Reflexión del Dia: 11 de Julio

Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente ratifica que el apego afectivo corta toda posibilidad de alcanzar la paz y serenidad en la vida del codependiente.

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Reflexiona sobre esto:

Una persona codependiente es aquella que ha permitido que la conducta de otra persona la afecte, y que está obsesionada con controlar la conducta de esa persona. La otra persona puede ser un niño o adulto o un amante o un cónyuge, un hermano o hermana, un abuelo o abuela, un cliente o un amigo íntimo. Estas personas pueden ser alcohólicas, drogadictas, gente mental o físicamente enferma, una persona normal que de vez en cuando tiene sentimientos de tristeza, o una de las personas mencionadas anteriormente.
Pero el núcleo de la definición y de la recuperación no está en la otra persona, no importa cuánto lo creamos así, Está en nosotros mismos, en la manera en que permitimos que la conducta de otra persona nos afecte y en la forma en que tratamos de afectarla a ella: en los cuidados obsesivos, controladores, “ayudadores”, en la baja autoestima que raya en el odio hacia uno mismo, en la autorepresión, en la abundancia de ira y de culpa, en la peculiar dependencia de gente peculiar, en la atracción por y en la tolerancia de lo bizarro, en el estar centrado en otro que conduce al abandono de uno mismo, en problemas de comunicación, problemas de intimidad y en un continuo torbellino a través de las cinco fases del proceso de duelo.

Mi Reflexión: Esta lectura me recordó que no puedo vivir tratando de controlar la vida de los demás mientras descuido la mía. Dios me invita a amar con compasión, pero también a cuidar mi corazón y a encontrar mi identidad en Él, no en las decisiones de otras personas. La verdadera libertad comienza cuando dejo de querer cambiar a los demás y permito que Dios transforme primero mi propia vida. (Alpha).

Para reflexionar: ¿Estoy dedicando más tiempo a cambiar a los demás que a permitir que Dios cambie mi propio corazón? ¿Mi paz depende de la conducta de otras personas o de mi confianza en Dios? Comparte tus vivencias.

Meditación 11 de Julio … Trae ante Dios cualquier petición

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós reitera que el codependiente en el sendero espiritual de su recuperación debe asumir el poder de la Voluntad Divina en nuestras vidas.

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Medita sobre esto:

Trae ante Dios cualquier petición que tengas.
Ninguna petición es demasiado grande; ninguna es demasiado pequeña o insignificante.
Cuán frecuentemente limitamos a Dios al no traer ante Dios todo lo que queremos y necesitamos.
¿Necesitamos ayuda para lograr el equilibrio? ¿Para pasar el día?
¿Necesitamos ayuda con alguna relación en particular? ¿Con un defecto de carácter en particular? ¿Para obtener alguna cualidad de carácter?
¿Necesitamos ayuda para progresar en alguna tarea en particular que nos esté desafiando? ¿Necesitamos ayuda con un sentimiento?
¿Queremos cambiar alguna creencia autoderrotista que nos ha estado desafiando? ¿Necesitamos información, un mayor conocimiento de uno mismo? ¿Apoyo? ¿Un amigo?
¿Hay algo en el universo de Dios que realmente nos pudiera brindar alegría?.
Podemos pedirlo. Podemos pedirle a Dios cualquier cosa que queramos.
Pon la petición en manos de Dios, confiando en que ha sido escuchado, y luego suéltala, déjala ir. Déjale la decisión a Dios.
Pedir lo que queremos y necesitamos es cuidar de nosotros mismos.
Confiemos en que el Poder superior al que le hemos entregado nuestra vida y voluntad realmente se preocupa de nosotros y de lo que queremos y necesitamos.

«Hoy le pediré a mi Poder Superior lo que quiero y necesito. No exigiré, pediré. Y luego, lo dejaré ir.

Mi Reflexión: Esta lectura me recordó que Dios desea escuchar todo lo que hay en mi corazón. No necesito ocultar mis necesidades ni cargar solo con mis preocupaciones. Hoy decido presentarle mis peticiones con confianza, descansar en Su voluntad y creer que Él conoce lo que es mejor para mi vida, aun cuando Su respuesta no siempre sea la que espero.(Alpha).

Para Reflexionar: ¿Estoy llevando todas mis necesidades delante de Dios o intento resolverlas únicamente con mis propias fuerzas? ¿Confío en la sabiduría de Dios para responder mis oraciones, incluso cuando Su respuesta es diferente a mis deseos? Comenta acá.