Meditación 27 de Enero… Necesitamos de la gente



Podemos encontrar el equilibrio entre el necesitar demasiado de la gente y no permitirnos necesitar absolutamente a nadie.
Muchos de nosotros tenemos necesidades de dependencia del pasado que no han sido satisfechas. Aunque queremos que los demás satisfagan nuestro deseo de ser amados en forma incondicional, podemos haber elegido gente que no pueda, o no quiera, ser un apoyo para nosotros. Algunos de nosotros estamos tan necesitados emocionalmente por el hecho de no haber sido amados, que ahuyentamos a la gente al hacerles ver que la necesitamos demasiado.
Otros nos vamos al extremo opuesto. Podemos habernos acostumbrado a que la gente no nos apoye, de modo que la evitamos. Luchamos contra nuestros sentimientos de necesidad de los demás volviéndonos demasiado independientes, no permitiéndonos ya necesitar a nadie. Algunos de nosotros no dejamos que la gente nos apoye.
Sea como sea, estamos dejando inconcluso un asunto importante. Nos merecemos otra cosa mejor. Cuando cambiemos, nuestras circunstancias cambiarán.
Si estamos demasiado necesitados de los demás, respondemos aceptando esa parte necesitada que tenemos. Nos dejamos curar el dolor de necesidades pasadas que no se satisficieron. Dejamos de decirnos a nosotros mismos que no somos dignos de amor porque no nos han amado de la manera como queríamos y necesitábamos.
Si hemos cerrado la parte de nosotros que tiene necesidad de la gente, nos disponemos a abrirnos, a ser vulnerables, a permitir que nos amen. Nos permitimos tener necesidades.
Tendremos el amor que deseamos y que necesitamos cuando empecemos a creer que somos dignos de ser amados, y cuando permitamos que esto ocurra.

«Hoy luchare por lograr el equilibrio entre el necesitar demasiado a los demás y el no permitirme necesitar a la gente. Me permitiré recibir el amor que se me ofrece».

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 31 de Diciembre



«SIN MIEDO HICIMOS UN MINUCIOSO INVENTARIO MORAL DE NOSOTROS MISMOS».(Cuarto Paso de CoDA).
ABRIR NUESTRO CORAZÓN AL AMOR
Durante años, me había protegido, envuelta en acero. Ahora mi corazón está abierto, abierto y capaz de amar como nunca antes. Mi centro emocional está destapado. Las emociones me atraviesan en olas: vienen, se presentan, se sueltan. Estoy agradecida de sentir libremente, experimentar todas las emociones. Pero la nueva, la que nunca tuve antes, es la del amor.
Es tan poderoso. Por primera vez en mi vida, experimento el amor incondicional. Lo recibo de otros. Lo siento para otros. Es tan diferente de cómo amaba en el pasado. Es tan grande.
Por primera vez en mi vida, hay lugar, de verdad hay lugar, para amarme a mí misma y a otros, y permitir a otros amarme.

