
La gente dice que todo sucede por una razón y que Dios tiene un plan para todo. Creo que las cosas pasan por una razón. Y creo en el Plan de Dios. Pero si no aprendemos la lección de las circunstancias y nos permitimos sanar completamente de ella, ya sea en el pasado o en la actualidad, las cosas que suceden por una razón seguirán sucediéndose una y otra vez. (Jugarlo de memoria).
«Aprendí algo hoy», me dijo una mujer. «Antes de poder abandonar completamente cualquier cosa o cualquier persona, debo agradecer a la persona y la experiencia por lo que me enseñó».
A veces, la última cuerda delgada que nos une a esa persona o experiencia, esa parte de nuestras vidas de la que tratamos tan valientemente de ser libres, puede cortarse efectivamente con las cizallas de la gratitud.
¿Te agarras a un resentimiento por ese ex o un amigo de días pasados? ¿Sigue albergando amargura por un trabajo o un negocio que salió mal? ¿Te estás aferrando a una parte de tu vida que fue dolorosa con amargura y resentimiento? ¿Te estás aferrando a un momento o ciclo particularmente bueno que tenías con alguien, temeroso de que si las cosas cambian y dejas que el pasado se desarrolle y entre, las cosas no serán tan buenas?
Tal vez necesitabas esa relación para enseñarte acerca de una parte de ti mismo. Tal vez aprendiste compasión o más acerca de lo que querías de la vida. Tal vez ese amigo, a pesar de que ya no está en tu vida, te ayudó a abrir una parte de ti que se cerró y necesitó ser activada y liberada. ¿Qué hay de esas experiencias dolorosas? También aprendiste algo, probablemente mucho, de ellos. ¿Y esa experiencia que fue tan satisfactoria? Eso también debe dejarse de lado si vamos a abrir nuestros corazones a lo nuevo.
Aplica una dosis de gratitud. Agradece la experiencia por estar en tu vida. Gracias a ese ex, o ese amigo, o ese negocio, o ese jefe. Agradézcales una y otra vez en su mente. Deliberadamente siéntese y descubra cuáles fueron las lecciones y los dones. Si no puedes verlos, pide que te muestren.
Avanza un paso más para liberarte y liberarte al agradecer cómo esa persona o experiencia enriqueció tu vida.
«Dios, gracias por el pasado. Ayúdame a dejarlo ir con gratitud, para poder vivir más completa y alegremente ahora.»
(Melody Beattie de su Libro Mas del Lenguaje del Adiós).

Categoría: DÍA POR DÍA
Meditación 7 de Febrero… Aprecia los destellos de luz

Conozco personas que han estado inmersas en tiempos extremadamente difíciles. Una mujer perdió a su esposo y ambos hijos en un incendio. Otra encontró a su hijo adolescente muerto de muerte, suicidio, en su porche trasero un domingo de primavera. He conocido personas que luchan contra la depresión crónica. He conocido a personas que perdieron su fortuna de una sola vez. He conocido personas que eran activas, personas sanas un día, y al día siguiente un accidente las paralizó de por vida.
También tuve mis años de dolor después de la muerte de mi hijo. Año tras año, el dolor latía incesantemente, amenazando con no disminuir.
Escucha cuidadosamente. Rezo para que nunca tengas tal tiempo. Pero incluso si estás pasando por algo así, haz que cada momento cuente. Y preste especial atención a los momentos en que el dolor y el sufrimiento disminuyen, aunque solo sea por unos segundos u horas. Cuenta esos momentos como un regalo, un destello de luz. Mantenlos en tu corazón.
Escribe en tu diario cuánto duele. Siente todo tu dolor. Pero tómese el tiempo para documentar esos breves momentos cada semana en los que solo aparece un destello de placer.
Recuerda, dos más dos son cuatro. Cuatro más cuatro son ocho.
Esos momentos se sumarán.
Puede que no estés pasando por un momento en tu vida que disfrutes, pero trata de encontrar unos momentos en los que puedas recuperar el aliento, mirar a tu alrededor y decir qué dulce es.
«Dios, ayúdame a encontrar al menos una cosa en mi vida que me haga sentir bien y me dé placer, aunque sea solo por un momento de mi día».
(Melody Beattie de su Libro Mas del Lenguaje del Adios).

Reflexión del Dia: 1 de Febrero

BUSCAMOS A TRAVÉS DE LA ORACIÓN Y LA MEDITACIÓN MEJORAR NUESTRO CONTACTO CONSCIENTE CON DIOS, COMO NOSOTROS LO CONCEBIMOS, PIDIÉNDOLE SOLAMENTE QUE NOS DEJASE CONOCER SU VOLUNTAD PARA CON NOSOTROS Y NOS DIESE LA FORTALEZA PARA CUMPLIRLA. (Onceavo Paso de CoDA).
«Déjate llevar, Melody. Déjate llevar».
¿Cuántas veces he oído estas palabras en boca de mi madrina? ¿Cuántas veces me he enojado al oírlas?
Muchas veces.
¿Cómo puedo dejarme llevar? ¿Cómo puedo dejar de creer en pérdidas y privaciones y comenzar a creer en plenitud?
