Amor & Apego

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El apego es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o a una persona determinada y está originado por la creencia de que sin eso no se puede ser feliz. Se compone de dos elementos, uno positivo y otro negativo, el elemento positivo es el fogonazo del placer y de la emoción, el estremecimiento que se experimenta cuando se consigue el objeto del deseo. El negativo es la sensación de amenaza y de tensión que lo acompaña. Por su propia naturaleza el apego hace vulnerables a las personas al desorden emocional y desintegra la paz. La semilla del apego sólo puede germinar en la oscuridad de la ignorancia, del engaño y de la ilusión.
Dicen que el amor es ciego, pero lo que es ciego no es el amor, sino el apego. Una gran cantidad de importante información, procedente del mundo que nos rodea, no consigue llegar a nuestra mente consciente a causa de nuestros apegos, creencias y miedos. El apego nos insensibiliza y hace que reaccionemos ante las personas en función de la ayuda o la amenaza que creemos que suponen para el logro de nuestra ambición.Y a las que consideramos fuera de esas dos categorías ni siquiera existen para nosotros. Todo aquel que posee algún apego está ciego y no ve la realidad de la Vida.
El apego es una necesidad compulsiva que embota la sensibilidad, es como una droga que enturbia la percepción de la Vida. Del mismo modo que un radar averiado distorsiona y falsea lo que percibe, el apego daña al amor y lo hace desaparecer, pues el amor es sensibilidad. Nadie se puede liberar del apego con la renuncia, sino con la consciencia, pues la renuncia sólo mutila y endurece. El apego roba la Vida, pues aquello a lo que uno está apegado se encuentra sólo en la mente, no en el objeto o en la persona. Y, además, se le atribuye un valor que en verdad no tiene.
Es imprescindible escoger entre el apego y la felicidad. Nadie ha nacido con apegos, sino que estos brotan de una mentira que la sociedad y la cultura mantienen o de una mentira que uno se cuenta a sí mismo. Si se quiere estar plenamente vivo es preciso que utilizar el sentido de la perspectiva, pues la Vida es infinitamente más grande que cualquier nimiedad a la que uno se haya apegado y a la que le haya dado el poder de alterarle. Es una nimiedad porque, si se vive lo suficiente, es muy fácil que algún día esa cosa o persona deje de importar, hasta el punto que no se tengan recuerdos de ella, como se puede comprobar en la propia vida. Hoy mismo apenas recordamos aquellas nimiedades que tanto nos inquietaron en el pasado y que hoy no nos afectan lo más mínimo.
Un apego no es un hecho, es una creencia, una fantasía de la mente. Si esa fantasía no existiera uno no estaría apegado, se amarían las cosas y las personas y se permitiría surgir la felicidad. En realidad tan sólo nos engañamos a nosotros mismos cuando creemos que sin nuestros apegos no podemos ser felices.
Vivir una vida espiritual y disolver los deseos, prejuicios, y apegos supone una revolución tan grande que la mayoría prefiere lanzarse de cabeza a realizar buenas obras y a ser serviciales que someterse al fuego purificador de semejante trabajo. Pero cuando nos ponemos a servir a alguien a quien no nos hemos tomado la molestia de comprender, en realidad no estamos intentando satisfacer la necesidad de esa persona, sino la nuestra propia. Para que exista un amor verdadero es imprescindible que veamos y comprendamos a la persona con la que estamos tratando.
Hay indiferencias que se confunden con el amor, pero no son más que un endurecimiento del corazón. Hay personas que como no están apegadas a nadie piensan que aman a todo el mundo. Hay quienes sin haber zarpado piensan que ya han arribado. La Vida por sí sola no puede producir amor, sólo puede engendrar atracción, placer, apego, cansancio y aburrimiento, todo ello mezclado con ansiedad, posesividad, tristeza y dolor. Cuando todo esto se ha repetido una y otra vez, en un ciclo constante, llega un momento que acabamos hartos y quisiéramos poner fin a todo el proceso. Si tenemos la suerte de no encontrarnos con ninguna otra cosa o persona que atraiga nuestra atención, podremos vivir una paz un tanto frágil y precaria. Eso es todo lo que la vida puede ofrecernos, aunque es posible que lo confundamos con la libertad y acabemos muriéndonos sin haber conocido jamás lo que significa ser realmente libres y amar.

