
El cuidar como nana no ayuda, sólo provoca problemas. Cuando tomamos a la gente a nuestro cuidado y hacemos cosas que no deseamos hacer, ignoramos necesidades, deseos y sentimientos personales.
Nos hacemos a un lado a nosotros mismos. En ocasiones estamos tan ocupados cuidando a los demás que dejamos nuestra vida entera en suspenso. Muchos cuidadores se sienten inquietos y abrumados; no disfrutan ninguna de sus actividades. Los cuidadores aparentamos ser muy responsables, pero no lo somos; pues no asumimos el compromiso de nuestra responsabilidad más alta: nosotros mismos.
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Categoría: SOLTAR
Reflexión del Dia: 19 de Diciembre

Muchos de nosotros hemos creído que nuestras necesidades no son importantes y que no debemos mencionarlas. Algunos incluso hemos llegado a creer que nuestras necesidades son malas o están mal, de modo que hemos aprendido a reprimirlas y a empujarlas fuera de nuestra conciencia. No hemos aprendido a identificar lo que necesitamos, ni a escuchar a esa necesidad porque de todos modos no importaba: nuestras necesidades no iban a ser satisfechas. Algunos de nosotros no hemos aprendido cómo satisfacer adecuadamente nuestras necesidades.
Darnos a nosotros mismos lo que necesitamos no es difícil. Creo que podemos aprender rápido. La fórmula es sencilla: en cualquier situación dada, desapégate y pregunta: “¿qué necesito hacer para cuidar de mí mismo?”
Luego necesitamos escucharnos a nosotros mismos y a nuestro poder superior. Respetar lo que oímos. El demente negocio de castigarnos por lo que pensamos, sentimos, y deseamos, esta tontería de no escuchar a quien realmente somos y a lo que nuestro yo lucha por decirnos debe parar. ¿Cómo creen que Dios trabaja con nosotros? Como ya lo he dicho antes, no es de sorprender que pensemos que Dios nos ha abandonado; nos hemos abandonado nosotros mismos. Podemos ser gentiles y aceptarnos. No somos sólo o meramente humanos, fuimos creados con la intención de que fuéramos humanos. Y podemos ser compasivos con nosotros mismos. Después, tal vez, podamos desarrollar verdadera compasión hacia los demás.
Escuchen lo que nuestro precioso yo trata de decirnos acerca de lo que necesitamos.
Quizá necesitemos apurarnos y acudir a una cita. Tal vez necesitemos desacelerar y tomarnos un día de descanso. Quizá necesitemos hacer ejercicio o dormir la siesta. Podemos necesitar estar solos. Podemos querer estar rodeados de gente. Quizá necesitemos conseguir un empleo. Tal vez necesitemos trabajar menos. Quizá necesitemos un abrazo, un beso o un masaje en la espalda.
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Meditación 18 de Diciembre… Permanezcamos abiertos a nuestros sentimientos

Muchos de nosotros nos hemos vuelto tan buenos para seguir la regla “no sientas” , que tratamos de convencernos a nosotros mismos de no tener sentimientos, incluso en la recuperación.
“Si realmente estuviera trabajando un buen programa, no me sentiría enojado.”
“Yo no me enojo. Soy cristiano. Yo perdono y olvido”
“No estoy enojado. Estoy afirmando que estoy feliz.”
Todas estas son aseveraciones, algunas de ellas muy hábiles, que nos indican que estamos operando otra vez bajo la regla “no sientas” . Parte de trabajar un buen programa significa reconocer nuestros sentimientos y lidiar con ellos. Nos esforzamos por aceptar y lidiar con nuestra ira para que ésta no se endurezca y se convierta en resentimiento. No usamos la recuperación como pretexto para cerrar nuestras emociones.
Si, estamos esforzándonos por el perdón, pero queremos seguir sintiendo, escuchando y quedándonos con nuestros sentimientos hasta que llegue el momento de librarlos adecuadamente. Nuestro Poder Superior creó nuestra parte emocional. Dios no nos está diciendo que no sintamos; son nuestros sistemas disfuncionales.
«Hoy me rehusaré a aceptar la vergüenza por parte de los demás o de mí mismo por el hecho de sentir mis sentimientos».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Meditación 3 de Diciembre… Desarrollemos una sana tolerancia

