Reflexión del Dia: Renuncia al control

942631_409225222508052_2142531414_n

Los codependientes son aquellas personas que consistentemente, y con gran cantidad de esfuerzo y energía, tratan de forzar que sucedan las cosas.

Controlamos en nombre del amor.
Lo hacemos porque “sólo estamos tratando de ayudar”.
Lo hacemos porque nosotros sí sabemos cómo deben hacerse las cosas y cómo deben comportarse las personas.
Lo hacemos porque nosotros estamos bien y ellos están mal.
Controlamos porque nos da miedo no hacerlo.
Lo hacemos porque no sabemos qué otra cosa hacer.
Lo hacemos para dejar de sufrir.
Controlamos porque pensamos que tenemos que hacerlo.
Controlamos porque no pensamos.
Controlamos porque solamente podemos pensar en controlar.
En última instancia quizá controlemos porque esa es la manera en que siempre hemos hecho las cosas.

No podemos controlar las conductas compulsivas de nadie. No podemos (y no es asunto nuestro hacerlo) controlar las emociones, la mente o las elecciones de nadie. No podemos controlar el resultado de los eventos. No podemos controlar a la vida. Algunos de nosotros apenas podemos controlamos a nosotros mismos. A fin de cuentas las personas hacen lo que quieren hacer. Se sienten como se quieren sentir (o como se están sintiendo); piensan lo que quieren pensar; hacen las cosas que creen que necesitan hacer; y cambiarán sólo cuando estén listos para cambiar. No importa si ellos no tienen la razón y nosotros sí. No importa que se estén lastimando a sí mismos. No importa que nosotros podríamos ayudarles si tan sólo nos escucharan y cooperaran con nosotros. ¡NO IMPORTA, NO IMPORTA, NO IMPORTA, NO IMPORTA!
Desapégate… Renuncia.
Para cada uno de nosotros, llega un tiempo para soltarse. Sabrás cuándo ha llegado ese tiempo. Cuando has hecho todo lo que se puede hacer, es tiempo de desapegarte. Maneja tus sentimientos. Enfréntate a tus miedos acerca de perder el control. Gana control sobre ti mismo y sobre tus responsabilidades. Dale a los demás la libertad para ser lo que son. Al hacerlo, ¡te liberarás!
(Melody Beattie de su Libro Ya no seas Codependiente).

728a

Recuperarnos … ¡mas que una moda!

00528-1440x900

Al descubrir que muchos de nosotros hemos sufrido de codependencia hasta cierto grado ha afirmado una de mis creencias tempranas: esta bien ser codependiente. Tiene que ser; habemos tantos. Pero aun mejor es estar en recuperación.
Algunos hemos estado en recuperación durante largo tiempo; otros apenas comienzan la experiencia de la recuperación. Algunos de nosotros estamos trabajando en programas de recuperación duales o múltiples; por ejemplo, en la recuperación de la codependencia y de una dependencia química, o en la recuperación de la codependencia y de un trastorno o desorden en la manera de comer. Podemos no estar siempre seguros de lo que significa estar recuperándose o de adonde nos llevaran nuestros programas de recuperación, pero estaremos allí de todas maneras.
Podemos ser codependientes «solo en menor medida» mientras luchamos por ya no serlo, pero nos estamos mejorando todo el tiempo. Y eso ya es suficientemente bueno.
¿Que nos depara el destino?
La palabra codependencia podrá desaparecer. La atención del publico y de los medios de información podrá apaciguarse. Pero no importa como la llamemos, la recuperación de la codependencia es mas que una moda. Hemos empezado la jornada de lo que es cuidar de uno mismo y amarse uno mismo. Aunque pueda haber unas cuantas paradas y unos cuantos lugares de descanso en el camino, no vamos a detenernos ahora.
«Amemonos a nosotros mismos por lo lejos que hasta ahora hemos llegado. Veamos que tanto mas lejos podemos ir. Y vayamos hasta allá juntos. Cada uno de nosotros tiene su propio quehacer, pero hacerlo juntos es lo que hace que funcione».
(Melody Beattie de su Libro Mas Allá de la Codependencia).

