Reflexión del Dia: 3 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» plantea las bondades de desapegarse, dejar que los demás asuman la responsabilidad de sus vidas, y nosotros aprender a amarnos, a aceptarnos tal cual somos, a despreocuparnos por aquello que no podemos cambiar ¡Liberarnos es la clave!

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Reflexiona sobre esto:

Desapegarnos no quiere decir que nada nos importe. Significa que aprendemos a amar, a preocuparnos y a involucrarnos in volvernos locos. Dejamos de crear un caos en nuestra mente y en nuestro medio ambiente. Cuando no nos hallamos reaccionando de un modo ansioso compulsivo, nos volvemos capaces de tomar buenas decisiones acerca de cómo amar a la gente y de cómo solucionar nuestros problemas. Nos liberamos para comprometernos y para amar de modo que podamos ayudar a los demás sin lastimarnos a nosotros mismos.
Las recompensas que el desapego nos brinda son muchas: serenidad, una profunda sensación de paz interior, la capacidad de dar y de recibir amor de una manera que nos enaltece y nos llena de energía, y la libertad para encontrar soluciones reales a nuestros problemas. Encontramos la libertad para vivir nuestra propia vida sin sentimientos excesivos de culpa o de responsabilidad hacia los demás. En ocasiones el desapego llega a motivar y a liberar a la gente que se encuentra a nuestro alrededor para empezar a solucionar sus problemas. Dejamos de mortificarnos por ellos y lo perciben, de modo que finalmente comienzan a preocuparse por ellos. ¡Qué gran plan! Cada quien atiende sus propios asuntos.

Mi Reflexión: Desapegarnos no significa dejar de amar ni volvernos indiferentes; significa amar con libertad, sin cargar con lo que no nos corresponde. Cuando dejamos de controlar y entregamos a Dios aquello que está fuera de nuestras manos, recuperamos la paz y podemos ayudar sin hacernos daño. El desapego nos enseña a confiar en Dios, asumir nuestra responsabilidad y permitir que cada persona se haga cargo de su propio camino. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué carga que no me corresponde necesito entregar hoy a Dios para recuperar mi paz?
¿Estoy dispuesto(a) a amar y ayudar sin controlar, confiando en que Dios también obra en la vida de los demás?

Meditación 3 de Septiembre… Ten en cuenta la ilusión de control

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós enfoca el daño que nos ocasionamos a nosotros mismos pretendiendo controlar a otras personas, sintiéndonos enfadados, hasta coléricos. Reafirma que el control es una ilusión. y nada podemos hacer para cambiar las cosas, solo «invertir» el tiempo en cambiar nuestras reacciones ante la realidad que vivimos ¡eso sí podemos!

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Medita sobre esto:

Recuerda cómo se siente cuando tratamos de controlar a otra persona.
«Estaba conduciendo por la carretera un día detrás de un automóvil que decidí que conducía demasiado despacio», me dijo un amigo. «Estaba gritando, furioso y hablando sobre el conductor que estaba frente a mí», intentando mentalmente apartarlo de mi camino. Quería que se acercara y me dejara pasar.
«Mientras conducía me observé a mí mismo. Entonces comencé a reír. No estaba enojado con este conductor frente a mí. Estaba enojado porque estaba tratando de controlar algo que no podía cambiar». Sé consciente de todos tus sentimientos. Pero también recuerda ser consciente de que a veces no es la otra persona la que nos vuelve locos. Nos lo estamos haciendo a nosotros mismos.

«Dios, ayúdame a ser consciente del drama autocreado en mi vida. Ayúdame a dejar de lado mi necesidad de controlar. Dame el coraje de mis sentimientos. Y ayúdame a ser consciente de cuándo mi propia voluntad se está desencadenando».

Reflexión: Muchas veces creemos que son las personas o las circunstancias las que nos roban la paz, cuando en realidad somos nosotros quienes luchamos por controlar lo que está fuera de nuestro alcance. Reconocerlo nos permite detenernos, soltar el control y confiar en Dios. La serenidad comienza cuando aceptamos que no todo depende de nuestra voluntad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué situación estoy intentando controlar hoy, en lugar de entregársela a Dios y aceptar lo que no puedo cambiar?
¿Puedo reconocer cuándo mi propia voluntad está generando tensión y elegir confiar en Dios en lugar de reaccionar?

