Reflexión del Día: ¡Pasado es pasado!

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Un hábito bastante común de la mente es el de divagar hacia eventos y situaciones del pasado. Algo que incluso puede parecernos normal y que no merece mayor atención. Sin embargo, una reflexión más minuciosa acerca de esta tendencia tan natural, nos alerta sobre sus implicaciones y efectos.
Una cosa es dirigirnos al pasado de manera consciente, para recordar hechos y para extraer información y aprendizaje. En ese sentido es algo no sólo útil sino necesario en muchas ocasiones. Algo muy diferente es volar con la imaginación, de modo involuntario, a escenas y situaciones del pasado y volver a revivirlas, evocando los sentimientos, sensaciones y emociones que se produjeron. A veces incluso, jugando con la imaginación, tratar de cambiar y modificar esas escenas.
Tanto si fueron escenas agradables como desagradables, en ambos casos, volver con nuestra mente al pasado nos impide vivir con plenitud el presente. Esta inhabilidad de permanecer en el aquí y el ahora no nos deja contribuir al presente de la mejor manera posible ya que no estamos plenamente alertas ni conscientes de lo que está sucediendo.
Cuando hablamos del presente, por un lado implica el momento actual y por otro, la misma palabra lo expresa, es el regalo más valioso, es la oportunidad de aprender y crecer, pero sólo si sabemos vivirlo con plena consciencia.
Una práctica útil para centrarnos en el presente es la de poner un punto final: una y otra vez, a lo largo del día, tenemos que hacer una parada de un minuto y sumergir todos los pensamientos en la experiencia de estar centrados en el interior y presentes. Para ello nos puede ayudar el traer a nuestra mente algún pensamiento elevado y positivo como “soy un ser espiritual, un ser de luz y paz” y experimentar así la conexión con nuestra esencia de silencio y serenidad. Cuanto más practiquemos este sencillo ejercicio, más debilitaremos el patrón de viajar con la mente al pasado y más disponibles estaremos para vivir y crear un presente lleno de significado y propósito.
Al vivir en el pasado no le damos la posibilidad a nuestro ser interior de aprender, de experimentar sensaciones nuevas. Nos perdemos el hoy y cerramos las puertas a todo lo nuevo.
Una persona que vive pensando en su pasado minimiza el presente y va perdiendo poco a poco sus ganas de vivir. Detengamos los recuerdos, naveguemos por ellos de tanto en tanto pero cuando sintamos que nuestro barco se detiene demasiado tiempo allí abandonemos el viaje y volvamos a la orilla del presente, del hoy, de este momento.
Mirar hacia atrás es retroceder, todo lo que sucedió ya forma parte del pasado.

Lo que importa ahora es el presente.¡Avancemos sin temor!

(Graciela De Filippis). Fuente: http://www.ventanasalalma.com.ar/).
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Oración por la Serenidad

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¿Cuáles son las palabras?

Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar;
Valor para cambiar las cosas que puedo; y sabiduría para conocer la diferencia.
Viviendo un día a la vez;
Disfrutando un momento a la vez;
Aceptando dificultades como el camino a la paz;
Aceptando, como hizo Él, este mundo pecador tal como es, no como yo lo tendría;
Confiando que Él hará bien todas las cosas si yo me rindo a Su Voluntad;
Que yo sea razonablemente feliz en esta vida y sumamente feliz con Él para siempre en la próxima.
Amen