734857_10151280411293106_955231919_n (1)

Reflexion del Día: Un Hogar Sano

DA_DE_~1

Un niño es como una planta. Si hemos recibido mentiras en lugar de amor y un mal trato en lugar de atención, nos quedamos debilitados y enfermos. Con la cantidad adecuada de luz y de agua, florecemos. Las personas somos mas adaptables y resistentes que las plantas y tratamos de extender nuestras raíces lejos del horror y del dolor de las toxinas de la niñez . A menudo, sin embargo, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, absorbemos esas toxinas y nos ponemos enfermos.
En los hogares sanos, los niños reciben todo el amor y la atención que necesitan. Puede que no reciban todo el que quieren, pero se establecen unos limites apropiados. Estos niños no están bajo los efectos de ninguna privación y existe suficiente alimento y orientación como para satisfacer todas las necesidades. Se supone que las personas que viven en hogares sanos son honestas, abiertas al cambio y flexibles. Los cuerpos son alimentados con comida sana. Las mentes son sembradas de pensamientos abiertos y positivos. Aliento y animo son proporcionados con generosidad. Una energía positiva fluye libremente a lo largo de toda la familia. La propia casa es un lugar seguro para crecer, explorar y experimentar en el mundo .
Hoy día, de adultos, podemos crear un hogar de estas características para nosotros mismos. Para ello tenemos que aprender a tratarnos a nosotros mismos como si fuéramos nuestro propio hijo natural . A medida que aprendemos, no nos criticamos, ni nos ridiculizamos ni nos castigamos. No tenemos que ser perfectos. Si nos alentamos en nuestros esfuerzos y dejamos que nuestro amor se lea en nuestros ojos cuando nos miramos al espejo, veremos a una persona sana, en desarrollo.
Preguntate: ¿Como podría hacerme con un hogar sano para mi mismo, físicamente, socialmente, emocionalmente y espiritualmente? a través de ¿que cambios lo lograría?
(Dorothy May de su Libro Codependencia. La Dependencia Controladora/La Dependencia Sumisa)

383456_421377074548740_2117823403_n

La perdida del Alma

553608_271948949573340_188762130_n

La codependencia constituye un fracaso social a gran escala en la tarea de enseñar a los niños el desarrollo de si mismos y la autorrealización personal que ello conlleva, con el fin que dirijan sus vidas con sentido.
Las personas que desarrollan un poder interior tienen la capacidad de aventurar cambios y de influir en sus propias vidas, asi como en la vida de los demás. Al quitarles a los niños el poder que le es propio, se le roba una fuerza vital esencial. Le robamos, en consecuencia, el mundo de su alma.
Si nos quedamos sin alma, perdemos nuestro poder y nos transformamos en muertos vivientes. El poder es una fuerza dinámica y vivificante dentro de nosotros, responsable de nuestra vitalidad. El poder suministra la energía que impulsa a nuestra alma en el mundo. El poder del alma se transforma en un poder personal cuando genera energía al servicio de la vitalidad. El mal uso y abuso del poder en las familias y en los individuos conduce a la desautorrealizacion personal.
¿Cuales son algunos de estos síntomas-sentimientos de la perdida del alma?

– Un agujero negro que me sigue a todas partes y reaparece una y otra vez.
. Sean cuales fueren mis logros, me siento vació.
– Haga lo que haga, me siento obsesionado, intranquilo, incompleto.
– No me siento yo mismo.
– No se quien soy.
– No puedo conectarme con otras personas.
– Me pego excesivamente a otras personas.
– Pienso que soy malo, defectuoso y estoy lleno de vergüenza y culpa.
– Tengo poca energía y me siento apático, aburrido y embotado.
– Estoy asustado, enfadado o como anestesiado la mayor parte del tiempo.
– Estoy desalentado y descorazonado.

Resulta saludable para la recuperación, identificar cuantos de estos síntomas reconoces en ti, así podrás trabajar mejor tu proceso de curación.
(Dorothy May, en su Libro Codependencia. La dependencia controladora/ La dependencia sumisa).

a ciegas_mágico_despertar

Danza de Sufrimiento, Vergüenza y Auto-Abuso

«La razón por la que no hemos podido amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos, es porque lo hemos estado haciendo al revés. Se nos enseñó a juzgarnos y a sentirnos avergonzados de nosotros mismos. Se nos enseñó a odiarnos por ser humanos.»

«Si yo me siento un «fracasado» y le estoy dando poder a la voz interna del «padre criticador» que me está diciendo que soy un fracaso, entonces me puedo quedar atrapado en un lugar muy doloroso en donde me estoy avergonzando por ser yo mismo. En esta dinámica soy la víctima de mi mismo y también soy mi propio perpetrador, y el siguiente paso es rescatarme a mi mismo usando una de las viejas herramientas para volverme inconsciente (comida, alcohol, sexo, etc.) Por lo que la enfermedad me tiene girando en una rueda de hámster de sufrimiento y vergüenza, una danza de dolor, culpa y auto-abuso.»

