
Mientras viajo a través de la recuperación, cada vez aprendo más que aceptarme a mí mismo y mi idiosincrasia -murmurándome por mis maneras- me lleva mucho más allá de buscarme a mí mismo y tratar de ser perfecto. Tal vez de eso se trata en realidad: amor propio absoluto, alegría y autoaceptación.
(Anónimo).
Deja de esperar la perfección de ti mismo y de quienes te rodean.
Hacemos algo terrible y molesto para nosotros mismos y para los demás cuando esperamos la perfección. Configuramos una situación en la que otros, incluidos nosotros mismos, no se sienten cómodos con nosotros. A veces, esperar la perfección hace que la gente se ponga tan tensa que cometan más errores de lo normal porque estamos muy nerviosos y concentrados en los errores.
Eso no significa que permitamos comportamientos inapropiados con la excusa de que «nadie es perfecto». Eso no significa que no tengamos límites y expectativas razonables de las personas y de nosotros mismos.
Pero nuestras expectativas deben ser razonables. Esperar la perfección no es razonable.
La gente comete errores. Mientras menos ansiosos, intimidados y reprimidos estén por las expectativas de ser perfectos, mejor lo harán.
El esfuerzo por la excelencia, la pureza en la creatividad, un desempeño armonioso y lo mejor que tenemos para ofrecer no ocurre en la atmósfera obstaculizada, negativa y productora de miedo de esperar la perfección.
Tener y establecer límites. Tener expectativas razonables Esfuérzate por hacerlo lo mejor posible. Animar a otros a hacer lo mismo. Pero sepa que nosotros y otros cometeremos errores. Sepa que nosotros y los demás tendremos experiencias de aprendizaje, cosas que atravesamos.
A veces, los defectos y las imperfecciones en nosotros mismos determinan nuestra singularidad, como lo hacen en una obra de arte. Saborearlos. Ríase de ellos. Abrázalos y a nosotros mismos.
Anime a otros y a nosotros mismos a hacer lo mejor que podamos. Amarnos y nutrirnos a nosotros mismos y a los demás por ser quienes somos. Entonces comprenda que no somos meramente humanos, fuimos creados y pensados para ser humanos.
«Hoy, Dios, ayúdame a dejar de lado mi necesidad de ser perfecto e insistir irracionalmente en que los demás son perfectos. No usaré esto para tolerar el abuso o el maltrato, sino para lograr expectativas adecuadas y equilibradas. Estoy creando una atmósfera saludable de amor, aceptación y nutrición alrededor y dentro de mí. Confío en que esta actitud sacará lo mejor de otras personas y de mí.»
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Categoría: sentimientos
Reflexión del Dia: 28 de Enero

