Reflexión del Dia: Aprende a soltar el control

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Aunque nos empeñemos no podremos tener todas las cosas bajo control, tenemos que aprender el arte de soltar y fluir con la vida.

La necesidad de controlar nos ocasiona muchos problemas, desde enfermedades psicosomáticas hasta conflictos en nuestras relaciones personales. Desde muy pequeños aprendemos a reprimir y a controlar nuestros verdaderos sentimientos, buscando actuar y comportarnos como lo esperan los demás para así obtener el afecto y la aprobación por parte de ellos. Esto nos lleva a esconder, muchas veces, nuestros verdaderos pensamientos y sentimientos, mostrando una cara diferente.
El hábito de controlar se expresa de diferentes maneras como un intento de tener el mando sobre algunas situaciones o sobre otras personas, pero también conteniendo los sentimientos, deseos y necesidades propias.
El control nos vuelve rígidos, y la mayoría de las veces se alimenta del perfeccionismo, la autoexigencia y la exigencia a los demás, un sentido de superioridad, o de un hábito de manipular a otros, que pone en riesgo nuestro balance personal, además del bienestar de las relaciones que mantenemos con otras personas. También puede llevarnos a posponer siempre el placer por el deber.

La búsqueda del control puede convertirse en una lucha contra otros y contra las circunstancias, convirtiéndonos en personas guerreras, agresivas, intolerantes, defensivas y hasta manipuladoras, siempre con la justificación perfecta para nuestro comportamiento y actitud.

Si deseamos recuperar la serenidad, el buen humor, la buena relación que teníamos con algunas personas y el bienestar que hemos perdido, tenemos que comenzar por soltar el control que queremos ejercer sobre todos y todo a nuestro alrededor, recordando que no somos indispensables para que las cosas se hagan, que cada quien es responsable de sí mismo y de producir un aporte consciente al trabajo en equipo y a la solución de los conflictos comunes.
No porque otros elijan hacer las cosas de una manera diferente tenemos que suponer que saldrán mal. Aprendamos a darles el espacio y la oportunidad para que participen, aunque lo hagan a su manera, porque si tenemos una meta, un propósito o un fin común, lo importante será el resultado o el efecto positivo que produzcamos juntos.

Cuando dependemos excesivamente del control y la razón, corremos el riesgo de perder la capacidad de entregarnos y la confianza en los demás y en la vida.

(Maytte Sepulveda) Fuente: http://www.maytte.com/
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Divorcio y Codependencia

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Despues de cuatro años del divorcio, me veo que sigo siendo tan codependiente de mi ex-marido como lo era cuando estábamos casados…
¿Como puedo parar esto?

Logrando divorciarte emocionalmente. Empieza poco a poco, haciendo cosas por ti misma en vez de pedirle a el que te ayude.
Un divorcio implica muchos niveles de recuperación. Esta la cuestión de la separación física, los aspectos legales y financieros, el cuidado de los hijos, las perdidas sociales como la familia y los amigos, y el dolor emocional del abandono y el rechazo.
Cuando nos casamos nos esperábamos encontrarnos en la situación de vernos forzados a desprendernos de nuestro sueño de amor y de compromiso. No esperábamos vernos en una situación de profundo pesar. Si no hacemos el duelo, seguiremos aferrándonos. El duelo y el desprenderse van seguidos de una reestructuracion de nuestras vidas y de un llegar a conocernos a nosotros mismos. Tras el duelo viene la curación.

Piensa en…¿Como puedes lograr divorciarte emocionalmente de una persona a la que quieres?
(Dorothy May de su Libro Codependencia. La Dependencia Controladora/La Dependencia Sumisa).

