Meditación 3 de Octubre… Saca la tapa de la caja

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós plantea que los codependientes por temores y miedos se aíslan y construyen sus propios «encierros» que le impiden ver lo hermoso de la vida. Prácticamente no viven… sobreviven.

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Medita sobre esto:

El mundo se contrae o se expande en proporción al valor de uno.(Anaïs Nin).

Primero te arrastraste; entonces aprendiste a caminar, y el mundo creció un poco más grande. Aprendiste a andar en bicicleta, y creció aún más. Entonces aprendiste a conducir un auto y compraste un boleto de avión. De repente, los horizontes eran ilimitados. Pero entonces, esas dudas aparecieron. No puedo ir a Los Ángeles. Nunca encontraré mi camino . Y el mundo se encoge un poco. No debería hacer ese viaje este año; Tengo demasiadas responsabilidades. Y se encoge un poco más. Basta de excusas y racionalizaciones y te quedas sentado en una cajita con la tapa bien pegada.
Sin experiencias, sin lecciones, sin vida.
Las cajas pueden ser cómodas. He pasado algún tiempo en ellos yo misma. Pero no importa lo acogedor que lo hagas, una caja sigue siendo una caja. Vienen en todos los tamaños y formas. Pero cada vez que comenzamos a dejar que los temores poco realistas nos frenen, podemos estar bastante seguros de que estamos escalando dentro de otra caja, otra vez. Puede tomar un tiempo, pero tarde o temprano nos encontraremos con las paredes.
Encuentra una pequeña y quita la tapa de la caja. Mira alrededor. Es un gran mundo allá afuera. Si parece pequeño, es porque lo has hecho así. Intenta una imposibilidad menor. Ve a solicitar ese trabajo soñado. Lo peor que sucederá es que aprenderás algo nuevo sobre ti mismo. Si realmente no consigues el trabajo, puedes descubrir qué se necesita para conseguirlo, y luego el mundo crecerá cuando dejes de desear un milagro y empieces a perseguir tus sueños. Recoge algunos folletos para el safari fotográfico que siempre quisiste tomar. Aprende a hablar un idioma extranjero. Una mujer que conozco tenía claustrofobia. Para su cumpleaños este año, montó en un ascensor por primera vez. Luego volvió y lo hizo de nuevo.
Adelante. Empuja la parte superior de tu caja. Saca la cabeza. Mira alrededor. ¡Observa! El mundo es un lugar maravilloso, asombroso.
Encuentra un miedo, luego conviértelo en una escalera. Sal de la caja de la duda y la inseguridad y entra en la libertad de coraje y creencia en ti mismo.

«Dios, dame el coraje para salir de mi caja».

Mi Reflexión: Los codependientes construimos cajas durante nuestra vida, la hacemos confortable y segura, alejándonos del resto del mundo. No le vemos sentido a la existencia que tenemos. Llegó el momento de «soltar» esos miedos y empezar a «escalar» las paredes de nuestra propia caja, hasta salir fuera de ésta. Veremos que la vida es maravillosa. Nuestro Poder Superior tiene un propósito para cada ser humano, el tuyo debes «redescubrirlo» !Atrévete! No te falta temor, pero inténtalo… lo vas a lograr. (Alpha).

Para Reflexionar:
¿Vives aislada en tu mundo propio?
¿Haces esfuerzos cada día para salir de tu encierro?

Reflexión del Dia: 27 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» refiere la necesidad de autocuidarnos bajo el criterio del fortalecimiento de nuestra autoestima. Todo pasa por lograr desapegarnos de todo aquello que nos ata e impide recuperarnos de la codependencia.

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Reflexiona sobre esto:
El autoamor y el autocuidado son relevantes en la recuperación de la codependencia por varias razones:

– Ayudan a romper patrones codependientes: Al centrarte en cuidarte a ti mismo, dejas de buscar la validación y la satisfacción en las relaciones con los demás.
– Fortalecen la autoestima: El autoamor y el autocuidado te ayudan a desarrollar una imagen positiva de ti mismo, lo que a su vez te permite establecer relaciones más saludables.
– Promueven el bienestar emocional: Al aprender a manejar tus emociones y cuidar de tu bienestar emocional, te vuelves más resistente a las trampas emocionales de la codependencia.
– Empoderan la autonomía: El autoamor y el autocuidado te ayudan a desarrollar una mayor independencia emocional y una capacidad para tomar decisiones más saludables en tus relaciones.