CONTINUAMOS HACIENDO NUESTRO INVENTARIO PERSONAL Y CUANDO NOS EQUIVOCABAMOS LO ADMITIAMOS INMEDIATAMENTE (Décimo Paso de CoDA).
CONTINUAR AMÁNDONOS
Existe otra área de nuestra vida donde nuestro inventario puede llevar al descubrimiento del error que requiere una rápida admisión. Esta área es la de nuestros daños a nosotros mismos. No reconocer y sentir nuestros sentimientos, no poner límites cuando hacen falta, no prestarnos atención, no confiar en nosotros mismos, no respetarnos a nosotros mismos, no escucharnos a nosotros mismos: estos son los daños que necesitan atención inmediata.
Estar enojados con nosotros mismos y castigarnos, es un daño.
Abandonarnos a nosotros mismos es un daño.
El autoabandono puede convertirse en habitual para aquellos de nosotros que hemos pasado muchos años practicando la codependencia. Es mucho más fácil para mí, en una situación dada, apagar mis emociones y abandonarme a mí misma que valorar y confiar en mí misma y en mis emociones. Esto es algo que necesitamos cuidar en nuestros inventarios.
Engancharnos en sobrecuidar, enfocarnos en el otro, y hacer caso omiso de nuestras propias
emociones y necesidades puede ser una respuesta instintiva que debemos cuidar. Tratar de controlar nuestras relaciones, en vez de dejar que fluyan y cuidar de nosotros mismos
en el proceso, es otro comportamiento del que debemos estar alertas.
No ser emocionalmente honestos acerca de nuestras necesidades y deseos, para con nosotros mismos y con otros, es un daño.
Olvidarnos de nosotros mismos o no tratarnos con una actitud nutritiva es un área que debemos
vigilar. Con frecuencia, nuestra respuesta inicial a cualquier situación es ser duros, exigentes, críticos con nosotros mismos y avergonzarnos. Eso, amigo mío, es cometer un error.
Quizá anticipamos el rechazo cuando éste no existe. Tal vez caigamos en la trampa de nuestras antiguas creencias: que no somos dignos de ser amados, que somos incompetentes, e inmerecedores. Estas creencias antiguas son daños que nos hacemos, y pueden dañar nuestras relaciones.
Tal vez caigamos en viejos miedos y olvidamos dejar que la paz y la confianza controlen nuestra vida. Esto es un error.
En cualquier momento en que desviemos nuestro camino del modo de vida que hemos descubierto, es hora de dar este Paso y permitirlo volver a encaminarnos.
No nutrir y cuidar al niño interno es un error. Esperar que otros, y no nosotros mismos, cuidan, protejan y nutran a ese niño necesitado y asustado es un error que nos puede llevar a gestos desesperados y codependientes en nuestras relaciones y nuestra vida.
Recaer en formas depravadas y martirizadas de vivir es malo. Permitir que otros nos controlen o controlen nuestra vida es malo.
¿Estamos preocupándonos de nuevo? ¿Estamos otra vez tratando de controlar lo que no podemos? ¿Estamos sustituyendo el controlar por el ejercer nuestro propio poder de cuidar de nosotros mismos en cualquier circunstancia? ¿Nos hemos vuelto a tornar temerosos y avergonzados? ¿Se han vuelto nuestras reacciones a otros basadas en el temor o la vergüenza?
¿Estamos preocupándonos demasiado acerca de otros o de lo que no podemos controlar?
¿Hemos entrado en una lucha de poder con alguien, reaccionando y tratando de ganar? ¿Estamos demasiado aferrados?
¿Estamos permitiéndonos sentir?
¿Estamos haciendo para nosotros mismos lo que nos hace sentir bien?
¿Estamos siendo honestos con otros y poniendo los límites que necesitamos? ¿Estamos en contacto con nosotros mismos? ¿Estamos siendo rectos con nosotros mismos? ¿Estamos confiando en nosotros mismos y en nuestro Poder Superior? ¿Estamos claros acerca de lo que deseamos y necesitamos?
Estas son las áreas que debemos revisar en nuestro inventario. Si descubrimos errores, los admitimos inmediatamente, a nosotros mismos. Con frecuencia, ayuda hablar con alguien más también, y compartir lo que está sucediendo. Tampoco hace daño decírselo a Dios. Exponernos, ser vulnerables, es un comportamiento que aprendimos en el Quinto Paso.
En cualquier momento de nuestra recuperación que los viejos sentimientos de impotencia y victimización regresan, nos estamos haciendo daño. Necesitamos admitirlo de inmediato, tomar la responsabilidad pornosotros mismos, y ser dueños de nuestro propio poder con las personas.
No somos víctimas: ya no, y este Paso garantiza que jamás tenemos que volver a serlo.
Muchos hemos vivido vidas llenas de implacables juicios e intentos de perfección. Hemos juzgado a nosotros mismos y a otros. Si cometíamos un error, salían nuestras defensas y negábamos nuestra parte, temerosos de no ser personas valiosas si no éramos perfectos. Usábamos nuestros errores para reforzar nuestra ira y resentimiento hacia nosotros mismos, de la misma forma en que pudimos haber hecho con otros.
Este Paso nos dice que se espera y se anticipa que cometamos errores. Mis mejores y más finas lecciones han derivado de mis comportamientos menos que perfectos.
Paulatinamente estoy aprendiendo que la perfección es permitirme a mí misma ser quien soy y estar donde estoy este día, y luego reaccionar a mí misma en una forma responsable, pero nutritiva y sin avergonzarme: la autoaceptación suministrada con una dosis grande de amor a mí misma.
He aprendido que no tenemos que temer tanto el salirnos del camino, como el no querer y aceptarnos. Sin importar el predicamento en que me encuentro, puedo salirme trabajando este Paso con una actitud de amor y cuidado hacia mí misma. Avergonzarme, no aceptar y confiar en mí misma no funciona.
Por medio de dar este Paso, generalmente encuentro que la circunstancia tiene un resultado positivo. Me beneficia. Me enseña algo. Me ayuda a aprender y a crecer.
Una de las formas en que trabajo este Paso es usándolo para afirmarme a mí misma. Por ejemplo, si temo una circunstancia específica, acepto mi miedo, y luego escribo una afirmación que se opone a ese miedo. A medida que me hago consciente de antiguas creencias a las que me aferro (creencias viejas, negativas y autodestructivas), escribo afirmaciones para contrarrestar esas creencias.
También uso este Paso como un recordatorio de que debo nutrirme con cariño.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Meditación 17 de Enero… Roles de trabajo

