Meditacion 4 de Septiembre… Encontremos una dirección

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós propone que para transitar el camino de la recuperación debemos fijar metas concretas y alcanzables para llevar una vida gobernable. Enfatiza que podemos ayudar a nuestro poder Superior a guiar nuestra vida.

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Medita sobre esto:

Yo solía pasar tanto tiempo reaccionando y respondiendo a todos los demás, que mi vida no tenía una dirección. La vida de otras personas, sus problemas y deseos disponían el curso de mi vida. Una vez que me di cuenta de que estaba bien que pensara en lo que quería y lo identificara, empezaron a tener lugar en mi vida cosas notables. (Anónimo).
Cada uno de nosotros tiene una vida que vivir, una vida que tiene un propósito y un significado. Podemos ayudarle a nuestro Poder Superior a que dé dirección y propósito a nuestra vida fijando metas.
Podemos fijar metas anual, mensual o diariamente en tiempos de crisis. Las metas crean una dirección y un ritmo; las metas nos ayudan a tener una vida gobernable dirigida de acuerdo con el curso que hemos elegido para nosotros mismos.
Podemos ayudarnos a dar dirección a nuestras vidas fijando metas.

«Hoy prestaré atención a fijar para mi vida un curso de acción, en vez de dejar que me arrastre cualquier viento».

Mi Reflexión: Cuando vivimos reaccionando a las necesidades y problemas de los demás, podemos perder de vista nuestra propia vida y el propósito que Dios tiene para nosotros. Recuperar la dirección implica reconocer nuestros deseos, establecer metas y avanzar con confianza, dejando que Dios guíe nuestros pasos. No se trata de controlar el futuro, sino de caminar con propósito y fe. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estoy permitiendo que las necesidades de otros dirijan mi vida, o estoy buscando en Dios la dirección para mi propio camino?
¿Qué meta puedo establecer hoy que me ayude a avanzar con propósito, confiando en la guía de Dios?

Reflexión del Dia: 3 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» plantea las bondades de desapegarse, dejar que los demás asuman la responsabilidad de sus vidas, y nosotros aprender a amarnos, a aceptarnos tal cual somos, a despreocuparnos por aquello que no podemos cambiar ¡Liberarnos es la clave!

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Reflexiona sobre esto:

Desapegarnos no quiere decir que nada nos importe. Significa que aprendemos a amar, a preocuparnos y a involucrarnos in volvernos locos. Dejamos de crear un caos en nuestra mente y en nuestro medio ambiente. Cuando no nos hallamos reaccionando de un modo ansioso compulsivo, nos volvemos capaces de tomar buenas decisiones acerca de cómo amar a la gente y de cómo solucionar nuestros problemas. Nos liberamos para comprometernos y para amar de modo que podamos ayudar a los demás sin lastimarnos a nosotros mismos.
Las recompensas que el desapego nos brinda son muchas: serenidad, una profunda sensación de paz interior, la capacidad de dar y de recibir amor de una manera que nos enaltece y nos llena de energía, y la libertad para encontrar soluciones reales a nuestros problemas. Encontramos la libertad para vivir nuestra propia vida sin sentimientos excesivos de culpa o de responsabilidad hacia los demás. En ocasiones el desapego llega a motivar y a liberar a la gente que se encuentra a nuestro alrededor para empezar a solucionar sus problemas. Dejamos de mortificarnos por ellos y lo perciben, de modo que finalmente comienzan a preocuparse por ellos. ¡Qué gran plan! Cada quien atiende sus propios asuntos.

Mi Reflexión: Desapegarnos no significa dejar de amar ni volvernos indiferentes; significa amar con libertad, sin cargar con lo que no nos corresponde. Cuando dejamos de controlar y entregamos a Dios aquello que está fuera de nuestras manos, recuperamos la paz y podemos ayudar sin hacernos daño. El desapego nos enseña a confiar en Dios, asumir nuestra responsabilidad y permitir que cada persona se haga cargo de su propio camino. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué carga que no me corresponde necesito entregar hoy a Dios para recuperar mi paz?
¿Estoy dispuesto(a) a amar y ayudar sin controlar, confiando en que Dios también obra en la vida de los demás?