¿Qué significa?
Esta hermosa Oración fue escrita por un hombre llamado Reinhold Niebuhr en 1943. Las palabras tienen un significado especial para aquellos que están “buscando paz” en tiempos de agitación, desesperación o incertidumbre en sus vidas. Esta oración ha sido asociada con los Programas de Doce Pasos, ofreciendo fortaleza y calma mientras se persigue una vida más estable.
Primero, al decir estas palabras, estamos reconociendo la existencia de Dios y que Él es verdaderamente el único que puede traernos paz interior a pesar de las circunstancias caóticas. Su presencia maravillosa en nuestras vidas nos trae la serenidad que no podemos encontrar en ningún otro lugar. Hay un verso en la Biblia que dice que la paz de Dios sobrepasa todo entendimiento humano: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:7). Hasta que permitamos que la “paz de Dios” entre a nuestra mente, nuestro corazón, y nuestra alma, nunca experimentaremos aquella paz suprema que desafía las circunstancias más severas de la vida.
Está Oración continúa hablando de aceptación, valor y sabiduría. Todo conlleva a pedirle y permitirle a Dios que nos dé estas cosas. En otras palabras, es rendirse a Él. La segunda parte nos recuerda que nuestra confianza debe estar en Dios para arreglar las cosas, reconociendo que generalmente no tenemos un control real sobre los sufrimientos en este mundo pecaminoso o las acciones de otros.

¡Confía en Él y vive un día a la vez, disfrutando de cada momento!


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Reflexión del Día: Libertad de Ser

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La Autodependencia
Esto es la autodependencia: Saber que yo necesito de los otros, que no soy autosuficiente, pero que puedo llevar esta necesidad conmigo hasta encontrar lo que quiero, esa relación, esa contención, ese amor.
Autodepender significa establecer que no soy omnipotente, que me sé vulnerable y que estoy a cargo de mí. Yo soy el director de esta orquesta, aunque no pueda tocar todos los instrumentos. Que no pueda tocar todos los instrumentos no quiere decir que ceda la batuta. Yo soy el protagonista de mi propia vida. Pero atención: No soy el único actor, porque si lo fuera, mi película sería demasiado aburrida. Así que soy el protagonista, soy el director de la trama, soy aquel de quien dependen en última instancia todas mis cosas, pero no soy autosuficiente. No puedo estructurarme una vida independiente porque no soy autosuficiente. La propuesta es que yo me responsabilice, que me haga cargo de mí, que yo termine adueñándome para siempre de mi vida.
Autodependencia significa dejar de colgarme del cuello de los otros. Puedo necesitar de tu ayuda en algún momento, pero mientras sea yo quien tenga la llave,esté la puerta cerrada o abierta, nunca estoy encerrado. Me sé dependiente, pero a cargo de esta dependencia estoy yo. Autodependencia es, para mí, sinónimo de salud mental.
Autodependencia significa contestarse las tres preguntas existenciales básicas: Quién soy, adónde voy y con quién. Pero contestarlas en ese orden. Al respecto, yo suelo decir que contestarse estas preguntas determina la diferencia entre un ser humano, un individuo o una persona. Porque éstos son tres conceptos diferentes. Ser una persona es más todavía. Para llegar a ser una persona es necesario asistir y padecer un proceso. El proceso de convertirse en persona, como lo llamaba Carl Rogers, es doloroso; implica ciertas renuncias, ciertas adquisiciones y también mucho trabajo personal.
Para autodepender, voy a tener que pensarme a mí como el centro de todas las cosas que me pasan. Es tu responsabilidad. No podemos seguir echandole la culpa al otro. No podemos seguir creyéndonos esta cosa que ya ni siquiera es una pauta educativa. Entonces, lo que digo con la palabra autodependencia es:

Puedo pedirte ayuda, pero dependo de mi mismo.
Dependo de mis partes mas adultas para que se hagan cargo del niño que sigo siendo.
Dependo de mis partes mas crecidas para que se hagan cargo de mis aspectos mas inmaduros.
Dependo de ocuparme de mi.
Dependo de poder ocuparme de ser capaz de depender del adulto que soy sin miedo a que me vaya a abandonar