El amor surge cuando hay libertad. En el momento en que entran en juego la coacción, el control o el conflicto, en ese mismo momento muere el amor. La rosa, el árbol y la lámpara nos dejan completamente libres; no harán el menor esfuerzo por arrastrarnos al aroma, a la sombra o a la luz, aunque pudieran pensar que es lo mejor para nosotros. En cambio, tenemos que ser capaces de ver toda la coacción y todo el control a los que los demás nos someten y a los que nosotros mismos nos esclavizamos cuando, para comprar su amor y su aprobación, tratamos de responder a sus expectativas. Cada vez que nos sometemos a este control destruimos nuestra capacidad natural de amar porque no es adecuado entrar en ese juego esclavizante, y todo lo que no es adecuado es desamor. La libertad no es más que otra palabra para referirnos al amor.

(Fuente: http://www.proyectopv.org/).
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El Codependiente Sumiso

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Estas son sus Características:
«Mis mejores sentimientos respecto de mi mismo proceden del hecho de gustarte».
«Mis mejores sentimientos respecto de mi mismo proceden del hecho de recibir tu aprobación».
«Tus conflictos perturban mi serenidad. Toda mi atención mental esta centrada en solucionarte tus problemas».
«Toda mi atención mental esta centrada en darte gusto».
«Toda mi atención mental esta centrada en protegerte».
«Toda mi atención mental esta centrada en manipularte».
«Mi autoestima se ve reforzada por el hecho de solucionarte los problemas».
«Mi autoestima se ve reforzada por el hecho de aliviar tus sentimientos».
«Mis propias aficiones e intereses están al margen. Empleo el tiempo en compartir tus intereses y tus aficiones».
«Tu forma de vestir y tu apariencia personal tienen para mi la máxima prioridad, dado que siento que eres un reflejo de mi mismo. Tus deseos dictan mi conducta».
«No soy consciente de como me siento. Soy consciente de como te sientes».
«No soy consciente de que es lo que quiero. Te pregunto que es lo que quieres».
«Mis ilusiones respecto de mi futuro están estrechamente ligadas a ti».
«Mi miedo al rechazo determina lo que digo o lo que hago».
«Mi miedo al abandono determina lo que digo o lo que hago».
«Mi miedo a que te enfades determina lo que digo o lo que hago».
«Utilizo el dar como una forma de sentirme seguro en nuestra relación».
«Utilizo el dar como una forma de controlarte».
«Mi circulo social disminuye a medida que me implico cada vez mas en nuestra relación».
«Dejo mis propios valores a un lado con el fin de estar mas cerca de ti».
«Valoro tu opinión y tu forma de hacer las cosas mas que la mía».
«Mi calidad de vida esta en relación con tu calidad de vida».

(Producto de Grupos de Autoayuda de Codependientes Anónimos (CoDa), inserto en el Libro Codependencia: Codependencia Controladora/Codependencia Sumisa de Dorothy May).

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El Codependendiente Controlador

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Estas son sus Características:
«Toda mi atención mental esta centrada en darme gusto y evadirme (con sustancias químicas, el trabajo, la televisión, etc)».
«Toda mi atención mental esta centrada en controlarte. Si no te controlo, entonces creo que te perderé».
«Toda mi atención mental esta centrada en manipularte, en forzarte a hacer las cosas a mi manera, habitualmente valiendome de mi humor, de la lógica o del dinero».
«Mi autoestima se ve reforzada por el hecho de solucionarte tus problemas. Si no me pides mi opinión, entonces me siento excluido».
«Quiero emplear todo mi tiempo contigo y quiero que tu hagas lo mismo. Sin embargo, insistiré en que no te necesito».
«No soy consciente de como te sientes. No soy consciente de como me siento».
«No soy consciente de que es lo que quieres. No soy consciente de que es lo que quiero».
«Mis ilusiones respecto de mi futuro están estrechamente ligadas a ti».
«Mi miedo al rechazo determina lo que digo o lo que hago. Pero lo oculto bajo la rabia, la fanfarronería, la soberbia o la actitud dominante».
«Utilizo el hecho de enfadarme como un medio de controlar a los demás y de mantenerte a distancia».
«Utilizo el dar (habitualmente cosas materiales) como una forma de sentirme seguro y de controlarte. Si te controlo, entonces no me dejaras».
«Mi circulo social disminuye a medida que me implico cada vez mas en mis válvulas de escape (sustancias químicas, trabajo, televisión, etc.)».
«Me siento vulnerable cuando te me acercas demasiado. Peor no te vayas».
«Valoro mis propias opiniones y mi forma de hacer las cosas mas que las tuyas».
«Tengo pocas aficiones e intereses al margen de mis válvulas de escape».
«Mis deseos dictan tu conducta, dado que siento que eres un reflejo de mi mismo».
«Doy por supuesto que se lo que quieres y lo que te conviene. Se lo que es mejor para ti»
«Doy por supuesto que los demás piensan y sienten lo mismo que yo y no puedo comprender ni aceptar las diferencias».
«Soy demasiado orgulloso como para pedirte ayuda. No estoy dispuesto a depender nunca de ti. Nunca te diré que te necesito».
«Tuve una niñez muy difícil y logre sobrevivir. En un mundo duro, la gente tiene que ser dura. Si eres blando, lo tomare como un signo de debilidad».
«Si me comentas algo sobre que es lo que te pasa emocionalmente, lo tomare como un reproche hacia mi. Mantén la boca cerrada».

