados» al pasado. Las voces proceden de recuerdos, fantasías y la imaginación. Algunas se refieren al pasado, otras organizan nuestra vida actual y otras dirigen nuestras acciones futuras. Trata de identificar cada una de las voces.
Esta «la voz de nuestra madre»: cosas que nuestra madre decía o daba a entender a través de lo que hacia… e incluso lo que nuestra madre quería decir o habría dicho si…
Esta «la voz de nuestro padre»: cosas que nuestro padre decía o daba a entender a través de lo que nuestro padre hacia… y también lo que nuestro padre quería decir o habría dicho si… Están las voces de nuestros hermanos, hermanas, tías, tíos, sacerdotes, maestros, amigos, padres de amigos, etc. Hay tantas voces que nos resulta difícil distinguir unas de otras.
Una forma de empezar a trabajar con este dialogo interno consiste en hacer con unas cuantas hojas de papel y un bolígrafo. Empieza escribiendo los pensamientos que te vengan a la cabeza, tantos y tan rápido como puedas. No pasa nada si te dejas algunos.
Una vez que hayas llenado tres hojas con frases, oraciones y palabras, trata de identificar quien podría haber dicho que.
Oír las voces puede provocarte cierta vergüenza y culpa, pero hazlo de todos modos. Ha llegado el momento de que les respondas a esas voces. Deja que salgan tus sentimientos y anotalos también. Trabaja con las voces escribiendo lo que hayas logrado separar e identificar en tarjetas de 3×5 cm. Puedes barajarlas y ponerlas después en el orden que quieras. Empieza por descartar aquellas en las que no crees, las que ya no necesitas y las que ya no te sirven en tu vida de adulto. Puedes romperlas, quemarlas o tacharlas garabateandolas por encima con un rotulador negro. Hazlo con sentimiento.
Cuando las voces de los demás hayan sido identificadas y clasificadas, empieza a crear las tuyas propias. Para ello necesitas estar tranquilo. Utiliza una vela o cualquier otro recurso para focalizar la atención. Tranquilízate respirando hondo. Cuando te sientas calmado y relajado, escucha. Simplemente vacíate y escucha. La voz diminuta, humilde y tranquila que oyes es la tuya. Empieza a escuchar atentamente esa voz cuando te susurre. Te susurra en sueños, en ensoñaciones diurnas, siempre que estés tranquilo, en silencio y receptivo.
Reconocerás esa voz como tuya por su tono tranquilo. Las demás voces son escandalosas, estridentes y exigentes. Empieza a sentirte agradecida por tu propia voz y a respetarla. Tu voz es una parte vital de lo que tu eres. ¡Celebralo!.
(Dorothy May de su Libro Codependencia: La Dependencia Controladora.La Dependencia Sumisa).

soluciones-permisos-logro-transformacion (liberar mandatos parentales)

El "cuartito" de herramientas…

e5

Recibir ayuda no es lo mismo que depender…
En el fondo de mi casa hay un cuarto de herramientas. Tengo allí todas las herramientas que podría necesitar para las tareas con las que me enfrento a diario. ¡Es increíble! Hubo una época de mi vida en la que todavía no había descubierto la existencia de este cuarto del fondo. Yo creía que en mi casa simplemente no había un lugar para las herramientas. Cada vez que necesitaba hacer algo tenía que pedir ayuda a alguien o pedir prestada la herramienta necesaria. Me acuerdo perfectamente el día del descubrimiento:
Yo venía pensando que debía tener siempre a mano las herramientas que más usaba y estaba dispuesto a hacerme de ellas, pero me quedé pensando que antes debía encontrarles un lugar en mi casa para poder guardarlas. Recordaba con nostalgia el cuartito de chapa del fondo de la casa de mi abuelo Mauricio y tenía muy presente mi inquietud de aquel día en que llegué a casa con MI primera herramienta. Me desesperaba pensar que se me podía perder si no le encontraba un lugar. Al final, por supuesto, la había apoyado en un estante cualquiera y todavía recuerdo en los puños la bronca de no encontrarla cuando la necesitaba y tener que ir a buscarla a las casas de otros como si no la tuviera.
Así fue que salí al fondo pensando en construir un cuartito pequeño en el rincón izquierdo del jardín. Que sorpresa fue encontrarme allí mismo,en el lugar donde yo creía que debía estar mi cuarto de herramientas, con una construcción bastante más grande que la que yo pensaba construir. Un cuarto que después descubrí, estaba lleno de herramientas.
Ese cuarto del fondo siempre había estado en ese lugar y, de hecho, sin saber cómo, mis herramientas perdidas estaban ahí perfectamente ordenadas al lado de otras extrañas que ni sabía para qué servían y algunas más que había visto usar a otros pero que nunca había aprendido a manejar.
No sabía todavía lo que fui descubriendo con el tiempo, que en mi cuarto del fondo están «TODAS», las herramientas que todas están diseñadas como por arte de magia para el tamaño de mis manos y que todas las casas tienen un cuarto similar.
Claro, nadie puede saber que cuenta con este recurso si ni siquiera se enteró de que tiene el cuartito; nadie puede usar efectivamente las herramientas más sofisticadas si nunca se dio el tiempo para aprender a manejarlas; nadie puede saberse afortunado por este regalo mágico si prefiere vivir pidiéndole al vecino sus herramientas o disfruta de llorar lo que dice que a su casa le falta.
Desde el día del descubrimiento no he dejado de pedir ayuda cada vez que la necesité, pero la ayuda recibida siempre terminó siendo el medio necesario para que, más tarde o más temprano, me sorprendiera encontrando en el fondo mi propia herramienta y aprendiera del otro a usarla con habilidad.