Qué fácil es sumergirse en los roles en el trabajo. Qué fácil es colocar a otras personas en roles. A veces, esto es necesario, apropiado y conveniente.
Pero también podemos dejar que nuestro yo brille a través de nuestro papel.
Hay alegría en dar nuestro don de habilidad en el trabajo, en entregarnos a la tarea en cuestión tan a fondo que experimentamos una relación íntima con nuestro trabajo. Hay alegría cuando creamos o cumplimos una tarea y podemos decir: «¡Bien hecho!»
También hay alegría cuando somos nuestro propio trabajo, y cuando descubrimos y apreciamos a quienes nos rodean.
La tarea más desagradable y mundana se puede atravesar cuando dejamos de pensar en nosotros mismos como un robot y nos permitimos ser una persona.
Los que nos rodean responderán con gusto cuando los tratemos como individuos y no como roles definidos por el trabajo.Esto no significa que tengamos que enredarnos inapropiadamente con los demás. Significa que, ya sea que seamos un empleador o un empleado, cuando las personas pueden ser personas que realizan tareas en lugar de personas que realizan tareas, somos personas más felices y más contentas.
«Hoy, me dejaré brillar a través de mi tarea en el trabajo. Trataré de ver a los demás y los dejaré brillar también, en lugar de mirar solo sus tareas. Dios, ayúdame a estar abierto a la belleza de mí mismo y de los demás en el trabajo. Ayúdame a mantener relaciones saludables con las personas en el trabajo».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

Reflexión del Dia: 30 de Diciembre

«SIN MIEDO HICIMOS UN MINUCIOSO INVENTARIO MORAL DE NOSOTROS MISMOS».(Cuarto Paso de CoDA).
ABRIR NUESTRO CORAZÓN AL AMOR
Había sido descuidada de niña, enseñada creencias equivocadas acerca de mí misma, desprovista de o negada mucho de lo que una niña necesita para ser mínimamente sana. Para sobrevivir, me había contando mentiras terribles. Me había creído el lavado se cerebro y fabricado excusa tras excusa para los que vivían a mi alrededor.
El dolor más fuerte no vino de estas experiencia, sino de mi reacción a estas experiencias: negación y autorrechazo. Aprendí a aceptar tan poco de la vida, porque creí que merecía tan poco.
Aprendí cuán aterrada, cuán terriblemente aterrada estaba ante la vida,ante dar libremente los pasos de la vida, ante bailar el baile de la vida y del amor.
Decía querer tener relaciones, pero en verdad no quería la intimidad. Quería que alguien me protegiera. Quería una fortaleza, un escondite. Pero aun en estos escondites de relaciones disfuncionales, no podía esconderme. Dios me seguía alumbrando, enseñándome, obligándome a enfrentar la verdad acerca de mí misma.
Aprendí que no podría poseer mi propio poder ante mi pareja, hasta que lo hiciera ante alguno de mis padres. No estaría libre para amar hasta romper con mis lazos originales y reclamar mi libertad para ser, para estar viva, y para darme a mí misma la bienvenida a este mundo.
El duelo por este proceso fue enorme. Ser obligada a pararme sola, ser dueña de mi propio poder, sentir mis sentimientos, y andar por la vida sin un escudo me producía emociones arrolladoras. Me había pasado toda la vida evitando los sentimientos, funcionando con base en energía mental, protegiéndome con mi intelecto. Ser obligada a entrar a la parte emocional de mí misma, que en esencia es el corazón, dolió tanto y se sintió tan incómodo y torpe que grité, gemí, y me quejé durante todo el proceso de más de un año.
Me retorcía con la incomodidad de sentir. Pasé por el proceso de duelo una y otra vez, quitando la negación de cierto asunto, pasando de inmediato al enojo y la ira, hasta poder aceptar la lanza momentánea de dolor y tristeza. Luego, por unos días, tenía un descanso, hasta que el proceso comenzaba de nuevo con otro aspecto negado y reprimido.Una y otra vez, hice el duelo de una pérdida tras otra, desde mi nacimiento hasta el presente.
La vida seguía ofreciéndome las experiencias que necesitaba para desatar este mirar hacia adentro. Sentí la ira que ignoraba albergar. Saqué de adentro, página tras página, un torrente de miedos y creencias negativas.
No es adecuado llamar «incomodidad» a este proceso empírico de atravesar el proceso de sanación. Comencé a creer que no había más. Pensé que lo más que podía esperar es que el proceso algún día terminaría y yo volvería a sentir como antes. Pero aún faltaba más. Una noche, en la soledad de mi propia casa, tuve una experiencia espiritual. Sucedió en mi corazón. Como una ola gigante, me inundó el entendimiento de que tenía que perdonar todo, a cada persona de mi pasado. Fue un pensamiento espiritual, como de Guía Divina. También fue un pensamiento humano, como «Es hora de hacer las compras.» Fue un acto de conciencia. De inmediato, se me iluminó la lista de aquellos a quienes debía perdonar. Pasó de mi mente a mi corazón, y un pensamiento amoroso y perdonador acompañó a cada nombre. El perdón fue un regalo. Sólo tenía que poner mi buena voluntad, y ni siquiera sé cuánto tuve que ver con eso.
Por un tiempo, había supuesto que el enojo y el reconocimiento era la totalidad del proceso. Estas ideas eran importantes, pero constituían sólo una parte de la experiencia.
A medida que cada nombre, cada persona, y un pensamiento de perdón para cada uno pasaba por mi corazón, sentí cómo se iba aligerando y aligerando mi corazón. Percibí la experiencia física de sentir cómo se disolvían la pesantez, el dolor, las varillas de acero alrededor de mi corazón. Se rompían las grandes bandas de restricción alrededor de mi pecho, y una parte mía que había estado cerrada, se abrió. Esa parte era mi corazón.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 31 de Agosto