(Producto del Grupo de Autoayuda de Codependientes Anónimos (CoDa), inserto en el Libro Codependencia: Codependencia Controladora/Codependencia Sumisa de Dorothy May).

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Renuncio al enfado como forma de vida

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El enfado es un mecanismo de defensa. Si estás a la defensiva es porque tienes miedo.
El enfado es algo normal y natural. Generalmente nos enfadamos una y otra vez por las mismas cosas, y sentimos que no tenemos derecho a expresarlo, de modo que nos lo tragamos. Entonces el enojo tiende a instalarse en una parte concreta de nuestro cuerpo, y se manifiesta como enfermedad.
Durante años y años seguimos amontonando nuestro fastidio en ese mismo lugar. Para sanar, deja salir tus verdaderos sentimientos. Si no puedes expresárselos directamente a la persona que los provoca, mírate al espejo y habla con esa persona. Díselo todo: «Estoy fastidiado contigo»; «Tengo miedo»; «Estoy alterada»; «Me has hecho daño». Y sigue; sigue hasta que te hayas liberado de todo el enojo. Entonces haz una inspiración profunda, mírate en el espejo y pregunta: «¿Cuál es la pauta que provocó esto? ¿Qué puedo hacer para cambiar?»
Si logras cambiar el sistema de creencias que desde adentro te crea ese comportamiento, no necesitarás seguir repitiéndolo.
(Louise L. Hay de su Libro Pensamientos del Corazón).

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Reflexión del Dia: Renuncia al control

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Los codependientes son aquellas personas que consistentemente, y con gran cantidad de esfuerzo y energía, tratan de forzar que sucedan las cosas.
Controlamos en nombre del amor.
Lo hacemos porque “sólo estamos tratando de ayudar”.
Lo hacemos porque nosotros sí sabemos cómo deben hacerse las cosas y cómo deben comportarse las personas.
Lo hacemos porque nosotros estamos bien y ellos están mal.
Controlamos porque nos da miedo no hacerlo.
Lo hacemos porque no sabemos qué otra cosa hacer.
Lo hacemos para dejar de sufrir.
Controlamos porque pensamos que tenemos que hacerlo.
Controlamos porque no pensamos.
Controlamos porque solamente podemos pensar en controlar.
En última instancia quizá controlemos porque esa es la manera en que siempre hemos hecho las cosas.