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Solo por Hoy seré feliz


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Sólo por hoy seré feliz. La felicidad es algo interior, no es asunto de fuera.
Sólo por hoy trataré de ajustarme a lo que es y no trataré de ajustar todas las cosas a mis propios deseos. Aceptaré a mi familia, mis negocios y la casualidad como son y procuraré armonizar con todo ello.
Sólo por hoy cuidaré de mi organismo. Lo ejercitaré, lo atenderé, lo alimentaré, no abusaré de él ni lo abandonaré, procurando que sea una máquina perfecta para mis cosas.
Sólo por hoy, trataré de vigorizar mi espíritu, aprenderé algo útil, no seré un haragán mental, leeré algo que requiera esfuerzo, meditación y concentración.
Sólo por hoy ejercitaré mi alma de tres modos: Haré a alguien algún bien sin que lo descubra, y haré dos cosas que no me agrade hacer, sólo por ejercitarme.
Sólo por hoy seré agradable, tendré el mejor aspecto posible, me vestiré con la mayor corrección a mi alcance, hablaré en voz baja, me mostraré cortés, seré generoso en la alabanza, no criticaré a nadie, ni, encontraré defectos en nada y no intentaré dirigir ni enmendar los planes del prójimo.
Sólo por hoy trataré de vivir únicamente este día sin abordar a la vez todo el problema de mi vida. Puedo hacer en doce horas cosas que me espantarían si tuviera que seguir haciéndolas toda mi vida.
Sólo por hoy tendré un programa. Consignaré por escrito lo que espero hacer cada hora. Quizá no siga exactamente el programa, pero lo tendré.
Solo por hoy eliminaré dos plagas: la prisa y la indecisión.
Sólo por hoy tendré media hora tranquila de soledad y descanso. En esa media hora pensaré a veces en lo Divino a fin de conseguir una mayor perspectiva para mi vida.
Sólo por hoy no tendré miedo y especialmente no tendré miedo de ser feliz, de disfrutar de lo bello, de amar y de creer que los que amo, me aman.
(Dr. Frank Crane).

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Previniendo el Apego Afectivo (I)

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¿El Apego puede prevenirse?
Bajo determinadas circunstancias, podemos crear inmunidad a las adicciones afectivas y relacionarnos de una manera más tranquila y descomplicada. Siempre podemos estar afectivamente mejor. Si tu pareja está bien constituida, aún puedes fortalecerla más; y si tiene deficiencias no muy graves, puedes mejorarla. El mejoramiento afectivo es un proceso continuo que no puede descuidarse.
Los tres (3) principios que se presentan a continuación permiten desarrollar una actitud anti-apego, es decir un estilo de vida orientado a fomentar la independencia psicológica sin dejar de amar. Por desgracia, nuestra cultura no los enseña de una manera programada y coherente porque, paradójicamente, la libertad es uno de los valores más restringidos.
El primer principio es el de la Exploración, o el arte de no poner todos los huevos en la misma canasta; el segundo es el de la autonomía, o el arte de ser autosuficiente sin ser narcisista, y el tercero, es el principio del sentido de vida, o el arte de alejarse de lo mundano. La aplicación de cada uno de ellos hará tambalear los esquemas responsables de la adicción afectiva, pero si la aplicación es conjunta, el impacto psicológico será óptimo. Una persona audaz, libre y realizada es un ser que le ha ganado la batalla a los apegos.

La inmunidad a la adicción afectiva sólo puede alcanzarse cuando todos nuestros papeles estén debidamente equilibrados. Somos mucho más que esposo/ esposa o novio/ novia. Si vivo exclusivamente para mi pareja, si reduzco todas mis opciones de alegría y felicidad a la relación, destruyo mis posibilidades en otras áreas, las cuales también son importantes para mi crecimiento interior. Cuando se logra la madurez afectiva, el acto de amar no. es tan cautivante como para anularnos, ni tan distante como para enfriarnos. Se obtiene un punto medio, el lugar equidistante, donde el amor existe y deja vivir.