Paulatinamente aprendo que no sólo puedo dejarme llevar, sino que también puedo confiar. Soy parte del fluir de la vida. Si estoy conectada con mi Poder Superior y con la voluntad de Dios para mí, sabré qué debo hacer y cuándo debo hacerlo. Cuidar de mí misma, usar mi propio poder, será (y es) una parte natural de ese fluir. Creceré y cambiaré como debe ser, cuando esté lista, en la medida en que quiera.
El Paso Once es mi favorito. Me ha llevado de la adicción a la sobriedad. Me ha llevado a través de la pobreza, el dolor y la desesperación. Me ha llevado a través del dolor de tocar fondo en mi codependencia. Me ha dado todo lo que he necesitado para comenzar la recuperación y continuar sanándome. Continuamente me lleva de la confusión a la claridad, de ser victimizada a manejar mi propio poder. Este Paso me ha llevado a tener una vida real, una vida que es mía, está llena y funciona.
Me lleva de donde estoy a donde me dirijo; me ayuda a confiar en ambos lugares. Me lleva a través de cada día. Si miramos fijamente el laberinto de nuestra vida, podemos fácilmente confundirnos con todos los caminos, corredores, puertas y opciones. Este Paso nos ayuda a enfocarnos en los detalles del camino presente, y nos permite caminar con confianza por el laberinto.
Dejarse llevar no significa que no meneemos el barco. Sólo significa que lo podemos hacer por fin. Al escucharnos a nosotros mismos y a Dios, sabremos cuándo es hora de hacerlo y tendremos el poder necesario. La discusión que tenemos de si podemos cuidar de nosotros mismos no es con Dios: es con nosotros mismos. Nuestro siguiente paso es decidir cuál es la mejor manera de cuidarnos y pedir ayuda a Dios.
Hay momentos para derrotarnos, momentos para soltar, momentos para rendirnos. Hay momentos para esperar y momentos para tomar acción. Hay momentos para ser tiernos y cuidadores, momentos para dar y momentos para recibir. Hay momentos para dar nuestra opinión, para ejercer nuestro poder y para cuidar de nosotros mismos. Al trabajar este Paso sabremos en qué momento nos encontramos.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 31 de Enero

CONTINUAMOS HACIENDO NUESTRO INVENTARIO PERSONAL Y CUANDO NOS EQUIVOCABAMOS LO ADMITIAMOS INMEDIATAMENTE (Décimo Paso de CoDA).
PARA MANTENER LA AUTOESTIMA
Este es el Paso de la autoconciencia y la autorresponsabilidad. En los demás Pasos, comenzamos el proceso de mirar hacia adentro, en vez de fijarnos en otros. Este Paso nos alienta a continuar por ese camino. No tenemos que usarlo como una herramienta rígida para controlarnos y mantenernos con un comportamiento perfecto. Al contrario, podemos usarlo como un ancla para mantenernos fijados en nosotros mismos y en nuestro proceso de crecimiento.
Podemos permitirnos vivir y confiar en que las lecciones se nos revelarán cuando sea el momento, cuando estemos listos, cuando nuestro Poder Superior está listo. A veces la lección es un comportamiento nuevo que necesitamos practicar. A veces la lección es un comportamiento viejo que ha vuelto.
A veces necesito manejar un incidente, a una persona, o a mí misma y enderezar mi acto. A veces he olvidado practicar un principio sencillo como la gratitud o el desapego, principios que pueden determinar la calidad de mi vida día a día.
Algunos de nosotros descubrimos que dar este Paso nos revela nuevos asuntos y áreas donde necesitamos trabajar, tales como nuevos descubrimientos o adicciones que quizá necesitemos enfrentar dentro de nosotros mismos. A veces este Paso nos revela cosas nuevas acerca de una relación actual o pasada, o de nuestra historia.
Una oración que me ayuda a hacer esto: Muéstrame, Dios, qué es lo que estoy aprendiendo. Guíame a mí, y mi crecimiento.
Este es el Paso que engloba mis imperfecciones y las imperfecciones y la humanidad de otros. Es un vehículo para aprender a querernos a nosotros mismos y a otros incondicionalmente. No hay que darlo con temor, sino confiar en que estamos exactamente donde necesitamos estar en nuestra vida, nuestra recuperación y nuestras relaciones.
Nuestro deseo de admitir nuestros errores inmediatamente aumentará, ya sean estos errores hacia nosotros mismo o hacia otros, porque aprenderemos que hacerlo trae paz. La inquietud y la discordia con frecuencia son señales de que necesitamos trabajar este Paso y mirar hacia adentro. Confiemos en que la respuesta aparecerá.
Sé paciente contigo mismo y con otros mientras te esfuerces en este proceso de crecimiento, cambio, vida y recuperación. Sé paciente a medida que te esfuerces por identificar los asuntos y cuál es o fue tu parte en estos. Estate abierto a las respuestas porque llegarán
Demos la bienvenida a las revelaciones. Podemos confiar en dónde nos lleva este proceso. Algo está siendo trabajado en nosotros, algo importante, ya sea que estemos en un descanso o un momento de cambio intenso y dramático.