Muchos de nosotros somos diestros en negar y en menospreciar aquello que nos duele. Podemos soportar una situación en particular, diciéndonos a nosotros mismos rápidamente que no es tan mala; que no deberíamos ser tan exigentes; de que cambiara cualquier día de estos; que deberíamos de ser capaces de vivir con ella; que no nos fastidia; que la otra persona no tenia esa intención; que no nos duele; que quizá simplemente seamos nosotros.
Podemos pelear y discutir con nosotros mismos acerca de la realidad y de la validez de nuestro dolor, de nuestro derecho a sentirlo y a hacer algo acerca de el.
A menudo toleraremos demasiado, o tanto que nos pondremos furiosos y nos rehusaremos a tolerar nada más.
Podemos aprender a desarrollar una sana tolerancia.
Lo hacemos fijando límites sanos y confiando en que nos adueñamos de nuestro poder con la gente. Podemos disminuir nuestro dolor y sufrimiento validándonos y prestándonos atención a nosotros mismos. Podemos trabajar por acortar el tiempo entre que identificamos la necesidad de fijar un límite y emprender una acción clara, definida.
No estamos locos. Algunas conductas de veras nos agobian. Algunas conductas son verdaderamente inadecuadas, enojosas, hirientes o abusivas.
No tenemos por qué sentirnos culpables por cuidar de nosotros mismos una vez que hemos identificado un límite que se debe fijar. Veamos la experiencia como un experimento de adueñarnos de nuestro poder para establecer límites nuevos, sanos, para nosotros mismos.
No tenemos por qué sentirnos culpables, o disculparnos, o dar explicaciones luego de haber fijado un límite. Podemos aprender a aceptar lo embarazoso e incómodo que es fijar límites con la gente. Podemos establecer nuestros derechos a establecer estos límites. Podemos darle espacio a la otra persona para explorar sus sentimientos; podemos darnos espacio a nosotros mismos para tener nuestros sentimientos, mientras batallamos para adueñarnos de nuestro poder y creamos relaciones buenas, que funcionen.
Una vez que podamos confiar en nuestra capacidad para cuidar de nosotros mismos, desarrollaremos una sana y razonable tolerancia hacia los demás.
«Dios mío, ayúdame a empezar a esforzarme por tener límites sanos y por desarrollar una sana tolerancia hacia mí mismo y hacia los demás».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Meditación 1 de Noviembre: Gastar de mas y gastar de menos

Solía matar a mi marido con mi tarjeta de crédito. Me hizo sentir que tenía algo de control, una forma de desquitarme con él. (Anónimo).
Pasé diez años comprando todo para mí en ventas de garaje. Ni siquiera me compré un par de zapatos nuevos. Todo el tiempo que me estaba privando a mí mismo, mi marido estaba apostando, especulando sobre negocios arriesgados y haciendo lo que quisiera con dinero. Aprendí que cuando tomé la decisión de que merecía tener las cosas que quería, y tomé la decisión de comprar algo que quería, había suficiente dinero para hacerlo. No se trataba de ser frugal; se trataba de privarme y ser un mártir. (Anónimo).
La compra compulsiva o el gasto excesivo pueden darnos una sensación temporal de poder o satisfacción, pero al igual que otras conductas fuera de control, tiene consecuencias negativas predecibles.
El bajo gasto también puede hacernos sentir víctimas.
Hay una diferencia entre el gasto responsable y la privación martirizada. Hay una diferencia entre tratarnos bien económicamente y gastar de más. Podemos aprender a discernir esa diferencia. Podemos desarrollar hábitos de gasto responsables que reflejen una alta autoestima y amor por nosotros mismos.
«Hoy, lucharé por mantener el equilibrio en mis hábitos de gasto. Si gasto demasiado, me detendré y me ocuparé de lo que sucede dentro de mí. Si estoy subutilizando o privándome a mí mismo, me preguntaré a mí mismo si eso es necesario y lo que quiero».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós- Meditaciones para Codependientes).

Reflexión del Dia: 4 de Septiembre

Los problemas que causa el apego son muchos. (En este capítulo me concentraré en la preocupación y en la obsesión. En los siguientes cubriré las otras formas de apego.) Sobreinvolucarnos de alguna manera puede mantenernos en un estado de caos; puede mantener a la gente que nos rodea en ese estado. Si concentramos toda nuestra energía en la gente y en los problemas, nos queda poco para dedicar el acto de vivir nuestra propia vida. Y ya hay bastante preocupación y responsabilidad en el ambiente. Si la tomamos toda nosotros, no queda nada para la gente que nos rodea. Esto nos hace trabajar en exceso a nosotros y quitarles bastante trabajo de encima a los demás. Y aún más, preocuparnos por la gente y por los problemas no funciona. No resuelve los problemas, no ayuda a los demás y no nos ayuda a nosotros mismos. Es energía desperdiciada.
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Reflexión del Dia: 1 de Febrero