La Codependencia es una enfermedad increíblemente poderosa, insidiosa y viciosa.

Es muy poderosa porque está arraigada en nuestra relación medular con nuestros seres. Como niños pequeños fuimos agredidos con el mensaje de que había algo malo en nosotros. Obtuvimos este mensaje de nuestros padres, quienes fueron agredidos y heridos en la infancia por sus padres, que fueron agredidos en la infancia, y por nuestra sociedad que está basada en la creencia de que ser un humano es algo vergonzoso.

La Codependencia es insidiosa porque es muy dominante. La creencia medular emocional de que hay algo malo con lo que somos, afecta todas las relaciones en nuestra vida y nos impide aprender cómo Amar Verdaderamente. En una sociedad Codependiente, el valor es asignado en comparación (más rico que, más bonita que, más espiritual que, más sano que, etc.) por lo que la única forma de sentirse a gusto sobre uno mismo, es el juicio y el menosprecio de otros. La comparación sirve a la creencia en la separación, que hace posible la violencia, el desamparo, la contaminación y a los billonarios. El amor tiene que ver con sentirnos conectados en el esquema de las cosas, no separados.

La Codependencia es viciosa porque nos obliga a odiarnos y a abusar de nosotros mismos. Se nos enseñó a juzgarnos y avergonzarnos por ser humanos. En el centro de nuestra relación con nosotros mismos, está el sentimiento de que de alguna forma, no merecemos y somos indignos del amor.

A mi padre se le enseñó que supuestamente debía ser perfecto y que la ira era la única emoción masculina permisible. Como resultado, ese pequeño niño que cometió errores y al que le gritaron, se sintió defectuoso e indigno de ser amado.

Mi madre me dijo cuánto me amaba, lo importante y valioso era, y cómo podía ser cualquier cosa que quisiera ser. Pero mi madre no tenía auto-estima ni límites, entonces cometió conmigo un incesto emocional. Yo me sentí responsable por su bienestar emocional y sentí gran vergüenza al no poder protegerla de la violencia de mi padre o del dolor de la vida. Esto era prueba de que yo era tan defectuoso que, aunque una mujer pudiera pensar que era digno de amor, eventualmente la verdad de mi indignidad sería expuesta, por mi inhabilidad para protegerla y asegurarle su felicidad.

La iglesia en la que me crié, me enseñó que nací pecador e indigno y que debía ser agradecido porque Dios me amaba a pesar de mi indignidad. Y, aunque Dios me amaba, si yo permitía que mi indignidad saliera a la superficie comportándome (o incluso pensado) en base a las vergonzosas debilidades humanas con las que nací, entonces Dios se vería forzado, con gran tristeza y renuencia, a mandarme al infierno para arder por siempre.

¿Es de sorprenderse que en mi centro me sintiera devaluado e indigno de ser amado? ¿Es de sorprenderse que como adulto me quedara atrapado en un ciclo continuo de vergüenza, culpa y auto-abuso?

El dolor de ser indigno y la vergüenza eran tan grandes, que tuve que aprender formas para volverme inconsciente y desconectarme de mis sentimientos. Las formas como aprendí a protegerme del dolor y nutrirme cuando estaba herido, eran cosas como las drogas y el alcohol, la comida y los cigarros, las relaciones y el trabajo, la obsesión.

La forma como funciona en la práctica es como esto: Me estoy sintiendo gordo; me juzgo por estar gordo; me avergüenzo a mi mismo por ser gordo; me flagelo por estar gordo; entonces me hiero tanto que tengo que aliviar parte del dolor; entonces me consiento y me como una pizza; luego me juzgo por comer pizza, etc.

Este es un ciclo funcional para la enfermedad. La vergüenza engendra el auto-abuso, que engendra la vergüenza, que sirve al propósito de la enfermedad, que es mantenernos separados, para no programarnos a equivocarnos, creyendo que somos merecedores y dignos de ser amados.

Obviamente este es un ciclo disfuncional si nuestro propósito es ser felices y disfrutar de estar vivos. La forma para detener este ciclo tiene dos partes y es simple en teoría, pero extremadamente difícil de implementar momento a momento, en bases cotidianas en nuestras vidas:

La primera parte tiene que ver con remover la vergüenza de nuestro proceso interno. Este es un proceso complicado y de multinivel, que involucra cambiar los sistemas de creencias que están dictando nuestras reacciones hacia la vida (esto incluye todo, desde afirmaciones positivas, hasta trabajo de liberación de energía emocional y pena, grupos de apoyo, meditación y oración, trabajo con el niño interior, etc.) para que podamos cambiar nuestra relación con nuestro ser en el centro y comencemos a tratarnos a nosotros mismos en formas más sanas.