Reflexon del Dia: 2 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» hace especial mención a las reacciones que provoca en los codependientes el apego afectivo. La obsesión pasa a ocupar «todos los pensamientos» y se crea un remolino de «pensamientos compulsivos» que impide pensar en otra cosa que no sea el objeto de su apego ¡Se pierde el control, el poder y la serenidad!

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Reflexiona sobre esto:

Preocuparnos y obsesionarnos nos mantiene con tal maraña en la cabeza que no podemos resolver nuestros problemas. Cada vez que nos apegamos de esta manera a alguien o a algo, nos separamos de nosotros mismos. Perdemos contacto con nosotros mismos. Damos en prenda nuestro poder y nuestra capacidad para pensar, sentir, actuar y cuidar de nosotros mismos. ¡Perdemos el control!
Es horrible estar obsesionado con otro ser humano o con un problema. ¿Conoces alguna persona obsesionada con alguien o con algo? Esa persona no puede hablar de otra cosa, no puede pensar en otra cosa. Aunque parezca oírte cuando le hablar, sabes que no te escucha. Su mente está dando tumbos, va de aquí para allá en un interminable remolino de pensamientos compulsivos. Esta preocupada. Relaciona todo lo que le dices (aunque no tenga nada que ver) con el objeto de su obsesión. Dice las mismas cosas, una y otra vez, usando las mismas palabras o cambiándolas ligeramente. Lo que tú digas no sirve de nada. Aunque le digas que pare, no sirve de nada. Probablemente lo haría si pudiera. El problema es que no puede hacerlo (en ese momento). Pues está a punto de estallar con la discordante energía de que está hecha la obsesión. Tiene un problema o una preocupación que no sólo lo molesta y lo controla.

Mi Reflexión: La preocupación y la obsesión pueden ocupar tanto espacio en nuestra mente que terminamos perdiendo la paz y olvidando nuestras propias necesidades. Desapegarnos significa recuperar nuestra serenidad y entregar a Dios aquello que no podemos controlar. Cuando soltamos la carga, nuestra mente se aclara y podemos volver a pensar, sentir y actuar con libertad. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué preocupación está ocupando hoy demasiado espacio en mi mente y necesito entregar a Dios?
¿Estoy dispuesto(a) a soltar aquello que no puedo controlar y permitir que Dios restaure mi paz y claridad?

Reflexión del Dia: 1 de Septiembre

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» refiere que los codependientes tendemos a «entregar el control de nuestra vida a los otros,» abdicando nuestro poder. Cuando nos hacemos dependientes, entramos en un torbellino de emociones y sentimientos que nos llevan hasta la desesperación, la tristeza y desordenamos nuestra existencia. Toda relación que se sustenta en el control, y no en el amor está signada por el fracaso.

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Reflexiona sobre esto:

La dependencia emocional y el sentirse atrapados también pueden provocar problemas en relaciones que podrían salvarse. Si estamos en una relación todavía buena, podemos ser demasiado inseguros para desapegamos y empezar a cuidar de nosotros mismos. Podemos extinguirnos y asfixiar o alejar a la otra persona. Esa necesidad extrema se vuelve obvia para los demás. Se puede sentir, percibir. En última instancia, la dependencia excesiva de otra persona puede matar el amor. Las relaciones que se basan en inseguridad emocional y en una necesidad, en vez de sustentarse en el amor, pueden volverse autodestructivas. No funcionan. Una necesidad demasiado grande aleja a la gente y extingue el amor. Asusta a la gente y hace que se vaya. Atrae a la gente equivocada. Y no satisface nuestras verdaderas necesidades.
Nuestras necesidades reales se hacen cada vez mayores, al igual que nuestra desesperación. Fijamos nuestra vida en torno a esta persona, tratando de proteger así nuestra fuente de seguridad y de felicidad. Abdicamos a vivir nuestra propia vida al hacer esto. Y sentimos ira contra esa persona. Somos controlados por ella. Dependemos de esa persona. Finalmente nos enojamos y nos resentimos con la persona de quien dependemos y quien nos controla, porque le hemos dado nuestro poder personal y nuestros derechos.