No tenemos que controlar el proceso. Podemos soltar y permitir que tenga lugar. Al trabajar este Paso, todo lo que necesitamos saber sobre cuidar de nosotros mismos nos será mostrado. Una vez que hayamos trabajado hasta el Décimo Paso, podemos mantener y aumentar nuestra autoestima dando con frecuencia este Paso. Incorpora el proceso por el que hemos pasado en los Pasos Cuatro a Nueve. Significa que pasamos por este proceso de nuevo, cada vez que necesitamos, para mantenernos en el camino.
No necesitamos trabajar este Paso para castigar o rebajarnos. Lo hacemos para mantener la armonía en nuestras relaciones con nosotros mismos y con otros. Lo hacemos para seguir en el camino. No proyectamos este Paso en otros: hacemos nuestro propio inventario: nuestros propios pensamientos, sentimientos, comportamientos, y caminos.
Cuando nos desviamos del camino, cuando un asunto surge que necesitamos ver, sabremos cómo. Identificamos el asunto. Hablamos con alguien acerca de ello. Somos honestos, no tomamos la defensiva, ni nos sentimos miedosos o avergonzados. Aceptamos lo que ha pasado y asumimos la responsabilidad por nuestra parte en ello. Luego nos disponemos a hacer las reparaciones apropiadas, y lo soltamos.
Este proceso para mantenernos en el camino puede volverse tan habitual como alguna vez lo fueron nuestros comportamientos de supervivencia. La próxima vez que hagamos algo que nos molesta, no necesitamos desperdiciar nuestra energía revolcándonos en vergüenza. La próxima vez que nos atoramos en un comportamiento antiguo, aunque sabemos que no debemos, no tenemos que castigarnos. Podemos dar un Décimo Paso: identificarlo, hablar acerca de ello, luego
inmediatamente hacer la reparación, ya sea que eso signifique cambiar nuestro curso de acción con nosotros mismos o con otros. Deja que el proceso tenga lugar. Y continuemos con nuestra vida, con amor por nosotros mismos y por otros.
Antes, admitir que me había equivocado en la forma de tratarme a mí misma y a otros me resultaba difícil. Sentía que toda mi autoestima descansaba en el hecho de tener la razón, todo el tiempo. Esa actitud no dejaba espacio para crecer, ni para la autoestima.
Ahora, a medida que aprendo a estar más a gusto conmigo misma, encuentro que es más fácil admitir mis errores. Estoy más abierta, más vulnerable, y humilde respecto a este proceso de crecimiento y recuperación.
Aún me cuesta trabajo acercarme a la gente y admitir mis errores. Me es difícil hacerme consciente de un nuevo comportamiento en el que necesito trabajar. Aún trago fuerte y pienso dos veces antes de disculparme. Tengo que luchar contra mis defensas y mi orgullo. Mi necesidad de ser perfecta, mi necesidad de tener la razón, aún está allí en el fondo,tratando de hacerse oír.
Este Paso, este programa, me enseña que no tengo que escuchar el antiguo mensaje. Mi paz, mi alegría, mi amor por mí misma y por otros me llega cuando me acepto. Me llega cuando me permito ser honesta, abierta, y responsable con aquellos a quienes quiero, con quienes trabajo, con quienes me relaciono. Me llega cuando soy responsable ante mí misma y mis propias necesidades.
Mi autoestima y mi amor por mí misma regresan cuando de inmediato me ocupo de los daños que me hago a mí misma y a otros.
Este Paso me da permiso de ser yo misma y de ser imperfecta. Me da permiso de amar y nutrirme y de fijarme en lo que está bien en mi vida. Me permite ser un humano vulnerable en las relaciones con otros seres humanos vulnerables. Me permite perdonarme a mí misma, y me ha enseñado mucho acerca de perdonar a otros, también.
Entreteje el concepto del perdón y la aceptación en la vida diaria. Este Paso me enseña a amar a otros y a mí misma incondicionalmente, y de todas formas ser responsable por mí misma.
No tenemos que ser perfectos y tener la razón. Ahora podemos decir: «Me equivoqué, y lo siento» a nosotros mismos así como a otros.
Este Paso nos da permiso de ser honestos acerca de quienes somos. Podemos manejar las cosas como se presenten. Hay que usarlo rutinariamente para crecer y mantener los buenos sentimientos que hemos descubierto.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 29 de Enero

CONTINUAMOS HACIENDO NUESTRO INVENTARIO PERSONAL Y CUANDO NOS EQUIVOCABAMOS LO ADMITIAMOS INMEDIATAMENTE (Décimo Paso de CoDA).
EL MOMENTO PARA HACER EL INVENTARIO
Algunas personas en recuperación prefieren dar este Paso cada noche. Cuando se retiran, revisan su día y su conducta. Si algo sale durante esa revisión, hacen una nota mental de trabajarlo.
Quizá eso signifique manejar sus sentimientos, ser honestos con alguien, pedir disculpas a alguien, o hacer una reparación a sí mismos. Quizá necesitemos regresar a otro Paso para ayudarnos con nuestro inventario. Si somos abiertos, sabremos qué hacer. Hemos comenzado un proceso en el que podemos confiar, un proceso que nos apoyará continuamente en nuestro crecimiento. Este programa y estos Pasos no nos abandonarán.
