
Luchar por las expectativas equilibradas de los demás. Luchar por la tolerancia saludable.
En el pasado, podemos haber tolerado demasiado o muy poco. Es posible que hayamos esperado demasiado o demasiado poco.
Podemos pasar de tolerar el abuso, el maltrato y el engaño a negarnos a tolerar comportamientos normales, humanos e imperfectos de las personas. Aunque es preferible no permanecer demasiado tiempo en ninguno de los dos extremos, así es como cambian las personas: personas reales que luchan imperfectamente por una vida mejor, relaciones mejoradas y comportamientos de relaciones más efectivos.
Pero si estamos abiertos a nosotros mismos y al proceso de recuperación, en algún momento comenzaremos otra transición: es el momento de alejarnos de los extremos, hacia el equilibrio.
Podemos confiar en nosotros mismos y en el proceso de recuperación para llevarnos a un lugar equilibrado de tolerancia, entrega, comprensión y expectativas de nosotros mismos y de los demás.
Cada uno de nosotros puede encontrar nuestro propio camino hacia el equilibrio al comenzar y continuar la recuperación.
«Hoy, practicaré la aceptación conmigo mismo y con los demás por la forma en que cambiamos. Si he tenido que pasar al otro extremo de un comportamiento, lo aceptaré según corresponda, por un tiempo. Pero haré de mi objetivo uno de tolerancia equilibrada y expectativas de mí mismo y de los demás».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

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Meditación 20 de Enero… Nuevos comienzos

Los resentimientos son los bloques que nos impiden amarnos a nosotros mismos y a los demás. Los resentimientos no castigan a la otra persona, nos castigan a nosotros mismos. Se vuelven barreras que no nos dejan sentirnos bien y disfrutar de la vida. Nos impiden estar en armonía con el mundo. Los resentimientos son trozos de ira endurecidos, que sólo se desbaratan y se disuelven con el perdón y el olvido.
Deja ir los resentimientos no significa que le permitamos a la otra persona hacer lo que quiera. Significa aceptar lo que ocurrió en el pasado y fijar límites para el futuro ¡Podemos dejar ir los resentimientos y, aun así, tener límites!
Tratamos de ver la parte buena de la persona, o el bien que por fin se derivó de algún incidente que nos causó resentimiento. Tratamos de ver nuestra parte en ello.
Luego, nos olvidamos del incidente.
Es de gran ayuda rezar por quienes nos sentimos resentidos. Pedirle a Dios que tome nuestros resentimientos también ayuda.
Qué mejor manera de empezar un año nuevo que borrando el pizarrón del pasado y empezarlo libres de resentimientos.
«Poder Superior, ayúdame a estar listo para despojarme de mis resentimientos. Trae a la superficie cualquier resentimiento oculto que me este bloqueando. Enséñame que debo hacer para cuidar de mi mismo y dejar ir mis resentimientos, y luego, ayúdame a hacerlo».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Meditación 19 de Enero… Expectativas de los demás

Nuestro trabajo es identificar nuestras necesidades y luego determinar una forma equilibrada de satisfacer esas necesidades. En última instancia, esperamos que nuestro Poder Superior y el Universo, no una persona en particular, sean nuestra fuente.
No es razonable esperar que alguien pueda o esté dispuesto a satisfacer todas nuestras solicitudes. Somos responsables de pedir lo que queremos y necesitamos. Es responsabilidad de la otra persona elegir libremente si responder o no a nuestra solicitud. Si intentamos coaccionar o forzar a otro a estar allí para nosotros, eso es controlar.
Hay una diferencia entre pedir y exigir. Queremos el amor que se da libremente.
Es irrazonable y poco saludable esperar que una persona sea la fuente para satisfacer todas nuestras necesidades. En última instancia, nos enfadaremos y resentiremos, tal vez incluso castigando, hacia esa persona por no apoyarnos como esperábamos.
Es razonable tener ciertas expectativas bien definidas de nuestro cónyuge, hijos y amigos.
Si una persona no puede o no estará allí para nosotros, entonces debemos asumir la responsabilidad por nosotros mismos en esa relación. Es posible que tengamos que establecer un límite, alterar nuestras expectativas o cambiar los límites de la relación para adaptarse a la poca o nula disponibilidad de esa persona. Hacemos esto por nosotros mismos.
Es razonable esparcir nuestros deseos y necesidades y ser realistas acerca de cuánto pedimos o esperamos de una persona en particular. Podemos confiar en nosotros mismos para saber qué es razonable.
El tema de las expectativas se remonta a saber que somos responsables de identificar nuestras necesidades, creyendo que merecen ser satisfechas, y descubrir una forma adecuada y satisfactoria de hacerlo en nuestra vida.
«Hoy, me esforzaré por tener expectativas razonables sobre la satisfacción de mis necesidades en las relaciones».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