Mi Reflexión: Cuando hacemos de otra persona nuestra fuente de seguridad y felicidad, el amor puede convertirse en dependencia y terminar asfixiando la relación. Dios nos llama a recuperar nuestra propia vida, sin dejar de amar, pero sin entregar a otro el lugar que solo Él debe ocupar. Desapegarnos con amor nos permite cuidar de nosotros mismos, respetar al otro y construir relaciones más sanas y libres. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿He colocado en alguna persona expectativas que solo Dios puede satisfacer plenamente?
¿Qué necesito entregar hoy a Dios para recuperar mi libertad emocional y amar sin controlar ni depender?

Reflexión del Dia: 31 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» nos hace reflexionar en cómo piensa y siente una persona codependiente con referencia a su capacidad de cuidarse responsablemente. La Autora describe que estos pensamientos negativos se forjan desde la niñez, cuando nadie nos demostró amor e interés en nosotros, lo que desencadenó la desconfianza de nuestro propio poder interior.

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Reflexiona sobre esto:

Muchos de nosotros aprendimos estas cosas porque en nuestra niñez, alguien muy importante para nosotros fue incapaz de darnos el amor, la aprobación y la seguridad emocional que necesitábamos. De modo que hemos ido por la vida de la mejor manera posible, todavía buscando vaga o desesperadamente algo que nunca tuvimos. Algunos de nosotros todavía nos golpeamos la cabeza contra el cemento, tratando de obtener este amor de las personas que, al igual que mamá o papá, son incapaces de darnos lo que necesitamos. El ciclo se repite una y otra vez hasta que lo interrumpimos y lo detenemos. Se le llama asunto inconcluso.
Quizá se nos ha enseñado a no confiar en nosotros mismos. Esto sucede cuando tenemos un sentimiento y se nos dice que es malo o inadecuado. O cuando confrontamos una mentira o una inconsistencia y se nos acusa de estar locos. Perdemos la fe en esa parte profunda e importante de nosotros que experimenta sentimientos inapropiados, detecta la verdad y tiene confianza en su capacidad para manejar las situaciones de la vida. Muy pronto, podemos empezar a creer lo que nos han dicho de nosotros mismos: que no servimos, que estamos locos, que no se puede confiar en nosotros. Vemos a la gente a nuestro alrededor —personas a veces enfermas, con problemas, fuera de control— y pensamos, “ellos están bien. Deben estarlo. Me lo dijeron. De modo que debo ser yo. Debe haber algo fundamental que está mal en mí”. Nos abandonamos y perdemos la fe en nuestra capacidad para cuidarnos.

Mi Reflexión: A veces seguimos buscando en otros el amor, la aprobación y la seguridad que no recibimos en el pasado, sin comprender que ese vacío no tiene que gobernar nuestra vida para siempre. Dios conoce nuestras heridas, nuestra historia y nuestro verdadero valor. La recuperación comienza cuando dejamos de abandonarnos, recuperamos la confianza en nosotros mismos y permitimos que Dios sane aquello que quedó inconcluso en nuestro corazón. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué necesidad del pasado sigo buscando en otras personas y necesito hoy entregar a Dios para que Él sane mi corazón?
¿Puedo comenzar a creer que Dios me conoce, me ama y me capacita para confiar nuevamente en mí mismo y cuidar de mi vida?

Meditación 23 de Agosto … El cuidado de uno mismo

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós nos hace reflexionar sobre la responsabilidad de cuidar de nosotros mismos». Ella expresa que los codependientes vivimos atrapados en la creencia de que los otros son responsables de hacernos felices, de nuestro bienestar. Este error se subsana cuando desmontamos esta creencia errónea, y asumimos la responsabilidad de velar por nosotros mismos. Suena «aterrador», máxime cuando parte de nuestra vida hemos eludido esta tarea, y no aprendimos cómo hacerla.