En resumen, el autoamor y el autocuidado son elementos fundamentales en el viaje hacia la recuperación de la codependencia. Al aprender a amarte a ti mismo y cuidarte de manera adecuada, te estás equipando con las herramientas necesarias para construir relaciones más saludables, satisfactorias y equilibradas en el futuro.

Mi Reflexión: Durante mucho tiempo puedo haber aprendido a cuidar de otros antes que de mí misma, buscando en sus necesidades la razón para sentirme valiosa. Hoy estoy comprendiendo que también necesito escucharme, atender mis emociones, respetar mis límites y cuidar mi bienestar. Dios me enseña que mi valor no depende de cuánto hago por los demás, sino que puedo recibir de Él la seguridad que necesito para vivir con mayor libertad. Amarme y cuidarme no significa dejar de servir o amar a otros; significa hacerlo sin abandonarme a mí misma. Cuando aprendo a cuidarme con responsabilidad y gratitud, puedo relacionarme con los demás desde una mayor libertad, equilibrio y autenticidad. (Alpha).

Para Reflexionar:
¿Qué necesito comenzar a hacer por mí misma para cuidar mi bienestar emocional y físico sin sentirme culpable?
¿Estoy aprendiendo a valorarme y cuidarme desde la seguridad que encuentro en Dios, o todavía dependo de la aprobación y las necesidades de otros para sentirme valiosa?

Reflexión del Dia: 25 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» plantea que el Desapego es una herramienta efectiva al momento de asumir nuestra recuperación y caminar progresivaente hacia la paz interior que necesitamos.

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Reflexiona sobre esto:

La necesidad del desapego en la codependencia es como una brújula que nos guía hacia la libertad emocional y la autenticidad. En la codependencia, a menudo nos aferramos a relaciones, comportamientos y expectativas que nos atan a un ciclo de sufrimiento y dependencia emocional. La reflexión sobre el desapego nos lleva a comprender que soltar no es renunciar al amor, sino encontrar un amor más saludable y liberador.
Imagina cargar una mochila llena de piedras pesadas. Cada piedra representa una expectativa no cumplida, una relación tóxica o un comportamiento autodestructivo que sostienes debido a la codependencia. Esta mochila se vuelve cada vez más pesada, y el peso de la responsabilidad y el sufrimiento emocional te agota.
El desapego no significa abandonar a las personas o situaciones, sino soltar las piedras que están en tu mochila. Es reconocer que no tienes control sobre las decisiones y emociones de los demás. Es aceptar que no puedes vivir tu vida en función de las expectativas de los demás o tratar de cambiarlos.
Al soltar las piedras de la codependencia, te liberas a ti mismo. Te das cuenta de que eres digno de amor y cuidado, independientemente de las relaciones que mantengas. Descubres que tu valía no está vinculada a ser el rescatador o la persona siempre disponible para los demás. Comprendes que cuidar de ti mismo es un acto de amor propio, no un egoísmo.
El desapego también implica soltar los patrones autodestructivos que te mantienen atrapado en la codependencia. Dejas de negar tus propias necesidades y deseos para satisfacer a los demás. Aprendes a establecer límites saludables y decir «no» cuando sea necesario.
A medida que sueltas estas piedras, encuentras espacio para el crecimiento personal y la autenticidad. Te conviertes en la versión más verdadera de ti mismo. Las relaciones que construyes se basan en el amor, el respeto y la elección consciente, en lugar de la necesidad y la dependencia.
El desapego no es un proceso fácil ni rápido, pero es esencial para la recuperación de la codependencia. Es un viaje de autodescubrimiento y autenticidad. Al liberarte de las cadenas de la codependencia, te abres a la posibilidad de amar de manera más plena y vivir una vida más auténtica y satisfactoria.