Algunos de nosotros nos gusta dar este Paso por la mañana, durante los momentos tranquilos antes del trajín del día. En ese momento, estamos abiertos y receptivos en relación a nuestros sentimientos. Tal vez tengamos tiempo para preguntar, ¿Qué sucede conmigo? ¿Qué necesito hacer para cuidar de mí mismo con amor y responsabilidad? Luego nos escuchamos y respondemos.
Otros trabajan este Paso en una forma más relajada, confiando en que al trabajar su programa, al mantenerse conectados con otras personas en recuperación, y al tratar de mantenerse en el camino correcto, este Paso saldrá a su encuentro cuando sea necesario.
«Trato de estar consciente,» dijo Joan. «No puedo decir que hago un Décimo Paso cada día, pero hablo con mi madrina tres veces por semana y la mantengo al tanto de todas las cosas en mi vida. Lo admito ante ella cuando me equivoco, aunque no lo admita ante nadie más. Aún no recuerdo cotejar las cosas con mi Poder Superior, pero sé que puedo aspirar a esa paz. Busco las respuestas pequeñas. Acepto las cosas. Suelto lo que no está en mi plan.»
He aprendido esto de mí misma y mi recuperación: Cuando es el momento de que algo me llame la atención, no tengo que preocuparme. La lección no desaparece. Continuará presentándose hasta que lo confronta. De una manera natural, intuiciones acerca de nosotros mismos se nos revelarán.</strong
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 28 de Enero

CONTINUAMOS HACIENDO NUESTRO INVENTARIO PERSONAL Y CUANDO NOS EQUIVOCABAMOS LO ADMITIAMOS INMEDIATAMENTE (Décimo Paso de CoDA).
CONTINUAR AMÁNDONOS
Existe otra área de nuestra vida donde nuestro inventario puede llevar al descubrimiento del error que requiere una rápida admisión. Esta área es la de nuestros daños a nosotros mismos. No reconocer y sentir nuestros sentimientos, no poner límites cuando hacen falta, no prestarnos atención, no confiar en nosotros mismos, no respetarnos a nosotros mismos, no escucharnos a nosotros mismos: estos son los daños que necesitan atención inmediata.
Estar enojados con nosotros mismos y castigarnos, es un daño.
Abandonarnos a nosotros mismos es un daño.
El autoabandono puede convertirse en habitual para aquellos de nosotros que hemos pasado muchos años practicando la codependencia. Es mucho más fácil para mí, en una situación dada, apagar mis emociones y abandonarme a mí misma que valorar y confiar en mí misma y en mis emociones. Esto es algo que necesitamos cuidar en nuestros inventarios.
Engancharnos en sobrecuidar, enfocarnos en el otro, y hacer caso omiso de nuestras propias
emociones y necesidades puede ser una respuesta instintiva que debemos cuidar. Tratar de controlar nuestras relaciones, en vez de dejar que fluyan y cuidar de nosotros mismos
en el proceso, es otro comportamiento del que debemos estar alertas.
No ser emocionalmente honestos acerca de nuestras necesidades y deseos, para con nosotros mismos y con otros, es un daño.
Olvidarnos de nosotros mismos o no tratarnos con una actitud nutritiva es un área que debemos
vigilar. Con frecuencia, nuestra respuesta inicial a cualquier situación es ser duros, exigentes, críticos con nosotros mismos y avergonzarnos. Eso, amigo mío, es cometer un error.
Quizá anticipamos el rechazo cuando éste no existe. Tal vez caigamos en la trampa de nuestras antiguas creencias: que no somos dignos de ser amados, que somos incompetentes, e inmerecedores. Estas creencias antiguas son daños que nos hacemos, y pueden dañar nuestras relaciones.
Tal vez caigamos en viejos miedos y olvidamos dejar que la paz y la confianza controlen nuestra vida. Esto es un error.
En cualquier momento en que desviemos nuestro camino del modo de vida que hemos descubierto, es hora de dar este Paso y permitirlo volver a encaminarnos.
No nutrir y cuidar al niño interno es un error. Esperar que otros, y no nosotros mismos, cuidan, protejan y nutran a ese niño necesitado y asustado es un error que nos puede llevar a gestos desesperados y codependientes en nuestras relaciones y nuestra vida.
Recaer en formas depravadas y martirizadas de vivir es malo. Permitir que otros nos controlen o controlen nuestra vida es malo.
¿Estamos preocupándonos de nuevo? ¿Estamos otra vez tratando de controlar lo que no podemos? ¿Estamos sustituyendo el controlar por el ejercer nuestro propio poder de cuidar de nosotros mismos en cualquier circunstancia? ¿Nos hemos vuelto a tornar temerosos y avergonzados? ¿Se han vuelto nuestras reacciones a otros basadas en el temor o la vergüenza?
¿Estamos preocupándonos demasiado acerca de otros o de lo que no podemos controlar?
¿Hemos entrado en una lucha de poder con alguien, reaccionando y tratando de ganar? ¿Estamos demasiado aferrados?
