Recuperación… ¿Como funciona los Doce Pasos?

Dorothy May en su Libro Codependencia. La dependencia controladora/La dependencia sumisa, plantea su contenido en base a interrogantes derivadas de las inquietudes de los Codependientes.

Interrogante: ¿Explica como funciona el programa en doce pasos en el proceso de recuperación?

Respuesta: Los programas en doce pasos incluyen todos los elementos necesarios para recuperarse de la codependencia. El programa es esencialmente un programa espiritual por medio del cual nos volvemos conscientes del modo en que nuestro esfuerzo por solucionar nuestros problemas de una forma desadaptativa ha generado a su vez nuevos problemas. Aprendemos a confiar en Dios, tal y como nosotros lo entendamos, y en nuestro grupo de doce pasos, como nunca, fuimos capaces de hacerlo con nuestros propios padres. El valor terapéutico del programa, en si mismo es enorme. Si se lleva conjuntamente con una psicoterapia individual, el valor se incrementa.

La gente se recupera básicamente de tres formas con los programas de doce pasos:

1. Mediante la educación y la información compartidas.
2. Mediante el reconocimiento personal y la expresión personal de sentimientos.
3. Mediante la transformación espiritual.

Por el hecho de acudir a nuestra primera reunión, ya estamos empezando a:

1. Dejar de negar, dejar de culpar a los demás y asumir la responsabilidad de nuestra propia conducta.
2. Satisfacer la necesidad de un testigo humano para nuestra verdad y nuestro dolor.
3. Nuestra historia se vuelve real a medida que la contamos.
4. A medida que nuestra historia se vuelve real, comenzamos a enfrentarnos a nuestro pasado.
5. A otras personas les puede impresionar o pueden tener alguna reacción hacia nuestra historia de codependencia, de manera que podemos conectar nuestra propia experiencia con la de otras personas. Revelamos nuestros secretos.
6. Normalizamos nuestra propia experiencia escuchando las historias de otras personas.
7. Cuando la gente nos escucha, concediéndonos importancia al margen de lo que digamos, ello nos da crédito y confianza, a nosotros mismos y a nuestra historia. Esta vez nadie nos dice que nos sentemos y que nos callemos, que los adultos son mas importantes que los niños y que ahora no tienen tiempo para nosotros. Hay tiempo.
8. Somos aceptados exactamente tal como nos presentamos a nosotros mismos y exactamente por lo que somos en ese momento.
9. Cuando aceptamos y empezamos a «basarnos en» los pasos propiamente dichos, estos nos proporcionan una guía extraordinariamente firme para trabajar sobre nosotros mismos, para la autoaceptacion y para la autoconfianza.
10.A medida que reflexionamos sobre esta nueva serie de principios y de directrices, puede que sea la primera vez en toda nuestra vida que podamos elegir como hemos de vivir.
11.Otra costumbre saludable es la tradición de rotar al líder de las reuniones. No existe ninguna autoridad, solo iguales. Cada vez que hablamos delante de los demás, nos oímos a nosotros mismos. Reaccionamos emocionalmente al material y recibimos apoyo de las reacciones de otras personas del grupo.
12.Estamos siendo escuchados, ademas de tomados en consideración. Nos estamos defendiendo a nosotros mismos en nuestra propia situación vital.

Todas las reuniones empiezan y acaban siempre de la misma forma y el formato es siempre el mismo. Esto suministra un contacto predecible a los miembros del grupo. El programa ofrece un lenguaje común para todos, a diferencia del sistema familiar conflictivo. Al compartir un mismo lenguaje, las personas se vinculan unas con otras. Hay siempre una contribución, espontanea por parte de los miembros, al margen de la presencia o no de algún observador externo. Esto proporciona validación y confirmación a los miembros del grupo. Podemos contrastar la realidad externa con otras personas dentro de un contexto amable, pero realista.

Uno de los principios fundamentales del programa es que yo, personalmente, soy responsable de mis propios actos. Las posibles causas de mi enfermedad no importan en la realidad de hoy día. Al margen de todo ello, la gente se siente segura en estas reuniones, debido a las normas de confidencialidad y de anonimato.

Finalmente, al ceder poder externo a Dios y a nuestro grupo ganamos poder interno para efectuar cambios en nuestras propia vidas. Esta continua siendo una de las paradojas del programa.

Recuperación… ¿Programa en Doce Pasos?.

Dorothy May en su Libro Codependencia. La dependencia controladora/La dependencia sumisa, plantea su contenido en base a interrogantes derivadas de las inquietudes de los Codependientes.

Interrogante: ¿Que es un programa en doce pasos?