Tiránicos y dominantes
Algunos gobiernan con mano de hierro desde un trono que ellos mismos se han atribuido. Son poderosos. Ellos siempre saben más. Y, por Dios, que las cosas se harán a su modo. Ellos se encargarán de que así sea. Otros hacen su sucio trabajo en forma encubierta. Se ocultan tras un disfraz de dulzura y amabilidad, y secretamente se dedican a o suyo: A METERSE EN LOS ASUNTOS DE LOS DEMÁS. Otros, llorando y suspirando, claman incapacidad, proclaman su dependencia, anuncian su total victimación, y exitosamente controlan por medio de su debilidad. Son tan inútiles, Necesitan tanto de tu cooperación. No pueden vivir sin ella. A veces los débiles son los más poderosos manipuladores y controladores. Han aprendido a asirse a las cuerdas de la culpa y de la lástima.
Muchos codependientes combinan sus tácticas, empleando una variedad de métodos. ¡Cualquier cosa que funcione!(O, para ser más exactos, esperando resultados de cualquier cosa que no funcione). No importa cuáles sean las tácticas, las metas siguen siendo las mismas, conducen a otras personas a hacer lo que tú quieres que hagan. Las llevan a comportarse como tú piensas que deben hacerlo. No las dejan actuar de modos que tú consideras incorrectos para ellas, pero que quizá intentarían, si no fuera por tu “ayuda”. Fuerzan los eventos de la vida para que se desarrollen y se desenreden de la manera y a la hora que tú has designado. No dejan que ocurra lo que ocurre, o lo que podría suceder.
Nosotros hemos escrito la obra, y nos encargaremos de que los actores se comporten y de que las escenas se desarrollen exactamente como nosotros hemos decidido que debe ser. No importa que sigamos colándonos de la realidad. Si nos abocamos a la carga con suficiente insistencia, podremos (creemos) detener el flujo de la vida, transformar a la gente y cambiar las cosas a nuestro antojo. “Nos estamos haciendo tontos”.
Cuando intentamos controlar a la gente y a las cosas que no tenemos por qué controlar, somos controlados por ellos. Abdicamos a nuestro poder para pensar, sentir y actuar de acuerdo con lo que más nos conviene. A menudo perdemos el control sobre nosotros mismos. Con frecuencia, somos controlados no sólo por la gente, también por enfermedades tales como el alcoholismo, o las tendencias compulsivas en el comer y en los juegos de apuesta. El alcoholismo y otros trastornos destructivos son fuerzas poderosas. Nunca se debe olvidar que los alcohólicos y otras personas con problemas son expertos controladores. Encontramos la horma de nuestro zapato cuando tratamos de controlarlos a ellos o a su enfermedad. Perdemos la batalla. Perdemos la guerra. Nos perdemos a nosotros mismos, a nuestras vidas. Como dice una frase de Al-Anón: Tú no lo provocaste; no lo puedes controlar; y no lo puedes curar. ¡Así que deja de tratar de hacerlo!
Nos frustramos al máximo cuando tratarnos de hacer lo imposible. Y generalmente impedirnos que suceda lo posible. Creo que asirse fuertemente a una persona o cosa, o forzar mi voluntad sobre cualquier situación elimina la posibilidad de que mi poder superior haga algo constructivo acerca de la situación, la persona o yo. Mi afán de controlar bloquea el poder de Dios. Bloquea la capacidad de otras personas para crecer y madurar. Impide que los sucesos ocurran de una manera natural. Me impide a mí disfrutar de la gente o de los eventos. El control es una ilusión. No funciona. No podemos controlar el alcoholismo. No podemos controlar las conductas compulsivas de nadie: comer en exceso, una conducta sexual exagerada, la apuesta compulsiva, ni ninguna otra de sus conductas. No podemos (y no es asunto nuestro hacerlo) controlar las emociones, la mente o las elecciones de nadie. No podemos controlar el resultado de los eventos. No podemos controlar a la vida. Algunos de nosotros apenas podemos controlamos a nosotros mismos.
A fin de cuentas las personas hacen lo que quieren hacer. Se sienten como se quieren sentir (o como se están sintiendo); piensan lo que quieren pensar; hacen las cosas que creen que necesitan hacer; y cambiarán sólo cuando estén listos para cambiar. No importa si ellos no tienen la razón y nosotros sí. No importa que se estén lastimando a sí mismos. No importa que nosotros podríamos ayudarles si tan sólo nos escucharan y cooperaran con nosotros.
NO IMPORTA, NO IMPORTA, NO IMPORTA, NO IMPORTA.!
No podemos cambiar a las personas. Cualquier intento de controlarlas es un engaño y una ilusión. Se resistirán a nuestros esfuerzos o redoblarán los suyos para probar que no podemos controlarlas. Podrán adaptarse temporalmente a nuestras demandas, pero cuando nos demos la vuelta regresarán a su estado natural. Y aún más, la gente nos castigara por obligarla a hacer algo que no quiere, o a ser como no quiere ser,
Ningún control será suficiente para efectuar un cambio permanente o deseable en otra persona. A veces podremos hacer cosas que aumenten la probabilidad de que la gente quiera cambiar, pero ni aun eso podemos garantizar o controlar. Y esa es la verdad. Es una desgracia. A veces es difícil de aceptar, especialmente si alguien a quien amas se lastima a sí mismo o a sí misma y a ti. Pero así es. La única persona a la que puedes o podrás hacer cambiar es a ti misma. La única persona que te atañe controlar eres tú misma.
Desapégate… Renuncia.
A veces cuando hacemos esto el resultado que habíamos esperado sucede rápida, a veces milagrosamente. A veces, no sucede. A veces nunca sucede. Pero tú saldrás beneficiado. No tienes que dejar de ocuparte o de amar. No tienes que tolerar el abuso. No tienes que abandonar métodos constructivos, como la intervención profesional, para solucionar tus problemas. Lo único que tienes que hacer es poner tus manos emocionales, mentales, espirituales y físicas otra vez dentro de tus propios bolsillos y dejara las cosas y a la gente solas. Déjalas estar. Toma cualquier decisión que necesites tomar para ocuparte de ti mismo, pero no las tomes para controlar a los demás. ¡Empieza a ocuparte de ti mismo!
«Para cada uno de nosotros, llega un tiempo para soltarse. Sabrás cuándo ha llegado ese tiempo. Cuando has hecho todo lo que se puede hacer, es tiempo de desapegarte. Maneja tus sentimientos. Enfréntate a tus miedos acerca de perder el control. Gana control sobre ti mismo y sobre tus responsabilidades. Dales a los demás la libertad para ser lo que son. Al hacerlo, te liberarás».
(Melody Beattie de su Libro Ya no seas Codependiente).