Lo que pasa con la gente que sufre es que ha sido abandonada de si misma. Ha padecido el abandono de sus partes adultas; sus niños han quedado a la deriva, sin nadie que los contenga. Y han tenido que ir a buscar por ahí, a cualquier lado, ayuda, y mas que ayuda, dependencia. Este es un proceso absolutamente reversible. Siempre, siempre.
Tengo que poder darme cuenta que hay un adulto en mi que tiene que hacerse cargo de ese niño en mi. Despues de poder depender de mi, después de saber que me tengo que hacer cargo de mis aspectos dependientes, recién entonces buscar al otro.
Para poder ayudarte, pedirte, ofrecerte, para poder darte lo que tengo para darte y poder recibir lo que Tu tengas para darme, primero voy a tener que conquistar este lugar, el lugar de la autodependencia.
Y ya que dependo de mi, voy a tener que concederme a mi mismo algunos permisos si quiero ser una persona. Y digo concederme a mi mismo y digo que te concedas a tu mismo y digo que cada uno haga lo propio; porque no hablamos del señor que cometió un error y esta preso, de la pobre mujer descerebrada que esta en una cama del hospital ni del hombre que agoniza victima de una enfermedad terminal… Hablamos, en verdad, de nosotros. De los permisos que Virginia Satir llamaba  -inherentes a ser persona-.
Cualquiera que no ostente alguno de estos cinco permisos no es una persona. Y uno se pregunta, ¿qué es, si no es una persona?… Será, con toda seguridad, un ser humano, tal vez también un individuo, pero, una persona NO. Porque, como dije anteriormente, ser persona es mucho más.

1. Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.
2. Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.
3. Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que así me conviene.
4. Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.
5. Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me dé el permiso para obtenerlo.

Estos cinco permisos esenciales condicionan nuestro ser persona. Y ser persona es el único camino para volverse autodependiente. Porque estos permisos me permiten finalmente ser auténticamente quien soy.
El primero dice que si yo soy una persona tengo que concederme a mí mismo la libertad de ser quien soy.
¿Qué quiere decir esto? Dejar de exigirme ser el que los demás quieren que sea: el que quiere mi jefe, el que quiere mi esposa, el que quieren mis amigos o el que quieren mis hijos. Ser persona es darme a mí mismo la libertad de ser el que soy. Es probable que a muchos no les guste que sea el que soy; es probable que cuando otros descubran que soy el que soy —y que además me doy la libertad de serlo— se enojen conmigo.
Todos podemos llegar a ser personas, pero si no empezamos por este permiso, no hay posibilidades; nos quedaremos siendo individuos parecidos a muchos otros individuos que se sienten a sí mismos diferentes, pero que obedecen y pertenecen al club de aquellos que no se dan el derecho de ser quienes son; que intentan parecerse a los demás.
(Pilar Casas del Libro De la Dependencia Emocional a la Libertad de Ser).

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Reflexión del Dia: ¡Recupero mi Poder!

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Me perdono y me libero.

Una fuerte dependencia de cualquier cosa exterior a mi es adicción.
Podemos ser adictos a las drogas, a los fármacos, al alcohol, al sexo, al tabaco; también puede tener adicción a culpar o juzgar a los demás, adicción a la enfermedad, a las deudas, a ser victima, a ser rechazado. No obstante, puede superar estas adicciones. Ser adicto es ceder mi poder a una substancia o a un habito.
Siempre puedo recuperar mi poder. ¡Este es el momento en que recupero mi poder!
Elijo adquirir el habito de saber que la vida esta aquí, para mi. Estoy dispuesta a perdonarme y seguir adelante. Tengo un espíritu eterno que siempre ha estado conmigo, y que esta presente en este momento. Me relajo, me libero, me acuerdo de respirar y voy dejando marchar los viejos hábitos mientras practico los nuevos.
(Louise L. Hay del Libro Meditaciones para sanar tu vida).

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¡El Amor te libera del Apego!

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¡El amor es lo único que te libera del apego!