Respuesta: Los programas en doce pasos son esencialmente de naturaleza espiritual. Desde que Alcohólicos Anónimos (Al Anom) empezaron hace unos cincuenta años, se han formado otros muchos grupos. A medida que mas y mas gente se fue dando cuenta de que existe en nuestra sociedad, de hecho, todo un proceso adictivo en funcionamiento, empezaron a buscar ayuda mediante una formula que ya había demostrado ser viable. Existen literalmente cientos de programas basados en los «doce pasos» de Alcohólicos Anónimos. La recuperación puede centrarse en un punto o en otro, según el tipo de compulsiones o adicciones implicadas. ¡Pero todos funcionan!
Una forma de empezar consiste en asumir el compromiso de asistir al menos a unas seis reuniones de Adultos Hijos de Familias Conflictivas o Adultos Hijos de Alcohólicos. Codependientes Anónimos también puede servir. Prueba distintos programas hasta encontrar uno en que te sientas cómodo.
En el supuesto de que no seas un drogadicto ni un adicto a la comida y de que, aunque no sepas que es lo que te pasa, estas seguro de que necesitas algo mas de lo que tu vida te ha dado hasta ahora, simplemente ve allí y escucha.
Los doce pasos incluyen todos los principios básicos inherentes a un estilo de vida sano y viable. El principal elemento curativo dentro de estos grupos es el conocimiento y la aceptación internos de que por ti solo eres incapaz de recuperarte totalmente. La ayuda que necesitas procede de Dios, tal como tu lo entiendas. Es emocional psicológica y espiritualmente sano aprender a depender de un poder mas grande que el nuestro para que nos ayude a curarnos.
También es saludable y curativo que seas capaz, una vez avanzado el programa, de devolver al grupo lo que este te ha dado. Esta función esta incluida en el programa a través de las tutorias. Un buen grupo de doce pasos en el que encajes puede ser una estupenda nueva familia de elección. Pero un grupo de doca pasos no es un tratamiento en si mismo, no es un curso de psicoterapia, es un grupo de autoayuda diseñado para ayudarte a ayudarte a ti mismo.

Piensa en…
¿Con que grupo de doce pasos empezaras?
¿Por que?

Recuperación… ¿Como lo logro?

Dorothy May en su Libro Codependencia. La dependencia controladora/La dependencia sumisa, plantea su contenido en base a interrogantes derivadas de las inquietudes de los Codependientes.

Interrogante: Hablas de Codependencia y Recuperación.¿Como puedo recuperarme?¿Cuales son los pasos?.

Respuesta: Hay distinta formas de recuperarse. Un primer paso seria incorporarse a un programa en doce pasos. Dado que la Codependencia es un sistema basado en mentiras y tapaderas, un paso importante consiste en dejar de negar y decir la verdad. ¡Alivia tanto decir la verdad!

Nuestro sistema de negacion es muy fuerte y muy resistente. Nos ha protegido muy bien, durante años, del dolor asociado al descubrimiento. «Por el descubrimiento hacia la recuperación», es un frase que oirás varias veces. Recuperación significa «descubrir tu propia alma, original, incontaminada, la cual te pertenece por derecho, por tu derecho a nacer». La persona que tu eras antes de establecerse la Codependencia esta esperando. Puedes devolver tu alma al lugar que le es propio dentro de ti.

Recuerda lo que a veces se dice: » Lo que no nos destruye, nos hace mas fuertes». Utiliza esa fortaleza como base.

Piensa en… Di la verdad sobre tu codependencia

Segundo Paso Terapia (CoDA)

SEGUNDO PASO. “LLEGAMOS AL CONVENCIMIENTO DE QUE SOLO UN PODER SUPERIOR A NOSOTROS MISMOS PODRÍA DEVOLVERNOS AL SANO JUICIO”.

Como CoDependientes activos ignorábamos nuestra conexión con un poder superior, en lugar de eso, nos conectábamos inapropiadamente con OTROS; perdimos dos importantes conexiones en nuestra vida: con nosotros mismos y con un poder superior a nosotros mismos; nos enfrentábamos a una bancarrota espiritual y a la ausencia de cualquier esperanza de cambio.

En el primer paso aprendimos que nuestros recursos solos no son suficientes para la recuperación. Se nos ofreció una alternativa, la que habíamos estado inconscientemente buscando, una relación con un Poder Superior y la seguridad de que no estamos solos. A pesar de que el llegar a creer pudo haber sido gradual, en un principio lo único que debimos conseguir fue la voluntad de venir a las reuniones de CoDA y mantener la mente abierta .

El segundo paso nos dice que existe una esperanza; poco a poco, un día a la vez. Llegamos al convencimiento de que podemos contar con la promesa de un amoroso Poder Superior SE NOS OFRECE UN NUEVO SENDERO DE VIDA, uno en el que no necesitamos estar solos. LLEGAMOS AL CONVENCIMIENTO. En un principio llegamos a creer asistiendo a juntas y escuchando. Oimos a otros como describen su relación con un Poder Superior; notamos que aquellos que mantienen una conexión regular con ese Poder Superior, experimentan lo que nosotros buscamos RECUPERACIÓN.

Decidimos que un día a la vez podíamos actuar COMO SI tuviéramos un Poder Superior independientemente de si actualmente, creemos o no, en ese Poder; ya que somos miembros de un programa de doce pasos nos ha llevado a cada uno de nosotros a descubrir la forma de ese Poder, para algunos ese Poder era AMOR INCONDICIONAL, para otros INTELIGENCIA DIVINA, nuestro PODER SUPERIOR pude ser la naturaleza, una imagen del océano, río o árbol, algunos de nosotros escogen el grupo de CoDependientes Anónimos, para otros este poder puede ser el pensamiento del espacio ilimitado, o simplemente las palabras PODER SUPERIOR.

Lo importante es que en el principio de nuestra estancia en CoDA, tengamos la voluntad de agasajar la posibilidad de que existe ALGO que puede hacer por nosotros lo que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos. Estuvimos en libertad de usar cualquiera de estas ideas, pudimos tomar la idea de otro (por un tiempo), para ver como funcionaba con nosotros; lo que descubrimos fue la importancia de nuestra voluntad para formar esta relación.