Todavía me da miedo, pero como las otras emociones, el miedo pasa a través mío una vez que lo afronto y reconozco. Mi corazón está abierto al amor, gozo, paz, tristeza, enojo, miedo: a todo lo que los corazones sienten. Los puñales y cardas y espinas están siendo eliminados. Es un buen corazón, un corazón amable. Puedo oír su latido, puedo sentirlo ahora.
Es real. A veces me siento como el Hombrede Hojalata de El Mago de Oz. Por fin tengo un corazón. Soy de verdad y puedo amar. Quizá siempre tuve este corazón, pero no me convertí en real hasta que sanó.
Ahora, cuando escucho a alguien resistirse al Cuarto Paso, me río. No lo he hecho formalmente, dicen. Quizá debería, dicen, pero no estoy listo. No he tenido tiempo, murmuran. Comprendo el miedo, pero también el proceso. Si se quedan en la vida y la recuperación suficiente tiempo,
probablemente harán uno como el mío, estén o no listos. Luego, les dará gusto haberlo hecho.
Recuerdo haberle pedido a Dios que me ayudara a sanar y a dar un buen Cuarto Paso, uno a profundidad. Dios responde a nuestras oraciones, las que más nos convienen, aun cuando se nos olvida haber pedido, aun cuando tenemos miedo de que Dios responda.
Trabajamos estos Pasos para curarnos del dolor, el miedo, la culpa y las creencias que nos limitan, pero para hacer eso, primero debemos reconocerlos. Esa es la tarea de este Cuarto Paso.
Aquellos que encuentran el valor para mirar hacia adentro son los que se sienten más cómodos consigo mismo y con la recuperación.
Este es el Paso de la sanación. Este es el Paso de sana-el-corazón. Este Paso puede cambiar vidas. Profundiza. Profundiza tanto en ti como puedas. Empieza con la primera capa, y deja que el proceso te lleve cada vez más profundo. No tengas miedo de lo que encontrarás. Lo que nos ha sucedido puede ser tenebroso, pero nuestro núcleo es hermoso y bueno.
Trabaja este Paso una vez, dos, tan seguido como necesitas. Deja que el proceso de mirar hacia adentro se convierta en una respuesta habitual a la vida y sus situaciones. No para culpar. No para tenernos como responsables del comportamiento ajeno. Sino para explorar, entender, responsabilizarnos de y amar quienes verdaderamente somos. Damos este Paso para asumir nuestro poder y permitirnos sanar y cuidarnos en cualquier circunstancia.
Si no sabemos qué debemos enfrentar, podemos pedir a Dios que nos lo revele. Pidamos a Dios que nos muestre qué debemos enfrentar dentro de nosotros. Dios responderá.
Cuando encontremos el valor para mirar hacia adentro y descubrir lo que realmente sucede con nosotros mismos, cuando aceptemos quienes somos, incluyendo nuestro lado oscuro, encontraremos que lo que sucede afuera, alrededor y dentro de nosotros comienza a cambiar. El no enfrentar nuestro dolor, el no enfrentar nuestros miedos, es con frecuencia el gran motivador de los comportamientos que llamamos codependencia. Mirar hacia adentro es la llave para liberar nuestro dolor y producir recuperación y salud en nuestra vida.
Con frecuencia, necesitamos iniciar nuestra recuperación apuntando el dedo hacia otra persona.
Necesitamos enojarnos, indignarnos, y a veces hasta culpar, mientras hagamos el duelo. Si sólo buscamos el alivio de estar sin culpa, si sólo buscamos el alivio temporal y la «intoxicación» de sentirnos moralmente superiores, entonces podemos continuar haciendo eso. Pero si queremos más de nuestra recuperación y de nuestra vida, la respuesta está en mirar hacia adentro.
Dejaremos de mirar hacia otros para detener el dolor y hacernos sentir mejor. Y empezaremos, con la ayuda de nuestro Poder Superior, a hacerlo por nosotros mismos.
Dicen que los alcohólicos trabajan estos Pasos con pasión porque su vida depende de ello. Pues, la nuestra también. Cuando descubrimos lo que verdaderamente sucede dentro de nosotros, pronto aprenderemos qué necesitamos para cuidar de nosotros mismos.
Debemos ser honestos, pero también benévolos y comprensivos con nosotros mismos, a medida que trabajamos este Paso.
Hemos estado haciendo lo que creíamos necesario para sobrevivir. Ahora, nos encaminamos a volvernos plenamente vivos.

