
HUMILDEMENTE LE PEDIMOS QUE NOS LIBERASE DE NUESTROS DEFECTOS. (Séptimo Paso de CoDA).
CONFIAR EN EL PROCESO
La primera vez que di este Paso, hice exactamente lo que recomienda el Libro Grande. Me recluí en un cuarto y cerré la puerta. Le pedí ami Creador que me quitara todos mis defectos de carácter. A pesar de mis temores, lo dije sinceramente. Estaba lista a que me quitara esos rasgos de los que me había hecho consciente y que había descubierto en mis Cuarto y Quinto Pasos. Aun estaba dispuesta que me quitara todo aquello que necesitaba eliminar, aquello que no había visto en mis Pasos Cuatro y Cinco. Así es que pedí eso, también.
Medité un rato, y luego me alisté a salir del cuarto, preguntándome qué sucedería. ¿Me fulminaría un rayo? ¿Me dormiría esa noche para despertar una persona diferente al día siguiente? ¿Me podría reconocer?
¿Qué parte del cambio me correspondía a mí? ¿Significaba eso que tenía que ser perfecta en adelante? No comprendía el proceso que había iniciado. Aun no lo entiendo del todo, pero he aprendido a confiar en él.
Es un proceso gradual, un proceso de sanación, y un proceso espiritual. No duele, por lo menos no más de lo necesario para sanarnos de daños pasados o para llamarnos la atención. Es un proceso aceptable, y aun el dolor se hace aceptable, una vez que aceptamos sentir en vez de resistirnos, una vez que nos dispongamos a rendirnos.
No es, aprendí, un proceso instantáneo.
Y no hay nada que temer.
A lo largo de los años somos cambiados. No tuve que cambiarme a mí misma. No fui revolucionada instantáneamente cuando di este Paso. Pero darlo, inició el proceso.
Paulatinamente, comencé a notar cosas de mí misma, como ser cuidadora, controladora, el miedo, y la tristeza no resuelta en mi pasado. No de un golpe. No medetuve. Sólo me hice consciente. Luego, me hice consciente de lo controladora que era yo con otra persona. De nuevo,no me detuve. Sólo me hice consciente.
Luego, luché conmigo misma un rato. Trataba de no hacerlo, pero no podía. O, dejaría de hacerlo aunque aún deseaba hacerlo. Me esforzaba más. Fracasaba. Luego, finalmente me rendía. Cesaba de luchar y me dejaba en paz.
Fue entonces cuando llegaron los regalos. Regalos tales como el desprendimiento. El soltar.
Darme cuenta muy dentro de mí que no podía controlar a otro. Eso no quiere decir que lo hacía a la perfección o que los regalos llegaron todos a la vez. Pero, al paso de los años, el soltar gradualmente reemplazó la necesidad de controlar.
Eso no significa que la necesidad y el deseo de controlar no regresan. En mi vida, y en las vidas de muchas personas que ofrecieron sus historias para este libro, el control aparece como el asunto principal aun ya bien entradas en la recuperación.
Algo de ello aceptamos. Nos mantenemos alertas. Nos hacemos más conscientes. Nos pescamos.
Pero nos dejamos aprender y crecer. Desarrollamos cierta suavidad y compasión para con nosotros mismos, para nuestra humanidad. Dejamos que la transformación suceda.
He descubierto que algunos de mis asuntos más problemáticos se transforman en asuntos que me ayudan. Por ejemplo, cuando yo era pequeña, me pasaba mucho tiempo sola. No me llevaba con la gente y tenía pocas amistades. Durante muchos años, mientras otros iban a la escuela y se socializaban, yo estaba enferma y me tenía que quedar en casa sola, estudiando por mi cuenta, aislada de los demás. Tenía muchos sentimientos respecto a esa parte de mi vida.
Una vez que acepté esa parte de mi vida y pude dar las gracias por haberla tenido (aunque no fueran sinceras), pude apreciar el regalo que recibí de esa experiencia. Aprender a estar sola, aprender a estudiar sola, aprender a pensar en forma independiente, se convirtió en uno de los rasgos que me calificaba para mi actual ocupación: la de ser escritora. Un aspecto negativo se convirtió en uno positivo en mi vida.
Estoy asombrada de las múltiples formas en que la gratitud, la aceptación, y el trabajar este programa nos puede transformar, y transformar algunos de nuestros rasgos más problemáticos.
Durante años, me privaba de cosas, por hacerme la mártir o a veces sin ninguna razón. Una vez que pude canalizar esta habilidad, aprendí a privarme de cosas en forma temporal mientras trabajaba hacia metas.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Etiqueta: sometimiento a la voluntad divina
Reflexión del Dia: 9 de Enero