DEVOLVERNOS EL SANO JUICIO. Para algunos de nosotros las palabras “devolvernos el sano juicio” estimulaban nuestra resistencia , lo veíamos como un insulto, pensábamos “podré tener algunos problemas, pero no estoy LOCO” con la ayuda de los demás en el programa comenzamos a ver más claramente nuestro comportamiento, y descubrimos una gran verdad en el segundo paso: QUE EL SEGUIR ACTUANDO DE UNA MANERA AUTODESTRUCTIVA (no importando lo bien intencionado que creyéramos que éramos) era una locura; y que una vez que este comportamiento se volvió compulsivo, cualquier idea que abrigáramos de poder controlar nosotros solos, era igualmente una locura.

Así mismo, hubo algunos de nosotros que nos aferramos: ¿Qué no se nos enseñó que es nuestro deber ayudar a los demás?, ¿Somos guardianes de nuestros hermanos o no? Y ¿Qué tiene de malo querer complacer a los que amamos (nuestros padres, nuestra pareja, nuestros hijos o amigos)? ¿Qué la vida no se trata de eso?

Con la ayuda de amigos del programa examinamos esas viejas creencias y nos comenzamos a preguntar qué precio habíamos pagado por ello. Acaso nuestra inestabilidad y falta de equilibrio en nuestras relaciones ¿habían afectado en nuestra vida familiar, nuestra carrera y nuestro crecimiento espiritual? ¿Acaso habíamos relegado al final de nuestra lista el cumplimiento de nuestras necesidades y deseos y la felicidad?

Ser honestos con nosotros mismos fue en ocasiones doloroso, pero la recompensa fue grandiosa. Conforme llegamos al convencimiento y abrazamos la simple y profunda verdad, aparece este paso, la semilla de humildad que produjeron nuestra aceptación e impotencia en el primer paso se ve nutrida gracias a nuestra buena voluntad de tener un verdadero Poder Superior; experimentamos una sensación de libertad y esperanza.
En este punto emerge nuestra FE. En este momento puedo creer que nunca estoy solo, puedo experimentar la sensación de libertad que me ofrece tener un Poder Superior. Puedo recordarme que el creer es también una acción, y si deseo practicarlo un momento a la vez, desarrollaré mi FE .

ACTIVIDAD SUGERIDA:

1.- Conseguir un cuaderno que servira como «Diario Personal», donde anotara sus pensamientos y conclusiones. Trate de identificar; ¿ Que es, para Ud., el Poder Superior?.

2.- Quedarse solo por un largo tiempo, en silencio (hasta 3 horas, si es posible), para hacer contacto con ese Poder Superior y orar o meditar. ¿Donde esta ese Poder Superior, donde esta Dios para usted? El esta donde usted se encuentra. Pídale su ayuda. El esta con los brazos abiertos:

3.- Lectura bíblica sugerida: Salmo 121 (Dios no le faltara).

Levanto mis ojos a los montes;
¿de dónde vendrá mi socorro?
Mi socorro viene del Señor,
que hizo los cielos y la tierra.
No permitirá que resbale tu pie,
ni se dormirá el que te guarda.
He aquí, el que guarda a Israel
no se adormecerá ni dormirá.
El Señor es tu guardián,
el Señor es tu sombra a tu diestra.
El sol no te hará daño de día,
ni la luna de noche.
El Señor te guardará de todo mal;
él guardará tu vida.
El Señor guardará tu salida y tu entrada,
desde ahora y para siempre.

El Diario Personal .

Sencillamente, es una relación que se establece con su Poder Superior, mediante un papel, eso es importante porque profundiza el sentir interior. Si desea expresarle algo a Dios, o aclarar algo para si mismo, escriba sus reflexiones en el cuaderno. Cualquier manera es correcta: dibujos, quejas, oraciones, poesía. Nadie debe revisarlo. Es solo para usted. Despues de un tiempo ese cuaderno servirá para revisar, entender mejor y aprovechar lo que esta pasando en su vida.

(Tomado de Codependientes Anónimos (CoDA) y Co-dependencia ¿Es posible recuperarse? de M. Joan Gerards).

Afirmaciones Positivas


«Por una vez voy a respetar mis propios limites y los de los demás».

«Por una vez voy a ser vulnerable con alguien en quien confío».

«Por una vez voy a aceptar un cumplido y a conservarlo en mi corazón mas allá de un mero instante fugaz. Respirare hondo y dejare que el cumplido me haga bien».

«Por una vez voy a actuar de una forma que admiraria si viniese de otra persona».

«Soy un hijo de Dios».

«Soy una persona valiosa».

«Soy una persona que merece la pena».

«Soy hermoso por dentro y por fuera».

«Me quiero a mi mismo incondicionalmente».

«Me puedo permitir disfrutar de bastante tiempo libre sin sentirme culpable».

«Merezco ser amado por mi mismo y por los demás».

«Soy querido porque merezco que me quieran».

«Me merezco amor, paz, prosperidad y serenidad».

«Me perdono por herirme a mi mismo y a los demás».

«Me perdono por aceptar tener relaciones sexuales cuando lo quería era amor».

«Estoy dispuesto a aceptar que me quieran».

«No estoy solo. Soy uno con Dios y el Universo».

«Soy integro y bueno».

«Soy capaz de cambiar».

«El dolor que podría sentir por el hecho de recordar no puede ser peor que el que siento por el hecho de saber y no querer recordar».

(Codependientes Anónimos, 1988, inserto en el Libro Codependencia: Codependencia Controladora/Codependencia Sumisa de Dorothy May).

Beneficios del desapego

Las recompensas que el desapego nos brinda son muchas: serenidad, una profunda sensación de paz interior, la capacidad de dar y recibir amor de una manera que nos enaltece y nos llena de energía, y la libertad para encontrar soluciones reales a nuestros problemas.