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 30 de Diciembre



«SIN MIEDO HICIMOS UN MINUCIOSO INVENTARIO MORAL DE NOSOTROS MISMOS».(Cuarto Paso de CoDA).
ABRIR NUESTRO CORAZÓN AL AMOR
Había sido descuidada de niña, enseñada creencias equivocadas acerca de mí misma, desprovista de o negada mucho de lo que una niña necesita para ser mínimamente sana. Para sobrevivir, me había contando mentiras terribles. Me había creído el lavado se cerebro y fabricado excusa tras excusa para los que vivían a mi alrededor.
El dolor más fuerte no vino de estas experiencia, sino de mi reacción a estas experiencias: negación y autorrechazo. Aprendí a aceptar tan poco de la vida, porque creí que merecía tan poco.
Aprendí cuán aterrada, cuán terriblemente aterrada estaba ante la vida,ante dar libremente los pasos de la vida, ante bailar el baile de la vida y del amor.
Decía querer tener relaciones, pero en verdad no quería la intimidad. Quería que alguien me protegiera. Quería una fortaleza, un escondite. Pero aun en estos escondites de relaciones disfuncionales, no podía esconderme. Dios me seguía alumbrando, enseñándome, obligándome a enfrentar la verdad acerca de mí misma.
Aprendí que no podría poseer mi propio poder ante mi pareja, hasta que lo hiciera ante alguno de mis padres. No estaría libre para amar hasta romper con mis lazos originales y reclamar mi libertad para ser, para estar viva, y para darme a mí misma la bienvenida a este mundo.
El duelo por este proceso fue enorme. Ser obligada a pararme sola, ser dueña de mi propio poder, sentir mis sentimientos, y andar por la vida sin un escudo me producía emociones arrolladoras. Me había pasado toda la vida evitando los sentimientos, funcionando con base en energía mental, protegiéndome con mi intelecto. Ser obligada a entrar a la parte emocional de mí misma, que en esencia es el corazón, dolió tanto y se sintió tan incómodo y torpe que grité, gemí, y me quejé durante todo el proceso de más de un año.
Me retorcía con la incomodidad de sentir. Pasé por el proceso de duelo una y otra vez, quitando la negación de cierto asunto, pasando de inmediato al enojo y la ira, hasta poder aceptar la lanza momentánea de dolor y tristeza. Luego, por unos días, tenía un descanso, hasta que el proceso comenzaba de nuevo con otro aspecto negado y reprimido.Una y otra vez, hice el duelo de una pérdida tras otra, desde mi nacimiento hasta el presente.
La vida seguía ofreciéndome las experiencias que necesitaba para desatar este mirar hacia adentro. Sentí la ira que ignoraba albergar. Saqué de adentro, página tras página, un torrente de miedos y creencias negativas.

No es adecuado llamar «incomodidad» a este proceso empírico de atravesar el proceso de sanación. Comencé a creer que no había más. Pensé que lo más que podía esperar es que el proceso algún día terminaría y yo volvería a sentir como antes. Pero aún faltaba más. Una noche, en la soledad de mi propia casa, tuve una experiencia espiritual. Sucedió en mi corazón. Como una ola gigante, me inundó el entendimiento de que tenía que perdonar todo, a cada persona de mi pasado. Fue un pensamiento espiritual, como de Guía Divina. También fue un pensamiento humano, como «Es hora de hacer las compras.» Fue un acto de conciencia. De inmediato, se me iluminó la lista de aquellos a quienes debía perdonar. Pasó de mi mente a mi corazón, y un pensamiento amoroso y perdonador acompañó a cada nombre. El perdón fue un regalo. Sólo tenía que poner mi buena voluntad, y ni siquiera sé cuánto tuve que ver con eso.
Por un tiempo, había supuesto que el enojo y el reconocimiento era la totalidad del proceso. Estas ideas eran importantes, pero constituían sólo una parte de la experiencia.
A medida que cada nombre, cada persona, y un pensamiento de perdón para cada uno pasaba por mi corazón, sentí cómo se iba aligerando y aligerando mi corazón. Percibí la experiencia física de sentir cómo se disolvían la pesantez, el dolor, las varillas de acero alrededor de mi corazón. Se rompían las grandes bandas de restricción alrededor de mi pecho, y una parte mía que había estado cerrada, se abrió. Esa parte era mi corazón.

(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 21 de Noviembre



No podemos cambiar a las personas. Cualquier intento de controlarlas es un engaño y una ilusión. Se resistirán a nuestros esfuerzos o redoblarán los suyos para probar que no podemos controlarlas. Podrán adaptarse temporalmente a nuestras demandas, pero cuando nos demos la vuelta regresarán a su estado natural. Y aún más, la gente nos castigara por obligarla a hacer algo que no quiere, o a ser como no quiere ser,
Ningún control será suficiente para efectuar un cambio permanente o deseable en otra persona. A veces podremos hacer cosas que aumenten la probabilidad de que la gente quiera cambiar, pero ni aun eso podemos garantizar o controlar.
Y esa es la verdad. Es una desgracia. A veces es difícil de aceptar, especialmente si alguien a quien amas se lastima a sí mismo o a sí misma y a ti. Pero así es. La única persona a la que puedes o podrás hacer cambiar es a ti misma. La única persona que te atañe controlar eres tú misma.
Desapégate. Renuncia. A veces cuando hacemos esto el resultado que habíamos esperado sucede rápida, a veces milagrosamente. A veces, no sucede. A veces nunca sucede. Pero tú saldrás beneficiado. No tienes que dejar de ocuparte o de amar. No tienes que tolerar el abuso. No tienes que abandonar métodos constructivos, como la intervención profesional, para solucionar tus problemas. Lo único que tienes que hacer es poner tus manos emocionales, mentales, espirituales y físicas otra vez dentro de tus propios bolsillos y dejar a las cosas y a la gente solas. Déjalas estar. Toma cualquier decisión que necesites tomar para ocuparte de ti mismo, pero no las tomes para controlar a los demás. ¡Empieza a ocuparte de ti mismo.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).