Los recursos internos son herramientas comunes a todos, no hay nadie que no los tenga. Uno puede saber o no saber que los tiene, uno puede haber aprendido a usarlos o no. Podrás tener algunas herramientas en mejor estado que otros, que a su vez te aventajarán en otros recursos. Pero todos tenemos ese “cuartito de herramientas” repleto de recursos, suficientes, digo yo, si nos animamos a explorarlo.

(Jorge Bucay de su Libro El Camino de la Autodependencia).
1504086_518595661605219_7045309429351443230_n

Reflexión del Día: ¡Pasado es pasado!

Presentation42 (1)

Un hábito bastante común de la mente es el de divagar hacia eventos y situaciones del pasado. Algo que incluso puede parecernos normal y que no merece mayor atención. Sin embargo, una reflexión más minuciosa acerca de esta tendencia tan natural, nos alerta sobre sus implicaciones y efectos.
Una cosa es dirigirnos al pasado de manera consciente, para recordar hechos y para extraer información y aprendizaje. En ese sentido es algo no sólo útil sino necesario en muchas ocasiones. Algo muy diferente es volar con la imaginación, de modo involuntario, a escenas y situaciones del pasado y volver a revivirlas, evocando los sentimientos, sensaciones y emociones que se produjeron. A veces incluso, jugando con la imaginación, tratar de cambiar y modificar esas escenas.
Tanto si fueron escenas agradables como desagradables, en ambos casos, volver con nuestra mente al pasado nos impide vivir con plenitud el presente. Esta inhabilidad de permanecer en el aquí y el ahora no nos deja contribuir al presente de la mejor manera posible ya que no estamos plenamente alertas ni conscientes de lo que está sucediendo.
Cuando hablamos del presente, por un lado implica el momento actual y por otro, la misma palabra lo expresa, es el regalo más valioso, es la oportunidad de aprender y crecer, pero sólo si sabemos vivirlo con plena consciencia.
Una práctica útil para centrarnos en el presente es la de poner un punto final: una y otra vez, a lo largo del día, tenemos que hacer una parada de un minuto y sumergir todos los pensamientos en la experiencia de estar centrados en el interior y presentes. Para ello nos puede ayudar el traer a nuestra mente algún pensamiento elevado y positivo como “soy un ser espiritual, un ser de luz y paz” y experimentar así la conexión con nuestra esencia de silencio y serenidad. Cuanto más practiquemos este sencillo ejercicio, más debilitaremos el patrón de viajar con la mente al pasado y más disponibles estaremos para vivir y crear un presente lleno de significado y propósito.
Al vivir en el pasado no le damos la posibilidad a nuestro ser interior de aprender, de experimentar sensaciones nuevas. Nos perdemos el hoy y cerramos las puertas a todo lo nuevo.
Una persona que vive pensando en su pasado minimiza el presente y va perdiendo poco a poco sus ganas de vivir. Detengamos los recuerdos, naveguemos por ellos de tanto en tanto pero cuando sintamos que nuestro barco se detiene demasiado tiempo allí abandonemos el viaje y volvamos a la orilla del presente, del hoy, de este momento.
Mirar hacia atrás es retroceder, todo lo que sucedió ya forma parte del pasado.

Lo que importa ahora es el presente.¡Avancemos sin temor!