Encontramos la libertad para vivir nuestra propia vida sin sentimientos excesivos de culpa o responsabilidad hacia los demás. En ocasiones el desapego llega a motivar y a liberar a la gente que se encuentra a nuestro alrededor para empezar a solucionar sus problemas.

Dejamos de mortificarnos por ellos y lo perciben, de modo que finalmente comienzan a preocuparse por ellos mismos. Cada quien atiende sus propios asuntos.

El desapego es una acción y un arte. Es un modo de vida. ¿Cómo nos desapegamos? ¿Cómo separamos nuestras emociones, nuestra mente, espíritu y cuerpo de la agonía del involucramiento? . ¡Lo mejor que podemos!. Y, probablemente, un poco torpemente al principio. Un antiguo dicho de AA y de Al-Anón sugiere una fórmula de tres partes llamada honestamente, abiertamente y con voluntad de intentarlo. Si nos desapegamos, estamos en una mejor posición para trabajar sobre (o a través) de nuestras resentidas emociones.

“Si estamos apegados, probablemente no hagamos nada más que estar siempre irritados.”

(Tomado del Libro Ya no seas codependiente de Melody Beattie).

Codependencia y Diversión.


La diversión no se lleva con la Codependencia. Es difícil divertirnos cuando nos odiamos a nosotros
mismos. Es difícil disfrutar de la vida cuando no hay dinero para la comida porque el alcohólico se lo ha bebido todo. Es casi imposible divertirnos cuando estamos enfrascados con emociones reprimidas, mortalmente
preocupados por alguien, saturados de sentimientos de culpa y de desconfianza, controlándonos con rigidez
nosotros mismos o a alguien más, o preocupados por lo que los demás están pensando de nosotros. Sin embargo, la mayoría de la gente no está pensando en nosotros; está preocupada por sí misma y por lo que nosotros pensamos de ella.

Como codependientes, necesitamos aprender a jugar y a disfrutar. Disponernos para divertirnos y permitirnos hacerlo es una parte importante de cuidar de nosotros mismos. Nos ayuda a mantenernos sanos. Nos ayuda a trabajar mejor. Equilibra nuestra vida. Merecemos divertirnos. La diversión es una parte normal de estar vivos. Divertirnos es tomarnos tiempo para celebrar que estamos vivos.

Podemos planear la diversión dentro de nuestra rutina. Podemos aprender a reconocer cuándo necesitamos jugar y qué tipo de cosas disfrutamos hacer. Si no podemos hacer esto, sí podemos tener como meta inmediata aprender a divertirnos. Empezar a hacer cosas sólo para nosotros mismos, tan sólo porque queremos hacerlas. Al principio podemos sentirnos incómodos, pero al poco rato nos sentiremos mejor. Se habrá vuelto divertido.

Podemos permitirnos disfrutar de la vida. Si queremos algo y podemos pagarlo, comprémoslo. Si queremos hacer algo que es legal e inofensivo, hagámoslo. Cuando estemos involucrados haciendo algo que es recreativo, no encontremos maneras para sentirnos mal. Disfrutemos de la vida. Podemos descubrir cosas que disfrutarnos al hacer, y luego dejarnos disfrutarlas.

Podemos aprender a relajarnos y a disfrutar de las cosas que hacemos a diario, y no sólo de las actividades recreativas. El martirio puede interferir con nuestra capacidad para sentirnos bien bastante después de que el alcohólico ha dejado de ayudarnos a sentirnos desdichados. El sufrimiento puede volverse habitual, pero también el disfrutar de la vida y ser buenos con nosotros mismos.  ¡¡¡ Probémoslo !!!

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Límites/Fronteras.

Los codependientes, como se ha dicho, tienen problemas de fronteras. Estoy de acuerdo. La mayoría de nosotros no tenemos fronteras. Las fronteras son límites que dicen: “Hasta aquí de lejos puedo llegar. Esto es lo que haré o no haré por ti. Esto es lo que no toleraré de ti”.

La mayoría de nosotros empezamos las relaciones con fronteras. Teníamos ciertas expectativas,
albergábamos ciertas ideas sobre lo que toleraríamos o no toleraríamos de esas personas. El alcoholismo y
otros trastornos compulsivos se ríen en la cara de los límites. Las enfermedades no sólo empujan nuestras
fronteras, sino que se las brincan rudamente. Cada vez que la enfermedad empuja nuestros limites o se los
brinca nosotros cedemos. Corremos hacia atrás nuestras fronteras, le damos a la enfermedad más espacio para funcionar. A medida que la enfermedad prospera nosotros cedemos más, hasta que nos encontramos tolerando cosas que jurábamos que nunca toleraríamos y haciendo cosas que habíamos dicho que nunca haríamos. Más tarde, este proceso de “incremento en la tolerancia” de conductas inapropiadas puede revertirse. Nos podemos volver totalmente intolerantes incluso de las conductas más humanas. Al principio, disculpamos la conducta impropia de una persona; hacia el final, no hay disculpa alguna. No sólo muchos de nosotros empezamos a tolerar conductas anormales, insanas e impropias, sino que damos un paso más allá: nos convencemos de la normalidad de estas conductas y de que nos las merecemos.

Podemos acostumbrarnos tanto al abuso verbal y a un trato irrespetuoso que ni siquiera reconocemos cuándo
están sucediendo estas cosas. Pero muy profundamente en nuestro interior, una parte importante de nosotros
lo sabe. Nuestros yo’s lo saben y nos lo dirán si los escuchamos. En ocasiones vivir con problemas sutiles,
tales como un alcohólico que no bebe, que no está en ningún programa de recuperación, puede ser más duro para nuestros yo’s que los problemas más ruidosos. Tenemos la sensación de que algo está mal. Empezamos a sentirnos como locos, pero no podemos entender por qué, pues no podemos identificar el problema.