Cuando amas todo, no sientes apego por nada. De hecho, hay que entender el fenómeno mismo del apego. ¿Por qué te aferras a algo? Porque temes perderlo. Quizás alguien te lo robe. Temes que quizás mañana no puedas disponer de lo que hoy dispones. ¿Quién sabe lo que ocurrirá mañana? Puede ocurrir cualquier cosa con la mujer o el hombre al que amas: podéis acercaros, podéis alejaros. Podéis volver a ser unos extraños o podéis uniros tanto que incluso decir que sois dos sería incorrecto; por supuesto que hay dos cuerpos, pero el corazón es uno solo, y la canción del corazón es una sola, y el éxtasis os rodea a ambos como una nube. Desaparecéis en ese éxtasis: tú no eres tú, yo no soy yo. El amor se vuelve tan total, el amor es tan grande y abrumador, que no puedes seguir siendo tú; tienes que abandonarte a ti mismo y desaparecer.
En esa desaparición, ¿quién va a estar apegado y a quién? Todo es. Cuando el amor florece completamente, todo simplemente es. No surge el miedo al mañana y, por tanto, no hay lugar para el apego, la dependencia, el matrimonio o cualquier clase de contrato, de atadura.
¡El amor es lo único que te libera del apego!, porque cuando amas no puedes siquiera pensar en otra cosa. Cuando amas todo no estás apegado a nada. Cada momento llega con nuevo esplendor, nueva gloria, nuevas canciones; cada momento te proporciona nuevos bailes que bailar Puede que cambie la pareja, pero el amor permanece.
El apego es el deseo de que nunca cambie la pareja. Por eso te comprometiste ante el juez, ante la sociedad, meras formalidades absurdas. Pero si te opones a esas formalidades, perderás respeto y honor ante las personas entre las que tienes que vivir.
¡El amor no conoce el apego!, porque el amor desconoce la posibilidad de perder la dignidad. El amor es el honor mismo, la respetabilidad misma; no puedes hacer nada en su contra. No estoy diciendo que no puedan cambiar las parejas; eso no importa: si cambian las parejas pero permanece el amor, fluyendo como un río, entonces el mundo tendrá mucho más amor del que hay hoy en día. Hoy en día es como un grifo: gota a gota. No es capaz de saciar la sed de nadie.
El amor necesita ser oceánico, no un goteo, un goteo del grifo de una fuente pública.
El amor es universal. Una vez que florece tu comprensión del amor, no hay lugar para el apego.Puedes seguir cambiando de pareja, pero eso no significa que estés abandonando a nadie.Puede que vuelvas otra vez con la misma pareja; no hay lugar para los prejuicios.
El hombre debería verse a sí mismo como un niño que juega en la playa a recoger conchas, piedras de colores, y disfrutando muchísimo, como si hubiera encontrado un gran tesoro. Si una persona puede disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, podrá vivir en libertad y dejará a los demás vivir en libertad; el mundo se podrá convertir en una nueva clase de mundo.

Entonces tendrá el don de la belleza, de la delicadeza; será muy luminoso y cada corazón arderá. Y una vez que conoces el fuego, las llamas siguen aumentando. Las llamas del amor crecen como crecen los árboles; las llamas del amor dan flores y frutos, como hacen los árboles.

(Osho de su Libro Amor-Libertad-Soledad).
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¡Liberarse es posible!