Muchos de nosotros aprendimos estas cosas porque en nuestra niñez, alguien muy importante para nosotros fue incapaz de darnos el amor, la aprobación y la seguridad emocional que necesitábamos. De modo que hemos ido por la vida de la mejor manera posible, todavía buscando vaga o desesperadamente algo que nunca tuvimos. Algunos de nosotros todavía nos golpeamos la cabeza contra el cemento, tratando de obtener este amor de las personas que, al igual que mamá o papá, son incapaces de darnos lo que necesitamos. El ciclo se repite una y otra vez hasta que lo interrumpimos y lo detenemos. Se le llama asunto inconcluso.
Quizá se nos ha enseñado a no confiar en nosotros mismos. Esto sucede cuando tenemos un sentimiento y se nos dice que es malo o inadecuado. O cuando confrontamos una mentira o una inconsistencia y se nos acusa de estar locos. Perdemos la fe en esa parte profunda e importante de nosotros que experimenta sentimientos inapropiados, detecta la verdad y tiene confianza en su capacidad para manejar las situaciones de la vida. Muy pronto, podemos empezar a creer lo que nos han dicho de nosotros mismos: que no servimos, que estamos locos, que no se puede confiar en nosotros. Vemos a la gente a nuestro alrededor —personas a veces enfermas, con problemas, fuera de control— y pensamos, “ellos están bien. Deben estarlo. Me lo dijeron. De modo que debo ser yo. Debe haber algo fundamental que está mal en mí”. Nos abandonamos y perdemos la fe en nuestra capacidad para cuidarnos.
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Meditación 23 de Agosto … El cuidado de uno mismo