Necesitamos rehusarnos a entrar en una relación antagónica al interior de nosotros. Dejar de culpamos y de ser víctimas, y dar los pasos necesarios para apartar a la víctima. Suprime los sentimientos de culpa. La culpa y la vergüenza no sirven a ningún propósito a largo plazo. Sólo son útiles para indicar momentáneamente cuándo podemos haber violado nuestros propios códigos morales. La culpa y la vergüenza no son útiles como un modo de vida. Suprime los “debería de”. Volvámonos conscientes de cuándo nos estamos castigando y torturando y hagamos un esfuerzo concertado para decirnos mensajes positivos a nosotros mismos. Si debíamos de estar haciendo algo, hagámoslo. Si nos estamos autotorturando, dejemos de hacerlo. Se hace cada vez más fácil. Podemos reírnos de nosotros mismos, decirnos que no nos veremos entrampados, darnos un abrazo a nosotros mismos, y luego vivir como elijamos hacerlo. Si tenernos sentimientos de culpa verdaderos, manejémoslos. Dios nos perdonará. Él sabe que hicimos las cosas lo mejor que pudimos, aunque las hayamos hecho de lo peor. No tenernos que castigarnos sintiéndonos culpables para probarle a Dios o a nadie más cuánto nos importa.49 Necesitamos perdonarnos, hagamos los pasos cuarto y quinto (ver el capítulo de Haz el Programa de Doce Pasos); habla con un sacerdote; habla con Dios; enmiéndate; y luego da el asunto por terminado.
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Reflexión del Dia: 28 de Enero

Podemos aprender a depender de nosotros mismos. Tal vez otra gente no haya estado allí cuando la hemos necesitado, pero nosotros podemos estar allí cuando nos necesitamos a nosotros mismos.
Dejemos de abandonarnos a nosotros mismos, nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestros sentimientos, nuestras vidas, y todo lo que nos conforma. Haz el compromiso de siempre estar allí cuando te necesites tú mismo. Podemos confiar en nosotros mismos. Podemos manejar y contender con los eventos, los problemas y los sentimientos que la vida nos depara. Podemos confiar en nuestros sentimientos y en nuestros juicios. Podemos resolver nuestros problemas. Podemos, también, aprender a vivir con nuestros problemas no resueltos. Debemos confiar en la persona de la que estamos empezando a depender: uno mismo.
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Reflexión del Dia: 22 de Enero

No tenemos que reaccionar. Tenemos opciones. Esta es la alegría de la recuperación de la codependencia. Y cada vez que ejercitamos nuestro derecho para elegir cómo queremos actuar, pensar, sentir y comportarnos, nos sentimos mejores y más fuertes.
“Pero”, podrán ustedes protestar, “¿por qué no debo reaccionar? ¿Por qué no debo replicar? ¿Por qué no debo irritarme? Él o ella se merecen cargar con el peso de mi torbellino”. Podría ser, pero tú no debes hacerlo. Estamos hablando aquí de tu falta de paz, de serenidad, de tus momentos desperdiciados. Como solía decir Ralph Edwards, “Esta es tu vida”. ¿Cómo quieres usarla? No te estás desapegando por ella o por él. Te estás desapegando por ti mismo. Las probabilidades indican el beneficio de todos.
Somos como cantores de un gran coro. Si el que está junto a nosotros desentona, ¿debemos hacerlo nosotros también? ¿No le ayudaría más a él, y a nosotros, tratar de seguir entonado? Podemos aprender a cumplir con nuestra parte.
No necesitamos eliminar todas nuestras reacciones hacia la gente y hacia los problemas. Las reacciones pueden ser útiles. Pueden ayudarnos a identificar lo que nos gusta y lo que nos hace sentirnos bien. Nos ayudan a identificar los problemas dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Pero la mayoría de nosotros reaccionamos demasiado. Y gran parte de las cosas a las que reaccionamos son tonterías. No son tan importantes, y no ameritan el tiempo ni la atención que les damos. Algunas de nuestras reacciones son respuestas a las reacciones que los demás tienen frente a nosotros. (Estoy furiosa porque él se puso furioso; él se puso furioso porque yo estaba enojada; yo estaba enojada porque pensé que él estaba enojado conmigo; pero no estaba enojado sino herido porque…).
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Reflexión del Dia: 21 de Enero

Cuando un codependiente dice “creo que me estoy apegando a ti”. ¡Cuidado! Probablemente así es. La mayoría de los codependientes están apegados a la gente y a los problemas en sus entornos. Por “apego” no quiero decir el sentimiento normal de que la gente le caiga a uno bien, le interesen sus problemas o se sienta en conexión con el mundo. Apegarse es involucrarse en exceso, a veces de una manera desesperadamente intrincada.
(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