(Graciela De Filippis). Fuente: http://www.ventanasalalma.com.ar/).
wallpaper-846762 (1)

Oración por la Serenidad

oracion

¿Cuáles son las palabras?

Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar;
Valor para cambiar las cosas que puedo; y sabiduría para conocer la diferencia.
Viviendo un día a la vez;
Disfrutando un momento a la vez;
Aceptando dificultades como el camino a la paz;
Aceptando, como hizo Él, este mundo pecador tal como es, no como yo lo tendría;
Confiando que Él hará bien todas las cosas si yo me rindo a Su Voluntad;
Que yo sea razonablemente feliz en esta vida y sumamente feliz con Él para siempre en la próxima.
Amen

¿Qué significa?
Esta hermosa Oración fue escrita por un hombre llamado Reinhold Niebuhr en 1943. Las palabras tienen un significado especial para aquellos que están “buscando paz” en tiempos de agitación, desesperación o incertidumbre en sus vidas. Esta oración ha sido asociada con los Programas de Doce Pasos, ofreciendo fortaleza y calma mientras se persigue una vida más estable.
Primero, al decir estas palabras, estamos reconociendo la existencia de Dios y que Él es verdaderamente el único que puede traernos paz interior a pesar de las circunstancias caóticas. Su presencia maravillosa en nuestras vidas nos trae la serenidad que no podemos encontrar en ningún otro lugar. Hay un verso en la Biblia que dice que la paz de Dios sobrepasa todo entendimiento humano: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:7). Hasta que permitamos que la “paz de Dios” entre a nuestra mente, nuestro corazón, y nuestra alma, nunca experimentaremos aquella paz suprema que desafía las circunstancias más severas de la vida.
Está Oración continúa hablando de aceptación, valor y sabiduría. Todo conlleva a pedirle y permitirle a Dios que nos dé estas cosas. En otras palabras, es rendirse a Él. La segunda parte nos recuerda que nuestra confianza debe estar en Dios para arreglar las cosas, reconociendo que generalmente no tenemos un control real sobre los sufrimientos en este mundo pecaminoso o las acciones de otros.

¡Confía en Él y vive un día a la vez, disfrutando de cada momento!


hombre orando

Reflexión del Día: Libertad de Ser

564074_388634351208663_720772432_n

La Autodependencia
Esto es la autodependencia: Saber que yo necesito de los otros, que no soy autosuficiente, pero que puedo llevar esta necesidad conmigo hasta encontrar lo que quiero, esa relación, esa contención, ese amor.
Autodepender significa establecer que no soy omnipotente, que me sé vulnerable y que estoy a cargo de mí. Yo soy el director de esta orquesta, aunque no pueda tocar todos los instrumentos. Que no pueda tocar todos los instrumentos no quiere decir que ceda la batuta. Yo soy el protagonista de mi propia vida. Pero atención: No soy el único actor, porque si lo fuera, mi película sería demasiado aburrida. Así que soy el protagonista, soy el director de la trama, soy aquel de quien dependen en última instancia todas mis cosas, pero no soy autosuficiente. No puedo estructurarme una vida independiente porque no soy autosuficiente. La propuesta es que yo me responsabilice, que me haga cargo de mí, que yo termine adueñándome para siempre de mi vida.
Autodependencia significa dejar de colgarme del cuello de los otros. Puedo necesitar de tu ayuda en algún momento, pero mientras sea yo quien tenga la llave,esté la puerta cerrada o abierta, nunca estoy encerrado. Me sé dependiente, pero a cargo de esta dependencia estoy yo. Autodependencia es, para mí, sinónimo de salud mental.
Autodependencia significa contestarse las tres preguntas existenciales básicas: Quién soy, adónde voy y con quién. Pero contestarlas en ese orden. Al respecto, yo suelo decir que contestarse estas preguntas determina la diferencia entre un ser humano, un individuo o una persona. Porque éstos son tres conceptos diferentes. Ser una persona es más todavía. Para llegar a ser una persona es necesario asistir y padecer un proceso. El proceso de convertirse en persona, como lo llamaba Carl Rogers, es doloroso; implica ciertas renuncias, ciertas adquisiciones y también mucho trabajo personal.
Para autodepender, voy a tener que pensarme a mí como el centro de todas las cosas que me pasan. Es tu responsabilidad. No podemos seguir echandole la culpa al otro. No podemos seguir creyéndonos esta cosa que ya ni siquiera es una pauta educativa. Entonces, lo que digo con la palabra autodependencia es:

Puedo pedirte ayuda, pero dependo de mi mismo.
Dependo de mis partes mas adultas para que se hagan cargo del niño que sigo siendo.
Dependo de mis partes mas crecidas para que se hagan cargo de mis aspectos mas inmaduros.
Dependo de ocuparme de mi.
Dependo de poder ocuparme de ser capaz de depender del adulto que soy sin miedo a que me vaya a abandonar

Lo que pasa con la gente que sufre es que ha sido abandonada de si misma. Ha padecido el abandono de sus partes adultas; sus niños han quedado a la deriva, sin nadie que los contenga. Y han tenido que ir a buscar por ahí, a cualquier lado, ayuda, y mas que ayuda, dependencia. Este es un proceso absolutamente reversible. Siempre, siempre.
Tengo que poder darme cuenta que hay un adulto en mi que tiene que hacerse cargo de ese niño en mi. Despues de poder depender de mi, después de saber que me tengo que hacer cargo de mis aspectos dependientes, recién entonces buscar al otro.
Para poder ayudarte, pedirte, ofrecerte, para poder darte lo que tengo para darte y poder recibir lo que Tu tengas para darme, primero voy a tener que conquistar este lugar, el lugar de la autodependencia.
Y ya que dependo de mi, voy a tener que concederme a mi mismo algunos permisos si quiero ser una persona. Y digo concederme a mi mismo y digo que te concedas a tu mismo y digo que cada uno haga lo propio; porque no hablamos del señor que cometió un error y esta preso, de la pobre mujer descerebrada que esta en una cama del hospital ni del hombre que agoniza victima de una enfermedad terminal… Hablamos, en verdad, de nosotros. De los permisos que Virginia Satir llamaba  -inherentes a ser persona-.
Cualquiera que no ostente alguno de estos cinco permisos no es una persona. Y uno se pregunta, ¿qué es, si no es una persona?… Será, con toda seguridad, un ser humano, tal vez también un individuo, pero, una persona NO. Porque, como dije anteriormente, ser persona es mucho más.

1. Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.
2. Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.
3. Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que así me conviene.
4. Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.
5. Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me dé el permiso para obtenerlo.

Estos cinco permisos esenciales condicionan nuestro ser persona. Y ser persona es el único camino para volverse autodependiente. Porque estos permisos me permiten finalmente ser auténticamente quien soy.
El primero dice que si yo soy una persona tengo que concederme a mí mismo la libertad de ser quien soy.
¿Qué quiere decir esto? Dejar de exigirme ser el que los demás quieren que sea: el que quiere mi jefe, el que quiere mi esposa, el que quieren mis amigos o el que quieren mis hijos. Ser persona es darme a mí mismo la libertad de ser el que soy. Es probable que a muchos no les guste que sea el que soy; es probable que cuando otros descubran que soy el que soy —y que además me doy la libertad de serlo— se enojen conmigo.
Todos podemos llegar a ser personas, pero si no empezamos por este permiso, no hay posibilidades; nos quedaremos siendo individuos parecidos a muchos otros individuos que se sienten a sí mismos diferentes, pero que obedecen y pertenecen al club de aquellos que no se dan el derecho de ser quienes son; que intentan parecerse a los demás.
(Pilar Casas del Libro De la Dependencia Emocional a la Libertad de Ser).

retratos-de-mujeres-con-flores (6)

Reflexión del Dia: ¡Recupero mi Poder!

942589_409528839144357_1826146303_n

Me perdono y me libero.

Una fuerte dependencia de cualquier cosa exterior a mi es adicción.
Podemos ser adictos a las drogas, a los fármacos, al alcohol, al sexo, al tabaco; también puede tener adicción a culpar o juzgar a los demás, adicción a la enfermedad, a las deudas, a ser victima, a ser rechazado. No obstante, puede superar estas adicciones. Ser adicto es ceder mi poder a una substancia o a un habito.
Siempre puedo recuperar mi poder. ¡Este es el momento en que recupero mi poder!
Elijo adquirir el habito de saber que la vida esta aquí, para mi. Estoy dispuesta a perdonarme y seguir adelante. Tengo un espíritu eterno que siempre ha estado conmigo, y que esta presente en este momento. Me relajo, me libero, me acuerdo de respirar y voy dejando marchar los viejos hábitos mientras practico los nuevos.
(Louise L. Hay del Libro Meditaciones para sanar tu vida).

533726_426435820703577_1749070690_n