Meditación 17 de Enero… Roles de trabajo

Qué fácil es sumergirse en los roles en el trabajo. Qué fácil es colocar a otras personas en roles. A veces, esto es necesario, apropiado y conveniente.
Pero también podemos dejar que nuestro yo brille a través de nuestro papel.
Hay alegría en dar nuestro don de habilidad en el trabajo, en entregarnos a la tarea en cuestión tan a fondo que experimentamos una relación íntima con nuestro trabajo. Hay alegría cuando creamos o cumplimos una tarea y podemos decir: «¡Bien hecho!»
También hay alegría cuando somos nuestro propio trabajo, y cuando descubrimos y apreciamos a quienes nos rodean.
La tarea más desagradable y mundana se puede atravesar cuando dejamos de pensar en nosotros mismos como un robot y nos permitimos ser una persona.
Los que nos rodean responderán con gusto cuando los tratemos como individuos y no como roles definidos por el trabajo.Esto no significa que tengamos que enredarnos inapropiadamente con los demás. Significa que, ya sea que seamos un empleador o un empleado, cuando las personas pueden ser personas que realizan tareas en lugar de personas que realizan tareas, somos personas más felices y más contentas.
«Hoy, me dejaré brillar a través de mi tarea en el trabajo. Trataré de ver a los demás y los dejaré brillar también, en lugar de mirar solo sus tareas. Dios, ayúdame a estar abierto a la belleza de mí mismo y de los demás en el trabajo. Ayúdame a mantener relaciones saludables con las personas en el trabajo».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

Meditación 16 de Enero… La Oración

De hecho, la oración es la única acción real en el más amplio sentido de la palabra, porque es lo único que cambia nuestro carácter. Un cambio de carácter, o un cambio en el alma, es un cambio verdadero. (Emmet Fox, El sermón de la montaña).
Erica Jong ha dicho que somos seres espirituales, que somos humanos. La plegaria y la meditación son formas que tenemos para cuidar de nuestro espíritu, son disciplinas que se sugieren en el Paso Once de los programas de recuperación de Doce Pasos: Al-Anón, Alcohólicos Anónimos, y otros.
La oración y la meditación no necesariamente están conectadas con las religiones organizadas, son una forma para mejorar nuestra relación personal con un Poder Superior para beneficio de nosotros mismos, de nuestra vida y de nuestro crecimiento interior. Por medio de la oración nos conectamos con Dios. No oramos porque tengamos que hacerlo, sino porque queremos hacerlo. Así es como vinculamos nuestra alma con nuestro Origen.
Estamos aprendiendo a cuidar nuestras emociones, nuestra mente y nuestras necesidades físicas. Estamos aprendiendo a cambiar nuestras conductas, pero también a cuidar de nuestro espíritu, de nuestra alma, porque ahí es donde empieza todo cambio verdadero.
Cada vez que hablamos con Dios, nos transformamos. Cada vez que nos conectamos con nuestro Poder Superior, este nos escucha, nos toca y nos cambia para mejorar.
«Hoy practicare la plegaria y la meditación. Ya sea que me sienta desesperado, inquieto o en paz, haré el esfuerzo por conectarme con mi Poder Superior, por lo menos durante un momento el día de hoy».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Reflexión del Dia: 15 de Enero