A la persona desbocada, obsesionada por un placer, por ejemplo, en realidad no es el placer lo que lo motiva, sino la curiosidad de lo que no ha experimentado. La expectativa de lograr algo que todavía no ha probado. Olvida que el ser humano “no puede tenerlo todo”. Lo único infinito es su deseo, porque fue creado para el Infinito divino. Las cosas, los cuerpos, los proyectos, no tienen esa dimensión infinita, y por eso nunca son suficientes.
Solo la curiosidad sostiene las obsesiones, porque en el fondo la curiosidad es preguntarse: “¿Y si eso que yo no tengo pudiera darme la paz y la plenitud que no consigo”?. Entonces luchará hasta que consiga saberlo. Y volverá a defraudarse. Es necesario convencerse de ese engaño, verlo con claridad, reconocerlo de frente y tomar la decisión de liberarse de esa mentira.
Cada vez que en nuestro interior se hace presente una sensación de insatisfacción o de tristeza, tendremos que preguntarnos cuál es la obsesión interior – inventada por nosotros mismos – que está causando esta insatisfacción y nos está engañando.
El primer remedio a las insatisfacciones es “tomar consciencia clara” de lo que estoy sintiendo. Por ejemplo: vanidad porque me rechazaron, tristeza por lo que quiero lograr y no puedo, rencor porque me han despreciado, humillación porque perdí un afecto que me negaron, frustración porque no logré lo que tanto deseaba. Entonces me pregunto: ¿Vale la pena este sentimiento? ¿Es valioso y saludable que yo lo alimente? ¿No será mejor para mí fomentar otro sentimiento que me brinde paz, alegría y libertad?. De esta manera uno suelta la obsesión por su imagen, se libera de su orgullo lastimado, suelta su vanidad tonta e inútil, o su afecto insatisfecho y se entrega con creatividad y entusiasmo a mejorar el mundo para los demás.
En realidad esta toma de consciencia es el ejercicio más importante para aprender a soltar y liberarse de los apegos y las obsesiones por poseer y dominar. Se trata de detenerse a contemplar estos procesos mentales de los apegos, y de los sufrimientos que proceden de esos apegos. No para lamentarse, para juzgarse o despreciarse a sí mismo, solo para descubrir que hay en nuestro interior y quitarle fuerzas:
Sí las sensaciones son contempladas como burbujas que se inflan y se desinflan, su conexión con la avidez o la aversión, será más y más debilitada, hasta que finalmente se quiebre esa atadura. Mediante esta práctica el apego a gustos y disgustos será reducida y, mediante esta práctica, un espacio interior será conquistado para conseguir el crecimiento de virtudes y emociones más refinadas para: el amor benevolente y la compasión, para el contento, la paciencia y la resistencia.

(Víctor Manuel Fernández de su Libro Para Liberarte de los Apegos y Obsesiones).

Liberarte es…

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Liberarte no es dejar de amarte, sino amarte lo suficiente como para dejar de depender de ti.
No es dejar de preocuparme por ti, sino preocuparme lo suficiente como para dejar de controlarte.
Dejarte ir no es apartarme de ti, sino acudir a Cristo y confiar en que él te controlará a ti.

La liberación no es hacerte daño, sino darme cuenta de que “mi ayuda” te ha dañado.
La liberación no es lastimarte, sino estar dispuesto a sufrir para sanar.
La liberación no es juzgarte, sino dejar que el Juez divino me juzgue a mí.
La liberación no es restringirte, sino restringir mis exigencias sobre ti.
La liberación no es rechazarte, sino rechazar la idea de ocultarte la realidad.
La liberación no es cerrarme a ti, sino podar lo indeseable de nuestra relación.
La liberación no es para probar el poder que tengo sobre ti, sino aceptar mi falta de capacidad para cambiarte.
La liberación no es dejar de creer en ti, sino creer que sólo Dios puede edificar el carácter de Cristo en ti.
Dejarte libre no significa que condeno el pasado, sino que amo el presente y entrego el futuro a Dios.