EL PRINCIPIO DE LA EXPLORACIÓN Y EL RIESGO RESPONSABLE
La persona apegada, debido a su inmadurez emocional, no suele arriesgarse porque el riesgo incomoda. Jamás pondría en peligro su fuente de placer y seguridad. Prefiere funcionar con la vieja premisa de los que temen los cambios: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Enfrentarse a lo nuevo, siempre asusta. El anclaje al pasado es la piedra angular de todo apego. Aferrarse a la tradición genera la sensación de estar asegurado. Todo es predecible, estable y sabemos para dónde vamos. No hay innovaciones ni sorpresas molestas. Rescatar las raíces y entender de dónde venimos es fundamental para cualquier ser humano, pero hacer de la costumbre una virtud es inaceptable. Muchas parejas entran en una especie de canibalismo mutuo, donde cada uno devora al otro hasta desaparecer. Se absorben como dos esponjas interconectadas.
¿Quién dijo que para establecer una relación afectiva uno debe encarcelarse? ¿De dónde surge esa ridícula idea de que el amor implica estancamiento? ¿Por qué algunas personas al enamorarse pierden sus intereses vitales? ¿El amor debe ser castrante? ¿realmente el vínculo afectivo requiere de estos sacrificios?. Los preceptos sociales han hecho desastres.

Amar no es anularse, sino crecer de a dos. Un crecimiento donde las individualidades, lejos de opacarse, se destacan. Querer a alguien no significa perder sensibilidad y volverse una marmota sin más intereses que lo mundano.

El principio de la exploración responsable, (por “responsable” entiendo hacer lo que nos venga en gana, siempre y cuando no sea dañino ni para uno ni para otros), sostiene que los humanos tenemos la tendencia innata a indagar y explorar el medio. Somos descubridores natos, indiscretos por naturaleza. Cuando exploramos el mundo con la curiosidad del gato, todos nuestros sentidos se activan y entrelazan para configurara un esquema vivencial. Es entonces cuando descubrimos que el placer no está localizado en un solo punto, sino disperso y accesible. Y no estoy insinuando que haya que reemplazar a la pareja o engañarla. La persona que amo es una parte importante de mi vida, pero no la única. Si pierdo la capacidad de escudriñar, husmear y sorprenderme por otras cosas, quedaré atrapado en la rutina. Nadie tiene el monopolio del bienestar. Krishnamurti decía: “Cuando se adora a un solo río, se niegan todos los demás ríos; cuando usted adora a un solo árbol o a un solo dios, entonces niega todos los árboles, todos los dioses”.
Puedes amar profunda y respetuosamente a tu pareja y al mismo tiempo disfrutar de una tarde de sol, comer helados, salir a pasear, ir a un cine, investigar sobre tu tema preferido, asistir a conferencias y viajar; en fin, puedes seguir siendo un ser humano completo y normal. Vincularse afectivamente no es enterrarse en vida, ni reducir tu hedonismo a una o dos horas al día. No hablo de excluir egoístamente al otro, sino de complementarlo. Me refiero a dispersar el placer, sin dejar de amar a la persona que amas y sin perderte a ti mismo. Hermann Hesse afirmaba: “Él había amado y se había encontrado a sí mismo. La mayoría, en cambio, aman para perderse”.
¿Por qué este principio genera inmunidad al apego afectivo?
Porque la exploración produce esquemas anti-apego y promueve maneras más sanas de relacionarse afectivamente, al menos en cuantas áreas básicas:

a. Las personas atrevidas y arriesgadas generan más tolerancia al dolor ya la frustración; es decir, se ataca el esquema de inmadurez emocional.
b. Una actitud orientada a la audacia y al experimentalismo responsable asegura el descubrimiento de nuevas fuentes de distracción, disfrute, interés y diversión. El placer se dispersa, se riega y desaparece la tendencia a concentrar todo en un solo punto (por ejemplo, la pareja). El ambiente motivacional crece, y se amplía considerablemente.
c. Explorar hace que la mente se abra, se flexibilice y disminuya la resistencia al cambio. El miedo a lo desconocido se va reemplazando por la ansiedad simpática de la sorpresa, la novedad y el asombro. Un susto agradable que no impide tomar decisiones.
d. Se pierde el culto a la autoridad, lo cual no implica anarquismo. Simplemente, al curiosear en la naturaleza, las ciencias, la religión, la filosofía y en la vida misma, se aprende que nadie tiene la última palabra. Ya no se traga entero, y someterse no es tan fácil. Aparece un escepticismo sano y la interesante costumbre de preguntarse por qué.

Algunas sugerencias prácticas.