¿Cuándo nos volveremos dignos de ser amados? ¿Cuándo nos sentiremos seguros? ¿Cuándo tendremos toda la protección, los mimos y el amor que tanto merecemos?. Lo tendremos cuando empecemos a dárnoslo a nosotros mismos. (Más Allá de la Codependencia).
La idea de darnos a nosotros mismos lo que queremos y necesitamos puede causar confusión, especialmente si hemos pasado muchos años no sabiendo que está bien que nos cuidemos a nosotros mismos. Quitar nuestra energía y nuestra concentración de los demás y de sus responsabilidades y poner esa energía sobre nosotros y nuestras responsabilidades es una conducta de recuperación que se puede adquirir. La aprendemos a través de la práctica cotidiana.
Empezamos por relajarnos, respirar profundamente y dejar ir los miedos lo suficiente para sentirnos lo más en paz que podamos. Luego, nos preguntamos a nosotros mismos: ¿qué necesito hacer para cuidar de mí mismo hoy, o en este momento?
¿Qué necesito y qué quiero hacer?
¿Qué demostraría amor y autorresponsabilidad?
¿Estoy atrapado en la creencia de que los otros son responsables de hacerme feliz, de que son responsables de mí? Entonces, lo primero que debo hacer es corregir mi sistema de creencias. Yo soy responsable de mí mismo.
¿Me siento ansioso y preocupado por una responsabilidad que he estado descuidando? Entonces, tal vez necesito dejar ir mis miedos y atender esa responsabilidad.
¿Me siento abrumado, fuera de control? Quizás necesite volver al primero de los Doce Pasos.
¿He estado trabajando demasiado? Tal vez lo que necesite hacer sea darme un descanso y hacer algo divertido.
¿He estado descuidando mi trabajo o mis tareas cotidianas? Entonces, tal vez lo que necesite hacer es volver a mi rutina.
No hay una receta, una fórmula, una guía para el cuidado de uno mismo. Cada uno de nosotros tiene una guía, y esa guía está en nuestro interior. Necesitamos hacernos la pregunta: ¿Qué necesito hacer para cuidar amorosa, responsablemente de mí mismo? Luego, necesitamos escuchar la respuesta. Cuidar de uno mismo no es tan difícil. La parte más desafiante está en confiar en la respuesta, y en tener el valor de actuar conforme a ella una vez que la hemos escuchado.
«Hoy me concentraré en cuidar de mí mismo. Confiaré en mí mismo y en mi Poder Superior para guiarme en este proceso».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 21 de Agosto

Sea cual sea el problema que tenga la otra persona, la codependencia implica un sistema habitual de pensar, de sentir y de comportarnos hacia nosotros y hacia los demás que nos causa dolor. Las conductas o hábitos codependientes son autodestructivos. Con frecuencia reaccionamos a las personas que se autodestruyen; reaccionamos aprendiendo a autodestruirnos. Estos hábitos nos pueden conducir a, o mantenernos en, relaciones destructivas que no funcionan. Estas conductas pueden sabotear relaciones que en otras condiciones sí hubieran funcionado. Estas conductas pueden impedirnos encontrar la paz y la felicidad con la persona más importante en nuestra vida: uno mismo. Estas conductas pertenecen a la única persona que cada uno de nosotros puede controlar –a la única persona que podemos hacer cambiar– a uno mismo. Estos son nuestros problemas.
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Reflexión del Dia: 6 de Junio

No afirmo que los codependientes sean una especie peculiar porque necesitan y quieren amor y aprobación. La mayoría de la gente quiere estar dentro de una relación amorosa. Quieren tener a una persona especial en sus vidas. La mayoría de la gente quiere y necesita tener amigos. La mayoría de la gente quiere que las personas cercanas en sus vidas la amen y la aprueben. Estos son deseos naturales, sanos. En la mayoría de las relaciones está presente cierta cantidad de dependencia emocional, aun en las más sanas. Pero muchos hombres y mujeres no sólo quieren y necesitan a la gente: necesitamos a la gente. Podemos ser manejados, controlados por esta necesidad.
Necesitar demasiado a la gente puede causar problemas. Otras personas se convierten en la clave de nuestra felicidad. Creo que gran parte del estar centrado en los demás, con nuestras vidas en órbita alrededor de otras personas, va de la mano de la codependencia y mana de nuestra inseguridad emocional. Creo que, en gran medida, la búsqueda incesante de aprobación en la que nos embarcamos proviene también de la inseguridad. La magia está en los demás, no en nosotros, creemos, El sentirse bien está en ellos, no en nosotros. Entre menos cosas buenas encontremos en nosotros mismos, más las buscaremos en los demás,
Ellos lo tienen todo; nosotros no tenemos nada. Nuestra existencia no es importante. Hemos sido abandonados y relegados tan a menudo que también nosotros nos abandonamos.
(Melody Beattie de su Libro Ya No seas Codependiente).