Mi Reflexión: Estoy aprendiendo que desapegarme no significa dejar de amar, sino dejar de cargar lo que no me corresponde. Puedo soltar las expectativas, el control y la necesidad de rescatar a otros, y confiar más en Dios. Cuidarme y establecer límites no es egoísmo, sino una manera saludable de respetar la vida que Él me ha dado. Al soltar esas cargas, encuentro espacio para vivir con mayor libertad, autenticidad y paz. (Alpha).

Para reflexionar:
¿Qué «piedra» de mi mochila emocional necesito soltar hoy y entregar a Dios?
¿Qué límite necesito establecer para cuidar de mí misma sin dejar de amar a los demás?

Reflexión del Dia: 11 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» plantea que solo existe una manera de liberarnos del apego o dependencia afectiva a las personas y esta es el «Desapego». No hacerlo se traduce en mantenernos atados en un vínculo insano, desfavorable para nosotros.

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Reflexiona sobre esto:

De una manera ideal, desapegarnos es liberarnos o apartarnos de una persona o problema con amor. Mental, emocional y a veces físicamente nos desembarazamos de nuestro involucramiento insano (y a menudo doloroso) con la vida y responsabilidades de otra persona, y de los problemas que no podemos resolver, de acuerdo con un manual titulado Desapego que ha circulado durante muchos años en los grupos de Al-Anón.
El desapego se basa en las premisas de que cada persona es responsable de sí misma, en que no podemos resolver problemas que no nos corresponde solucionar, y que preocuparnos no sirve de nada.
Adoptamos una política de no meter las manos en las responsabilidades de otras personas y en vez de ello, de atender a las nuestras. Si la gente se ha fabricado desastres a sí misma, le permitimos enfrentar las consecuencias. Le permitimos a la gente ser como es en realidad. Le damos la libertad de ser responsable y de madurar. Y nos damos nosotros mismos la misma libertad. Vivimos nuestra propia vida al máximo de nuestra capacidad. Luchamos para discernir qué es lo que podemos cambiar y qué es lo que no podemos cambiar. Luego dejamos de tratar de cambiar aquello que no podemos. Hacemos lo que podemos para resolver un problema, y luego dejamos de hacernos la vida de cuadritos. Si no podemos solucionar un problema después de intentarlo seriamente, aprendemos a vivir con ese problema o a pesar de él. Y tratamos de vivir felices, concentrándonos heroicamente en lo que de bueno tiene la vida hoy, y sintiéndonos agradecidos por ello. Aprendemos la mágica lección de que sacarle el máximo provecho a lo que tenemos multiplica lo bueno de nuestras vidas.

Mi Reflexión: Desapegarnos no significa dejar de amar, sino aprender a amar sin controlar, rescatar ni cargar con lo que no nos corresponde. Cada persona tiene la responsabilidad de vivir su propia vida y enfrentar las consecuencias de sus decisiones. A nosotros nos corresponde discernir qué podemos cambiar y qué debemos soltar, confiando en que Dios también está obrando donde nosotros no podemos hacerlo. Cuando dejamos en Sus manos aquello que escapa a nuestro control, recuperamos nuestra paz y podemos vivir con mayor libertad, gratitud y plenitud el presente que Él nos ha dado. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué persona, situación o problema sigo intentando controlar, aunque sé que no está bajo mi responsabilidad?
¿Qué necesito entregar hoy a Dios para aprender a soltar con amor y recuperar mi paz?

Reflexión del Dia: 9 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» plantea su experiencia como consejera en relación con la actitud que se ha asumido para con los codependientes. Habitualmente se subestima la necesidad de tratar esta afectación, principalmente por los propios codependientes, quienes creen no requieren ayuda para detener su sufrimiento y dolor.

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Reflexiona sobre esto:

Los codependientes han sufrido a espaldas de la persona enferma. Si se recuperaron, lo hicieron a sus espaldas también. Hasta muy recientemente, muchos consejeros (como yo) no sabían qué hacer para ayudarles. A veces se culpaba a los codependientes, otras veces se les ignoraba, en ocasiones se esperaba de ellos que mágicamente se recompusieran (una actitud arcaica que no ha funcionado con los alcohólicos y que tampoco ha ayudado a los codependientes). Rara vez los codependientes fueron tratados como individuos que necesitaban ayuda para mejorarse. Rara vez se les dio un programa de recuperación personalizado para su tipo de problemas y su dolor. Empero, por su naturaleza, el alcoholismo y otros trastornos compulsivos convierten en víctimas a todos los afectados por la enfermedad: personas que necesitan ayuda aunque no beban, ni usen otras drogas, ni coman en exceso, ni apuesten ni tengan alguna otra compulsión.