¿Estamos permitiéndonos sentir?
¿Estamos haciendo para nosotros mismos lo que nos hace sentir bien?
¿Estamos siendo honestos con otros y poniendo los límites que necesitamos? ¿Estamos en contacto con nosotros mismos? ¿Estamos siendo rectos con nosotros mismos? ¿Estamos confiando en nosotros mismos y en nuestro Poder Superior? ¿Estamos claros acerca de lo que deseamos y necesitamos?
Estas son las áreas que debemos revisar en nuestro inventario. Si descubrimos errores, los admitimos inmediatamente, a nosotros mismos. Con frecuencia, ayuda hablar con alguien más también, y compartir lo que está sucediendo. Tampoco hace daño decírselo a Dios. Exponernos, ser vulnerables, es un comportamiento que aprendimos en el Quinto Paso.
En cualquier momento de nuestra recuperación que los viejos sentimientos de impotencia y victimización regresan, nos estamos haciendo daño. Necesitamos admitirlo de inmediato, tomar la responsabilidad pornosotros mismos, y ser dueños de nuestro propio poder con las personas.
No somos víctimas: ya no, y este Paso garantiza que jamás tenemos que volver a serlo.
Muchos hemos vivido vidas llenas de implacables juicios e intentos de perfección. Hemos juzgado a nosotros mismos y a otros. Si cometíamos un error, salían nuestras defensas y negábamos nuestra parte, temerosos de no ser personas valiosas si no éramos perfectos. Usábamos nuestros errores para reforzar nuestra ira y resentimiento hacia nosotros mismos, de la misma forma en que pudimos haber hecho con otros.
Este Paso nos dice que se espera y se anticipa que cometamos errores. Mis mejores y más finas lecciones han derivado de mis comportamientos menos que perfectos.
Paulatinamente estoy aprendiendo que la perfección es permitirme a mí misma ser quien soy y estar donde estoy este día, y luego reaccionar a mí misma en una forma responsable, pero nutritiva y sin avergonzarme: la autoaceptación suministrada con una dosis grande de amor a mí misma.
He aprendido que no tenemos que temer tanto el salirnos del camino, como el no querer y aceptarnos. Sin importar el predicamento en que me encuentro, puedo salirme trabajando este Paso con una actitud de amor y cuidado hacia mí misma. Avergonzarme, no aceptar y confiar en mí misma no funciona.
Por medio de dar este Paso, generalmente encuentro que la circunstancia tiene un resultado positivo. Me beneficia. Me enseña algo. Me ayuda a aprender y a crecer.
Una de las formas en que trabajo este Paso es usándolo para afirmarme a mí misma. Por ejemplo, si temo una circunstancia específica, acepto mi miedo, y luego escribo una afirmación que se opone a ese miedo. A medida que me hago consciente de antiguas creencias a las que me aferro (creencias viejas, negativas y autodestructivas), escribo afirmaciones para contrarrestar esas creencias.
También uso este Paso como un recordatorio de que debo nutrirme con cariño.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Meditación 28 de Enero… Crecimiento

Al igual que cuando éramos niños y crecíamos a partir de nuestros juguetes y ropa favoritos, a veces crecíamos fuera de las cosas como adultos: personas, trabajos, hogares. Esto puede ser confuso. Podemos preguntarnos por qué alguien o algo que fue tan especial e importante para nosotros el año pasado no encaja de la misma manera en nuestra vida actual. Podemos preguntarnos por qué nuestros sentimientos han cambiado.
Cuando éramos niños, es posible que hayamos intentado encajar en un artículo de ropa demasiado grande. Ahora, como adultos, podemos pasar por un tiempo tratando de forzar las actitudes que hemos superado. Es posible que tengamos que hacer esto para darnos tiempo para darnos cuenta de la verdad. Lo que funcionó el año pasado, lo que fue tan importante y especial para nosotros en el pasado, ya no funciona porque hemos cambiado. Hemos crecido
Podemos aceptar esto como una parte válida e importante de la recuperación. Podemos dejarnos pasar por la experimentación y el dolor mientras luchamos por hacer que algo encaje, tratando de averiguar si realmente ya no encaja, y por qué. Podemos explorar nuestros sentimientos y pensamientos en torno a lo que ha sucedido.
Luego, podemos guardar los juguetes del año pasado y dejar espacio para lo nuevo.
«»Hoy, dejaré que los juguetes del año pasado sean lo que eran: los juguetes del año pasado. Los recordaré con cariño por el papel que jugaron en mi vida. Luego, los guardaré y dejaré espacio para lo nuevo».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

Reflexión del Dia: 26 de Enero

CONTINUAMOS HACIENDO NUESTRO INVENTARIO PERSONAL Y CUANDO NOS EQUIVOCABAMOS LO ADMITIAMOS INMEDIATAMENTE (Décimo Paso de CoDA).
CONTINUAMOS HACIENDO NUESTRO INVENTARIO PERSONAL
«Por la forma en que vives todo lo externo, me maravilla que alguna vez hayas tenido un mal día,» dijo alguna vez mi ex-marido.