La segunda parte es más simple y generalmente más difícil. Involucra tomar «la acción». («la acción» se refiere a un comportamiento específico. Debemos tomar acción para hacer todas las cosas listadas también en la primera parte.) Cambiar el comportamiento que nos está dando una razón para sentir vergüenza. Simplemente decir «no» o «si», si el comportamiento en cuestión es algo como no comer, o aislarnos, o no hacer ejercicio. E incluso aunque pueda funcionar durante algún tiempo en el corto plazo, usar la vergüenza y el juicio para motivarnos a cambiar un comportamiento, en el largo plazo, en alineación con nuestra meta de tener relaciones más amorosas con nosotros mismos para ser felices, es mucho más poderoso tomar esa acción de una forma Amorosa.

Esto implica establecer un límite al pequeño niño dentro de nosotros, que quiere gratificación y alivio instantáneo, a través del adulto Amoroso en nosotros que comprende el concepto de gratificación retardada. (Si hago ejercicio cada día me sentiré mucho mejor en el largo plazo.) El verdadero orgullo proviene de la acción tomada. Es falso orgullo sentirnos bien respecto a nosotros mismos en comparación con la apariencia, el talento, la inteligencia o al ser forzados a volvernos espirituales, sanos o sobrios. Esos son dones. El orgullo verdadero es tomar crédito por la acción que hemos emprendido para fomentar, nutrir y mantener esos dones.

La forma de destruir el ciclo auto-destructivo, es detener la danza de vergüenza, sufrimiento y auto-abuso, es establecer límites Amorosos para nosotros, en el momento que surge esa necesidad desesperada por la gratificación inmediata, y saber que, aunque no es vergonzoso si no podemos hacerlo perfectamente todo el tiempo, solo necesitamos «hacerlo». Necesitamos que nuestro Ser Verdadero apoye a nuestro ser herido con el fin de Amarnos a nosotros mismos.

Robert Burney, de su Libro: «Codependence: The Dance of Wounded Souls» («Codependiencia, la Danza de las Almas Heridas»). Traducido por: Claudia Cuesta. http://www.reskarendaya.com/

Aceptación

Acepto todas las partes de mí misma…

Lo más importante del proceso de sanarnos o de integrarnos en un todo es aceptarnos totalmente a nosotros mismos, con todas nuestras múltiples partes. Aceptémonos cuando actuamos bien y cuando no lo hacemos tan bien, cuando nos asustamos y cuando demostramos nuestro amor, cuando nos comportamos tontamente y cuando nos mostramos brillantes e ingeniosos, cuando fracasamos y cuando ganamos. Todo esto son distintas facetas de nosotros mismos. La mayoría de nuestros problemas provienen de que rechazamos partes de nosotros mismos: no nos amamos total e incondicionalmente.

Que la mirada que echamos sobre nuestro pasado no sea de vergüenza. Miremos al pasado viendo en él la riqueza y la plenitud de la Vida. Sin esta riqueza y esta plenitud no estaríamos hoy aquí. Cuando nos aceptamos totalmente nos convertimos en seres íntegros y sanos.

Si no te amas total, entera y plenamente, es porque en algún momento aprendiste a no amarte. Pero puedes desaprenderlo.

Empieza a ser amable contigo ahora mismo.

Afirmacion: Mírate en el espejo y di:
«Me amo y me acepto exactamente tal como soy» ¿Qué es lo que te viene a la mente? Observa cómo te sientes. Quizá sea esto el centro de tu problema».

(Louise L. Hay de su Libro Pensamientos del Corazón).

Recuperación: ¿Aprender de nuevo a vivir y a amar?

Aprender de nuevo a vivir y a amar significa encontrar un equilibrio: aprender a amar y, al mismo tiempo, vivir nuestra propia vida; aprender a amar sin fundirnos completamente en el plano emocional con el objeto de nuestro afecto; y aprender a amar a los demás sin por ello dejarnos de amar a nosotros mismos.
Necesitamos aprender a vivir, a amar y a divertirnos de manera que cada actividad no interfiera de una manera poco razonable con ninguna de las otras.
Gran parte de la recuperación consiste en encontrar y en mantener un equilibrio entre todos los aspectos de nuestra vida. Necesitamos vigilar la balanza para que esta no se cargue demasiado hacia ninguno de los dos lados a medida que evaluamos nuestras responsabilidades para con nosotros mismos y hacia los demás. Necesitamos equilibrar nuestras necesidades emocionales con nuestras necesidades físicas, mentales y espirituales. Necesitarnos equilibrar el dar y el recibir; necesitamos encontrar la línea divisoria entre lo que es desentendernos de algo y cumplir con nuestra parte. Necesitamos encontrar un equilibrio entre lo que es resolver problemas y lo que es aprender a vivir con problemas no resueltos. Mucha de nuestra aflicción viene de haber tenido que vivir con la pena de problemas sin resolver, y de que las cosas no sucedieran de la manera que nosotros esperábamos y anticipábamos. Necesitamos encontrar un equilibrio entre dejar ir nuestras expectativas y el recordar que somos personas importantes y valiosas que merecen llevar vidas decentes.