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Medita sobre esto:

¿Cuándo nos volveremos dignos de ser amados? ¿Cuándo nos sentiremos seguros? ¿Cuándo tendremos toda la protección, los mimos y el amor que tanto merecemos?. Lo tendremos cuando empecemos a dárnoslo a nosotros mismos. (Más Allá de la Codependencia).

La idea de darnos a nosotros mismos lo que queremos y necesitamos puede causar confusión, especialmente si hemos pasado muchos años no sabiendo que está bien que nos cuidemos a nosotros mismos. Quitar nuestra energía y nuestra concentración de los demás y de sus responsabilidades y poner esa energía sobre nosotros y nuestras responsabilidades es una conducta de recuperación que se puede adquirir. La aprendemos a través de la práctica cotidiana.
Empezamos por relajarnos, respirar profundamente y dejar ir los miedos lo suficiente para sentirnos lo más en paz que podamos. Luego, nos preguntamos a nosotros mismos: ¿qué necesito hacer para cuidar de mí mismo hoy, o en este momento?
¿Qué necesito y qué quiero hacer?
¿Qué demostraría amor y autoresponsabilidad?
¿Estoy atrapado en la creencia de que los otros son responsables de hacerme feliz, de que son responsables de mí? Entonces, lo primero que debo hacer es corregir mi sistema de creencias. Yo soy responsable de mí mismo.
Me siento ansioso y preocupado por una responsabilidad que he estado descuidando? Entonces, tal vez necesito dejar ir mis miedos y atender esa responsabilidad.
¿Me siento abrumado, fuera de control? Quizás necesite volver al primero de los Doce Pasos.
¿He estado trabajando demasiado? Tal vez lo que necesite hacer sea darme un descanso y hacer algo divertido.
¿He estado descuidando mi trabajo o mis tareas cotidianas? Entonces, tal vez lo que necesite hacer es volver a mi rutina.
No hay una receta, una fórmula, una guía para el cuidado de uno mismo. Cada uno de nosotros tiene una guía, y esa guía está en nuestro interior. Necesitamos hacernos la pregunta: ¿Qué necesito hacer para cuidar amorosa, responsablemente de mí mismo? Luego, necesitamos escuchar la respuesta. Cuidar de uno mismo no es tan difícil. La parte más desafiante está en confiar en la respuesta, y en tener el valor de actuar conforme a ella una vez que la hemos escuchado.

«Hoy me concentraré en cuidar de mí mismo. Confiaré en mí mismo y en mi Poder Superior para guiarme en este proceso».

Mi Reflexión: Para quienes hemos vivido en la codependencia, quizá no haya nada más difícil que “desengancharnos” de la firme convicción de que nuestra felicidad depende de los demás. Nos cuesta aceptar que también podemos cuidarnos, encontrar bienestar y construir relaciones más sanas. Hemos aprendido a mirar hacia afuera, y ahora debemos aprender a volver la mirada hacia nosotros mismos. ¿Es fácil? Ciertamente, no. Requiere tiempo, fe y la disposición de soltar nuestras cargas y permitir que Dios nos guíe en el proceso de recuperación. Hoy podemos hacer una pausa y asumir este compromiso con la persona que también necesita de nuestro cuidado: nosotros mismos. Al principio quizá nos sintamos egoístas, tendremos tropiezos y recaídas, pero no debemos abandonar el camino. No estamos solos: tenemos la responsabilidad de caminar, pero contamos con la guía y el cuidado de Dios. Bajo Su voluntad, podemos recuperar nuestra vida y aprender a vivirla con mayor plenitud. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿En qué áreas de mi vida sigo esperando que otras personas me den lo que necesito aprender a ofrecerme a mí mismo(a)?
¿Estoy realmente dispuesto(a) a confiar en Dios y asumir la responsabilidad de cuidar mi propia vida?