Su comentario intentaba ser gracioso; también era una observación sagaz. Antes de la recuperación de la codependencia, yo tenía una capacidad insólita de sólo ver lo externo: qué hacían otros; qué no hacían; qué trataban de hacerme a mí; que me habían hecho; y qué tanto mejor me sentiría si estuvieran haciendo algo diferente.
Pensar así, que otros de alguna manera controlaban el camino de mi vida y que podían hacerme sentir mejor o diferente, era una ilusión. Y aprendí que era una ilusión por el camino difícil: tocando fondo en mi codependencia.
Si hemos hecho nuestro trabajo en los Pasos, hemos pasado ya de pensar así. Quizá volvamos a ello de vez en cuando, pero por lo menos ahora sabemos qué estamos haciendo, y sabemos que es una ilusión. Muchos de nosotros comenzamos nuestro viaje de recuperación gracias a lo que algún ser amado hacía o no hacía. Entramos a este programa por esa manera de pensar. Luego, el Primer Paso nos hizo poner los pies en la tierra de una nueva manera de pensar, una nueva manera de enfrentar la vida, a otros, y a nosotros mismos.
Para cuando llegamos al Cuarto Paso, ya estábamos mirando hacia adentro. Estábamos listos para comenzar a indagar en nuestra alma. Comenzamos a mirarnos a nosotros mismos y lo que sucedía con nosotros. Comenzamos a ver como respondíamos comúnmente a la vida, en vez de fijarnos en lo que sucedía con otros.
El proceso por el que atravesamos en los Pasos Cuatro y Cinco nos llevó a una gira de limpieza por nosotros mismos. Entregamos nuestra vida y voluntad al cuidado de Dios, tal como concebíamos a Dios. Luego, hicimos una limpieza del paquete que habíamos entregado.
Ahora, se nos ha dado este Paso, un Paso de mantenimiento, para ayudarnos a continuar con este proceso de mirar hacia adentro. Este Paso no nos pide que nos persigamos continuamente con cincel y martillo. No nos dice que tenemos que andar por la vida teniéndonos a nosotros mismos bajo un microscopio, hipervigilando todo lo que digamos o hagamos, esperando sin aliento para criticar y castigarnos a nosotros mismos.
Pero sí nos da permiso de continuar estando conscientes de nosotros mismos, y cuando estemos equivocados, admitirlo y manejarlo sin demora.
¿Cuáles son los «errores» que buscamos y admitimos inmediatamente?
Estamos buscando los daños que hacemos a otros, los daños que son fáciles de racionalizar y justificar. Hay que observar cualquier patrón personal de conducta que sea inferior a lo que razonablemente podemos esperar de nosotros mismos.
Esto puede incluir expresiones de enojo y rabia inapropiadas, conducta inapropiada cuando estamos enojados, guardar resentimientos, controlar, manipular, y usar a las personas, mentir, esperar que otros llenen el «hueco en nuestra alma,» o cualquier otro comportamiento que no alcanza nuestra propia aprobación.
¿Cómo sabremos cuando nos hemos comportado inadecuadamente? Si hemos hecho nuestra tarea, si hemos limpiado el tiradero de culpas merecidas e inmerecidas del pasado, si hemos trabajado estos Pasos lo mejor que podamos, sabremos.
El asunto llamará nuestra atención.
Habremos experimentado suficiente paz para poder reconocer la inquietud, y suficiente guía para saber cómo encontrar nuestro camino para salir de cualquier predicamento en el que nos encontramos. Sabremos y confiaremos que podemos soltar y permitir que se nos guíe al camino de conducta correcta, ya sea pedir disculpas o intentar un cambio de conducta con otra persona.
He aprendido que no puedo confiar sólo en los sentimientos para hacer este Paso. Puede ser que me sienta culpable cuando no he hecho nada malo. O puedo sentirme culpable acerca de hacer cosas que son buenas para mí: tales como jugar, divertirme, expresar mis sentimientos, y decir lo que quiero y necesito. A veces, no me siento culpable de comportamientos que legítimamente necesito corregir: me siento a la defensiva y protectora.
Este Paso nos pide que continuemos el proceso de usar nuestro intelecto, nuestra sabiduría, la sabiduría de la recuperación, para revisar e inventariarnos a nosotros mismos. Debemos confiar en nuestros sentimientos, pero también debemos usar nuestro intelecto, de manera que no nos perdamos en una ola de culpa inmerecida y actitudes defensivas.
Podemos pensar. Con nuestra nueva conciencia podemos mirarnos a nosotros mismos cada día y, con amor, dilucidar lo que necesitamos para cuidar de nosotros mismos.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 25 de Enero

REPARAMOS DIRECTAMENTE A CUANTOS NOS FUE POSIBLE EL DAÑO CAUSADO, EXCEPTO CUANDO EL HACERLO IMPLICABA PERJUICIO PARA ELLOS O PARA OTROS (Noveno Paso de CoDA).
LOS PASOS DE LOS TORNILLOS Y LAS TUERCAS
Ahora hemos terminado con los que muchos en recuperación llaman los Pasos de los tornillos y las tuercas. Con frecuencia nos encontraremos regresando instintivamente al Paso que necesitamos. Ve allí libremente cuantas veces sea necesario.