Para comenzar:

A menudo me preguntan: ¿Por dónde empiezo? ¿Cómo se comienza? ¿Cómo hago para encontrare el equilibrio?
He hablado acerca de muchas ideas y propuesto muchas sugerencias, y algunos de nosotros podemos sentirnos abrumados.
Para algunos, alcanzar un equilibrio puede parecer imposible. Podemos sentirnos como si estuviéramos tirados en el suelo de una celda oscura, de la que no podemos salir arrastrándonos. Sí podemos. Alcohólicos Anónimos y Al-Anón nos ofrecen una sencilla fórmula de tres partes para hacerlo. Se le llama “HOW”: Honestidad, Franqueza y Disposición para probar.
Antes escribí que el cambio comienza cuando nos percatamos de algo y lo aceptamos. El tercer paso en el cambio de la conducta humana es la acción asertiva. Para nosotros eso significa hacer las cosas de manera diferente. Seamos honestos, guardemos nuestra mente abierta y mantengámonos dispuestos a tratar de hacer las cosas de modo distinto, y entonces cambiaremos.

Escoge una conducta para trabajar sobre de ella y cuando lo hagas de manera cómoda sigue con otra.
He escuchado que necesitamos repetir una acción veintiún veces para convertirla en un hábito. Esa es una
regla básica que debemos tener presente. Descubramos por dónde queremos comenzar y empecemos por ahí. Empecemos donde nos encontramos. Si no podemos decidir por dónde empezar, empecemos a acudir a la reuniones de Al-Anón, o a algún otro grupo que sea adecuado. Si estamos en el sótano, salgamos de él aunque sea a rastras. Aprenderemos luego a caminar; conseguiremos el equilibrio.

Ir hacia adelante:

Una vez que hemos empezado, ir hacia adelante se volverá un proceso natural, si nos seguimos moviendo. A veces, daremos algunos pasos para atrás, Eso también está bien. A veces es necesario. A veces es parte de ir hacia delante.
Algunos podemos estar enfrentando decisiones difíciles, decisiones acerca de terminar con relaciones que son desdichadas y destructivas. De acuerdo con Earnie Larsen, si la relación está muerta, entiérrala.
Podemos tomarnos nuestro tiempo, trabajar sobre nosotros mismos, y seremos capaces de tomar la decisión correcta cuando sea tiempo de hacerlo.
Algunos podremos estar tratando de componer relaciones que están dañadas pero que siguen vivas. Seamos pacientes. El amor y la confianza son entidades vivas y frágiles. No se regeneran automáticamente porque así se los ordenemos si han sufrido resquebrajaduras. El amor y la confianza no reaparecerán automáticamente si la otra persona se pone sobria o si soluciona cualquier problema que haya tenido. Se debe permitir que el amor y la confianza sanen a su propio tiempo. A veces se curan; otras veces no.
Algunos podemos estar sin una persona especial a quien amar. Eso puede ser difícil, pero no es una situación imposible. Podremos querer y necesitar alguien a quien amar, pero creo que es de gran ayuda amarnos lo suficiente a nosotros mismos. Está bien tener una relación, pero también está bien no tener una relación. Busquemos amigos a quienes amar y que nos amen, y que piensen que nosotros somos valiosos. Amémonos a nosotros mismos y sepamos que somos valiosos. Usemos nuestros ratos de soledad como inspiración. Soltémonos.
Aprendamos las lecciones que debemos de estar aprendiendo. Crezcamos. Desarrollémonos. Trabajemos sobre nosotros mismos, de modo que cuando aparezca el amor, sea para mejorar una vida que ya es de por sí plena e interesante. El amor no debe ser la preocupación de nuestra vida entera ni un escape a una vida que es infeliz.
Luchemos por lograr nuestras metas. Divirtámonos. Confiemos en Dios y en su medida del tiempo. A Él le importamos y Él sabe acerca de todas nuestras necesidades y deseos.
Sea cual sea nuestra situación, podemos ir despacio. Nuestros corazones pueden conducirnos a donde nuestras cabezas nos dicen que no debemos ir. Nuestras cabezas pueden insistir en que vayamos a donde nuestros corazones no quieren seguirlas. En ocasiones la atracción que sentimos por las ranas puede llevarnos a donde ni nuestros corazones ni nuestras cabezas quieren ir. Eso está bien. No hay reglas acerca de a quién debemos amar y a quién no y con quién nos debemos relacionar y con quién no. Podemos amar a quien nosotros queramos, y cuando queramos. Pero hay que desacelerarnos y tomarnos el tiempo para hacerlo de una manera que no nos lastime.
Pongamos atención a lo que está sucediendo. Amemos desde nuestra fortaleza, no desde nuestra debilidad, y pidamos a los demás que hagan lo mismo. Tomemos decisiones acertadas a diario acerca de lo que debemos hacer para cuidar de nosotros mismos. Entre nuestro poder superior y nosotros, seremos capaces de averiguar lo que debemos hacer. Espero que encontremos gente a la que disfrutemos amar; gente que disfrute amándonos y nos rete a crecer. Espero que encontremos un trabajo que disfrutemos y que nos rete a crecer.
Una palabra de advertencia: de vez en cuando, podemos perder nuestro equilibrio. Podemos empezar a correr, a brincar, a saltar y de repente encontrarnos de narices en el piso. Todos esos viejos sentimientos locos se nos vienen de un jalón. No nos asustemos. Esto es normal. Las características codependientes, las maneras de pensar y los sentimientos se convierten en hábitos. Esos sentimientos y pensamientos habituales pueden salir de vez en cuando a la superficie. Los cambios (incluso los cambios benéficos), ciertas circunstancias que nos recuerden la locura del alcohol y el estrés pueden provocar codependencia. A veces nos alocamos otra vez sin motivo alguno. Pero esto pasará. No nos avergoncemos y no nos escondamos.
Podemos levantarnos de nuevo. Lo superaremos. Hablemos con amigos de confianza; seamos pacientes y gentiles con nosotros mismos. Sólo sigamos haciendo las cosas que sabemos que necesitamos hacer. Todo mejorará. No dejemos de cuidar de nosotros, no importa lo que suceda.
Conseguir nuestro equilibrio y mantenerlo una vez que lo hemos encontrado esla sustancia de la recuperación. Si eso suena a un gran paquete no nos preocupemos. Podemos hacerlo. Podemos aprender a vivir de nuevo. Podemos aprender a amar de nuevo. Incluso podemos aprender a divertirnos al mismo tiempo.

(Melody Beattie de su Libro Ya no seas Codependiente).

Previniendo el Apego Afectivo (II)


EL PRINCIPIO DE LA AUTONOMÍA O HACERSE CARGO DE UNO MISMO:

Tal como lo han afirmado psicólogos, filósofos y pensadores a través de todas las épocas, la libertad y el miedo van de la mano. Salustio decía: “Son pocos los que quieren la libertad, la mayoría sólo quiere tener un amo justo”. Pero cuando las personas deciden hacerse dueñas de su vida y de sus decisiones, el crecimiento personal no tiene límites. La búsqueda de autonomía es una tendencia natural en sujetos sanos. Más aún, cuando la libertad se restringe los humanos normales nunca nos damos por vencidos. Desde Espartaco hasta Mandela, la historia de la humanidad podría resumirse como una lucha constante y persistente para obtener la independencia añorada, cualquiera que ella sea. En psicología ha quedado demostrado que las personas autónomas que se hacen cargo de sí mismas, desarrollan un sistema inmunológico altamente resistente a todo tipo de enfermedades.

Los maestros espirituales de distintas partes del mundo coinciden en decir que cuánto menos necesidades creadas tenga una persona, más libre será. Cuentan que en cierta ocasión, Sócrates entró en una tienda de misceláneas. Luego de demorarse un largo rato observando en detalle cada artículo, salió del lugar claramente asombrado. Cuando le preguntaron el motivo de su sorpresa, respondió: “Estoy fascinado, ¡cuántas cosas no necesito!”.

Por desgracia, las personas que sufren de apego afectivo son las que más bloquean la autonomía, porque sus necesidades son demasiado fuertes. La adicción a otro ser humano es la más difícil de erradicar, y más aún cuando la motivación de fondo es la necesidad de seguridad/protección: (“Más vale mal acompañado que solo”).