Reflexión del Dia: 21 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» nos hace reflexionar sobre el «dolor y sufrimiento» que siente el codependiente cuando asume hábitos de conductas autodestructivas cuando se relaciona con otros, y cómo se va desdibujando su autoestima hasta anularse como persona por ejercer un control enfermizo sobre los demás. Debemos aprender a amarnos, a aceptarnos como somos. Al relacionarnos nos corresponde fijar límites sanos para no caer en esos hábitos que solo nos llevan a perder nuestra paz interior.

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Reflexiona sobre esto:

Sea cual sea el problema que tenga la otra persona, la codependencia implica un sistema habitual de pensar, de sentir y de comportarnos hacia nosotros y hacia los demás que nos causa dolor. Las conductas o hábitos codependientes son autodestructivos. Con frecuencia reaccionamos a las personas que se autodestruyen; reaccionamos aprendiendo a autodestruirnos. Estos hábitos nos pueden conducir a, o mantenernos en, relaciones destructivas que no funcionan. Estas conductas pueden sabotear relaciones que en otras condiciones sí hubieran funcionado. Estas conductas pueden impedirnos encontrar la paz y la felicidad con la persona más importante en nuestra vida: uno mismo. Estas conductas pertenecen a la única persona que cada uno de nosotros puede controlar –a la única persona que podemos hacer cambiar– a uno mismo. Estos son nuestros problemas.

Mi Reflexión: Nuestras conductas solo pueden ser modificadas por nosotros mismos. Si realmente deseamos sanar, necesitamos comprometernos con buscar alternativas más saludables para relacionarnos, reconociendo que vivir tratando de controlar a los demás no nos trae paz y que creer que podemos cambiarlos es una ilusión. La tarea está en nosotros: cambiar nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Basta de desgastarnos intentando lograr lo imposible. Con la ayuda de Dios, fe, perseverancia y amor hacia nosotros mismos, podemos emprender un camino de sanidad que nos lleve a soltar los apegos y vivir con mayor libertad y paz. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué conducta necesito reconocer y comenzar a cambiar en mí, en lugar de intentar cambiar a otra persona?
¿Estoy dispuesto(a) a pedirle a Dios la fortaleza para soltar aquello que no puedo controlar y comenzar a caminar hacia una vida más libre y en paz?

Reflexión del Dia: 20 de Agosto

Melody Beattie, en su Libro «Ya no seas Codependiente» ofrece su enfoque sobre la Codependencia. Para Melody las reacciones de los Codependientes son propias de aquellas enfermedades que cursan con conductas autodestructivas que van desde la preocupación, la tristeza, hasta llegar a la depresión y otros trastornos psicosomáticos que impactan la salud física y emocional de quien la padece. Puede empeorar si no se aborda a tiempo su tratamiento.

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Reflexiona sobre esto:

Quizá alguna de las razones por las cuales los profesionales consideran enfermedad a la codependencia es porque muchos codependientes están reaccionando a una enfermedad tal como el alcoholismo.
Otra razón por la cual se le llama enfermedad a la codependencia es porque es progresiva. A medida que la gente a nuestro alrededor se enferma más, podemos empezar a reaccionar en forma más intensa aún. Lo que empezó como una pequeña preocupación puede disparar el aislamiento, la depresión, una enfermedad física o emocional, o fantasías suicidas. Una cosa lleva a la otra, y las cosas se empeoran. La codependencia puede no ser una enfermedad, pero puede enfermarte. Y también puede contribuir a que la gente a tu alrededor permanezca enferma.
Otra razón más por la que se le llama enfermedad a la codependencia es porque las conductas codependientes –como muchas conductas autodestructivas– se vuelven habituales. Repetimos los hábitos sin pensarlo. Los hábitos cobran vida propia.

Mi Reflexión: La codependencia puede llevarnos a repetir conductas que terminan desgastándonos y afectando nuestra paz. Reconocer estos patrones es un primer paso para romperlos. Desde nuestra fe, podemos acudir a Dios para pedir sabiduría, fortaleza y dirección, aprendiendo a sustituir hábitos que nos hacen daño por decisiones más sanas y conscientes. Dios puede ayudarnos a recuperar el equilibrio y a vivir con mayor libertad, sin asumir cargas que no nos corresponden. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Qué conducta repetitiva reconozco en mí que está afectando mi paz y mi bienestar?
¿Qué necesito entregar a Dios para comenzar a cambiar este patrón?