Ve cuando necesitas la sanación que éste, o cualquier otro Paso, tiene que ofrecer. Hay muchas cosas en la vida en las que no podemos confiar. Pero podemos confiar en estos Pasos, y siempre están allí para ayudarnos. No te preocupes de trabajar este Paso demasiado pronto: él te encontrará cuando estés listo. Te encontrarás en lugares, con personas, en circunstancias, y será el momento de cuidar de ti mismo con los demás.
Empezaremos a ver cómo nos hemos estado tratando inapropiadamente a nosotros mismos, también. Con frecuencia esta toma de conciencia es gradual. Recibimos intuiciones, las instrucciones para el cambio, y la oportunidad de hacer reparaciones, cuando estamos listos para manejarlas. Ten confianza de que el momento llegará. Confía en el proceso. Confía en los Pasos. Confía en lo que sucederá si los trabajas.
Escucha lo que dice El Libro Grande de Al-Anón. (página 78):
Debemos tener sentido común y tacto, ser considerados y humildes, sin ser serviles o rastreros. Como criaturas de Dios nos paramos en nuestros propios pies; no nos arrastramos ante nadie. Si nos esmeramos en esta fase de nuestro desarrollo, nos sorprenderemos de los resultados antes de llegar a la mitad del camino. Vamos a conocer una libertad y una felicidad nuevas. No nos lamentaremos por el pasado ni desearemos cerrar la puerta que nos lleva a él. Comprenderemos el significado de la palabra serenidad y conoceremos la paz. Sin importar lo bajo que hayamos llegado, percibiremos cómo nuestra experiencia puede beneficiar a otros. Desaparecerá ese sentimiento de inutilidad y lástima de nosotros mismos. Perderemos el interés en cosas egoístas y nos interesaremos en nuestros compañeros. Se desvanecerá la ambición personal. Nuestra actitud y nuestro punto de vista sobre la vida cambiarán. Se nos quitará el miedo a la gente y a la inseguridad económica. Intuitivamente sabremos manejar situaciones que antes nos desesperaban.De pronto comprenderemos que Dios está haciendo por nosotros lo que por nosotros mismos no podíamos hacer.
¿Son estas promesas extravagantes? No lo creemos. Están cumpliéndose entre nosotros -a veces rápidamente, a veces lentamente, pero siempre se realizarán si trabajamos para obtenerlas.
Los alcohólicos en recuperación fueron los primeros en ver cumplirse estas promesas como retribución de haber trabajado estos Pasos. Algunos creen que los alcohólicos tienen mayor inclinación que otros para trabajar estos Pasos, porque de ello depende sus vidas. Nosotros también podemos estar comprometidos a trabajar estos Pasos y recibir los beneficios en nuestra vida, porque nuestra vida, la calidad de nuestra vida, la calidad de nuestras relaciones, y la calidad del amor en nuestra vida, sí dependen de ello.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 23 de Enero

REPARAMOS DIRECTAMENTE A CUANTOS NOS FUE POSIBLE EL DAÑO CAUSADO, EXCEPTO CUANDO EL HACERLO IMPLICABA PERJUICIO PARA ELLOS O PARA OTROS (Noveno Paso de CoDA).
HACER REPARACIONES A NOSOTROS MISMOS
Ya hemos hablado de las reparaciones en nuestras primeras dos listas. Ahora vayamos a la última, las reparaciones que debemos a nosotros mismos. Tal vez sea difícil acercarnos a otros para pedir disculpas. Puede ser una tarea dura perdonar a otros lo que nos han hecho de daño.
Pero hacer reparaciones a nosotros mismos, perdonarnos, puede ser la parte más difícil del programa.
Toda la recuperación, todo por lo que estamos pasando, tiene que ver con hacer una reparación a nosotros mismos. Darnos permiso de tener nuestros sentimientos es una reparación. Darnos permiso de estar vivos y ser felices es una reparación. Cuidar de nosotros mismos en una forma benévola, compasiva, y amorosa es una reparación.
Aprender a poner límites, ser directo, y dejar de autoderrotarnos y victimizarnos es una reparación. Aprender a ya no dejar que otros nos maltraten y controlen es una reparación.
Aprender a dejar de exigirnos perfección, a poseer nuestro propio poder, y a ser quienes somos es una reparación a nosotros mismos.
Aprender a escucharnos y confiar en nosotros mismos es una reparación importante. Aprender a confiar en nuestros instintos y valorar nuestros sentimientos y necesidades es una reparación.
Tal vez tengamos muchas reparaciones que debemos hacer al niño asustado, maltratado, o abandonado que está dentro de nosotros, reparaciones por ser tan críticos, negligentes, y por avergonzarlo tanto. Nos debemos una disculpa y un cambio de comportamiento por no habernos permitido recibir el amor y el cuidado que necesitábamos, especialmente de parte de nosotros mismos.
Nos debemos una disculpa y un cambio de actitud por algunas de las ideas terribles que hemos tenido y creído acerca de nosotros mismos obsesivamente. Que no éramos dignos de amor, no éramos suficientemente buenos, que no podemos pensar, que no merecemos el éxito, que no merecemos divertirnos, o no merecemos recuperarnos son creencias falsas que hemos asumido, creencias que requieren corregirse como parte de este programa de hacer reparaciones a nosotros mismos.