Los codependientes necesitan de fronteras. Necesitamos establecer límites acerca de lo que haremos
a la gente y por la gente. Necesitamos establecer límites acerca de lo que le permitiremos a la gente que haga
por nosotros y a nosotros. La gente con la cual nos relacionamos necesita saber que tenemos límites. Los
ayudará a ellos y a nosotros. No sugiero que nos volvamos tiranos. También me opongo a la inflexibilidad
absoluta, pero podemos comprender nuestros límites. A medida que vayamos creciendo y cambiando, es
posible que también queramos cambiar nuestros límites. He aquí algunos problemas de límites que son
comunes en los codependientes en recuperación:

.. No permitiré a nadie que abuse de mí física o verbal mente.
.. No creeré en mentiras ni las apoyaré a sabiendas.
.. No permitiré en mi casa el consumo de productos químicos.
.. No permitiré en mi casa la conducta criminal.
.. No rescataré a la gente de las consecuencias de su abuso del alcohol ni de ninguna conducta
irresponsable.
.. No financiaré el alcoholismo de otra persona ni ninguna otra conducta irresponsable.
.. No mentiré para protegerte a ti ni para protegerme a mí de tu alcoholismo.
.. No usaré mi casa como un centro de desintoxicación para alcohólicos en recuperación.
.. Si tú quieres actuar como loco, es tu problema, pero no puedes hacerlo enfrente de mí. O te
marchas o yo me voy.
.. Puedes echar a perder tus diversiones, tu día, tu vida, —eso es asunto tuyo— pero no dejaré que
eches a perder mi diversión, mi día o mi vida.

Fijemos límites, pero estemos seguros que estos sean nuestros límites. Las cosas de las que estamos hartos,
las que no soportamos, y acerca de las cuales amenazamos, pueden darnos la pista acerca de algunos de los límites que necesitamos establecer. También pueden darnos la pista sobre cambios que necesitamos hacer dentro de nosotros mismos. Digamos lo que queremos, y queramos decir lo que decimos. Quizá la gente se enoje con nosotros porque hemos fijado nuestros límites; ya no nos seguirá usando. Puede tratar de ayudarnos a hacernos sentir culpables para que movamos nuestros límites y regresemos al antiguo sistema de dejar que nos usen o abusen de nosotros. No te sientas culpable y no te eches para atrás. Podemos ceñirnos a nuestros límites y hacerlos respetar. Seamos consistentes. Probablemente se nos pruebe más de una vez en cada límite que establezcamos. La gente hace eso para ver si va en serio, especialmente si no hemos querido decir lo que hemos dicho en el pasado. Como codependientes, hemos hecho muchas amenazas vanas. Hemos perdido nuestra credibilidad, y luego nos preguntamos por qué la gente no nos toma en serio.

Digámosle a la gente cuáles son nuestros límites, una sola vez, calmadamente, en paz. Vigilemos nuestro nivel de tolerancia, de manera que el péndulo no se cargue demasiado lejos hacia ninguno de los dos extremos. Algunos codependientes, particularmente los que nos encontramos en las etapas finales de una relación con un alcohólico, podemos descubrir que nos es difícil fijar y hacer respetar nuestros límites con los niños, lo mismo que con los adultos con problemas en nuestras vidas.

Para fijar nuestros límites necesitamos tomarnos tiempo y pensar; hacerlos respetar requiere de energía y consistencia. Pero los límites valen la pena todo el tiempo, la energía y el pensar que se requieran para fijarlos y hacerlos respetar. A fin de cuentas, nos brindarán más tiempo y energía.

¿Qué son nuestros límites? ¿Qué fronteras necesitamos establecer? ¡¡¡ Respondamos estas interrogantes !!!

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente)

No te dejes arrastrar por cualquier viento

426990_315745265188438_318561829_n

Es fácil hacerlo. (Lema del Programa de Doce Pasos).

Yo soy una reaccionaria. Ese pensamiento me hacía mella profundamente en la conciencia un día que estaba sentada en mi oficina. Había escuchado a la gente hablar sobre lo que es reaccionar, pero hasta ese momento no había entendido qué tanto había reaccionado yo. Había reaccionado a los sentimientos, conductas, problemas y pensamientos de otras personas. Había reaccionado a mis propios sentimientos, mis propios pensamientos, mis propios problemas. Mi punto fuerte parecía ser el de reaccionar a las crisis, pensaba que casi todo era una crisis. Reaccionaba en exceso. Dentro de mí se cocinaba un pánico oculto (que rayaba en la histeria) la mayor parte del tiempo. A veces reaccionaba escasamente. Si el problema que enfrentaba era significativo, a menudo usaba el arma de la negación. Reaccionaba a casi todo lo que entraba en mi conciencia y en mi medio ambiente. Mi vida entera había sido una reacción a las vidas, deseos, problemas, fracasos, éxitos y personalidades de otras personas. Hasta mi baja autoestima, en la cual hurgaba como en una bolsa de pestilente basura, había sido una reacción. Era como una marioneta con las cuerdas colgando, invitando y permitiendo que las jalara cualquier persona o cosa.