(June Hunt de su Libro Codependency).
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Reflexión del Día : El Amor de mi vida

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Nos enseñan desde pequeñitos que el amor llegará un día montado en un corcel, que es un príncipe, generalmente azul, lleno de hermosas cualidades y que cuando se presente no conocerás la tristeza porque de ahí en adelante todo será felicidad… ¿Mentira? Depende. Creo que todo es verdad, excepto en que quizá buscamos a ese príncipe en el lugar equivocado.
Deambulamos por la vida sintiéndonos infelices e incompletos. Esperamos que venga otro ser a completarnos y a darnos la tan ansiada felicidad y cuando creemos haberlo encontrado por fin, a poco andar nos sentimos decepcionados porque en realidad no era lo que anhelábamos. Seguimos buscando y a muchos se les va la vida en esa búsqueda y jamás encuentran ese gran amor. Y los que al fin lo encontramos, nos recriminamos por no haber sido capaces de verlo si estaba ahí… justo en la punta de nuestra nariz y no fuimos capaces de olerlo ni verlo.
El gran amor de nuestras vidas viene de nosotros hacia nosotros mismos y no es narcisismo sino la realidad de nuestra existencia terrenal.

Amarse va mucho más allá que mimar al cuerpo sino que es mimar al alma.
Amarse es la aceptación total.
Amarse es amar tus ojos, tu pelo, tu sonrisa, tu infancia, tu presencia y ausencia de cualidades, tus experiencias pasadas, tus aciertos, tus errores.
Amarse significa, primero conocerse, luego aceptarse en todo lo que somos, sin negar nuestras miserias y comprendiendo nuestra humanidad imperfecta.
Si me amo, no le entrego el poder a “otro” para que sea el dueño de mi felicidad.
Si me amo, mi alegría y mi tristeza no dependerán de los demás.
Si me amo, seré consecuente con mis actos.
Si me amo, procuraré ser feliz cada día de mi vida.

El amor es incondicional así que nuestro amor hacia nosotros mismos debe estar por sobre toda limitación humana.
¿Cuesta amarse? No resulta nada fácil este trabajo de aprender a amarnos a medida que nos vamos conociendo con nuestras luces y sombras…
«Tú no eres un ser incompleto… No necesitas la completación de otro porque tú lo tienes todo muy dentro de ti». Aprende a amarte. ¡Nunca es tarde para empezar a darnos aquello que siempre hemos anhelado!
Me® (Tomado de: http://mer-sanandoelalma.blogspot.com/).

Las recompensas del desapego

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El desapego se basa en las premisas de que cada persona es responsable de sí misma, en que no podemos resolver problemas que no nos corresponde solucionar, y que preocuparnos no sirve de nada.
Adoptamos una política de no meter las manos en las responsabilidades de otras personas y en vez de ello, de atender a las nuestras. Si la gente se ha fabricado desastres a sí misma, le permitimos enfrentar las consecuencias. Le permitimos a la gente ser como es en realidad. Le damos la libertad de ser responsable y de madurar. Y nos damos nosotros mismos la misma libertad. Vivimos nuestra propia vida al máximo de nuestra capacidad. Luchamos para discernir qué es lo que podemos cambiar y qué es lo que no podemos cambiar. Luego dejamos de tratar de cambiar aquello que no podemos. Hacemos lo que podemos para resolver un problema, y luego dejamos de hacernos la vida de cuadritos. Si no podemos solucionar un problema después de intentarlo seriamente, aprendemos a vivir con ese problema o a pesar de él. Y tratamos de vivir felices, concentrándonos heroicamente en lo que de bueno tiene la vida hoy, y sintiéndonos agradecidos por ello. Aprendemos la mágica lección de que sacarle el máximo provecho a lo que tenemos multiplica lo bueno de nuestras vidas.
El desapego implica “vivir en el momento presente” –vivir en el aquí y en el ahora–. Permitirnos que en la vida las cosas se den por sí solas en lugar de forzarlas y tratar de controlarlas. Renunciamos a los remordimientos por el pasado y a los miedos por el futuro. Sacamos el mayor provecho de cada día.
El desapego también implica aceptar la realidad, los hechos. Requiere fe en nosotros mismos, en Dios, en otras personas, en el orden natural y en el destino de las cosas en este mundo. Nos liberamos de nuestros pesares y preocupaciones y nos damos a nosotros mismos la libertad para disfrutar de la vida a pesar de nuestros problemas no resueltos. Confiamos en que todo está bien a pesar de los conflictos. Confiamos en que Alguien más grande que nosotros sabe, ha ordenado y se preocupa de lo que está sucediendo.
Entendemos que este Alguien puede hacer mucho más por resolver el problema que nosotros. De modo que tratamos de no estorbar su camino y dejar que Él lo haga. A su tiempo, sabremos que todo está bien porque vemos cómo las cosas más extrañas (y a veces, las más dolorosas) se solucionan de la mejor manera y en beneficio de todos.
Desapegarnos no quiere decir que nada nos importe. Significa que aprendemos a amar, a preocuparnos y a involucrarnos sin volvernos locos. Dejamos de crear un caos en nuestra mente y en nuestro medio ambiente. Cuando no nos hallamos reaccionando de un modo ansioso compulsivo, nos volvemos capaces de tomar buenas decisiones acerca de cómo amar a la gente y de cómo solucionar nuestros problemas. Nos liberamos para comprometernos y para amar de modo que podamos ayudar a los demás sin lastimarnos a nosotros mismos.
Las recompensas que el desapego nos brinda son muchas:

serenidad, una profunda sensación de paz interior, la capacidad de dar y de recibir amor de una manera que nos enaltece y nos llena de energía, y la libertad para encontrar soluciones reales a nuestros problemas. Encontramos la libertad para vivir nuestra propia vida sin sentimientos excesivos de culpa o de responsabilidad hacia los demás. En ocasiones el desapego llega a motivar y a liberar a la gente que se encuentra a nuestro alrededor para empezar a solucionar sus problemas. Dejamos de mortificarnos por ellos y lo perciben, de modo que finalmente comienzan a preocuparse por ellos. ¡Qué gran plan! Cada quien atiende sus propios asuntos.

¿Cómo nos desapegamos? ¿Cómo separamos nuestras emociones, nuestra mente, espíritu y cuerpo de la agonía del involucramiento? Lo mejor que podamos. Y, probablemente, un poco torpemente al principio.

Un antiguo dicho de AA y de Al-Anón sugiere una fórmula de tres partes llamada “HOW”: honestamente, abiertamente y con voluntad de intentarlo.

Siento que el desapego puede volverse una respuesta habitual, de la misma manera que obsesionarse, preocuparse y ser controladores se han vuelto respuestas habituales en la práctica. Podremos no hacerlo perfectamente. Sin embargo, y al ritmo que sea, podemos practicar el desapego en nuestras vidas, y creo que eso es bueno para nosotros. Espero que puedan ser capaces de desapegarse con amor de la persona o de las personas de quienes se están desapegando. Creo que es mejor hacerlo todo con una actitud de amor. Sin embargo, por una multitud de razones, no siempre podemos hacerlo así. Si no puedes desapegarte con amor, en mi opinión es preferible desapegarse con enojo que permanecer apegados. Si nos desapegamos, estamos en una mejor posición para trabajar sobre (o a través) de nuestras resentidas emociones. Si estamos apegados, probablemente no hagamos nada más que estar siempre irritados.
¿Cuándo debemos desapegarnos?
Cuando no podamos dejar de pensar, de hablar acerca de o de preocuparnos por alguien o por algo; cuando nuestras emociones estén en constante ebullición; cuando sintamos que tenemos que hacer algo acerca de alguien porque ya no podemos soportar la situación ni un minuto más; cuando estamos colgando de un hilo y sentimos que tal hebra está a punto de romperse; y cuando creemos que ya no podemos seguir viviendo con el problema con el que hemos estado tratando de vivir. ¡Es tiempo de desapegarnos! Aprenderán a reconocer cuándo es aconsejable desapegarse. Una buena regla a seguir es esta: cuando más necesitas desapegarte es cuando esto parece ser lo más lejano o lo menos posible de hacer.
Entiendo que muchos de ustedes están profundamente apenados y preocupados por ciertas personas en sus vidas. Muchas de ellas pueden estarse destruyendo a sí mismas, a ustedes, a sus familias, frente a sus propios ojos. Pero yo no puedo hacer nada para controlar a esas personas; y quizá ustedes tampoco pueden hacer nada. Si pudieran, probablemente a estas alturas ya lo hubieran hecho.