HICIMOS UNA LISTA DE TODAS AQUELLAS PERSONAS A QUIENES HABÍAMOS OFENDIDO Y ESTUVIMOS DISPUESTOS A REPARAR EL DAÑO QUE LES CAUSAMOS (Octavo Paso de CoDA).
HACER LA LISTA
Este es el Paso donde nos olvidamos de lo que hizo o no hizo otro y nos aplicamos a asumir la responsabilidad de nuestros propios comportamientos. ¿A quién manipulamos? ¿Mentimos?
Lo más importante en este Paso es: ¿Hacia quién no sentimos tranquilos en nuestro corazón? ¿En qué relaciones existe discordia o falta de armonía? ¿Qué relaciones necesitan paz y amor y buenos sentimientos, sea o no que queramos volver a relacionarnos con esas personas de nuevo?
¿En qué relaciones necesitamos poder levantar nuestras cabezas, y abrir nuestros corazones para que se llenen de amor, aunque ese amor se dé a distancia y con desapego?
Ahora nos acercamos a la tercera lista. Es tan importante como las otras dos que hemos elaborado; quizá ésta es la más importante. Durante años, he escuchado esta idea pregonada en los círculos de recuperación, pero necesitamos meterle acción, en especial en relación a la recuperación de la codependencia. El nombre que va en la tercera lista es el nuestro.
Generalmente, nosotros mismos somos los más dañados por nuestra codependencia. Nosotros mismos somos la persona con quien más necesitamos hacer reparaciones. Al reprimir nuestros sentimientos y pensamientos, descuidar de nosotros mismos, criticarnos, avergonzarnos, negar la realidad, tener tanto miedo, someternos, restringirnos, creernos todas las falsedades que se han dicho de nosotros, siendo demasiado duros, demasiado críticos, o demasiado exigentes, sin duda nos hemos dañado.
Privarnos o negar nuestras necesidades está mal. No confiar en, ni escucharnos a nosotros mismos está mal. No amarnos a nosotros mismos está mal.
Permitirnos escuchar mentiras y ser engañados al punto de ya no oír ni hacer caso a nuestros instintos está mal. Creer que estamos locos o somos malvados por sobrevivir está mal. Tenernos como responsables por los asuntos o comportamientos inadecuados ajenos está mal.
Dejar que abusen de nosotros o nos maltraten está mal, no obstante el grado del abuso. No está bien que nos dejemos hablar o tocar en forma inapropiada.
Sencillamente no está bien permitir que nos victimen.
Descuidarnos está mal. Ignorar lo que deseamos y necesitamos, a veces al grado de que nuestras mentes, cuerpos y almas se rebelan y enferman, está mal.
Descuidar o minimizar nuestros talentos y dones está mal.
Avergonzarnos de nosotros mismos está mal.
Albergar coraje o resentimiento hacia nosotros mismos es devastador. Podemos pasar toda una vida castigándonos y permitiendo que otros nos dañen, también. Estoy aprendiendo que estaba tan enojada conmigo misma como con otros. Durante años, negué ambos enojos.
Cada comportamiento que apuntamos como codependiente es, en realidad, un daño hecho a nosotros mismos. A veces, incluye un daño hecho a otro también. Necesitamos ser absolutamente honestos respecto a ambos. Hasta que hagamos esto, no tendremos el mapa para el resto de nuestra recuperación.
En muchas relaciones que nos incomodan, no es cómo tratamos a otros lo que hace que su nombre sea apuntado en nuestra lista, sino como nos tratamos a nosotros mismos o permitimos que se nos trate. Permitir a otros tratarnos mal lleva, inevitablemente, a resentimientos hacia la otra persona. Necesitamos trabajar con estos resentimientos, pero también necesitamos estar dispuestos a hacer reparaciones a nosotros mismos por no tratarnos con el respeto que nos
merecemos.
Escuchen, amigos. No nutrirnos, no escucharnos, no cuidar amorosamente del maravilloso niño que tenemos adentro, está mal. Ese niño, a menos que lo hayamos abandonado totalmente y eso está mal, estará con nosotros toda la vida. No escuchar y responder en una forma amorosa a ese niño interno está mal.
Bastante malo es que muchos de nosotros recibimos abuso y abandono como niños. Para algunos, ese abuso surgió de crecer en un hogar alcohólico; otros fueron víctimas de abuso físico, sexual, o emocional. Pero una vez que entendamos, una vez que seamos llevados a la luz, no podemos racionalizar ni solapar la idea de que muchos de nosotros continuamos abandonándonos y abusando de nosotros mismos y del niño interno.
Este es el Paso donde enfrentamos esa idea. Este es el Paso donde hacemos una lista de todas las personas a quienes hemos dañado. Hasta que nuestro nombre sea escrito, en tinta, en esa lista, nuestras listas y nuestra recuperación estarán incompletas.
Esta es una tarea agotadora. Pero es un buen canal para nuestra energía si queremos lograr la curación. No permitas que te agobie. Si leer hasta aquí se siente sobrecogedor, déjalo hasta tranquilizarte. Si hacer una lista te agobia, déjalo hasta tranquilizarte.
Puede ayudar trabajar este Paso en pequeñas partes. De cualquier manera, la culpa y la ansiedad son nuestros puntos débiles. Deja que tu lista sea un proyecto en proceso, elaborándola a medida que nombres e incidentes lleguen a tu conciencia. Trabájala un poco cada día. Luego, inmediatamente después dedícate a algo tranquilo y relajante. Lee un libro de meditación. Llama a un amigo. Haz algo que te levante el ánimo.
Cuidado: No existe razón alguna de sentirse culpable y disponerse a reparar algo que se hizo para cuidar de nosotros mismos. Decir que no, poner un límite, no permitir que nos usen o abusen de nosotros, decir cómo sentimos, cuidar de nosotros mismos, y comenzar o continuar con un proceso de recuperación no son daños que hemos hecho. Con frecuencia, sentimos culpa por estos comportamientos porque es parte de cambiar y porque estamos rompiendo antiguos roles disfuncionales que nos mandan no hacer eso. No tenemos que pedir disculpas por cuidar apropiadamente de nosotros mismos.
Busquemos discernimiento y sabiduría al hacer nuestra lista. Si nos sentimos confundidos, hablamos con Dios, un padrino, o alguien con mayor conocimiento de la recuperación.
Tampoco tenemos que disculparnos con otros por no dejar que nos controlen o por comenzar a vivir nuestra propia vida.
No te preocupes por la perfección. Conforme te acercas a este Paso y completas esta parte, pide guía y ayuda. Pide que se te muestre todos los nombres que deben entrar en la lista. Si tu lista es corta, está bien. Así debe ser. Si tu lista es larga, eso también está bien.
Podemos abrirnos a una comprensión honesta de las personas que necesitan estar en nuestra lista. Podemos pedir a Dios que ilumine nuestra mente y nuestro corazón con los nombres de las personas para nuestra lista. Pidamos soltar nuestras defensas, orgullo, culpa inmerecida, vergüenza, y ansiedad mientras cumplimos esta tarea.
La meta de este Paso es ser honestos con nosotros mismos, no demasiado estrictos con nosotros mismos. Para muchos de nosotros, ser demasiado exigentes, demasiado críticos con nosotros mismos es un problema que asociamos con la codependencia. Con frecuencia, hacer esta lista puede ser un alivio. Después de pensar mucho y dar este Paso, muchos de nosotros encontramos que gran parte de nuestra culpa ha sido inmerecida. Con frecuencia, descubrimos unos cuantos comportamientos con los que no nos sentimos muy bien. A veces, más. Pero este Paso es para ayudarnos. Nos ayuda a clarificar exactamente qué hemos hecho y qué no, y nos encamina a cuidar de nosotros mismos. El propósito de este Paso no es hacernos sentir culpables. Es descubrir cualquier culpa que ya estamos sintiendo o de la que estamos huyendo, y luego eliminarla.
El propósito de este Paso es restaurarnos a tener relaciones correctas, con nosotros mismos y con otras personas. Para cuando completamos esta porción del Paso, quizá tengamos tres listas: personas que nos han dañado; personas a quienes hemos dañado; y la lista con nuestro propio nombre. Ahora es el momento de dejar nuestro lápiz o pluma y hacer el trabajo espiritual que requiere este Paso: lograr la disposición de hacer reparaciones.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Meditación 15 de Enero… Mantenerse abierto a nuestros sentimientos