Meditación 20 de Agosto … Honestidad en las relaciones

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós plantea la necesidad de ser «honestos» en nuestras relaciones, aunque debemos «fijar límites» que nos permitan actuar con total claridad y asumir compromiso solo si nos sentimos bien con esa persona. Las relaciones con los demás permiten que valoremos cuánto hemos progresado en nuestra recuperación, son el mejor referente para ello.

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Medita sobre esto:

Podemos ser honestos y directos acerca de nuestros límites en las relaciones y acerca de los parámetros de una relación en particular.
Quizá ninguna otra área de nuestra vida refleje nuestra calidad de únicos y nuestra individualidad en la recuperación más que nuestras relaciones. Algunos de nosotros tenemos una relación de compromiso.
Algunos de nosotros salimos con alguien. Algunos de nosotros no salimos con nadie. Algunos de nosotros estamos viviendo con alguien. Algunos de nosotros quisiéramos salir con alguien. Algunos de nosotros quisiéramos tener una relación de compromiso. Algunos de nosotros nos embarcamos en relaciones nuevas después de la recuperación. Algunos de nosotros permanecemos dentro de la relación que teníamos antes de comenzar la recuperación.
También tenemos otras relaciones. Tenemos amigos. Relaciones con los hijos, con los padres, con el resto de la familia. Tenemos relaciones profesionales, relaciones con gente en el trabajo.
Necesitamos ser capaces de ser honestos y directos en nuestras relaciones. En un área en la que podemos ser honestos y directos es en los parámetros de nuestras relaciones. Podemos definir nuestras relaciones con la gente, una idea que escribieron Charlotte Kasl y otros, y podemos pedirle que sea honesta y directa al definir su punto de vista acerca de su relación con nosotros.
Causa confusión estar dentro de una relación y no saber dónde estamos parados, ya sea en el trabajo, en una amistad, con miembros de la familia, o en una relación amorosa. Tenemos derecho a ser directos acerca de cómo definimos la relación, qué es lo que queremos que sea. Pero las relaciones igualan a dos personas que tienen iguales derechos. La otra persona necesita ser capaz de definir la relación también. Tenemos derecho a saber y a preguntar. Lo mismo ellos.
La honestidad es la mejor política.
Podemos fijar límites. Si alguien quiere una relación más intensa que nosotros, podemos ser claros y honestos acerca de lo que queremos nosotros, acerca del nivel de participación que nos proponemos tener. Podemos decirle a la persona lo que puede esperar razonablemente por parte nuestra, porque eso es lo que queremos dar.
La forma como la persona lo maneje es asunto suyo. Si se lo decimos o no es asunto nuestro.
Podemos establecer límites y definir las amistades cuando éstas provoquen confusión.
Podemos incluso definir las relaciones con los niños, si esas relaciones se han vuelto pegajosas y exceden a nuestros parámetros. Necesitamos definir las relaciones amorosas y lo que éstas significan para cada perdona. Tenemos derecho a hacer preguntas y a recibir respuestas claras. Tenemos derecho a hacer nuestras propias definiciones y a tener nuestras propias expectativas. Y lo mismos la otra persona.
Ser honestos y directos es la única política. A veces no sabemos que queremos en una relación. A veces, la otra persona no lo sabe. Pero entre mas pronto podamos definir una relación, con la ayuda de la otra persona, mas pronto podemos decidir el curso adecuado de conducta para nosotros misma. La información es una herramienta poderosa, y tener la información acerca de lo que es una relación particular -los límites y definiciones de la misma- nos dará la fuerza para cuidar de nosotros respecto de ella.
Las relaciones llevan un tiempo para formarse, pero en algún punto podemos razonablemente esperar una definición clara de lo que es la relación y cuáles son sus límites. Si chocan las definiciones, somos libres de tomar una nueva decisión basándonos en la información adecuada acerca de lo que necesitamos hacer para cuidar de nosotros mismos.