Meditación 3 de Septiembre… Ten en cuenta la ilusión de control

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós enfoca el daño que nos ocasionamos a nosotros mismos pretendiendo controlar a otras personas, sintiéndonos enfadados, hasta coléricos. Reafirma que el control es una ilusión. y nada podemos hacer para cambiar las cosas, solo «invertir» el tiempo en cambiar nuestras reacciones ante la realidad que vivimos ¡eso sí podemos!

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Medita sobre esto:

Recuerda cómo se siente cuando tratamos de controlar a otra persona.
«Estaba conduciendo por la carretera un día detrás de un automóvil que decidí que conducía demasiado despacio», me dijo un amigo. «Estaba gritando, furioso y hablando sobre el conductor que estaba frente a mí», intentando mentalmente apartarlo de mi camino. Quería que se acercara y me dejara pasar.
«Mientras conducía me observé a mí mismo. Entonces comencé a reír. No estaba enojado con este conductor frente a mí. Estaba enojado porque estaba tratando de controlar algo que no podía cambiar». Sé consciente de todos tus sentimientos. Pero también recuerda ser consciente de que a veces no es la otra persona la que nos vuelve locos. Nos lo estamos haciendo a nosotros mismos.

«Dios, ayúdame a ser consciente del drama autocreado en mi vida. Ayúdame a dejar de lado mi necesidad de controlar. Dame el coraje de mis sentimientos. Y ayúdame a ser consciente de cuándo mi propia voluntad se está desencadenando».

Reflexión: Muchas veces creemos que son las personas o las circunstancias las que nos roban la paz, cuando en realidad somos nosotros quienes luchamos por controlar lo que está fuera de nuestro alcance. Reconocerlo nos permite detenernos, soltar el control y confiar en Dios. La serenidad comienza cuando aceptamos que no todo depende de nuestra voluntad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué situación estoy intentando controlar hoy, en lugar de entregársela a Dios y aceptar lo que no puedo cambiar?
¿Puedo reconocer cuándo mi propia voluntad está generando tensión y elegir confiar en Dios en lugar de reaccionar?

Meditación 2 de Septiembre.. Claridad

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós plantea la necesidad que tenemos los codependientes de «ejercitarnos» para desarrollar la fe, solo así podemos estar claros que existe un plan divino desarrollándose para cada uno de nosotros, tanto en las situaciones buenas como en aquellos momentos difíciles que atravesamos en nuestra vida. Es el único camino para recuperarnos y sanar.

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Medita sobre esto:

Sé que lo mejor es confiar en Dios, pero a veces, me olvido de eso.
Cuando estamos en medio de una experiencia, es fácil olvidar que hay un Plan. A veces, todo lo que podemos ver es hoy.
Si tuviéramos que ver solo dos minutos del medio de un programa de televisión, tendría poco sentido. Sería un evento desconectado.
Si tuviéramos que ver a un tejedor cosiendo un tapiz por solo unos momentos, y enfocándonos solo en una pequeña parte del trabajo, no se vería hermoso. Parecería unos pocos hilos peculiares colocados al azar.
Con qué frecuencia utilizamos esa misma perspectiva limitada para mirar nuestra vida, especialmente cuando estamos atravesando un momento difícil.
Podemos aprender a tener una perspectiva cuando estamos atravesando esos tiempos de aprendizaje confusos y difíciles. Cuando estamos siendo aglutinados por eventos que nos hacen sentir, pensar y cuestionar, estamos en medio de aprender algo importante.
Podemos confiar en que algo valioso está siendo desarrollado en nosotros, incluso cuando las cosas son difíciles, incluso cuando no podemos orientarnos. La perspicacia y la claridad no aparecen hasta que hayamos dominado nuestra lección.
La fe es como un músculo. Debe ser ejercitado para crecer fuerte. Las experiencias repetidas de tener que confiar en lo que no podemos ver y las experiencias repetidas de aprender a confiar en que las cosas funcionarán, son lo que hace que nuestros músculos de fe crezcan fuertes.

«Hoy, confiaré en que los eventos en mi vida no son aleatorios. Mis experiencias no son un error. El Universo, mi Poder Superior y la vida no me están molestando. Estoy pasando por lo que necesito pasar para aprender algo valioso, algo que me preparará para la alegría y el amor que estoy buscando».

Mi Reflexión: Cuando atravesamos momentos difíciles, nuestra visión se limita y podemos olvidar que Dios sigue obrando, aun cuando no entendamos lo que sucede. Como en un tapiz, solo vemos algunos hilos, pero Él conoce el diseño completo. Confiar en Dios es ejercitar nuestra fe, especialmente cuando no podemos ver con claridad el propósito del camino. (Alpha).