HUMILDEMENTE LE PEDIMOS QUE NOS LIBERASE DE NUESTROS DEFECTOS. (Séptimo Paso de CoDA).
El miedo era una gran parte de mi vida y mi codependencia: miedo a la gente, miedo a la vida, miedo a mi pasado, miedo a Dios, miedo a la recuperación, miedo a mí misma.
Una de las cosas que temía de la recuperación era dar este Paso. Por un lado, quería que Dios me quitara mis deficiencias. Por el otro, no estaba muy segura que quedaría algo si lo hacía.
¿Bajaría Dios y de un golpe quitaría todo lo que se parecía a mí? ¿Me convertiría en una santa?
¿En una concha vacía? Sentí tener mucho que perder porque no pensaba que yo fuera gran cosa.
Me sentía como una cáscara vacía. Y que me quitaran mis defectos, aquellos que ahora llamo codependencia, me sonaba a aniquilación.
¿Qué me sucedería? ¿En qué me convertiría? ¿Tendría una personalidad? ¿Me convertiría en un robot de la recuperación, cantando frases hechas, sonriendo dulcemente? ¿Perdería aquello que me hacía única? ¿Perdería mi pasión?
Sí, existen cosas en nosotros, en ti y en mí, que necesitamos desechar. Pero necesitamos conservar quienes somos, nosotros mismos, nuestras personalidades inherentes, y los rasgos y cualidades e idiosincracias que nos hacen especiales y únicos.
Cuando trabajamos específicamente este Paso, Dios no baja con una aspiradora para chuparse todo lo que tenemos adentro. Dios no me quita mi personalidad. Dios no me elimina a mí.
Dios sólo se lleva aquellos rasgos que me restringen y evitan que sea yo misma.
Algunos de los rasgos más destructivos serán eliminados. Muchos se invertirán. Existe un aspecto negativo del rasgo de la obsesividad, y con frecuencia existe un lado positivo del mismo rasgo. La obsesividad invertida se convierte en determinación.
Algunos de mis defectos necesitan refinarse o atenuarse. Por ejemplo, ser cuidadora (enfocarme en otros endetrimento y abandono de mí misma) puede convertirse en amor a mí misma y a otros. Ese amor puede manifestarse en una forma nutridora, dadora de vida que demuestra estima por mí misma y por otros.
He aprendido que el miedo es una cosa que puede desaparecer, a menos que sea para avisarme de no caminar frente a un camión en marcha.
He aprendido que soltar mis defectos no elimina mi personalidad. La permite salir y brillar por primera vez desde que fui una niña muy pequeña.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).

Reflexión del Dia: 29 de Diciembre

«SIN MIEDO HICIMOS UN MINUCIOSO INVENTARIO MORAL DE NOSOTROS MISMOS».(Cuarto Paso de CoDA).
ABRIR NUESTRO CORAZÓN AL AMOR
Me tomó varios años darme cuenta del poder, el significado y la potencia del Cuarto Paso del programa aplicado a la recuperación de la codependencia. Deja que les cuente cómo sucedió y lo que este Paso logró en mi vida.
La primera vez que me atreví a mirar dentro de mí misma, me aterré. De por vida, mi costumbre había sido evitarme a mí misma a como diera lugar. Anhelaba y me aferraba a cualquier adicción, relación o distracción. Esto lo hacía porque tenía miedo: miedo a lo que encontraría, miedo al impacto emocional de sacar a luz lo que durante tanto tiempo había guardado adentro. Quizá temía no encontrar nada, o sencillamente oscuridad. No sabía cómo mirar hacia adentro hasta que encontré este Paso, este instrumento.
La primera vez que hice un inventario de mí misma resultó primitivo y rudimentario. Gracias a Dios, el programa no pide más, porque mi experimento primitivo y rudimentario fue suficiente para impulsarme por el camino de la recuperación. Bastó.
Hice una autobiografía. Escribí lo que me venía a mente acerca de mí misma. Fueron entre ocho y quince páginas. A la autobiografía agregué una lista de los secretos que me causaban más vergüenza. Hice lo que pude entonces.
Mi siguiente Cuarto Paso estuvo más elaborado. Llevaba un año más en los círculos de recuperación. Estaba más consciente de lo que me molestaba y de otros secretos que me hacían sentir mal, cosas que había obviado. Estos nuevos descubrimientos se incorporaron a mi siguiente Cuarto Paso.
A partir de entonces, comenzó el trabajo en serio. Entré a una fase de mirar a niveles profundos dentro de mí. Este no era un esbozo general de mi infancia, sino un esbozo detallado de mi alma y mi mente, y de todo lo que había influido en su desarrollo.
Este proceso se hizo empírico. Comencé a vivir un Cuarto Paso. La vida me empujaba y picaba hasta que llegué a mirar tan profundamente hacia adentro que pude realmente verme. Comencé a ver más allá de mis comportamientos que habían causado daño. El proceso de examinar mis comportamientos en una autobiografía fue crucial. Mis primeros Cuartos Pasos mondaron las capas superiores del dolor alrededor de mi corazón. Pero había mucho más enterrado adentro.
Esta búsqueda sin temor, este mirar hacia adentro, se convirtió en un proceso obligatorio, exigido por la recuperación, la vida, y mi Poder Superior. No me gustaba, pero aprendí a aceptarlo, a pasar por él. Quería utilizar a personas, lugares, y diversiones para evitar sentir lo que sentía. Aun cuando se me obligaba a mirar hacia adentro, porque me había rendido a un Dios que me quería lo suficiente para obligarme a hacerlo, una parte de mí se aferraba a la creencia de que la manipulación de mis circunstancias (cambiarme de localidad o actitud mental) haría cesar el dolor.
No funcionaba. Y estoy agradecida. Porque era dolor bueno, dolor de sanación. Por fin, la vida logró penetrar. Aprendí que no importaba cómo ajustaba las circunstancias, seguiría sintiendo lo que sentía y enfrentando lo que enfrentaba, porque era hora de hacerlo. Era hora, por fin, de que yo me curara. Había pedido que eso sucediera.Ahora recibía el regalo de la curación.
Dolía. El dolor que por fin enfrentaba me había acompañado durante mucho tiempo. Estaba tan profundo, como también estaban los mensajes que lo acompañaba, que no lo había reconocido como dolor o como mensajes negativos. Sólo estaba consciente del dolor sordo y constante de estar viva, o más bien, de estar parcialmente viva.
Adentro tenía tristeza, tanta tristeza y soledad y dolor. Tenía tantas paredes alrededor de mi corazón que no podía tolerar recibir el amor.
(Melody Beattie de su Guía de los Doce Pasos).