Muchos de nosotros hemos sido tan buenos en seguir la regla de «no sentir» que podemos tratar de hablarnos de tener sentimientos, incluso en la recuperación.
«Si realmente estuviera trabajando en un buen programa, no me sentiría enojado».
«No me enojo. Soy cristiano. Yo perdono y olvido».
«No estoy enojado. Estoy afirmando que soy feliz».
Estas son todas las declaraciones, algunas de ellas bastante inteligentes, que indican que estamos operando bajo la regla de «no sentir» nuevamente.
Parte de trabajar un buen programa significa reconocer y lidiar con nuestros sentimientos. Nos esforzamos por aceptar y lidiar con nuestra ira para que no se convierta en resentimientos. No usamos la recuperación como una excusa para cerrar nuestras emociones.
Sí, nos estamos esforzando por perdonar, pero todavía queremos sentir, escuchar y mantener nuestros sentimientos hasta que sea el momento de liberarlos adecuadamente. Nuestro Poder Superior creó la parte emocional de nosotros mismos. Dios no nos está diciendo que no sintamos; Son nuestros sistemas disfuncionales.
También debemos tener cuidado de cómo usamos las afirmaciones; descontar nuestras emociones no hará que los sentimientos desaparezcan. Si estamos enojados, está bien tener ese sentimiento. Eso es parte de cómo nos mantenemos y nos mantenemos saludables.
«Hoy, me negaré a aceptar la vergüenza de otros o de mí mismo por sentir mis sentimientos».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).