Mi Reflexión: Durante mucho tiempo, quienes viven afectados por la conducta de una persona enferma pueden quedar olvidados en medio del problema. Sin embargo, también necesitan cuidado, comprensión y recuperación. Dios no solo quiere restaurar al que sufre una adicción o compulsión; también quiere sanar el corazón de quienes han sufrido a su alrededor. Reconocer nuestro propio dolor y buscar ayuda no es egoísmo, sino un paso de responsabilidad y libertad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿He reconocido delante de Dios el dolor que he vivido a causa de los problemas de otra persona?
¿Estoy permitiendo que Dios sane mis heridas y me enseñe a vivir de una manera diferente?

Reflexión del Dia: 3 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» plantea las bondades de desapegarse, dejar que los demás asuman la responsabilidad de sus vidas, y nosotros aprender a amarnos, a aceptarnos tal cual somos, a despreocuparnos por aquello que no podemos cambiar ¡Liberarnos es la clave!

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Reflexiona sobre esto:

Desapegarnos no quiere decir que nada nos importe. Significa que aprendemos a amar, a preocuparnos y a involucrarnos in volvernos locos. Dejamos de crear un caos en nuestra mente y en nuestro medio ambiente. Cuando no nos hallamos reaccionando de un modo ansioso compulsivo, nos volvemos capaces de tomar buenas decisiones acerca de cómo amar a la gente y de cómo solucionar nuestros problemas. Nos liberamos para comprometernos y para amar de modo que podamos ayudar a los demás sin lastimarnos a nosotros mismos.
Las recompensas que el desapego nos brinda son muchas: serenidad, una profunda sensación de paz interior, la capacidad de dar y de recibir amor de una manera que nos enaltece y nos llena de energía, y la libertad para encontrar soluciones reales a nuestros problemas. Encontramos la libertad para vivir nuestra propia vida sin sentimientos excesivos de culpa o de responsabilidad hacia los demás. En ocasiones el desapego llega a motivar y a liberar a la gente que se encuentra a nuestro alrededor para empezar a solucionar sus problemas. Dejamos de mortificarnos por ellos y lo perciben, de modo que finalmente comienzan a preocuparse por ellos. ¡Qué gran plan! Cada quien atiende sus propios asuntos.

Mi Reflexión: Desapegarnos no significa dejar de amar ni volvernos indiferentes; significa amar con libertad, sin cargar con lo que no nos corresponde. Cuando dejamos de controlar y entregamos a Dios aquello que está fuera de nuestras manos, recuperamos la paz y podemos ayudar sin hacernos daño. El desapego nos enseña a confiar en Dios, asumir nuestra responsabilidad y permitir que cada persona se haga cargo de su propio camino. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué carga que no me corresponde necesito entregar hoy a Dios para recuperar mi paz?
¿Estoy dispuesto(a) a amar y ayudar sin controlar, confiando en que Dios también obra en la vida de los demás?

Meditación 3 de Septiembre… Ten en cuenta la ilusión de control

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós enfoca el daño que nos ocasionamos a nosotros mismos pretendiendo controlar a otras personas, sintiéndonos enfadados, hasta coléricos. Reafirma que el control es una ilusión. y nada podemos hacer para cambiar las cosas, solo «invertir» el tiempo en cambiar nuestras reacciones ante la realidad que vivimos ¡eso sí podemos!

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Medita sobre esto:

Recuerda cómo se siente cuando tratamos de controlar a otra persona.
«Estaba conduciendo por la carretera un día detrás de un automóvil que decidí que conducía demasiado despacio», me dijo un amigo. «Estaba gritando, furioso y hablando sobre el conductor que estaba frente a mí», intentando mentalmente apartarlo de mi camino. Quería que se acercara y me dejara pasar.
«Mientras conducía me observé a mí mismo. Entonces comencé a reír. No estaba enojado con este conductor frente a mí. Estaba enojado porque estaba tratando de controlar algo que no podía cambiar». Sé consciente de todos tus sentimientos. Pero también recuerda ser consciente de que a veces no es la otra persona la que nos vuelve locos. Nos lo estamos haciendo a nosotros mismos.