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Aceptación Incondicional

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Este Principio es fundamental para la Salud Mental. La regla es maravillosamente simple:
Debo aceptar mi esencia. En tanto esté vivo soy valioso per se, sin razones ni motivos, no por lo que haga o haya dejado de hacer; tampoco por lo que tenga o haya tenido alguna vez. Mi valía personal radica en mi existencia, no en mis logros. Mis éxitos o fracasos no pueden medir mi valor esencial como ser humano, simplemente porque soy más que eso.
La aceptación incondicional sugiere que puedo reconocer y criticar mis errores, sin considerarme despreciable e indigno por ello. Mi dignidad nunca está en juego. Una cosa es aceptar que debo cambiar porque me he equivocado y otra condenarme a mí mismo como ser humano. La autocrítica sana es la que llega desde el amor propio: “Me critico porque me quiero y deseo mejorar”, y no desde el autodesprecio. Soy mucho más que mis errores. Soy humano, muy humano, demasiado humano.
Hagamos una analogía con el amor que sentimos por nuestros hijos mayores, para luego trasladarlo a nosotros mismos.
Hay muchas cosas de ellos que nos disgustan y que incluso no soportamos con facilidad. Podemos considerar que algunos de sus comportamientos son francamente desagradables, podemos criticarlos y regañarlos y, sin embargo, a pesar de la inconformidad y de los dolores de cabeza que nos propician, los queremos a rabiar. El amor que les tenemos nunca está en juego, jamás se condiciona a una buena nota o a que se porte bien. Condicionamos los premios o los privilegios a la conducta, pero no el afecto. Los queremos por lo que son, con lo bueno y lo malo a cuestas. Más aún: cuanto más problemas tienen más los amamos, porque más nos necesitan. El amor por nuestros hijos no está condicionado.
De manera similar, la autoaceptación incondicional es un factor de protección para la autoestima. Puede que me enfade conmigo mismo, que no me soporte un día o que ni siquiera me guste mirarme al espejo,pero a pesar de todo, nunca cuestiono mi valía, nunca pongo a tambalear mi amor propio, no trato de destruirme. Es un deber para con la vida que soporto, más que un derecho.
Usted puede y tiene la obligación de cambiar, y más cuando su comportamiento afecta irracionalmente al mundo que lo rodea a usted mismo. Pero esta transformación debe estar fundamentada en la convicción de que se equivocó y no en la idea de que usted es “malo” y “debe hacerse bueno”. De hecho, puede sentirse mal por lo que hizo, pero no autocondenarse. Y mientras todo esto ocurre, mientras usted se critica y su mente trata de comprender qué fue lo que ocurrió y por qué falló, su verdadero “yo” se conmueve, se quiere, se cuida y se renueva.
Aceptarse incondicionalmente, pese a ser imperfecto, es cerrarle la entrada a la vergüenza patológica y también despreocuparse por el fastidioso “qué dirán”. La imagen psicológica que proyectamos, aunque suene a retórica, es el reflejo de lo que somos por dentro. Si nos sentimos bien con nosotros mismos, seremos auténticos y asertivos, no habrá nada de qué avergonzarnos ni nada que esconder. Lo que cuenta es la identidad, el núcleo duro del que estamos hechos.
Una persona que se siente digna no es intachable, sino transparente; no busca aparentar, sino ser.
(Tomado del Libro Cuestión de Dignidad de Walter Riso).