«Hoy me esforzaré por ser claro y directo en mis relaciones. Si ahora tengo algunas relaciones lóbregas y poco definidas, y si les he dado el tiempo adecuado para formarse, empezaré a tomar acción para definir esa relación. Dios mío, ayúdame a dejar ir mis miedos acerca de definir y comprender la naturaleza de mis relaciones actuales. Guíame a la claridad, a pensar clara, sanamente. Ayúdame a saber que lo que quiero está bien. Ayúdame a saber que si no puedo conseguir eso de la otra persona, lo que quiero sigue estando bien, pero no es posible en el momento presente. Ayúdame a aprender a no renunciar a lo que quiero y necesito, sino dame la fuerza para hacer elecciones apropiadas, sanas, acerca de dónde conseguirlo».

Mi Reflexión: La honestidad y la claridad son también formas de cuidarnos. Dios nos invita a relacionarnos desde la verdad, sin temor a expresar lo que necesitamos, lo que podemos ofrecer y los límites que debemos establecer. No podemos controlar las decisiones de los demás, pero sí podemos actuar con integridad y respeto. Cuando buscamos la dirección de Dios, podemos encontrar la serenidad para definir nuestras relaciones con claridad y tomar decisiones que honren tanto a los demás como a nosotros mismos. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Hay alguna relación en mi vida que necesite mayor claridad y honestidad, y qué me está impidiendo expresarlo?
¿Estoy permitiendo que Dios me guíe para establecer límites sanos, aun cuando hacerlo pueda incomodar a otras personas?

Meditación 13 de Agosto… Cultivar la conciencia

Melody Beattie, en su Libro El Lenguaje del Adiós ratifica que sólo llenándonos de entendimiento haremos consciente la realidad cada momento presente.

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Medita sobre esto:

A menudo, las palabras «conciencia» y «consciencia» se usan indistintamente. La conciencia es la vibración pulsátil que es la esencia de todas las cosas. La consciencia es la individualización del «YO SOY» en cada uno de nosotros. Donde sea que esté, mi conciencia también esta. Cuando me muevo, mi conciencia va conmigo. Cuando enfoco mi atención en algo, percibo esa cosa. A través de mis órganos sensoriales físicos, conozco las imágenes, los sonidos, los sabores, los olores y el tacto. A través de una percepción sensorial más alta, estoy consciente de mucho mas. (Enid Hoffman).

Usa todos tus sentidos, ya sea que visualices el futuro o te sumerjas en una conciencia gozosa de dónde estás ahora. No solo mires la flor: tócala… huélela…siéntela.
No solo mires a las personas en tu vida. Escúchalos. Siente su poder y presencia.
Ve más despacio. No te muevas tan rápido Te perderás cosas importantes. Cultivar la conciencia Trae tus sentidos, todos ellos, al corazón de tu vida.
La conciencia no se trata de mirar. Se trata de ver con más de nuestros ojos. A menudo, cuando buscamos algo, ya sea un hogar o una novia, todo lo que podemos ver son nuestras proyecciones: nuestras esperanzas, miedos, pasados ​​y deseos.
Relájate. Deja de proyectarte al mundo. Deja ir los juicios. Deja que las cosas y las personas sean lo que son y quiénes son.
Cultiva la conciencia mediante el uso de todos tus sentidos.
Aprende a ver lo que es.

«Dios, ayúdame a reducir la velocidad y tomar conciencia».

Mi Reflexión: La vida puede pasar delante de nosotros sin que realmente la veamos. Cuando vivimos demasiado deprisa, perdemos la oportunidad de apreciar lo que Dios pone hoy delante de nosotros. Cultivar la atención nos ayuda a escuchar mejor, observar sin prejuicios y recibir con gratitud el momento presente. No se trata solamente de mirar, sino de aprender a ver: reconocer lo que es, sin imponerle nuestros temores, expectativas o juicios. A veces, detenernos es precisamente lo que necesitamos para descubrir la presencia de Dios en lo cotidiano. (Alpha).

Preguntas para reflexionar:
¿Estoy viviendo tan deprisa que estoy dejando pasar lo importante?
¿Qué necesito detenerme a observar y agradecer hoy?