Para reflexionar:
¿Qué situación estoy viviendo hoy que necesito entregar a Dios, confiando en que Él ve lo que yo todavía no puedo ver?
¿Estoy dispuesto(a) a fortalecer mi fe y esperar con confianza, aun cuando el propósito de esta etapa todavía no me sea revelado?.

Meditación 1 de Septiembre… Tú eres digno de ser amado.

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós nos reitera que los codependientes aprendimos desde la infancia por razones diversas, que no merecemos recibir amor y a descartar amar a los demás de manera saludable, pero esa actitud debe cambiar. Aun con sentimientos negativos hacia nosotros mismos (miedo, vergüenza, tristeza), transitamos la vida sin saber que las vivencias sucedidas son «lecciones para aprender».

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Medita sobre esto:

Nos regresamos… y nos regresamos… y nos regresamos… a través de las capas de miedo, de vergüenza, de heridas y de encantamientos negativos cuando descubrimos al niño exuberante, sencillo, encantador y amoroso que había, y que aún hay, en nosotros. (Más allá de la codependencia).

Tú eres digno de ser amado. Sí, tú.
Tan sólo porque la gente no haya estado contigo, tan sólo porque ciertas personas no hayan sido capaces de demostrarte amor de maneras que sí funcionarán, tan sólo porque las relaciones hayan fracasado o se hayan agriado, eso no significa que no seas digno de ser amado.
Has tenido lecciones que aprender. A veces, esas lecciones te han lastimado.
Deja ir el dolor. Abre tu corazón al amor.
Tú eres digno de ser amado.
Tú eres amado.

«Hoy me diré a mí mismo que soy digno de ser amado. Esto lo seguiré haciendo hasta que lo crea.

Mi Reflexión: A través de la sanidad vamos descubriendo, debajo de las heridas y los temores, la persona valiosa que Dios creó. Las experiencias dolorosas y los fracasos en las relaciones no determinan nuestro valor ni nuestra capacidad de recibir amor. Podemos soltar el pasado, abrir nuevamente el corazón y recordar que somos dignos de ser amados, especialmente por Dios, quien nos conoce y nos sostiene. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué heridas o experiencias del pasado todavía me hacen dudar de mi valor y necesito entregar hoy a Dios?
¿Estoy dispuesto(a) a creer que soy digno(a) de amor y a permitir que Dios sane mi corazón para recibirlo y darlo libremente?

Meditación 30 de Agosto… La gratitud no es negación

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós reafirma que el practicar la «gratitud al Creador» se hace frecuentemente e indistinto de las circunstancias que estemos viviendo. aun en los momentos mas adversos. Los codependientes mantenemos una vida llena de sufrimiento y sentirnos deprimidos es recurrente, pues allí es valido «agradecer», aunque luzca ilógico ¡Hagamos de esta práctica algo cotidiano!

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Medita sobre esto:

La gratitud no es negación. Podemos practicar la gratitud sin negar cómo nos sentimos. Algunas veces necesitamos cambiar las circunstancias en nuestras vidas. Pero generalmente no podemos hacer eso hasta que aceptemos lo que tenemos y quiénes somos ahora.
Un desafío para practicar la gratitud es que las cosas que más necesitamos agradecer son a menudo las que nos causan más sufrimiento. Practicar la gratitud cuando más necesitamos hacerlo puede parecer el acto más antinatural del mundo.
Practicar la gratitud puede ser difícil cuando estamos deprimidos o sufriendo un profundo dolor. Algunas cosas en la vida son tan trágicas que nunca estaremos agradecidos de que el evento haya ocurrido.
No estoy agradecido por la muerte de mi hijo. Lo haría regresar en un abrir y cerrar de ojos si pudiera. Pero estoy agradecido de haberlo tenido en mi vida. Estoy agradecido por las lecciones que aprendí desde que murió. Y estoy agradecido de que estoy feliz de nuevo.

«Hoy, practicaré la gratitud rindiéndome ante Dios y confiando en su voluntad.