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Libérate de apegos y obsesiones


¿Cuales son las obsesiones que se apoderan de nuestro interior?
Víctor Manuel Fernandez, en su Libro “Para Liberarte de los Apegos y Obsesiones”, plantea que son varios los apegos que nos tienen anclados en el pasado, y que nos absorben y nos desgastan. Inicia enfatizando en la necesidad de reconocimiento y dice que si estamos obsesionados por nuestra apariencia personal, tendremos que “soltar” la imagen social. Si no lo hacemos no seremos felices, ni alcanzaremos la libertad. Nunca podremos “aflojarnos” por dentro si estamos pendientes del aprecio de los demás, o de su aprobación; porque si es así, no soportaremos ningún rechazo, ninguna opinión diferente, ninguna agresión, nada que contradiga nuestra necesidad interior. Este es un modo de agredirse a si mismo convirtiéndose en esclavo de la opinión ajena.
Una forma de autodesprecio consiste en someternos sin condiciones a las apreciaciones y juicios de los demás, sin tener en cuenta el precio que ello puede suponer. Esto conduce con frecuencia a la negación y destrucción de uno mismo y, a la postre, a exponerse al riesgo de convertirse en victima de sus posibles abusos. En este sentido, es conveniente reconocer que frecuentemente reaccionamos con exageración ante las criticas nimias de los demás, tomándolas demasiado en serio y olvidándonos de las cosas importantes de la vida, aquellas que tienen efectos profundos sobre nuestra vida a largo plazo. Al proceder de este modo, caemos en la trampa de asentarnos en nuestra negatividad, regulando nuestra vida a partir de los mensajes de los demás, muchas veces emitidos con escasa conciencia de lo que dicen y que, por nuestra parte, abultamos desproporcionadamente.
Por eso también hay que aprender a soltar, a soltar esa obsesión por nuestra imagen, por el que dirán, por los afectos ajenos. Para liberarte, tendrías que llegar a decir lo siguiente, con toda la sinceridad de tu corazón:
No quiero arrastrarme detrás de nada, no fui hecho para ser esclavo…
También plantea el apego o dependencia afectiva, señalando que resulta muy duro tomar la decisión de “soltar” cuando se trata de un ser querido, y en nuestro interior nos parece que el amor y la fidelidad nos exigen permanecer atados a esa persona. Pero una cosa es la evocación cariñosa y algo nostálgica, o el sereno y tierno recuerdo que nunca puede desaparecer si hemos amado a alguien, y otra cosa es una esclavitud interna, cuando, a causa de ese apego, dejamos de vivir, dejamos de crecer, nos anulamos y nos enfermamos. Pasa el tiempo y ya no somos capaces de disfrutar y de crear. Entonces no le hacemos honor alguno a ese ser querido que se fue, porque le declaramos el causante de nuestra anulación. En el fondo le declaramos culpable de habernos quitado la vida. En cambio, el mejor honor que podemos hacerle, es sacar energías de ese cariño, y entregarnos de lleno a la nueva etapa que la vida nos presenta, para producir algún precioso fruto. En realidad, cuando no quiero renunciar a algo que se termino, mas que esclavo de esa persona, me he convertido en esclavo de mi debilidad, de mis sentimientos y necesidades interiores. Pero mi ser es infinitamente noble y demasiado valioso como para que yo lo degrade y lo enferme a causa de esos sentimientos y necesidades.
No se trata de no tener deseos ni placeres. Todo lo contrario, se trata de aceptar con gratitud todos los placeres que nos hagan felices. Para ello, es necesario liberarse porque no estamos hechos para encerrarnos en algo, para clausurarnos, para enquistarnos en una forma de vida rígida. Estamos hechos para un permanente desarrollo, hasta alcanzar una sublime y profunda relación con Dios y una amistad cada vez mas bella y generosa con los demás. Aunque el cuerpo se debilita, se desgasta y se enferma, el ser humano es mas que la materia, y su vida interna esta llamado a un crecimiento incesante. Si nuestras fibras mas intimas están hechas para el dinamismo, entonces solo seremos lo que tenemos que ser si permanecemos abiertos al “cambio”, si estamos siempre dispuestos a terminar con algo para empezar una nueva etapa. Es como sentirse libres de todo peso en las espaldas, sin maletas en las manos, y sin estorbos, para poder caminar con agilidad, disfrutar del aire, avanzar y volar hacia un desarrollo sin fin.