«Dios, ayúdame a ser consciente del drama autocreado en mi vida. Ayúdame a dejar de lado mi necesidad de controlar. Dame el coraje de mis sentimientos. Y ayúdame a ser consciente de cuándo mi propia voluntad se está desencadenando».

Reflexión: Muchas veces creemos que son las personas o las circunstancias las que nos roban la paz, cuando en realidad somos nosotros quienes luchamos por controlar lo que está fuera de nuestro alcance. Reconocerlo nos permite detenernos, soltar el control y confiar en Dios. La serenidad comienza cuando aceptamos que no todo depende de nuestra voluntad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué situación estoy intentando controlar hoy, en lugar de entregársela a Dios y aceptar lo que no puedo cambiar?
¿Puedo reconocer cuándo mi propia voluntad está generando tensión y elegir confiar en Dios en lugar de reaccionar?

Reflexión del Dia: 31 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» nos hace reflexionar en cómo piensa y siente una persona codependiente con referencia a su capacidad de cuidarse responsablemente. La Autora describe que estos pensamientos negativos se forjan desde la niñez, cuando nadie nos demostró amor e interés en nosotros, lo que desencadenó la desconfianza de nuestro propio poder interior.

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Reflexiona sobre esto:

Muchos de nosotros aprendimos estas cosas porque en nuestra niñez, alguien muy importante para nosotros fue incapaz de darnos el amor, la aprobación y la seguridad emocional que necesitábamos. De modo que hemos ido por la vida de la mejor manera posible, todavía buscando vaga o desesperadamente algo que nunca tuvimos. Algunos de nosotros todavía nos golpeamos la cabeza contra el cemento, tratando de obtener este amor de las personas que, al igual que mamá o papá, son incapaces de darnos lo que necesitamos. El ciclo se repite una y otra vez hasta que lo interrumpimos y lo detenemos. Se le llama asunto inconcluso.
Quizá se nos ha enseñado a no confiar en nosotros mismos. Esto sucede cuando tenemos un sentimiento y se nos dice que es malo o inadecuado. O cuando confrontamos una mentira o una inconsistencia y se nos acusa de estar locos. Perdemos la fe en esa parte profunda e importante de nosotros que experimenta sentimientos inapropiados, detecta la verdad y tiene confianza en su capacidad para manejar las situaciones de la vida. Muy pronto, podemos empezar a creer lo que nos han dicho de nosotros mismos: que no servimos, que estamos locos, que no se puede confiar en nosotros. Vemos a la gente a nuestro alrededor —personas a veces enfermas, con problemas, fuera de control— y pensamos, “ellos están bien. Deben estarlo. Me lo dijeron. De modo que debo ser yo. Debe haber algo fundamental que está mal en mí”. Nos abandonamos y perdemos la fe en nuestra capacidad para cuidarnos.

Mi Reflexión: A veces seguimos buscando en otros el amor, la aprobación y la seguridad que no recibimos en el pasado, sin comprender que ese vacío no tiene que gobernar nuestra vida para siempre. Dios conoce nuestras heridas, nuestra historia y nuestro verdadero valor. La recuperación comienza cuando dejamos de abandonarnos, recuperamos la confianza en nosotros mismos y permitimos que Dios sane aquello que quedó inconcluso en nuestro corazón. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué necesidad del pasado sigo buscando en otras personas y necesito hoy entregar a Dios para que Él sane mi corazón?
¿Puedo comenzar a creer que Dios me conoce, me ama y me capacita para confiar nuevamente en mí mismo y cuidar de mi vida?

Meditación 31 de Agosto… Separarse con amor

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós recalca que el primer paso para lograr desapegarnos es comprender que el control es una ilusión y no lleva a nada positivo, y luego mantener el equilibrio interno, dejando actuar a ese ser superior en quien se debe confiar plenamente Abrámonos al entendimiento que nuestra vida debe ser guiada y solo no podemos sanarnos.