Mientras el principio de la exploración facilita la obtención de reforzadores y la pérdida del miedo a lo desconocido, el principio de la autonomía permite adquirir confianza en uno mismo y perder el miedo a la soledad. Un estilo de vida orientado a la libertad personal genera, al menos, tres atributos psicoafectivos importantes: la defensa de la territorialidad, una mejor utilización de la soledad y un incremento en la autosuficiencia. Veamos cada uno en detalle.

La defensa de la territorialidad y la soberanía afectiva

La territorialidad es el espacio de reserva personal; si alguien lo traspasa, me siento mal, incómodo o amenazado. Es la soberanía psicológica individual: mi espacio, mis cosas, mis amigos, mis salidas, mis pensamientos, mi vocación, mis sueños, en fin, todo lo que sea “mi”, que no necesariamente excluye el “tu”. Tus rosas, mis rosas y nuestras rosas. Una territorialidad exagerada, lleva a la paranoia y si es minúscula, a la inasertividad. El equilibrio adecuado es aquel donde las demandas de la pareja y las propias necesidades se acoplan respetuosamente.

Es importante recalcar que sin territorialidad no puede haber una buena relación. Las parejas superpuestas en un ciento por ciento, además de disfuncionales, son planas y tediosas. Se conocen tanto y se comunican tantas cosas, que se les acaba el repertorio. Se pierde el encanto de lo inesperado. Una cosa es entregar el corazón y otra el cerebro.

Nuestra educación ha exaltado el valor de un matrimonio encerrado y sin secretos, como decía E.E. Cummings: “Uno no es la mitad de dos; dos son las mitades de uno”. Siameses, hasta que la muerte los separe. A muchos les disgusta que su pareja no lo exprese todo, porque lo consideran falta de lealtad (obviamente no estoy defendiendo el mutismo electivo). Pero la transparencia total no existe. Más aún, a veces es mejor no preguntar, y otras, no contar.

La idea no es andar jugando a las escondidas, fomentar el libertinaje y eliminar todo rastro de honradez, sino establecer los límites de la propia privacidad. Algo así como la reserva del sumario. Y esto no es desamor, sino inteligencia afectiva. La independencia (territorialidad) sigue siendo la mejor opción para que una pareja perdure y no se consuma. Aunque a la gente apegada le aterra el libre albedrío y le encanta ceder espacios: sin autonomía no hay amor, sólo adicción complaciente.

Al rescate de la soledad

Frente a la soledad siempre ha habido posiciones enfrentadas. Los filósofos y los maestros espirituales la han defendido a capa y espada, como una oportunidad para fomentar el autoconocimiento. Por ejemplo, Cicerón decía: “Nunca he estado menos solo que cuando estoy solo”. Por su parte, los poetas y enamorados han hecho una apología de la adhesión afectiva, y han señalado que no hay nada mejor que estar encadenado a un corazón.

En palabras de Machado: «Poned atención: Un corazón solitario No es un corazón».

El gran poeta español posiblemente no hubiera pasado un test de dependencia, ni hubiera recomendado este libro.
Para la psicología clínica, la soledad tiene una faceta buena y una mala. Cuando es producto de la elección voluntaria, es saludable y ayuda a limpiar la mente. Pero si es obligada, puede aniquilar todo vestigio de humanidad rescatable. La soledad impuesta es desolación, la elegida es liberación. No es lo mismo estar socialmente aislado que estar afectivamente aislado. De las dos, la segunda, es decir, la carencia afectiva, es la que más duele. Ésa es la que abre huecos en el alma y la que nos despoja de toda motivación. Aunque ambas formas de aislamiento generan depresión, la soledad del desamor es la madre de todo apego.

El principio de la autonomía lleva, irremediablemente, al tema de la soledad. De alguna manera, estar libre es estar solo. La persona que se hace cargo de sí misma no requiere de nodrizas ni guardianes porque no le teme a la soledad, la busca. En cambio, para un adicto afectivo el peor castigo es el alejamiento. Como un monstruo de mil cabezas, el destierro físico, psicológico o afectivo se va acoplando al déficit de la víctima. Por ejemplo, para los que sufren de vulnerabilidad al daño, la soledad es desamparo; para los que necesitan estabilidad, es abandono; para los que carecen de autoestima, es desamor.

Sin llegar a ser ermitaño, la soledad trae varias ventajas.