Por eso, soltar algo que nos obsesiona no es solo sacarse un peso de encima y estar mas tranquilo y cómodo. Es mucho mas; nos lleva a una sensación bellísima de libertad interior, de amplitud, de expansión y apertura de todo el universo.


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Adicciones Emocionales

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Había pasado tantos años preocupándome e inquietándome, tratando de encontrarle el sentido y la razón de ser a las cosas, dada a intrigas y manipulaciones, surcando las crestas de los altibajos de las oleadas emocionales, que cuando a mi mente vino la calma y el sosiego, mi carne entró en trauma. El Señor se sirvió de esas experiencias para enseñarme una importante lección. Me demostró que muchos de nosotros tenemos adicciones emocionales. Al igual que muchos, me encontraba tan adicta a la preocupación que si no hubiera tenido de que preocuparme ¡Me habría preocupado porque no tenía nada de que preocuparme! Hay quienes están tan adictos a sentirse culpables, que si no han hecho nada de lo que tengan que sentirse culpables ¡Se sentirán culpables de no sentirse culpables!
De igual manera es posible volverse adicto al entusiasmo o a sentirse emocionado. Tal como el drogadicto que corre por todos lados buscando de donde sacar su próxima dosis para sentirse “iluminado” por las sustancias químicas, los que son adictos al entusiasmo corren por doquier en busca de un “pico” emocional. Hay personas que no saben como vivir una vida diaria normal y corriente. Otros están enfocados de una manera TAN COMPULSIVA a lograr metas trazadas que siempre andan en búsqueda de un nuevo reto o desafío. Tan pronto logran su objetivo se sienten aburridos hasta que encuentran otra meta que alcanzar. Un joven con esta última característica que trabaja para nosotros me comento un día:

— “Creo que al fin comienzo a comprender algo que me ha costado muchísimo entender”.
— “¿Y que es?” —pregunté.
— “Me parece que de una vez por todas comprendo que una gran parte de la rutina de una vida normal consiste en: LEVANTARSE Y ACOSTARSE, LEVANTARSE Y ACOSTARSE”.