Meditación 20 de Abril… Estás justo donde debes estar

Un día, cuando era nuevo en la recuperación de la dependencia química, analicé mi situación de vida, mi trabajo y mis relaciones. Nada se sintió bien. Una sensación crónica de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado estaba anulando todo lo que hice. Mi vida se sentía como una serie continua de errores.
Había escuchado hablar sobre un terapeuta brillante, uno que fue particularmente eficaz en llegar a los problemas centrales. Lo que sea que estaba sucediendo en mi núcleo, quería que se resolviera.
El problema era que este terapeuta vivía lejos en un área rural. No tenía auto. Tendría que tomar el autobús. Vio gente solo durante la semana. Trabajaba de nueve a cinco, de lunes a viernes. Y sus tarifas, aunque bien merecidas, eran altas para mi presupuesto.
Ahorré suficiente dinero para pagar una sesión. Luego hice una cita. Estaba tan emocionada.
El gran día llegó. Comencé mi serie de viajes en autobús (tuve que transferir tres veces) a las 5:00 p.m., cuando terminé el trabajo. Para las 7:30 de la tarde, llegué a la finca donde vivía y trabajaba este terapeuta. Estaba exhausto pero eufórico cuando finalmente me senté frente a este oso de peluche de un hombre que había ayudado a tantas personas a progresar en sus vidas.
En detalles elaborados, comencé a contar lo que estaba sucediendo en mi vida. Le expliqué que me estaba recuperando, tratando de hacer las cosas bien, yendo a mis grupos de apoyo, haciendo las paces con las personas que había lastimado, pero nada me parecía bien. Una sensación crónica de malestar plagó mi vida, sin importar lo que hice.
Escuchó lo que dije. Luego se reclinó en su silla.
«Melody», dijo con calma, con confianza.
«¿Sí?»
«Estás justo donde debes estar».
La sesión terminó.
Reuní mis cosas, caminé las dos cuadras hacia la parada de autobús, y monté varios autobuses de regreso a mi pequeño cubículo de un departamento en South Minneapolis. La lección se quedó conmigo de por vida. Cuando nada en nuestras vidas se siente bien, a veces la respuesta es no hacer más o buscar frenéticamente el milagro que necesitamos. El milagro viene cuando aceptamos, creemos y confiamos en que quienes somos ahora es lo que necesitamos ser.
Ahórrate el tiempo, el dinero y el viaje.
Sé tu propio gurú
«Dios, gracias por donde estoy hoy. Ayúdame a confiar en eso cuando necesite estar en otro lugar, naturalmente me moverás a ese lugar».
(Melody Beattie de su Libro Mas del lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 6 de Abril

Muchos de nosotros hemos creído que nuestras necesidades no son importantes y que no debemos mencionarlas. Algunos incluso hemos llegado a creer que nuestras necesidades son malas o están mal, de modo que hemos aprendido a reprimirlas y a empujarlas fuera de nuestra conciencia. No hemos aprendido a identificar lo que necesitamos, ni a escuchar a esa necesidad porque de todos modos no importaba: nuestras necesidades no iban a ser satisfechas. Algunos de nosotros no hemos aprendido cómo satisfacer adecuadamente nuestras necesidades.
Darnos a nosotros mismos lo que necesitamos no es difícil. Creo que podemos aprender rápido. La fórmula es sencilla: en cualquier situación dada, desapégate y pregunta: “¿qué necesito hacer para cuidar de mí mismo?”
Luego necesitamos escucharnos a nosotros mismos y a nuestro poder superior. Respetar lo que oímos. El demente negocio de castigarnos por lo que pensamos, sentimos, y deseamos, esta tontería de no escuchar a quien realmente somos y a lo que nuestro yo lucha por decirnos debe parar. ¿Cómo creen que Dios trabaja con nosotros? Como ya lo he dicho antes, no es de sorprender que pensemos que Dios nos ha abandonado; nos hemos abandonado nosotros mismos. Podemos ser gentiles y aceptarnos. No somos sólo o meramente humanos, fuimos creados con la intención de que fuéramos humanos. Y podemos ser compasivos con nosotros mismos. Después, tal vez, podamos desarrollar verdadera compasión hacia los demás. Escuchen lo que nuestro precioso yo trata de decirnos acerca de lo que necesitamos.
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