Desde el punto de vista psicológico-cognitivo (mental), favorece la autoobservación y es una oportunidad para conocerse a uno mismo. Es en el silencio cuando hacemos contacto con lo que verdaderamente somos.
Desde el punto de vista Psicológico-emocional, posibilita que los métodos de relajación y meditación aumenten su eficacia. Cuando no hay moros en la costa, el organismo se siente más seguro y concentrado: no hay necesidad de aprobación, ni competencia, ni críticas a la vista.
Desde el punto de vista psicológico- comportamental, nos induce a soltar los bastones, a enfrentar los imponderables y a lanzarnos al mundo. No es imprescindible tener compañía afectiva para desempeñarse socialmente.

Abrazar la soledad no significa que debas incomunicarte y aislarte de tu pareja. Las soledades de cada uno pueden interconectarse. Entre dos personas que se aman, el silencio habla hasta por los codos. Tu pareja puede estar leyendo, mientras tú arreglas el jardín, o viceversa. Cada uno en lo suyo. Aparentemente no se están comunicando, no se hablan, no se miran, no se huelen, no se tocan. Pero no es así. Hay un intercambio vivo, una presencia compartida donde ambas soledades se juntan y se envuelven la una en la otra.
Rilke lo expresaba bellamente: El amor consiste en esto: Que dos soledades se protegen Se tocan mutuamente Y se saludan. De eso se trata el respeto a la intimidad. Amar en puntas de pie para que no haya sobresaltos y encontrarse en los pasillos. Respirar el mismo aire sin contaminarlo, y compartir el amor sin hacerlo necesariamente explícito.
Splager resume muy bien la idea central de amar en soledad y aún así seguir amando: “No todos saben estar solos con otros, compartir la soledad. Tenemos que ayudarnos mutuamente a comprender cómo ser en nuestra soledad, para poder relacionarnos sin aferrarnos el uno al otro. Podemos ser interdependientes sin ser dependientes. La nostalgia del solitario es la dependencia rechazada. La soledad es la interdependencia compartida”.

La autosuficiencia y la autoeficacia

Muchas de las personas dependientes con el tiempo van configurando un cuadro de inutilidad crónica. Una mezcolanza entre desidia y miedo a equivocarse. De tanto pedir ayuda, pierden autoeficiencia. El devastador “No soy capaz” se va apoderando del adicto, hasta volverlo cada vez más incapaz de sobrellevar la vida sin supervisión. Actividades tan sencillas como llevar el automóvil al taller, llamar a un electricista, reservar pasajes, buscar un taxi, se convierten en el peor de los problemas. Estrés, dolor de cabeza y malestar. La tolerancia a las dificultades se hace cada vez más baja. Como dice el refrán: “La pereza es la madre de todos los vicios”. Así, lenta e incisivamente, la inseguridad frente al propio desempeño va calando y echando raíces. Como una bola de nieve, la incapacidad arrasa con todo. La tautología es destructora; la dependencia me vuelve inútil, la inutilidad me hace perder confianza en mí mismo. Entonces busco depender más, lo que incrementa aún más mi sentimiento de inutilidad, y así sucesivamente.

Si eres de aquellas personas que necesitan el visto bueno de la pareja hasta para respirar, deja a un lado el pulmón artificial y libérate. Despréndete de esa fastidiosa incompetencia. Permite que el principio de la autonomía limpie la basura que tienes acumulada por culpa del apego. La independencia es el único camino para recuperar tu autoeficacia. Sentirse incapaz es una de las sensaciones más destructivas, pero no hacer nada y resignarse a vivir como un inválido es peor. Aunque no te agrade el esfuerzo, hacerte cargo de ti mismo hará que tu dignidad no se venga a pique.

¿Por qué el principio de autonomía genera inmunidad al apego afectivo?

Porque la autonomía produce esquemas anti-apego y promueve maneras más sanas de relacionarse afectivamente, al menos en tres áreas básicas:

a. Las personas que se vuelven más autónomas mejoran ostensiblemente su autoeficacia, adquieren más confianza en sí mismas y se vuelven más autosuficientes. Se previene y/o se vence el miedo a no ser capaz.
b. La libertad educa y levanta los umbrales al dolor y al sufrimiento. Al tener que vérselas con el mundo y luchar por la propia supervivencia, elimina de cuajo la mala costumbre de evitar la incomodidad. En otras palabras, ayuda a la maduración emocional. Se previene y/o se vence el miedo a sufrir.
c. La autonomía conlleva a un mejor manejo de la soledad. Los sujetos que adoptan la autonomía como una forma de vida adquieren mejores niveles de autoobservación y una mayor autoconciencia. Considerando que la soledad está en la base de todo apego, se previene y/o se vence el miedo a la soledad.

(Walter Riso de su Libro Amar o Depender)