Mi Reflexión: La gratitud no significa negar el dolor ni fingir que todo está bien. Podemos llorar por lo perdido y, al mismo tiempo, reconocer aquello que Dios nos ha permitido recibir y aprender. Aun en medio del sufrimiento, la gratitud puede abrir nuestro corazón a la presencia de Dios y ayudarnos a confiar en Su voluntad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Puedo reconocer hoy algo por lo cual agradecer a Dios, aun en medio de aquello que todavía me duele?
¿Estoy dispuesto(a) a entregar mi dolor a Dios y confiar en que Él puede traer propósito y esperanza aun de las experiencias más difíciles?

Reflexión del Dia: 29 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» enfatiza que la clave es «cuidarnos responsablemente». Para llegar a esta meta, tenemos que pasar por un proceso gradual, que no es fácil, pero sí necesario para sanar. Postergarlo solo complica nuestra vida y no detenemos el sufrimiento.

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Reflexiona sobre esto:

Desapegate. Renuncia. A veces cuando hacemos esto el resultado que habíamos esperado sucede rápida, a veces milagrosamente. A veces, no sucede. A veces nunca sucede. Pero tú saldrás beneficiado. No tienes que dejar de ocuparte o de amar. No tienes que tolerar el abuso. No tienes que abandonar métodos constructivos, como la intervención profesional, para solucionar tus problemas. Lo único que tienes que hacer es poner tus manos emocionales, mentales, espirituales y físicas otra vez dentro de tus propios bolsillos y dejar a las cosas y a la gente solas. Déjalas estar. Toma cualquier decisión que necesites tomar para ocuparte de ti mismo, pero no las tomes para controlar a los demás. ¡Empieza a ocuparte de ti mismo!

Mi Reflexión: Desapegarnos no significa dejar de amar ni dejar de preocuparnos por los demás; significa renunciar al control y confiar en Dios. Podemos hacer lo que nos corresponde, establecer límites y buscar ayuda cuando sea necesario, pero debemos dejar a los demás la responsabilidad de sus propias decisiones. Cuando dejamos de intentar controlar lo que está fuera de nuestras manos, recuperamos nuestra paz y comenzamos a ocuparnos de aquello que sí podemos transformar: nuestra propia vida. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué situación o persona necesito dejar hoy en las manos de Dios, renunciando a mi necesidad de controlarla?
¿Qué puedo hacer concretamente para cuidar de mí mismo(a), sin intentar decidir por los demás?

Meditación 28 de Agosto… Con nueva energía

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós expresa que la recuperación nos llena de una «energía nueva», llena de maravillosas sorpresas. La alegría de estar recuperándonos nos permite ver la capacidad real de alcanzar esa anhelada paz interior. Podemos llegar a ser felices, estar en armonía con nuestro interior y el entorno.

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Medita sobre esto:

Lo divertido se vuelve divertido, el amor se vuelve amor, la vida se convierte en algo que vale la pena vivir. Y nos sentimos agradecidos. (Más allá de la codependencia).

Hay una nueva energía, un sentimiento nuevo en nuestra vida. No podemos basar nuestras expectativas acerca de lo que sentiremos el día de mañana, o incluso dentro de unas horas, sobre lo que estamos sintiendo en este momento.
No hay dos momentos iguales en el tiempo. Nos estamos recuperando.
Estamos cambiando. Nuestra vida está cambiando. A veces, las cosas no han funcionado como nosotros queríamos. Teníamos lecciones que aprender. El futuro no será como el pasado.
¡No limites el futuro por el pasado!
Reflexiona acerca del principio de tu recuperación. ¿No han habido muchos cambios que te han traído hasta donde te encuentras ahora? Reflexiona acerca de lo ocurrido hace un año. ¿No han cambiado tú y tus circunstancias desde entonces?. En vez de ello, confía. Acepta el hoy, pero no te limites por él.
Viene una nueva energía. Un nuevo sentimiento está en camino. No podemos predecir cómo será viendo cómo era o cómo es, porque entonces cuando llegue, será totalmente diferente. No hemos trabajado ni luchado en vano. Ha sido por algo y para algo.
Los tiempos están cambiando para mejorar. Sigue en el sendero de la confianza y la obediencia. Permanece abierto a lo nuevo.

«Hoy, Dios mío, ayúdame a no juzgar o a limitar mi futuro por lo que fue mi pasado. Ayúdame a abrirme a todas las emociones posibles de cambio, tanto dentro de mí como a mi alrededor.