«Simplemente, no me amo,» dijo Karen. «Y no creo que soy digna de ser amada. No creo que merezco las cosas buenas de la vida».
«La mayoría pensamos así», respondí. «Por eso estamos en recuperación. Es una parte importante
de lo que es la recuperación: el cambiar esas creencias».
Jasón, que ha estado recuperándose de la codependencia durante seis años, se escribe cartas a sí mismo como parte de sus reparaciones. Cuando algo le molesta, cuando regresan la culpa y el miedo, cuando no sabe qué se merece, se sienta y se consuela mediante una carta. Se dice a sí mismo todas las cosas buenas, consoladoras, y nutridoras que él y el niño interno necesitan oír para sentirse mejor.
«Me he vuelto bastante detallado para hacer reparaciones conmigo mismo,» dice. «Mis reparaciones conmigo mismo son como escribirme cartas. Llevé a mi papá a una sesión de terapia. Llevé a mi madre a dos sesiones. Y entre las sesiones, fui y me compré un osito de peluche».
Yo aprendo más cada día acerca de cuidar de la niña interna. La descuidé e hice de menos durante años y años. Trataba de ignorarla; quería que desapareciera. Lo que sucedió fue que gritaba más y más fuerte hasta que comencé a escucharla.
Pasé muchos años esperando que otros, que mis relaciones, cuidaran de mi niña interna. Buscaba que mis relaciones calmaran mi miedo y nutrieran, apoyaran y protegieran a mi niña interna.
Quería que mis relaciones estuvieran allí para mí porque yo no estabaallí para mí misma. No sabía cómo hacerlo.
Ahora, lentamente, estoy aprendiendo una manera mejor. Estoy aprendiendo cómo escuchar a esa niña interior que abandoné casi toda mi vida. Estoy aprendiendo cómo ponerme en contacto con ella, cómo escucharla, y darle el consuelo, el cuidado, la protección, la guía, y la disciplina que ella requiere.
A veces, requiere del cuidado cálido que necesita un bebé de tres meses. A veces, necesita correr, jugar, o cantar, como lo haría una niña de cuatro años. A veces, necesita escuchar una canción especial, y llorar, o soñar, o desear. A veces, necesita expresar qué tan triste o asustada está, y simplemente que la reconozca y valide.
Esta conducta de nutrir al niño interior no es tontería, como alguna vez creí. Es curativa. Unos minutos al día de cuidado a esa niña, libera a mi adulto para ser rejuvenecido y responsable, y permite que mi niña interna se sienta calientita, segura, y nutrida. También me permite ser una madre efectiva y nutritiva con mis hijos. Ellos me han enseñado mucho acerca de mi niña interior y lo que necesita; mi niña interna ayuda a enseñarme qué necesitan mis hijos.
He aprendido, por fin, a liberar el enojo y resentimiento que he sentido hacia mí misma por todo lo que me ha sucedido, por las conductas inapropiadas de otros hacia mí, por mis errores, y por ser yo misma. He albergado enojo y resentimiento hacia otros todo mi vida, pero la rabia callada y negada que tenía hacia mí misma era la más profunda y la más difícil de dejar ir.
No tenía idea, hasta después de muchos años en recuperación de la codependencia, qué tan enojada estaba conmigo misma. Tardé mucho en descubrir mi rabia, enojo, y resentimientos hacia otros, pero mucho más en detectar estos sentimientos encubiertos hacia mí misma. Para poder amar, nutrir y cuidar de mí misma libremente, para detener el tren de relaciones destructivas, para liberar mis bloqueos al amor y la intimidad, tuve que soltar esta rabia.
Necesitaba perdonarme y desarrollar una mejor relación conmigo misma. Necesitaba hablar mejor acerca de mí misma y conmigo misma; necesitaba perdonar y olvidar; necesitaba dejar de estarme castigando por los errores que había cometido y por lo que otros me habían hecho.
Mi enojo y mi rabia hacia mí misma me estaban matando lentamente, pero yo no lo sabía hasta que un día salieron a la superficie. Exploté con una retahíla de reclamos hacia mí misma que me sorprendió por su ferocidad y odio. Vi la parte importante que mi odio hacia mí misma había tenido en mis temores, en mi necesidad de ser perfecta, aun en mi necesidad de controlar. Si cometía otro error, si algo o alguien me volvía a desilusionar, me encorajinaba aun más conmigo misma. Vi cómo mi rabia conmigo misma había seguido atrayendo experiencias que podrían ayudar a sacarla para que yo pudiera manejarla. A veces cuando estoy enojada con otra persona y no enfrento mis sentimientos, todo lo que veo me refuerza el enojo. De la misma manera, seguía viendo y haciendo cosas respecto a mí misma que reforzaban mi autodesprecio. Me torturaba y no me dejaba vivir ni estar enteramente viva. Mi enojo no me dejaba amar ni ser amada. No me dejaba amarme a mí misma, hasta que lo liberé.
Fue hora de verdaderamente hacer reparaciones a mí misma.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).