1. Juego y espontaneidad. Los adultos perdemos la magia del juego y nos enconchamos.
Racionalizamos tanto que nos constipamos. D´Annunzio, el gran escritor italiano, decía: “¿Quién ha dicho que la vida es un sueño? La vida es un juego”.
– Empieza por alguna travesura que no sea peligrosa.
– Recurre al método del absurdo.
– Despreocúpate del qué dirán y de la adecuación social.
2. Bucear en lo intelectual
3. Incursionar en el arte.
4. Viajes y geografía.
5. Conocer gente.

(Walter Riso en su Libro Amar o Depender).
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Me recupero ¿Como manejo una ruptura sentimental?

Sara y David en el Monte de San Pedro

Interrogante:
Tengo un problema espantoso con una ruptura sentimental reciente. ¿Como puedo vencer ese apego horrible y dejar de seguir aferrada a algo que probablemente se ha ido para siempre?
Para parar tienes que cortar tu relación interna, mental y emocional con esa persona. La forma mediante la cual continuamos relacionándonos con una persona que ya no esta con nosotros consiste en imaginarnos como se sentiría, que diría y que haría cada vez que nos sucede algo en nuestras vidas. Entonces, basandonos en la supuesta respuesta de esa persona, nos creamos toda una obra de teatro. Concebimos guiones y los repetimos una vez y otra vez y otra vez. Nosotros lo llamamos a esto: «la obra sigue en cartelera». Nos obsesionamos con el dialogo imaginario y nos obsesionamos con los sentimientos asociados. A veces llegamos al punto de volvernos adictos a esos sentimientos y los buscamos fuera. Si encontramos otro compañero, podemos repetir la misma historia. La obra sigue en cartelera, solo que los actores varían.
La representamos en otras muchas áreas de nuestra vida. Si nos invitan a salir, decimos: «Ah, no quiero ir sola», lo que significa: «Iría, si Roberto estuviera aquí y pudiera venir conmigo».
Si la obsesion continua durante demasiado tiempo y es demasiado intensa, puede que estemos experimentando sentimientos residuales procedentes de abandonos pasados.
Cuando otra persona no quiere relacionarse con nosotros, es evidente que somos rechazados. Sentimos muy fuertemente ese viejo agujero en la boca del estomago. Tenemos un espacio vacio, negro, que se llena únicamente con oscuridad, frialdad y dolor. Un hueco, no hay nadie ahí. De modo que nos volvemos a sentir como el niño que eramos cuando nos abandonaron por primera vez. Si el abandono tuvo lugar a los tres años, entonces nos sentiremos como si tuviésemos tres años, en vez de la edad cronologica que marca nuestra experiencia vital. Cuando sentimos el agujero del abandono, sabemos que estamos cerca de nuestro niño interior. Empezar a trabajar el niño interno constituye un buen punto de partida.

Piensa en…
¿Como estas repitiendo la misma historia una y otra vez en tus relaciones?
¿Quienes son los actores y que papel desempeñan?
¿Cual es el guion?.

(Dorothy May en su Libro Codependencia. La dependencia controladora/La dependencia sumisa).
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¡Libérate!

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Maytte Sepulveda ofrece HERRAMIENTAS, a manera de estrategias que nos conduzcan a establecer claramente los limites, tanto en nuestra familia, como en los círculos de amistades que tengamos. Nada es fácil, máxime cuando parte de nuestra vida, hemos incurrido en la practica de conductas obsesivas compulsivas para mantenernos a flote con todo y nuestro dolor, vergüenza, culpa e ira.
[vimeo http://vimeo.com/25206926]
[vimeo http://vimeo.com/25208572]
[vimeo http://vimeo.com/25210587]
(Fuente: http://maytte.com/).