Mi Reflexión: A medida que avanzamos en la recuperación, Dios va transformando nuestra manera de mirar la vida y nos permite caminar hacia el futuro sin quedar atrapados en el pasado. En nuestro interior comienzan a crecer el sosiego, la armonía y la paz.La gratitud nace al reconocer que el Creador nos ha acompañado en cada paso y no nos ha abandonado. Confiar en Su voluntad y continuar caminando de Su mano nos permite vivir este nuevo tiempo con serenidad y esperanza. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Puedo reconocer hoy las señales de transformación que Dios ha producido en mi vida y agradecerle por ellas?
¿Estoy dispuesto(a) a seguir confiando en Dios y sometiendo mi voluntad a la Suya, aun cuando no conozca todo lo que traerá el futuro?

Meditación 26 de Agosto… Apoderarnos de nuestra fuerza

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós plantea que el codependiente debe asumir una conducta que le permita tomar el control de su vida, abandonando el papel de «víctima» y vencer, con su fuerza interior, la necesidad de mantenerse apegado a quien(es) le quieren manipular. Analizar el rol o papel que jugamos en nuestra vida es una buena señal para saber cuando estamos jugando a ser victimado y detener eso a tiempo. ¡No permitamos ser coaccionado por los demás!

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Medita sobre esto:

Hay un sentimiento al que le tenemos que prestar una particular atención durante la recuperación: sentirnos victimados. No como es su derecho, y nosotros nos estamos sintiendo víctimas porque estamos intentando controlar su proceso o, de manera irracional, estamos esperando que ellos cuiden de nosotros. Nos podemos sentir victimados si nos quedamos atascados en una creencia codependiente, tal como ….Los demás me hacen sentir…. Los demás tienen la llave de mi felicidad y mi destino…. o, no podré ser feliz a menos que otro se comporte de determinada manera, o de que sucedan ciertas cosas.
Otras veces, apoderarnos de nuestra fuerza significa que nos damos cuenta de que estamos siendo victimados por la conducta de otra persona. Están siendo invadidos nuestros límites. Es ese caso, indagamos qué necesitamos hacer para cuidar de nosotros mismos e impedir que continúe la victimización; necesitamos fijar límites.
A veces, lo único que se requiere es un cambio de actitud. No somos víctimas.
Luchamos por sentir compasión hacia la persona que nos victimó, pero comprendemos que a menudo la compasión viene después, cuando nos hayamos despojado de nuestro papel de víctimas en cuerpo, mente y espíritu. También entendemos que sentir demasiada compasión puede volver a ponernos de inmediato en el cajón de las víctimas. Sentir demasiada lástima por una persona que nos está victimizando puede establecer una situación donde la persona nos pueda convertir de nuevo en su víctima.
No tratamos de forzar consecuencias ni crisis sobre otra persona, pero tampoco la rescatamos de las consecuencias lógicas de su conducta. Si hay un papel que tengamos la responsabilidad de jugar para que se den esas consecuencias, lo desempeñamos, no para controlar ni para castigar, sino para ser responsables con nosotros mismos y con los demás.
Tratamos de descubrir qué podemos estar haciendo que nos hace sentir victimados, o qué papel estamos jugando dentro de un sistema, y dejamos, también, de hacerlo. No tenemos poder sobre los demás ni sobre su conducta, pero podemos apropiarnos de nuestra fuerza y apartarnos de ser víctimas.

«Hoy asumiré la responsabilidad de ser yo mismo y de demostrárselo a los demás al no permitir que se me victimen. No puedo controlar los acontecimientos, pero sí puedo controlar mi actitud al ser victimado. No soy una víctima; no merezco ser victimado.

Mi Reflexión: Los codependientes nos hemos acostumbrado tanto a jugar el papel de víctima que extrañamos no hacerlo. Llegó el momento de detener esa conducta autodestructiva, forzándonos a desarrollar ese poder interior que nos va a permitir descubrir cuando lo estamos haciendo e implementar las herramientas que nos saquen de ese escenario caótico. Al principio será difícil y nos sentiremos «extraños», pero a medida que avanza nuestra recuperación, y anteponiendo nuestro bienestar al de los demás, lograremos asumir aquellas conductas que hagan sentirnos bien con los otros, sin que vaya en desmedro de nosotros mismos. Recordemos que buscar nuestra liberación es una tarea propia, y a cada quien le corresponde responsablemente hacerse cargo de sí mismo. No tenemos poder para cambiar a las personas, y ellas solas deben asumir sus conductas sanas. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿En qué situaciones de mi vida sigo asumiendo el papel de víctima o priorizando a los demás por encima de mi propio bienestar?
¿Qué puedo comenzar a hacer hoy para asumir la responsabilidad de mi propia vida, dejando a los demás la responsabilidad de sus decisiones y conductas?