Reflexión del Dia: 31 de Agosto



Muchos de nosotros aprendimos estas cosas porque en nuestra niñez, alguien muy importante para nosotros fue incapaz de darnos el amor, la aprobación y la seguridad emocional que necesitábamos. De modo que hemos ido por la vida de la mejor manera posible, todavía buscando vaga o desesperadamente algo que nunca tuvimos. Algunos de nosotros todavía nos golpeamos la cabeza contra el cemento, tratando de obtener este amor de las personas que, al igual que mamá o papá, son incapaces de darnos lo que necesitamos. El ciclo se repite una y otra vez hasta que lo interrumpimos y lo detenemos. Se le llama asunto inconcluso.
Quizá se nos ha enseñado a no confiar en nosotros mismos. Esto sucede cuando tenemos un sentimiento y se nos dice que es malo o inadecuado. O cuando confrontamos una mentira o una inconsistencia y se nos acusa de estar locos. Perdemos la fe en esa parte profunda e importante de nosotros que experimenta sentimientos inapropiados, detecta la verdad y tiene confianza en su capacidad para manejar las situaciones de la vida. Muy pronto, podemos empezar a creer lo que nos han dicho de nosotros mismos: que no servimos, que estamos locos, que no se puede confiar en nosotros. Vemos a la gente a nuestro alrededor —personas a veces enfermas, con problemas, fuera de control— y pensamos, “ellos están bien. Deben estarlo. Me lo dijeron. De modo que debo ser yo. Debe haber algo fundamental que está mal en mí”. Nos abandonamos y perdemos la fe en nuestra capacidad para cuidarnos.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
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Meditación 31 de Agosto… Separarse con amor



Algunas veces las personas que amamos hacen cosas que no nos gustan o que no aprobamos. Nosotros reaccionamos Ellos reaccionan. En poco tiempo, todos estamos reaccionando el uno al otro, y el problema se intensifica.
¿Cuándo nos separamos? Cuando estamos atrapados en una reacción de ira, miedo, culpa o vergüenza. Cuando nos enganchamos en un juego de poder: un intento de controlar u obligar a otros a hacer algo que no quieren hacer. Cuando la forma en que reaccionamos no es ayudar a la otra persona ni resolver el problema. Cuando la forma en que reaccionamos nos está lastimando.
A menudo, es hora de separarse cuando el desprendimiento parece ser lo menos probable o posible de hacer.

El primer paso hacia el desapego es comprender que reaccionar y controlar no ayudan. El siguiente paso es lograr la paz: centrarse y restablecer el equilibrio.
Dar un paseo. Dejar la habitación. Ir a una reunión. Tomar un baño largo y caliente. Llamar a un amigo. Llamar a Dios. Respirar profundamente. ¡Encontrar paz!. Desde ese lugar de paz y centro emergerá una respuesta, una solución.
«Hoy, me rendiré y confiaré en que la respuesta está cerca.

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de meditaciones).

Reflexión del Dia: 30 de Agosto



“Pero esto es tan importante para mí”, protestan muchos. “No me puedo desapegar”.
Si es tan importante para ti, yo sugiero que esa es la razón más importante para desapegarte. Escuché sabias palabras acerca del desapego de boca de niños chiquitos, de los míos. A veces mi hijo más pequeño, Shane, se queda abrazado a mi fuerte y largamente después de que le doy mimos. Me tambaleo. Pierdo el equilibrio, y me impaciento con él porque me sigue abrazando. Comienzo a resistírmele.
Tal vez lo hace para tenerme cerca más rato. Quizá sea una manera de controlarme. No lo sé. Una noche que hizo esto mi hija nos miró hasta que ella misma se sintió frustrada e impaciente.
“Shane”, le dijo, “hay un tiempo para soltarse”. Para cada uno de nosotros, llega un tiempo para soltarse. Sabrás cuándo ha llegado ese tiempo.
Cuando has hecho todo lo que se puede hacer, es tiempo de desapegarte. Maneja tus sentimientos. Enfréntate a tus miedos acerca de perder el control. Gana control sobre ti mismo y sobre tus responsabilidades. Dales a los demás la libertad para ser lo que son. Al hacerlo, te liberarás.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
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Reflexión del Dia: 29 de Agosto