La mayoría de los codependientes son reaccionarios. Reaccionamos con ira, culpa, vergüenza, odio a nosotros mismos, preocupación, sentimientos heridos, gestos controladores, acciones solícitas, depresión, desesperación y furia. Reaccionamos con miedo y ansiedad. Algunos de nosotros reaccionamos tanto que nos resulta doloroso estar cerca de la gente, y torturante encontrarnos dentro de un grupo grande de personas. Es normal reaccionar y responder a nuestro medio ambiente. Reaccionar es parte de la vida. Es parte de interactuar, es parte de ser humano y de estar vivo. Pero nos permitimos irritamos tanto y distraernos tanto. Pequeñeces, cosas mayores —lo que sea— tienen el poder de descarrilarnos. Y nuestra respuesta después de que reaccionamos a menudo no es la que más nos conviene.
Podemos haber empezado a reaccionar y a responder urgente y compulsivamente con patrones que nos lastiman. El solo hecho de sentir urgencia y compulsión es suficiente para herirnos. Nos mantenemos en un estado de crisis, fluyendo la adrenalina y tensos los músculos, listos para reaccionar ante emergencias que generalmente no son tales.
Alguien hace algo, de modo que nosotros debemos hacer algo a la vez. Alguien se siente de determinada manera de modo que nosotros debemos sentirnos de otra determinada manera. BRINCAMOS DENTRO DEL PRIMER SENTIMIENTO QUE NOS ATRAVIESA Y LUEGO NOS EMPANTANAMOS EN ÉL. Pensamos en el primer pensamiento que cruza por nuestra cabeza y luego elucubramos sobre él. Decimos lo primero que nos viene a la lengua y a veces nos arrepentimos. Hacemos lo primero que nos viene a la mente, generalmente sin pensarlo. Ese es el problema: reaccionamos sin pensar, sin haber pensado honestamente lo que necesitamos hacer y cómo queremos manejar la situación.
Nuestras emociones y conductas controladas —disparadas— por cualquier persona o cosa en nuestro entorno. Indirectamente estamos permitiendo que los demás nos digan qué hacer. Eso significa que hemos perdido el control. Estamos siendo controlados.Cuando reaccionamos abdicamos a nuestro poder personal, dado por Dios, para pensar, sentir y actuar de acuerdo con nuestro mejor interés. Permitimos que otros determinen cuándo nos sentiremos felices; cuándo nos sentiremos en paz; cuándo nos sentiremos irritados; y qué es lo que diremos, haremos, pensaremos y sentiremos. Abdicamos a nuestro derecho de sentirnos en paz al capricho de nuestro medio. Somos como una pizca de papel a merced de la tormenta, dejándonos arrastrar por cualquier viento.

Reaccionar casi nunca funciona. Reaccionamos demasiado aprisa, con demasiada intensidad y urgencia. Rara vez podemos hacer lo más adecuado cuando nos encontramos en ese estado mental, Resulta irónico que no se nos requiera para hacer las cosas en este estado mental. Poco hay en nuestras vidas que no podamos hacer mejor si permanecemos apacibles. Pocas situaciones —no importa qué tanto parezcan demandarlo— pueden mejorarse si perdemos los estribos. Entonces, ¿por qué lo hacemos?

Reaccionamos porque estamos ansiosos y temerosos de lo que está sucediendo, de lo que podría suceder y de lo que ha sucedido. Muchos reaccionamos como si todo fuera una crisis porque hemos vivido tantas crisis durante tanto tiempo que la reacción a la crisis se ha convertido en un hábito.

Reaccionamos porque pensamos que no deberían estar sucediendo las cosas como suceden.
Reaccionamos porque no nos sentimos bien con nosotros mismos.
Reaccionamos porque la mayoría de la gente reacciona.
Reaccionamos porque pensamos que tenemos que reaccionar.

No tenemos que hacerlo.
No debemos tener tanto miedo de la gente. Son gente como nosotros.
No tenemos que abdicar a nuestra paz. No sirve de nada.
Disponemos de los mismos recursos y hechos cuando estamos en paz que de los que disponemos cuando estamos en un estado frenético y caótico. De hecho disponemos de más recursos porque nuestras mentes y emociones están libres de actuar a su mayor potencial.
No debemos abdicar a nuestro poder para pensar y sentir por cuenta de los demás. Tampoco eso se requiere de nosotros.
No tenemos que tomar las cosas tan a pecho (a nosotros mismos, a los eventos y a las otras personas). Sacamos las cosas fuera de toda proporción —nuestros sentimientos, pensamientos, acciones y errores—. Hacemos lo mismo con los sentimientos, pensamientos y acciones de otras personas. Nos decimos a nosotros mismos que las cosas son temibles, terribles, una tragedia y el fin del mundo. Muchas cosas pueden ser tristes, muy malas o desagradables, pero lo único que es el fin del mundo es el fin del mundo. Los sentimientos son importantes, pero son sólo sentimientos. Los pensamientos son importantes, pero son tan sólo pensamientos y todos pensamos en muchas cosas diferentes, y nuestros pensamientos están sujetos a cambio. Lo que hacemos y decimos es importante, lo que otros dicen y hacen es importante, pero el mundo no pende de ninguna frase o acción en particular. Y si es particularmente importante decir o hacer algo, no nos preocupemos: sucederá. Aligérate. Date a ti mismo y a los demás espacio para moverse, para hablar, para ser lo que somos: humanos. Dale oportunidad a la vida para que las cosas se den solas. Date a ti mismo oportunidad para disfrutarlo.
No debemos tomar la conducta de otras personas como el reflejo de nuestra autoestima.
No tenemos que sentirnos avergonzados si alguien a quien amamos se comporta en forma impropia. Cada persona es responsable de su propia conducta. Si otro se comporta de manera inadecuada, deja que él o ella se avergüencen de sí mismos. Si tú no has hecho nada que te haga avergonzarte, no te sientas avergonzado. Sé que esta es una tarea difícil, pero puedes lograrlo.
No tenemos que tomar el rechazo como reflejo de nuestra autoestima. Si alguien importante para ti (o aun alguien que no lo sea) te rechaza a ti o a lo que has elegido, tú sigues siendo real, sigues teniendo el mismo valor que si no hubieras sido rechazado. Asume cualquier sentimiento que pueda acompañar al rechazo; habla acerca de tus pensamientos no des en prenda tu autoestima sólo porque otro rechazó o desaprobó lo que tú eres o lo que has hecho. Aun si la persona más importante para ti te rechaza, tú sigues siendo real, y sigues estando bien. Si has hecho algo impropio o necesitas solucionar un problema o cambiar una conducta, sigue los pasos adecuados para ocuparte de ti mismo. Pero no te rechaces, y no le des tanto poder al rechazo de los demás. No es necesario.
No tenemos que tomar las cosas de manera tan personal. Tomarnos a pecho cosas que no valen la pena de tomarse tan a pecho. Por ejemplo, decirle a un alcohólico: “si me amaras no beberías», tiene tanto sentido como decirle a alguien que tiene pulmonía: ‘‘si me amaras no toserías». Las víctimas de la pulmonía toserán hasta que tengan tratamiento adecuado para su enfermedad. Los alcohólicos beberán hasta que consigan lo mismo.