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Renuncio al enfado como forma de vida

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El enfado es un mecanismo de defensa. Si estás a la defensiva es porque tienes miedo.
El enfado es algo normal y natural. Generalmente nos enfadamos una y otra vez por las mismas cosas, y sentimos que no tenemos derecho a expresarlo, de modo que nos lo tragamos. Entonces el enojo tiende a instalarse en una parte concreta de nuestro cuerpo, y se manifiesta como enfermedad.
Durante años y años seguimos amontonando nuestro fastidio en ese mismo lugar. Para sanar, deja salir tus verdaderos sentimientos. Si no puedes expresárselos directamente a la persona que los provoca, mírate al espejo y habla con esa persona. Díselo todo: «Estoy fastidiado contigo»; «Tengo miedo»; «Estoy alterada»; «Me has hecho daño». Y sigue; sigue hasta que te hayas liberado de todo el enojo. Entonces haz una inspiración profunda, mírate en el espejo y pregunta: «¿Cuál es la pauta que provocó esto? ¿Qué puedo hacer para cambiar?»
Si logras cambiar el sistema de creencias que desde adentro te crea ese comportamiento, no necesitarás seguir repitiéndolo.
(Louise L. Hay de su Libro Pensamientos del Corazón).

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Reflexión del Dia: Renuncia al control

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Los codependientes son aquellas personas que consistentemente, y con gran cantidad de esfuerzo y energía, tratan de forzar que sucedan las cosas.
Controlamos en nombre del amor.
Lo hacemos porque “sólo estamos tratando de ayudar”.
Lo hacemos porque nosotros sí sabemos cómo deben hacerse las cosas y cómo deben comportarse las personas.
Lo hacemos porque nosotros estamos bien y ellos están mal.
Controlamos porque nos da miedo no hacerlo.
Lo hacemos porque no sabemos qué otra cosa hacer.
Lo hacemos para dejar de sufrir.
Controlamos porque pensamos que tenemos que hacerlo.
Controlamos porque no pensamos.
Controlamos porque solamente podemos pensar en controlar.
En última instancia quizá controlemos porque esa es la manera en que siempre hemos hecho las cosas.