Si nosotros los que nos enfocamos solo en alcanzar metas pudiéramos comprender esta verdad ¡Nos ahorraríamos a nosotros mismos y a todos los que nos rodean de muchos dolores de cabeza! Es posible que no todos seamos llamados a llevar a cabo una tremenda obra que estremezca el mundo entero. La unción de Dios viene para que hagamos grandes obras, pero también para brindarnos ayuda sobrenatural para gozar de la rutina de la vida diaria.
En calidad de creyentes somos llamados amar a Dios, a tener comunión con Él y con nuestro prójimo, a ser de bendición, no importa a donde vayamos, a traer un poco de gozo a la vida de los demás, a vivir en armonía con nuestro cónyuge, a criar a los hijos que Él nos da, y a seguir levantándonos y acostándonos, y hacerlo con plenitud de gozo en el Señor. El Salmo 100:2 nos dice: que debemos servir a Dios ¡Con alegría! Habrá días en los cuales Dios traiga momentos emocionantes, pero no podemos pasar la vida buscando esos picos emocionales.
Hay veces que mis reuniones son emocionantes, y cuando así se dan las cosas, me siento agradecida. Doy por sentado que el Señor pensaba que necesitaba ese poco de aliento para ayudarme a seguir adelante. Pero aun así debemos ser cuidadosos, porque el entusiasmo crea un deseo de sentir un entusiasmo aún mayor. Si no somos juiciosos iremos en pos del entusiasmo en vez de buscar la voluntad de Dios. Podemos comenzar a pensar que si un culto en la iglesia no resultó emocionante, que algo andaba mal. Puede que salga de una reunión sintiéndome muy satisfecha, aunque sin emocionarme.
Usted y yo tenemos que aprender a no permitir que las circunstancias externas afecten tanto nuestro interior. No todas mis reuniones son emocionantes. Comprar una casa nueva puede llegar a ocurrir solo una o dos veces en la vida. Raras veces alguien nos sorprende con un reloj de oro nuevo. Muchos días pasan sin grandes bombos ni platillos emocionales. Pero recuerde, que hemos sido ungidos con el Espíritu Santo para encarar como es debida la vida diaria y rutinaria.
Donde nos metemos en problemas es cuando no está pasando nada, así que queremos empezar algo. Si necesitamos de una cierta variedad en la rutina diaria. Pero tenemos también que aprender a ser guiados por el Espíritu Santo y no por nuestras adicciones emocionales. No todos los días es feriado. No toda comida es un banquete. No todo evento es una obra extravagante y fantástica. La mayoría del tiempo la vida sencillamente sigue un paso normal, regular, constante. Eso es lo que deberíamos hacer también nosotros. Deberíamos aprender a controlar las emociones y evitar los altibajos emocionales que no permitirán que disfrutemos del continuo contentamiento en el cual Dios quiere que vivamos.
(Joyce Meyer de su Libro Controlando sus Emociones).

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Reflexión del Dia: Sentimiento Positivos

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Cuando en la RECUPERACIÓN del Codependiente hablamos de los sentimientos, a menudo nos concentramos en el trió problemático: el dolor emocional, el miedo y la ira. Pero en el reino emocional hay también otros sentimientos: FELICIDAD. ALEGRÍA. PAZ. AMOR, CERCANÍA. EMOCIÓN. CONTENTO.
 
Esta bien que nos permitamos sentir los sentimientos placenteros.
No tenemos que preocuparnos cuando experimentamos sentimientos positivos
No tenemos por que asustarnos y dejarlos ir, no tenemos que «sabotear» nuestra felicidad. 
A veces lo hacemos para irnos al terreno, menos feliz, que nos es familiar.
!Es bueno sentirse bien!
No tenemos que analizar, juzgar o justificar.
No tenemos que deprimirnos ni dejar que otros nos depriman, inyectándonos negatividad.
«Podemos permitirnos sentirnos bien».
(Melody Beattie).

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Reflexión del Dia: El control es una ilusión

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Controlamos en nombre del amor…
Lo hacemos porque “sólo estamos tratando de ayudar”.
Lo hacemos porque nosotros sí sabemos cómo deben hacerse las cosas y cómo deben comportarse las personas.
Lo hacemos porque nosotros estamos bien y ellos están mal.
Controlamos porque nos da miedo no hacerlo.
Lo hacemos porque no sabemos qué otra cosa hacer.
Lo hacemos para dejar de sufrir.
Controlamos porque pensamos que tenemos que hacerlo.
Controlamos porque no pensamos.
Controlamos porque solamente podemos pensar en controlar.
En última instancia quizá controlemos porque esa es la manera en que siempre hemos hecho las cosas.
¡El Control No funciona! No podemos controlar el alcoholismo. No podemos controlar las conductas compulsivas de nadie: comer en exceso, una conducta sexual exagerada, la apuesta compulsiva, ni ninguna otra de sus conductas. No podemos (y no es asunto nuestro hacerlo) controlar las emociones, la mente o las elecciones de nadie. No podemos controlar el resultado de los eventos. No podemos controlar a la vida. Algunos de nosotros apenas podemos controlarnos a nosotros mismos.
Para cada uno de nosotros, llega un tiempo para soltarse. Sabrás cuándo ha llegado ese tiempo. Cuando has hecho todo lo que se puede hacer, es tiempo de desapegarte. Maneja tus sentimientos. Enfréntate a tus miedos acerca de perder el control. Gana control sobre ti mismo y sobre tus responsabilidades. Dales a los demás la libertad para ser lo que son. Al hacerlo, te liberarás.
(Melody Beattie de su Libro Ya no seas Codependiente).

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