Melody Beattie, en su Libro Ya no seas Codependiente reitera que el codependiente debe aceptar que existen sentimientos positivos y negativos, y que la vida es un eterno contraste entre esas dos condiciones.
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Reflexiona sobre esto:
Los sentimientos de intensa felicidad pueden ser tan perturbadores y atemorizantes como los sentimientos de intensa tristeza, especialmente para los codependientes que no están acostumbrados a los sentimientos de felicidad. Muchos codependientes creen que a los sentimientos de felicidad siempre deben seguir los de tristeza, porque esa es la manera como han sucedido en general las cosas en el pasado. Algunos codependientes creen que no podemos, no debemos y no merecemos sentirnos felices. A veces hacemos cosas para provocar sentimientos de tristeza después de experimentar sentimientos de felicidad, o cada vez que existe una posibilidad de que exista un sentimiento de alegría. Está bien sentirse feliz. Está bien sentirse triste. Dejemos que la energía emocional nos atraviese, y luchemos por obtener la paz y el equilibrio.
Hay ocasiones en que podemos requerir de ayuda profesional para manejar nuestras emociones. Si estamos varados en cualquier sentimiento en particular debemos darnos a nosotros mismos lo que necesitamos. Ver a un terapeuta, a un consejero, a un psicoanalista, o a un sacerdote. También podemos desear buscar ayuda profesional si hemos estado reprimiendo nuestros sentimientos durante un largo periodo o si sospechamos que hemos estado reprimiendo algo intenso.
Mi Reflexión: Esta meditación nos enseña que todas las emociones, tanto la alegría como la tristeza, forman parte de nuestra experiencia humana. No debemos sentir culpa por experimentar felicidad ni temor de que necesariamente será seguida por el dolor. Desde una perspectiva cristiana, Dios nos acompaña en cada emoción y desea conducirnos hacia una vida de equilibrio, esperanza y sanidad. Cuando nuestras cargas sobrepasan nuestras fuerzas, buscar ayuda también puede ser una expresión de sabiduría y humildad. (Alpha).
Para reflexionar: ¿Me permito disfrutar la alegría que Dios pone en mi camino o vivo esperando que algo malo ocurra? ¿Hay alguna emoción que necesito llevar hoy a Dios y, si es necesario, compartir con una persona de confianza para iniciar un proceso de sanidad? Comparte aquí.