Tiránicos y dominantes
Algunos gobiernan con mano de hierro desde un trono que ellos mismos se han atribuido. Son poderosos. Ellos siempre saben más. Y, por Dios, que las cosas se harán a su modo. Ellos se encargarán de que así sea. Otros hacen su sucio trabajo en forma encubierta. Se ocultan tras un disfraz de dulzura y amabilidad, y secretamente se dedican a o suyo: A METERSE EN LOS ASUNTOS DE LOS DEMÁS. Otros, llorando y suspirando, claman incapacidad, proclaman su dependencia, anuncian su total victimación, y exitosamente controlan por medio de su debilidad. Son tan inútiles, Necesitan tanto de tu cooperación. No pueden vivir sin ella. A veces los débiles son los más poderosos manipuladores y controladores. Han aprendido a asirse a las cuerdas de la culpa y de la lástima.
Muchos codependientes combinan sus tácticas, empleando una variedad de métodos. ¡Cualquier cosa que funcione!(O, para ser más exactos, esperando resultados de cualquier cosa que no funcione). No importa cuáles sean las tácticas, las metas siguen siendo las mismas, conducen a otras personas a hacer lo que tú quieres que hagan. Las llevan a comportarse como tú piensas que deben hacerlo. No las dejan actuar de modos que tú consideras incorrectos para ellas, pero que quizá intentarían, si no fuera por tu “ayuda”. Fuerzan los eventos de la vida para que se desarrollen y se desenreden de la manera y a la hora que tú has designado. No dejan que ocurra lo que ocurre, o lo que podría suceder.
Nosotros hemos escrito la obra, y nos encargaremos de que los actores se comporten y de que las escenas se desarrollen exactamente como nosotros hemos decidido que debe ser. No importa que sigamos colándonos de la realidad. Si nos abocamos a la carga con suficiente insistencia, podremos (creemos) detener el flujo de la vida, transformar a la gente y cambiar las cosas a nuestro antojo. “Nos estamos haciendo tontos”.
Cuando intentamos controlar a la gente y a las cosas que no tenemos por qué controlar, somos controlados por ellos. Abdicamos a nuestro poder para pensar, sentir y actuar de acuerdo con lo que más nos conviene. A menudo perdemos el control sobre nosotros mismos. Con frecuencia, somos controlados no sólo por la gente, también por enfermedades tales como el alcoholismo, o las tendencias compulsivas en el comer y en los juegos de apuesta. El alcoholismo y otros trastornos destructivos son fuerzas poderosas. Nunca se debe olvidar que los alcohólicos y otras personas con problemas son expertos controladores. Encontramos la horma de nuestro zapato cuando tratamos de controlarlos a ellos o a su enfermedad. Perdemos la batalla. Perdemos la guerra. Nos perdemos a nosotros mismos, a nuestras vidas. Como dice una frase de Al-Anón: Tú no lo provocaste; no lo puedes controlar; y no lo puedes curar. ¡Así que deja de tratar de hacerlo!
Nos frustramos al máximo cuando tratarnos de hacer lo imposible. Y generalmente impedirnos que suceda lo posible. Creo que asirse fuertemente a una persona o cosa, o forzar mi voluntad sobre cualquier situación elimina la posibilidad de que mi poder superior haga algo constructivo acerca de la situación, la persona o yo. Mi afán de controlar bloquea el poder de Dios. Bloquea la capacidad de otras personas para crecer y madurar. Impide que los sucesos ocurran de una manera natural. Me impide a mí disfrutar de la gente o de los eventos. El control es una ilusión. No funciona. No podemos controlar el alcoholismo. No podemos controlar las conductas compulsivas de nadie: comer en exceso, una conducta sexual exagerada, la apuesta compulsiva, ni ninguna otra de sus conductas. No podemos (y no es asunto nuestro hacerlo) controlar las emociones, la mente o las elecciones de nadie. No podemos controlar el resultado de los eventos. No podemos controlar a la vida. Algunos de nosotros apenas podemos controlamos a nosotros mismos.
A fin de cuentas las personas hacen lo que quieren hacer. Se sienten como se quieren sentir (o como se están sintiendo); piensan lo que quieren pensar; hacen las cosas que creen que necesitan hacer; y cambiarán sólo cuando estén listos para cambiar. No importa si ellos no tienen la razón y nosotros sí. No importa que se estén lastimando a sí mismos. No importa que nosotros podríamos ayudarles si tan sólo nos escucharan y cooperaran con nosotros.
NO IMPORTA, NO IMPORTA, NO IMPORTA, NO IMPORTA.!
No podemos cambiar a las personas. Cualquier intento de controlarlas es un engaño y una ilusión. Se resistirán a nuestros esfuerzos o redoblarán los suyos para probar que no podemos controlarlas. Podrán adaptarse temporalmente a nuestras demandas, pero cuando nos demos la vuelta regresarán a su estado natural. Y aún más, la gente nos castigara por obligarla a hacer algo que no quiere, o a ser como no quiere ser,
Ningún control será suficiente para efectuar un cambio permanente o deseable en otra persona. A veces podremos hacer cosas que aumenten la probabilidad de que la gente quiera cambiar, pero ni aun eso podemos garantizar o controlar. Y esa es la verdad. Es una desgracia. A veces es difícil de aceptar, especialmente si alguien a quien amas se lastima a sí mismo o a sí misma y a ti. Pero así es. La única persona a la que puedes o podrás hacer cambiar es a ti misma. La única persona que te atañe controlar eres tú misma.
Desapégate… Renuncia.
A veces cuando hacemos esto el resultado que habíamos esperado sucede rápida, a veces milagrosamente. A veces, no sucede. A veces nunca sucede. Pero tú saldrás beneficiado. No tienes que dejar de ocuparte o de amar. No tienes que tolerar el abuso. No tienes que abandonar métodos constructivos, como la intervención profesional, para solucionar tus problemas. Lo único que tienes que hacer es poner tus manos emocionales, mentales, espirituales y físicas otra vez dentro de tus propios bolsillos y dejara las cosas y a la gente solas. Déjalas estar. Toma cualquier decisión que necesites tomar para ocuparte de ti mismo, pero no las tomes para controlar a los demás. ¡Empieza a ocuparte de ti mismo!
«Para cada uno de nosotros, llega un tiempo para soltarse. Sabrás cuándo ha llegado ese tiempo. Cuando has hecho todo lo que se puede hacer, es tiempo de desapegarte. Maneja tus sentimientos. Enfréntate a tus miedos acerca de perder el control. Gana control sobre ti mismo y sobre tus responsabilidades. Dales a los demás la libertad para ser lo que son. Al hacerlo, te liberarás».
(Melody Beattie de su Libro Ya no seas Codependiente).

