Reflexión del Dia: 28 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» plantea las dificultades de los codependientes para mantener relaciones saludables. Todo parte de la baja autoestima aprendida desde su niñez, producto de haber vivido con adultos irresponsables con algún tipo de adicción que hizo «rechazarse a sí mismo». El codependiente desarrolla hábitos negativos que van «mermando su aparato psicológico» hasta desvanecerse y no saber ni quien es?

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Reflexiona sobre esto:

Algunos de nosotros aprendimos estas conductas de odio a sí mismo dentro de nuestras familias, posiblemente con la ayuda de uno de nuestros padres que era alcohólico. Algunos reforzamos ese desdén que sentimos por nosotros mismos dejando a un padre alcohólico para casarnos con un alcohólico. Podemos haber iniciado relaciones adultas con una frágil autoestima, para luego descubrir que lo que nos quedaba de autoestima se ha desintegrado. Pocos los alcohólicos como en los codependientes. Recuerden, el alcoholismo y otros trastornos compulsivos son autodestructivos Algunos de nosotros podemos ni siquiera estar conscientes de nuestra baja autoestima y de nuestro odio a sí mismos porque nos hemos estado comparando con los alcohólicos y con las otras personas locas que hay en nuestras vidas; en comparación, estamos por encima de ellos. La baja autoestima puede venírsenos encima cada vez que la dejemos actuar.
En realidad, no importa cuándo empezamos a torturarnos. Debernos parar ahora. Ahora mismo podemos darnos un gran abrazo mental y emocional. Estamos bien. Es maravilloso ser quienes somos.
Nuestros pensamientos están bien. Nuestros sentimientos son adecuados. Estamos justo en donde debíamos de estar hoy, en este momento. No hay nada mal con nosotros. No hay nada que en lo fundamental esté mal en nosotros. Si hemos fallado, no hay problema; estábamos haciéndolo lo mejor que podíamos.

Mi Reflexión: Muchas veces la baja autoestima se construye a partir de heridas y experiencias que nos hicieron creer que no éramos suficientes. Pero nuestro pasado no tiene que seguir definiendo la manera en que nos vemos. Dios nos conoce, nos ama y nos permite comenzar de nuevo. Hoy podemos dejar de castigarnos, reconocer nuestro valor y aprender a mirarnos con la misma compasión con la que Dios nos mira. No se trata de negar nuestros errores, sino de aceptar que podemos sanar y crecer. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué pensamientos de desvalorización necesito entregar hoy a Dios para comenzar a mirarme con mayor amor y aceptación?
¿Estoy dispuesto(a) a reconocer mi valor delante de Dios y permitirme avanzar sin seguir castigándome por mi pasado?

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