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Medita sobre esto:

Algunas veces las personas que amamos hacen cosas que no nos gustan o que no aprobamos. Nosotros reaccionamos Ellos reaccionan. En poco tiempo, todos estamos reaccionando el uno al otro, y el problema se intensifica.
¿Cuándo nos separamos? Cuando estamos atrapados en una reacción de ira, miedo, culpa o vergüenza. Cuando nos enganchamos en un juego de poder: un intento de controlar u obligar a otros a hacer algo que no quieren hacer. Cuando la forma en que reaccionamos no es ayudar a la otra persona ni resolver el problema. Cuando la forma en que reaccionamos nos está lastimando.
A menudo, es hora de separarse cuando el desprendimiento parece ser lo menos probable o posible de hacer.
El primer paso hacia el desapego es comprender que reaccionar y controlar no ayudan. El siguiente paso es lograr la paz: centrarse y restablecer el equilibrio.
Dar un paseo. Dejar la habitación. Ir a una reunión. Tomar un baño largo y caliente. Llamar a un amigo. Llamar a Dios. Respirar profundamente. ¡Encontrar paz!. Desde ese lugar de paz y centro emergerá una respuesta, una solución.

«Hoy, me rendiré y confiaré en que la respuesta está cerca.

Mi Reflexión: Cuando entramos en el ciclo de reaccionar a las reacciones de otros, perdemos la paz y cedemos nuestro control. El desapego comienza cuando hacemos una pausa, dejamos de intentar controlar y buscamos serenidad. En ese espacio de calma podemos acudir a Dios, entregarle lo que no podemos cambiar y permitir que Él nos muestre cómo responder con sabiduría y amor. (Alpha),

Preguntas para reflexionar:
¿Qué situación está alterando hoy mi paz y necesito detenerme para entregársela a Dios?
Antes de reaccionar, ¿estoy dispuesto(a) a hacer una pausa, buscar la serenidad y permitir que Dios guíe mi respuesta?.

Reflexión del Dia: 30 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» reafirma que existe una sola vía para lograr sanar de esta enfermedad y es a través del «desapego». Has perdido tiempo negando esa verdad, te toca asumir que llego el momento de concretar esta práctica.

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Reflexiona sobre esto:

“Pero esto es tan importante para mí”, protestan muchos. “No me puedo desapegar”.
Si es tan importante para ti, yo sugiero que esa es la razón más importante para desapegarte. Escuché sabias palabras acerca del desapego de boca de niños chiquitos, de los míos. A veces mi hijo más pequeño, Shane, se queda abrazado a mi fuerte y largamente después de que le doy mimos. Me tambaleo. Pierdo el equilibrio, y me impaciento con él porque me sigue abrazando. Comienzo a resistírmele.
Tal vez lo hace para tenerme cerca más rato. Quizá sea una manera de controlarme. No lo sé. Una noche que hizo esto mi hija nos miró hasta que ella misma se sintió frustrada e impaciente.
“Shane”, le dijo, “hay un tiempo para soltarse”. Para cada uno de nosotros, llega un tiempo para soltarse. Sabrás cuándo ha llegado ese tiempo.
Cuando has hecho todo lo que se puede hacer, es tiempo de desapegarte. Maneja tus sentimientos. Enfréntate a tus miedos acerca de perder el control. Gana control sobre ti mismo y sobre tus responsabilidades. Dales a los demás la libertad para ser lo que son. Al hacerlo, te liberarás.

Mi Reflexión: A veces nos aferramos precisamente a aquello que más nos importa, porque tememos perderlo. Pero llega un momento en que amar también significa soltar y confiar en Dios. Cuando hemos hecho lo que nos corresponde, podemos entregar el resultado a Él, dejar de controlar y recuperar la libertad interior. Desapegarnos no es abandonar; es confiar. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué situación, persona o deseo me cuesta soltar porque temo perder el control, y puedo entregarlo hoy a Dios?
¿He hecho ya lo que me corresponde y estoy dispuesto(a) a dejar el resultado en las manos de Dios?