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Aceptación Incondicional

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Este Principio es fundamental para la Salud Mental. La regla es maravillosamente simple:
Debo aceptar mi esencia. En tanto esté vivo soy valioso per se, sin razones ni motivos, no por lo que haga o haya dejado de hacer; tampoco por lo que tenga o haya tenido alguna vez. Mi valía personal radica en mi existencia, no en mis logros. Mis éxitos o fracasos no pueden medir mi valor esencial como ser humano, simplemente porque soy más que eso.
La aceptación incondicional sugiere que puedo reconocer y criticar mis errores, sin considerarme despreciable e indigno por ello. Mi dignidad nunca está en juego. Una cosa es aceptar que debo cambiar porque me he equivocado y otra condenarme a mí mismo como ser humano. La autocrítica sana es la que llega desde el amor propio: “Me critico porque me quiero y deseo mejorar”, y no desde el autodesprecio. Soy mucho más que mis errores. Soy humano, muy humano, demasiado humano.
Hagamos una analogía con el amor que sentimos por nuestros hijos mayores, para luego trasladarlo a nosotros mismos.
Hay muchas cosas de ellos que nos disgustan y que incluso no soportamos con facilidad. Podemos considerar que algunos de sus comportamientos son francamente desagradables, podemos criticarlos y regañarlos y, sin embargo, a pesar de la inconformidad y de los dolores de cabeza que nos propician, los queremos a rabiar. El amor que les tenemos nunca está en juego, jamás se condiciona a una buena nota o a que se porte bien. Condicionamos los premios o los privilegios a la conducta, pero no el afecto. Los queremos por lo que son, con lo bueno y lo malo a cuestas. Más aún: cuanto más problemas tienen más los amamos, porque más nos necesitan. El amor por nuestros hijos no está condicionado.
De manera similar, la autoaceptación incondicional es un factor de protección para la autoestima. Puede que me enfade conmigo mismo, que no me soporte un día o que ni siquiera me guste mirarme al espejo,pero a pesar de todo, nunca cuestiono mi valía, nunca pongo a tambalear mi amor propio, no trato de destruirme. Es un deber para con la vida que soporto, más que un derecho.
Usted puede y tiene la obligación de cambiar, y más cuando su comportamiento afecta irracionalmente al mundo que lo rodea a usted mismo. Pero esta transformación debe estar fundamentada en la convicción de que se equivocó y no en la idea de que usted es “malo” y “debe hacerse bueno”. De hecho, puede sentirse mal por lo que hizo, pero no autocondenarse. Y mientras todo esto ocurre, mientras usted se critica y su mente trata de comprender qué fue lo que ocurrió y por qué falló, su verdadero “yo” se conmueve, se quiere, se cuida y se renueva.
Aceptarse incondicionalmente, pese a ser imperfecto, es cerrarle la entrada a la vergüenza patológica y también despreocuparse por el fastidioso “qué dirán”. La imagen psicológica que proyectamos, aunque suene a retórica, es el reflejo de lo que somos por dentro. Si nos sentimos bien con nosotros mismos, seremos auténticos y asertivos, no habrá nada de qué avergonzarnos ni nada que esconder. Lo que cuenta es la identidad, el núcleo duro del que estamos hechos.
Una persona que se siente digna no es intachable, sino transparente; no busca aparentar, sino ser.
(Tomado del Libro Cuestión de Dignidad de Walter Riso).