Cuando la gente que tiene un trastorno compulsivo hace cualquier cosa que se sienta obligada a hacer, no quieren decir que no te aman, lo que están diciendo es que no se aman a sí mismas.
Tampoco tenemos que tomarnos de una manera personal las pequeñeces. Si alguien ha tenido un mal día o está enojado, no asumas por ello que tiene algo que ver contigo. Puede tener algo que ver contigo o no. Si así es, lo descubrirás. Generalmente las cosas tienen mucho menos que ver con nosotros de lo que pensarnos.
Una interrupción, el mal humor de otro, una lengua aguda, un mal día pensamientos negativos, problemas o el alcoholismo activo no tienen por qué manejar o arruinar nuestro día, ni siquiera una hora de nuestro día. Si la gente no quiere estar con nosotros o actuar de una manera saludable, esto no es reflejo de nuestra autoestima. Refleja, en cambio sus propias circunstancias actuales.

Al practicar el desapego podemos disminuir nuestras reacciones destructivas hacia el mundo que nos rodea. Sepárate de las cosas. Déjalas estar, y deja que la gente sea como es. ¿Quién eres tú para decir que la interrupción, el estado de ánimo, las palabras, el mal día, el pensamiento o el problema no son una parte importante y necesaria de la vida? ¿Quién eres tú para decir si este problema no será en último término benéfico para ti o para alguien más?¡No tenemos que reaccionar!. Tenemos opciones. Esta es la alegría de la recuperación de la Codependencia. Y cada vez que ejercitamos nuestro derecho para elegir cómo queremos actuar, pensar, sentir y comportarnos, nos sentimos mejores y más fuertes

“Pero”, podrán ustedes protestar, “¿por qué no debo reaccionar? ¿Por qué no debo replicar? ¿Por qué no debo irritarme? Él o ella se merecen cargar con el peso de mi torbellino”. Podría ser, pero tú no debes hacerlo. Estamos hablando aquí de tu falta de paz, de serenidad, de tus momentos desperdiciados. Como solía decir Ralph Edwards, “Esta es tu vida”. ¿Cómo quieres usarla? No te estás desapegando por ella o por él. Te estás desapegando por ti mismo. Las probabilidades indican el beneficio de todos. Somos como cantores de un gran coro. Si el que está junto a nosotros desentona, ¿debemos hacerlo nosotros también? ¿No le ayudaría más a él, y a nosotros, tratar de seguir entonado? Podemos aprender a cumplir con nuestra parte.

No necesitamos eliminar todas nuestras reacciones hacia la gente y hacia los problemas. Las reacciones pueden ser útiles. Pueden ayudarnos a identificar lo que nos gusta y lo que nos hace sentirnos bien. Nos ayudan a identificar los problemas dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Pero la mayoría de nosotros reaccionamos demasiado. Y gran parte de las cosas a las que reaccionamos son tonterías. No son tan importantes, y no ameritan el tiempo ni la atención que les damos. Algunas de nuestras reacciones son respuestas a las reacciones que los demás tienen frente a nosotros. (Estoy furiosa porque él se puso furioso; él se puso furioso porque yo estaba enojada; yo estaba enojada porque pensé que él estaba enojado conmigo; pero no estaba enojado sino herido porque…) Nuestras reacciones pueden ser el eslabón de una cadena de reacciones tal que a menudo los involucrados están irritados y nadie sabe por qué. Simplemente están irritados. Luego, todos están fuera de control y a la vez son controlados. A veces la gente se comporta de cierta manera para provocar que nosotros reaccionemos de otra. Si dejamos de reaccionar de esta cierta manera, la privamos de lo divertido que esto le resulta. Quedamos fuera de su control y le quitamos el poder que tiene sobre nosotros.
A veces nuestras reacciones provocan que los demás reaccionen de cierto modo. (Pero no necesitamos seguir haciéndolo, ¿o sí?) A veces el reaccionar estrecha nuestra visión en tal forma que nos quedamos varados reaccionando a los síntomas o a los problemas. Podemos estar tan ocupados reaccionando que no tenemos tiempo ni energía para identificar el problema real, y mucho menos para descubrir cómo solucionarlo. Podemos pasar años reaccionando ante cada incidente provocado por la bebida y la crisis resultante, ¡fallando completamente en reconocer que el verdadero problema es el alcoholismo!