Meditación 25 de Agosto … Estemos dispuestos a reparar los daños

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós refuerza la necesidad de «reparar daños» a aquellas personas a quienes ofendimos, y como este proceso gradual alivia nuestro corazón, modifica nuestra actitud, permitiéndonos liberarnos de sentimientos negativos de ira, amargura y vergüenza. Esta decisión saludable nos hace entender que debe prevalecer el «AMOR» en nuestras vidas, aunque para llegar hasta allí debamos transitar un proceso largo y laborioso, pero valioso porque permitirá alcanzar nuestra real curación.

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Medita sobre esto:

El Paso Ocho está hablando de un cambio de corazón, de un cambio curativo.
Esta actitud puede ser el principio de una gran cadena de recuperación y de curación en nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. Significa que estamos dispuestos a dejar ir nuestra dureza de corazón, uno de los más grandes obstáculos para nuestra capacidad de dar y recibir amor.

En el Paso Ocho hacemos una lista de toda la gente que hemos dañado, y nos permitimos a nosotros mismos experimentar una actitud curativa hacia ellos. Es una actitud de amor.
En este Paso, no nos arrojamos con locura y empezamos a gritar: «¡Lo siento!». Hacemos nuestra lista, no para sentirnos culpables, sino para facilitar la curación. Antes de que realmente reparemos daños o empecemos a considerar la manera apropiada de repararlos, nos permitimos a nosotros mismos cambiar nuestra actitud. Ahí es donde comienza la curación, en nuestro interior.
Esto puede cambiar la energía. Puede cambiar la dinámica. Puede hacer comenzar el proceso, antes de que abramos la boca y digamos lo siento. Abre la puerta del amor. Abre la puerta a la energía del amor y de la curación. Nos capacita para llenarnos de sentimientos y energía positivos.
Esa energía se puede sentir alrededor del mundo, y comienza dentro de nosotros.
¿Con cuánta frecuencia, después de haber sido lastimados, deseábamos que la persona simplemente reconociera nuestro dolor y dijera, «lo siento»? ¿ Cuán tan a menudo hemos deseado que la persona simplemente nos viera, nos escuchara y volviera hacia nosotros la energía del amor? ¿Cuán frecuentemente hemos anhelado por lo menos un cambio de corazón, una pequeña dosis de reconciliación, en las relaciones manchadas por asuntos inconclusos y malos sentimientos? Muy a menudo.
Los otros también lo desean. Eso no es ningún secreto. La energía de la curación comienza con nosotros. Nuestra disposición para reparar el daño puede beneficiar o no a la otra persona; el o ella pueden estar o no dispuestos a olvidarse del asunto.
Pero nosotros nos curamos. Nos volvemos capaces de amar.

«Hoy trabajaré por lograr un cambio de corazón si están presentes la dureza del corazón, la defensividad, la culpa o la amargura. Me dispondré a dejar ir esos sentimientos y a reemplazarlos por la energía curativa del amor».

Mi Reflexión: Sanar interiormente pasa por reconocer las ofensas que hemos proferido a los otros y reparar esos daños. No es fácil para nadie, menos aún para los codependientes, pedir disculpas o perdón. Solamente «aliviando nuestro corazón», asumiremos esa tarea. Muchos hemos vivido sintiendo el desamparo, el abandono de quienes amamos y creíamos que nos amaban, ello hizo que nuestros sentimientos de amargura, ira, culpa se instalaran en nuestro corazón y no floreciera el amor, de allí que nos cueste «darlo». Al trabajar sobre la «reparación de daños» drenamos esos sentimientos negativos que endurecen nuestra alma, y empezamos a sanar progresivamente, pasando de ser ofensivos, iracundos, coléricos, a amorosos y comprensivos. La tarea requiere paciencia, perseverancia y coraje. No pongamos trabas a este proceso, una vez iniciado con convicción de la necesidad de hacerlo para nuestra curación, no debemos frenar hasta lograrlo. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estás dispuesto a trabajar en la reparación de daños?
¿Lo has hecho y tienes resultados tangibles?