Desapégate. Renuncia. A veces cuando hacemos esto el resultado que habíamos esperado sucede rápida, a veces milagrosamente. A veces, no sucede. A veces nunca sucede. Pero tú saldrás beneficiado. No tienes que dejar de ocuparte o de amar. No tienes que tolerar el abuso. No tienes que abandonar métodos constructivos, como la intervención profesional, para solucionar tus problemas. Lo único que tienes que hacer es poner tus manos emocionales, mentales, espirituales y físicas otra vez dentro de tus propios bolsillos y dejar a las cosas y a la gente solas. Déjalas estar. Toma cualquier decisión que necesites tomar para ocuparte de ti mismo, pero no las tomes para controlar a los demás. ¡Empieza a ocuparte de ti mismo!

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
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Reflexión del Dia: 23 de Agosto



Maneja los sentimientos de culpa. Deshazte de los sentimientos de culpa gratuitos. Deshazte de todo sentimiento de culpa. La culpa no ayuda nada. Dios nos perdonará de todo lo que hemos hecho. Además, apuesto a que Él sabe que no hemos hecho tantas cosas mal como nosotros pensamos.
Una vez que comenzamos a manejar la ira, posiblemente nos demos cuenta de que nos sentimos enojados la mayor parte del tiempo. Esto es común. Somos como niños con juguete nuevo. Luego nos calmaremos. Seamos pacientes. No vamos a manejarla a la perfección. Nadie lo hace. Cometeremos errores, pero también aprenderemos de ellos. La razón por la cual se nos dice que no busquemos venganza es porque desquitarse es una respuesta común a la ira. Si hemos hecho o hacemos cosas inadecuadas, manejemos nuestros bien ganados sentimientos de culpa y sigamos desde ahí hacia adelante. Luchemos por progresar.
Necesitamos ser gentiles con nosotros mismos si hemos estado reprimiendo montones de sentimientos de ira. Las cosas llevan su tiempo. Podemos necesitar estar así de enojados en este momento. Cuando ya no necesitemos estar enojados, dejaremos de estarlo si así lo deseamos. Si pensamos que podemos estar varados en la ira, busquemos ayuda profesional.

(Melody Beattie de su Libro Ya No Seas Codependiente).
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Meditacion 21 de Agosto … Desapeguémonos en las relaciones



Cuando al principio nos vemos expuestos al concepto del desapego, muchos de nosotros lo encontramos objetable y cuestionable. Podemos pensar que desapegarse significa que a uno no le importan los demás.
Podemos creer que al controlar, al preocuparnos, y al tratar de forzar las cosas a que sucedan, estamos demostrando cuánto nos importan.
Podemos creer que el controlar, el preocuparnos y el forzar las cosas, de alguna manera afectarán el resultado que deseamos.
Controlar, preocuparse y forzar no funcionan. Aunque tuviéramos razón, el controlar no funciona. En algunos casos, puede impedir el resultado que esperamos.

A medida que practicamos el desapego con la gente en nuestra vida, empezamos lentamente a aprender la verdad. Desapegarse, y de preferencia desapegarse con amor, es una conducta en las relaciones que sí funciona.
También aprendemos algo más. El desapego -el dejar ir nuestra necesidad de controlar a la gente- mejora todas nuestras relaciones. Le abre la puerta al mejor resultado posible. Reduce nuestro nivel de frustración y nos libera a nosotros mismos y a los demás para vivir en paz y armonía.
Desapegarse quiere decir que nos importamos nosotros mismos y que nos importan los demás. Nos libera para tomar las mejores decisiones posibles. Nos capacitan para fijar los límites que necesitamos establecer con la gente. Nos permite tener nuestros sentimientos, dejar de reaccionar e iniciar un posible curso de acción. Alienta a los demás a hacer lo mismo.
Le permite a nuestro Poder Superior entrar en escena y obrar.

«Hoy confiaré en el proceso de desapegarme con amor. Entenderé que no solo estoy dejando ir; estoy dejando ir las cosas y dejando actuar a Dios. Estoy amando a los demás, pero también me estoy amando a mí mismo».

(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).