Desapéguense. Desapéguense con amor o desapéguense con enojo, pero luchen por desapegarse. Sé que es difícil, pero se vuelve más fácil con la práctica. Si no pueden hacerlo completamente, traten de “llevarla con calma. Relájense. Siéntense. Ahora, respiren hondo. Concéntrense en ustedes.

(Melody Beattie de su Libro Ya no Seas Codependiente).
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Reflexión del Dia: Desprenderse es la Clave

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No entiendo que quiere decir «desprenderse». Desprenderse de que, pregunto?
Se produce un daño significativo cada vez que nos aferramos a personas, lugares o ideas que creemos que nos arreglaran la vida o a personas cuyas vidas nos sentimos impelidos a arreglar. Parece que nos gusta aferrarnos a nuestras ilusiones y delusiones(*), a las palabras hirientes que nos han dicho, a esas cosas que creemos que nunca nos abandonaran ni nos traicionaran, y sin embargo, nos traicionan una y otra vez. ¿Cuantas «próxima vez» puede haber?
Necesitamos desprendernos de muchas cosas, incluida la tensión de nuestros cuerpos, las ilusiones (imágenes mentales) románticas o de unos padres perfectos y las delusiones (creencias falsas) de que la vida siempre sera justa y de que nada malo puede ocurrirnos si cumplimos con nuestro deber.
Desprenderse, soltarse, es «lo contrario de aferrarse». Es una mano abierta en vez de un puño cerrado. Es alisar un ceño fruncido, para sustituirlo por una actitud serena. Es una confianza profunda, permanente, en un poder mas grande que el nuestro. Es un convencimiento profundo, seguro, de que no tenemos por que hacerlo todo nosotros mismos, y es permitir que otras personas tengan también su parte en los acontecimientos de nuestras vidas. Desprenderse significa «que Dios, tal y como nosotros Lo entendemos, dirige el mundo y que ciertas cosas no son asunto nuestro».
Desprenderse significa «liberarnos de la inversión en nuestro propio yo, de la idea de que somos omnipotentes». Yo, el importantisimo su Majestad el Bebe, el narcisista dentro de nosotros mismos, no dirige realmente el espectáculo. Desprenderse es «dejar libres todos los aspectos de nuestras vidas que realmente no podemos controlar de ningún modo». De lo contrario, no hacemos sino engañarnos a nosotros mismos.
Desprenderse significa «saber que ser humano es ser fiable y a veces débil y ser lo bastante humildes como para admitir esto y decir un simple lo siento». También significa «conocer nuestra propia fuerza y no olvidar nunca nuestra dignidad y nuestro propio valor como seres humanos.»
Cuando nos desprendemos, no renunciamos a nuestra responsabilidad, sino que reconocemos que no podemos controlar el resultado de todas las situaciones.
Desprenderse significa «pedalear nuestra propia bicicleta y dejar nuestro destino en manos de Dios».Desprenderse significa «poner nuestra energía en conseguir recuperarnos, en lugar de acumular rabia».
De hacer esto, lograremos aceptarnos a nosotros mismos en vez de abusar de nosotros, y paz, en vez de perfeccionismo. ¡Alivia tanto!
(*) Delusion viene a ser lo mismo que ilusión, pero mientras esta tiene un matiz de «ensoñación», la delusion tiene que ver con una convicción engañosa e ilusoria.
(Dorothy May de su Libro Codependencia. La dependencia controladora/la dependencia sumisa).

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