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Adicciones Emocionales

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Había pasado tantos años preocupándome e inquietándome, tratando de encontrarle el sentido y la razón de ser a las cosas, dada a intrigas y manipulaciones, surcando las crestas de los altibajos de las oleadas emocionales, que cuando a mi mente vino la calma y el sosiego, mi carne entró en trauma. El Señor se sirvió de esas experiencias para enseñarme una importante lección. Me demostró que muchos de nosotros tenemos adicciones emocionales. Al igual que muchos, me encontraba tan adicta a la preocupación que si no hubiera tenido de que preocuparme ¡Me habría preocupado porque no tenía nada de que preocuparme! Hay quienes están tan adictos a sentirse culpables, que si no han hecho nada de lo que tengan que sentirse culpables ¡Se sentirán culpables de no sentirse culpables!
De igual manera es posible volverse adicto al entusiasmo o a sentirse emocionado. Tal como el drogadicto que corre por todos lados buscando de donde sacar su próxima dosis para sentirse “iluminado” por las sustancias químicas, los que son adictos al entusiasmo corren por doquier en busca de un “pico” emocional. Hay personas que no saben como vivir una vida diaria normal y corriente. Otros están enfocados de una manera TAN COMPULSIVA a lograr metas trazadas que siempre andan en búsqueda de un nuevo reto o desafío. Tan pronto logran su objetivo se sienten aburridos hasta que encuentran otra meta que alcanzar. Un joven con esta última característica que trabaja para nosotros me comento un día:

— “Creo que al fin comienzo a comprender algo que me ha costado muchísimo entender”.
— “¿Y que es?” —pregunté.
— “Me parece que de una vez por todas comprendo que una gran parte de la rutina de una vida normal consiste en: LEVANTARSE Y ACOSTARSE, LEVANTARSE Y ACOSTARSE”.

Si nosotros los que nos enfocamos solo en alcanzar metas pudiéramos comprender esta verdad ¡Nos ahorraríamos a nosotros mismos y a todos los que nos rodean de muchos dolores de cabeza! Es posible que no todos seamos llamados a llevar a cabo una tremenda obra que estremezca el mundo entero. La unción de Dios viene para que hagamos grandes obras, pero también para brindarnos ayuda sobrenatural para gozar de la rutina de la vida diaria.
En calidad de creyentes somos llamados amar a Dios, a tener comunión con Él y con nuestro prójimo, a ser de bendición, no importa a donde vayamos, a traer un poco de gozo a la vida de los demás, a vivir en armonía con nuestro cónyuge, a criar a los hijos que Él nos da, y a seguir levantándonos y acostándonos, y hacerlo con plenitud de gozo en el Señor. El Salmo 100:2 nos dice: que debemos servir a Dios ¡Con alegría! Habrá días en los cuales Dios traiga momentos emocionantes, pero no podemos pasar la vida buscando esos picos emocionales.
Hay veces que mis reuniones son emocionantes, y cuando así se dan las cosas, me siento agradecida. Doy por sentado que el Señor pensaba que necesitaba ese poco de aliento para ayudarme a seguir adelante. Pero aun así debemos ser cuidadosos, porque el entusiasmo crea un deseo de sentir un entusiasmo aún mayor. Si no somos juiciosos iremos en pos del entusiasmo en vez de buscar la voluntad de Dios. Podemos comenzar a pensar que si un culto en la iglesia no resultó emocionante, que algo andaba mal. Puede que salga de una reunión sintiéndome muy satisfecha, aunque sin emocionarme.
Usted y yo tenemos que aprender a no permitir que las circunstancias externas afecten tanto nuestro interior. No todas mis reuniones son emocionantes. Comprar una casa nueva puede llegar a ocurrir solo una o dos veces en la vida. Raras veces alguien nos sorprende con un reloj de oro nuevo. Muchos días pasan sin grandes bombos ni platillos emocionales. Pero recuerde, que hemos sido ungidos con el Espíritu Santo para encarar como es debida la vida diaria y rutinaria.
Donde nos metemos en problemas es cuando no está pasando nada, así que queremos empezar algo. Si necesitamos de una cierta variedad en la rutina diaria. Pero tenemos también que aprender a ser guiados por el Espíritu Santo y no por nuestras adicciones emocionales. No todos los días es feriado. No toda comida es un banquete. No todo evento es una obra extravagante y fantástica. La mayoría del tiempo la vida sencillamente sigue un paso normal, regular, constante. Eso es lo que deberíamos hacer también nosotros. Deberíamos aprender a controlar las emociones y evitar los altibajos emocionales que no permitirán que disfrutemos del continuo contentamiento en el cual Dios quiere que vivamos.
(Joyce Meyer de su Libro Controlando sus Emociones).

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