Aprende a dejar de reaccionar de maneras que no son necesarias y que no funcionan. Elimina las reacciones que te
lastiman.

Siguen algunas sugerencias para ayudarte a desapegarte de la gente y de tus reacciones negativas hacia ella. Estas son sólo sugerencias. No existe una fórmula específica para lograr el desapego. Necesitas encontrar tu propia manera, una que te funcione a ti.

– Aprende a reconocer cuando estás reaccionando, cuándo estás permitiendo que alguien o algo tire de tus cuerdas. Generalmente cuando empiezas a sentirte ansioso, temeroso, indignado, rechazado, avergonzado, preocupado, confundido o a padecer autoconmiseración, hay algo en tu medio ambiente que te ha hecho nudos. (No afirmo que esté mal experimentar estos sentimientos. Probablemente cualquiera se sentiría así. La diferencia estriba en que estamos aprendiendo a decidir por cuánto tiempo deseamos seguir sintiéndonos así, y qué queremos hacer al respecto.) Emplear las palabras “ella, o él o eso me hicieron sentir” a menudo indica que estamos reaccionando. Perder nuestra sensación de paz y serenidad probablemente es el indicador más poderoso de que estamos atrapados en algún tipo de reacción.

– Ponte cómodo. Cuando reconoces que estás en medio de una reacción caótica, di o haz lo menos posible hasta que puedas restaurar tu nivel de serenidad y de paz. Haz cualquier cosa que necesites hacer (que no sea destructivo para ti ni para nadie más) que ayude a relajarte. Inhala profundamente unas cuantas veces. Sal a caminar. Limpia la cocina. Siéntate en el baño. Ve a casa de un amigo. Acude a una junta de Al-Anón. Lee un libro de meditación. Vete a la playa. Mira un programa de televisión. Encuentra una manera de separarte emocional, mental (y si es necesario) físicamente de aquello a lo que estás reaccionando. Busca una forma de librarte de la ansiedad. No tomes un trago ni manejes por la calle a 100 kilómetros por hora. Haz algo que no sea arriesgado y que te ayude a restaurar tu equilibrio.

– Analiza lo que ha sucedido. Si se trata de un incidente menor, serás capaz de sobreponerte tú solo. Si el problema es serio, o si te perturba seriamente, tal vez quieras discutirlo con un buen amigo que te ayude a aclarar tus pensamientos y emociones. Las dificultades y los sentimientos crecen cuando tratamos de apresarlos en nuestro interior. Habla acerca de tus sentimientos. Asume la responsabilidad de ellos. Siente verdaderamente lo que estés sintiendo. Nadie te hizo sentir así. Alguien pudo haberte ayudado a que te sintieras de determinada manera, pero el sentimiento lo sentiste tú. Manéjalo. Luego, esclarece tú mismo la verdad sobre lo que sucedió. ¿Estabas alguien tratando de molestarte? (Si hay duda al interpretar algo como un insulto o rechazo, prefiero creer que eso no tuvo nada que ver conmigo. Me ahorra tiempo y me ayuda a sentirme bien conmigo misma.) ¿Estabas tratando de controlar a alguien o algún evento? ¿Qué tan serio es el problema o el asunto? ¿Estás tomando la responsabilidad de otro? ¿Estás enojado porque alguien no adivinó lo que en realidad querías o lo que en verdad querías decir? ¿Estás tomando la conducta de otro de un modo demasiado personal? ¿Alguien oprimió tus botones de culpa o de inseguridad? ¿Es en verdad el fin del mundo, o es meramente algo triste y decepcionante?

– Descubre qué necesitas hacer para cuidar de ti mismo. Toma tus decisiones basándote en la realidad y tómalas en un estado de ánimo apacible. ¿Necesitas pedir disculpas? ¿Quieres olvidarte del asunto? ¿Necesitas hablar con alguien de corazón a corazón? ¿Necesitas tomar otra decisión para cuidar de ti mismo? Cuando tomes tu decisión ten en mente cuáles son tus responsabilidades. No tienes la responsabilidad de que los otros “vean la luz” y no necesitas “enderezarlos”. Tienes la responsabilidad de ayudarte a ti mismo a ver la luz y de enderezarte. Si no te sientes en paz con alguna decisión, olvídala. No es tiempo para tomarla todavía. Espera hasta que tu mente esté consistente y tus emociones estén tranquilas.

Cálmate. No necesitas sentirte tan asustado. No necesitas sentirte tan frenético. Mantén las cosas en perspectiva.
¡Hazte la vida más fácil!

(Melody Beattie de su Libro Ya no seas Codependiente).

1115-1680x1050

Apego afectivo

Los que sufren de adicción afectiva y apego disminuyen sus defensas al mínimo y dejan entrar a cualquiera.

La posesión afectiva, en cualquiera de sus formas y bajo cualquier excusa, es deshumanizante.

Sin autonomía no hay amor, solo adicción complaciente.

La conducta de apego, pese a su indudable importancia para la supervivencia, no parece ser el mejor exponente de un amor desinteresado.

Cuando el estilo de sumisión es llevado a la vida afectiva, las consecuencias no suelen ser prosperas. Al principio, la subordinación produce placer en el receptor, pero con el tiempo la persona sumisa produce fastidio y rechazo.

La adicción afectiva es el peor de los vicios.

La dependencia es la pero enemiga del amor.

(Walter Riso)