Meditación 14 de Enero… Acepta la ira

La ira es uno de los efectos más profundos que tiene la vida sobre nosotros. Es una de nuestras emociones. Cuando se cruce en nuestro camino, vamos a sentirla, a menos que la reprimamos. (Ya No Seas Codependiente).
Si estuviera llevando bien el programa, no me enojaría… Si fuera un buen cristiano, no sentiría ira… Si realmente estuviera utilizando mis afirmaciones acerca de lo feliz que soy, no sentiría enojo… Estos son viejos mensajes que nos seducen para otra vez, no sentir. La ira es parte de la vida. No necesitamos permanecer en ella o desterrarla, pero no nos podemos dar el lujo de ignorarla.
En la recuperación aprendemos que podemos sentir sin vergüenza todos nuestros sentimientos, incluyendo la ira y aun así, asumir la responsabilidad de lo que hacemos cuando nos sentimos enojados. No tenemos que permitir que la ira nos controle, pero seguramente lo hará si nos negamos a sentirla.
Ser agradecidos, positivos, sanos, no significa que nunca sintamos ira. Ser agradecidos, positivos, sanos significa que sentimos la ira cuando tenemos necesidad de hacerlo.
«Hoy me permitiré sentir ira, si necesito hacerlo. Puedo sentir mis emociones y liberarlas constructivamente, incluyendo la ira. Sentiré gratitud por la ira que sienta y por las cosas que ésta está tratando de mostrarme. Puedo sentir y aceptar todas mis emociones sin vergüenza y asumir la responsabilidad de mis actos».
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Meditación 5 de Noviembre … Trae cualquier solicitud que tengas a Dios.

Ninguna solicitud es demasiado grande; no demasiado pequeño o insignificante.
Cuán a menudo limitamos a Dios al no llevar a Dios todo lo que queremos y necesitamos.
¿Necesitamos ayuda para obtener nuestro equilibrio? Pasando el día?
¿Necesitamos ayuda en una relación particular? ¿Con un defecto de carácter particular?
¿Necesitamos ayuda para progresar en una tarea en particular que nos desafía? ¿Necesitamos ayuda con un sentimiento? ¿Queremos cambiar una creencia autodestructiva que nos ha desafiado? ¿Necesitamos información, una idea? ¿Apoyo? ¿Un amigo?
¿Hay algo en el universo de Dios que realmente nos traiga alegría?
Podemos pedirlo. Podemos pedirle a Dios lo que queramos. Pon la solicitud en las manos de Dios, confiando en que ha sido escuchada, luego déjala ir. ¡Deja la decisión a Dios!
Pedir lo que queremos y necesitamos es cuidarnos a nosotros mismos. Confía en que el Poder Superior a quien hemos entregado nuestra vida y realmente se preocupa por nosotros y por lo que queremos y necesitamos.
«Hoy, le pediré a mi Poder Superior lo que quiero y necesito. No exigiré, preguntaré. Entonces lo soltaré.
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

Meditación 21 de Octubre… La trampa de la victima

La creencia de que la vida tiene que ser dura y difícil es la creencia que hace un mártir.
Podemos cambiar nuestras creencias negativas sobre la vida y si tenemos el poder de detener nuestro dolor y cuidarnos a nosotros mismos.
No estamos indefensos. Podemos resolver nuestros problemas. Tenemos poder, no para cambiar o controlar a otros, sino para resolver los problemas que tenemos que resolver.
Usando cada problema que se nos presenta para «probar» que la vida es difícil y que estamos indefensos, esto es codependencia. Es la trampa de la víctima.
La vida no tiene por qué ser difícil. De hecho, puede ser suave. La vida es buena. No tenemos que «espantarlo», ni a nosotros mismos. No tenemos que vivir en la parte inferior.
Tenemos poder, más poder del que sabemos, incluso en los tiempos difíciles. Y los tiempos difíciles no prueban que la vida sea mala; son parte de los altibajos de la vida; A menudo, trabajan para lo mejor.
Podemos cambiar nuestra actitud; podemos cambiarnos a nosotros mismos; A veces, podemos cambiar nuestras circunstancias.
La vida es desafiante. A veces, hay más dolor del que pedimos; A veces, hay más alegría de lo que imaginábamos.
Todo es parte del paquete, y el paquete es bueno.
No somos víctimas de la vida. Podemos aprender a sacarnos como víctimas de la vida. Al dejar de lado nuestra creencia de que la vida tiene que ser dura y difícil, la hacemos mucho más fácil.
«Hoy, Dios, ayúdame a dejar de creer que la vida es tan dura, tan horrible o tan difícil. Ayúdame a reemplazar esa creencia con una visión más sana y realista».
(Melody Beattie de su Libro El lenguaje del Adiós-Serie de Meditaciones).</strong
